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¿Diplomacia en el deporte?

Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, aquella gesta deportiva única que genera emociones alrededor del mundo y que cuando llegan nos hacen expertos conocedores de deportes que, si no fuera por dicho evento, no conoceríamos nunca. Pero, ¿Qué tienen en común estas disciplinas con la política y la diplomacia? Pues, aunque no lo creas, mucho, y variados son los ejemplos a lo largo de la historia donde podemos ver esta conexión. Quedate, escuchá y activá, que ¿el deporte no necesita atentos?

Los Anillos Olímpicos representan la unión entre los 5 continentes y por lo menos uno de los cinco colores originales se encuentra en cada bandera del mundo.

Siempre se ha relacionado al deporte, y a los eventos que los rodean, con tiempos de paz, de fraternidad y de progreso. Es así que en la antigua Grecia se impuso la “tregua olímpica” para que durante los juegos se suspendieran temporalmente las guerras y así garantizar la seguridad y la organización del evento. En la actualidad esta tregua se ha vuelto simbólica y sirve para demostrar la voluntad de acabar con los enfrentamientos y que reine la hermandad entre las naciones. Queda preguntarnos entonces ¿cómo promover estos valores (o cualquier otra virtud positivas) mediante estos acontecimientos? La respuesta está en la “diplomacia pública.

Podríamos conceptualizar a la diplomacia pública como aquel tipo de diplomacia que utilizan los estados para llegar al público general, a los grupos empresarios y a la sociedad civil por fuera de sus fronteras, con el fin de influirlas o dar a conocer ideas en el público. Cuando esta se inserta dentro del deporte hablamos de diplomacia deportiva.

Para aplicar aquella los países suelen hacer uso de un término muy conocido en el mundo de las relaciones internacionales, el soft power. Este concepto fue generado por el geopolitólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, quien lo definió como la capacidad y voluntad de los Estados de  influenciar al público internacional mediante diversas herramientas, como pueden ser los valores, la cultura, el modelo social y la ideología, haciendo presencia en el exterior pero sin hacer uso de su contrapartida, el hard power,  que consistiría en influenciar a los estados pero mediante el uso de herramientas bélicas y económicas.

Básicamente con aquel último se busca coaccionar a las naciones, mientras que con el soft power el objetivo está puesto en persuadir a los mismos, por lo que es menos evidente y se plasma en una dimensión intangible. Pero dejemos la teoría y vayamos a la práctica.

El ex Canciller argentino, Jorge Faurie, explica en este breve hilo la importancia de la implementación del deporte como herramienta diplomática.

Nuestra primera parada la vamos a hacer en Berlín, pero no en la actual, sino en una donde en las calles podemos ver banderas rojas con esvásticas negras y el odio racial y étnico es el pan de cada día. ¿Adivinaste? Sí, estamos en los Juegos Olímpicos de 1936, un suceso que fue considerado de vital importancia por el ministro de Propaganda alemán, Goebbels, quien aseguraba que una gran puesta en escena haría que el mundo occidental viera con buenos ojos al régimen de Adolf Hitler.

Cabe aclarar que el espíritu olímpico de fraternidad, respeto e internacionalismo no coincidían en nada con los ideales deportivos alemanes, los cuales se fundaban en utilizar el deporte como una exaltación del nacionalismo y de las virtudes del hombre ario. A pesar de esto, el Führer aceptó y, de un día para el otro, los valores germanos habían cambiado por completo, aunque los ojos seguían puestos en demostrar la superioridad aria mediante la victoria en las distintas disciplinas. La verdad es que con o sin ayuda los atletas del país anfitrión acapararon los primeros lugares en el medallero, lo que significó un éxito rotundo por parte del aparato diplomático y propagandístico.

La selección alemana saluda con el habitual brazo hacia adelante.

El velocista afroamericano Jesse Owens se llevó cuatro medallas de oro dichas olimpiadas, saluda con la mano en la cabeza.

Dando un salto en el tiempo llegamos a la década del 70, más precisamente al 11 de julio de 1972, cuando comenzó la final mundial de ajedrez entre el soviético Boris Spassky y el norteamericano Bobby Fischer. El encuentro, que se extendería durante el próximo mes y medio, fue visto por Henry Kissinger como una oportunidad dorada para acercar posiciones con la Unión Soviética, cuyas relaciones se encontraban congeladas desde hacía ya mucho tiempo.

El ajedrez, siempre visto como una demostración de alto nivel intelectual, quiso ser utilizado por ambos estados para demostrarle a su oponente, y al mundo, su propia “supremacía” intelectual. Finalmente, el 1 de septiembre, el soviético informaría mediante llamada telefónica que abandonaba la partida, terminando así con el reinado soviético en esta disciplina por más de 24 años y llevando la imagen al mundo de una nueva victoria norteamericana sobre su enemigo.

Boris Spassky (izquierda) se enfrenta a Bobby Fischer (derecha) en un match de ajedrez a 24 juegos, Reikiavik, Islandia, Julio-Septiembre de 1972.

Un año antes se dio un suceso similar pero cuya repercusión puede verse a día de hoy. A principios de 1971 el equipo estadounidense de tenis de mesa se encontraba en Japón para disputar una nueva edición del campeonato mundial de ping-pong. Mientras estaban allí la delegación recibió una inusual propuesta, la dirigirse a China para protagonizar una serie de encuentros entre las delegaciones de ambos países. Este acto fue visto como el comienzo del deshielo de las relaciones entre el gigante asiático y los norteamericanos, y precipitó la visita del entonces presidente estadounidense Richard Nixon a Pekín al año siguiente.

Desde entonces, la “diplomacia del ping-pong” ha sido utilizada por distintos países para expandir sus ideas o para llevar un mensaje de hermandad, como sucedió entre las dos coreas en 2018 cuando se negaron a competir entre ellas y, por el contrario, participaron en diversas competiciones bajo la bandera de la unificación. Algo similar ocurrió en los Juegos Olímpicos de Invierno cuando las cúpulas de las dos Coreas acordaron participar en dicho evento bajo una misma bandera y no divididos entre el norte y el sur.

La Diplomacia del Ping-Pong. Ha sido implementada por China de forma exitosa frente a otros Estados como los Estados Unidos, Japón o Corea.

Siguiendo con esta línea, la India y Pakistán —países enemistados hace años— acercaron posiciones mediante la utilización del criquet como elemento catalizador de las tensiones y para expandir los ideales de ambas naciones frente al otro. Si bien dichos esfuerzos se vieron frustrados por los atentados de Bombay en 2008, la implicancia positiva de la utilización de este deporte es evidente e innegable para las relaciones bilaterales en esta zona tan conflictiva.

Un evento similar se dio entre Turquía y  Armenia con la invitación por parte del Presidente armenio a su par turco a presenciar los partidos entre ambas naciones por las eliminatorias a la Copa del Mundo, convirtiendo a Abdullah Gül en el primer Presidente turco en visitar Armenia y dando un claro mensaje de cooperación entre ambos bandos, abriendo el camino a lo que se espera que en un futuro sean relaciones diplomáticas serias y firmes.

Como hemos visto, la diplomacia no solo se ejerce en grandes convenciones con hombres de traje y largas horas de debate, sino que también puede ser ejercida mediante el uso del soft power y, dentro de los valores, culturas e ideología de la cual se vale el poder blando para poder influir, encontramos el deporte.

En estas situaciones hemos podido vislumbrar cómo los eventos deportivos y el deporte en sí mismo se usó, se usa, y se usará para hacer política y diplomacia, abriendo nuevas formas de comunicación y debate entre los estados que pueden servir para eliminar tensiones y acercar posturas de países e ideologías que están enfrentadas hace años. Ejemplos como el de Estados Unidos y China; Pakistán e India; y Turquía y Armenia, demuestran la necesidad de hacer diplomacia por medios no convencionales evitando así enfrentamientos políticos y/o militares de gran envergadura, limando asperezas en el campo de juego.

Diccionario Internacional

Para poder especular sobre el futuro, es necesario entender cómo se conforma el sistema internacional, con sus actores, corrientes de análisis y fenómenos que lo caracterizan. Es por eso, que hemos decidido construir un modesto pero útil diccionario de palabras que caracterizan a las Relaciones Internacionales.

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Agustín Sáenz (Argentina): estudiante de Comunicación Social y panelista radial en «Sin Diplomacia» (Diplomacia Activa), y Francisco Sánchez Giachini (Argentina): estudiante de Abogacía y columnista en Diplomacia Activa.

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