Un mundo que ya no cabe en 1945
Entre las demandas de reforma, la rivalidad de las potencias y el ascenso del Sur Global, Naciones Unidas busca su lugar en un orden multipolar.
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Entre las demandas de reforma, la rivalidad de las potencias y el ascenso del Sur Global, Naciones Unidas busca su lugar en un orden multipolar.
Mientras Europa endurece sus políticas migratorias, Austria mantiene abierta una puerta excepcional para los descendientes de víctimas del nazismo. Entre memoria, identidad y reparación histórica, el §58c plantea una paradoja. ¿Quién puede cruzar las fronteras que el presente vuelve a cerrar?
Jeffrey Friedman sostiene que el deep engagement sobrevivió intacto a la primera presidencia de Trump. Pero, ¿se sostiene la misma tesis frente a un segundo mandato? Los cuatro pilares que sostenían esa estrategia empiezan a ceder. Lo que emerge no es otra grand strategy identificable, sino el regreso de las zonas de influencia, adaptadas al siglo XXI.
Los flujos migratorios no constituyen únicamente un desafío humanitario y fronterizo, sino también un recurso susceptible de adquirir valor estratégico. La instrumentalización de la movilidad puede generar mecanismos de presión y alterar las relaciones de poder entre Estados. ¿Es Ceuta un ejemplo?
Un país europeo, uno árabe y uno sudamericano, con menos de 10 millones de habitantes cada uno, apostaron a la neutralidad activa como política de Estado y a la diplomacia preventiva como forma de construir confianza mucho antes de que estalle cualquier conflicto. Así alcanzaron una misma reputación: la de ser interlocutores confiables entre los «grandes».
Cuando se habla del cambio climático, la conversación suele centrarse en el aumento del nivel del mar, el derretimiento de los glaciares o los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, uno de sus efectos más tangibles puede encontrarse en un lugar inesperado: una copa de vino.
La política internacional parece haber reducido el mundo a una elección binaria entre aliados y adversarios. Pero mientras las grandes potencias endurecen sus esferas de influencia, una pregunta empieza a cobrar fuerza: ¿todavía existe un camino para quienes no quieren quedarse solo con un bando?
En el tablero latinoamericano, Estados Unidos es una de las claves para comprender el desarrollo político y económico. Sus intervenciones militares, económicas y diplomáticas han marcado al continente y a sus Estados. Entender los hechos históricos es clave para anticipar los que vienen.
De Ucrania a Medio Oriente, y de Washington a Beijing, las grandes crisis actuales parecen responder a una misma lógica: el declive del orden liberal y el regreso de una política internacional marcada por la competencia entre potencias.
Durante los últimos meses, el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia ha escalado a un nivel sin precedentes. Las declaraciones públicas del presidente Donald Trump captaron la atención de la prensa internacional, los gobiernos europeos, organizaciones multilaterales y los estrategas alrededor del mundo.
2026 asoma distinto: como un tiempo de proyección, decisiones y reencuadres. Si todo está conectado, también lo está la esperanza de darle forma, juntos, a un futuro más legible y compartido globalmente.
En el mundo, la paz, la libertad y la justicia no son constantes de la política ni de los países. Son excepciones que nacen de causas nobles y de personas valientes.
Ante un mundo que se rearma y se fragmenta, Estados Unidos abraza un realismo descarnado que revitaliza viejas doctrinas y margina al multilateralismo. El resultado es un 2026 donde la fuerza vuelve a dictar las reglas.
Una semana marcada por negociaciones secretas entre Washington y Moscú para frenar la guerra en Ucrania, tensiones trilaterales rumbo al Mundial 2026 y la apuesta del Papa León XIV por reavivar el diálogo en Medio Oriente.
La búsqueda de la paz tambalea en un mundo de urgencias. Entre negociaciones, amenazas de intervención y golpes de Estado, ni siquiera la cumbre del G20 queda excenta de las polemicas.
El poder volvió a recordarnos su delicado talento: reacomodarse, desentenderse y, cuando hace falta, culpar a otros. Entre alianzas volátiles, protestas fallidas y líderes que caen, el mundo sigue girando… aunque cada vez más torcido.