Jeffrey Friedman sostiene que el deep engagement sobrevivió intacto a la primera presidencia de Trump. Pero, ¿se sostiene la misma tesis frente a un segundo mandato? Los cuatro pilares que sostenían esa estrategia empiezan a ceder. Lo que emerge no es otra grand strategy identificable, sino el regreso de las zonas de influencia, adaptadas al siglo XXI.
Los flujos migratorios no constituyen únicamente un desafío humanitario y fronterizo, sino también un recurso susceptible de adquirir valor estratégico. La instrumentalización de la movilidad puede generar mecanismos de presión y alterar las relaciones de poder entre Estados. ¿Es Ceuta un ejemplo?
Un país europeo, uno árabe y uno sudamericano, con menos de 10 millones de habitantes cada uno, apostaron a la neutralidad activa como política de Estado y a la diplomacia preventiva como forma de construir confianza mucho antes de que estalle cualquier conflicto. Así alcanzaron una misma reputación: la de ser interlocutores confiables entre los «grandes».
Cuando se habla del cambio climático, la conversación suele centrarse en el aumento del nivel del mar, el derretimiento de los glaciares o los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, uno de sus efectos más tangibles puede encontrarse en un lugar inesperado: una copa de vino.
La política internacional parece haber reducido el mundo a una elección binaria entre aliados y adversarios. Pero mientras las grandes potencias endurecen sus esferas de influencia, una pregunta empieza a cobrar fuerza: ¿todavía existe un camino para quienes no quieren quedarse solo con un bando?
En el tablero latinoamericano, Estados Unidos es una de las claves para comprender el desarrollo político y económico. Sus intervenciones militares, económicas y diplomáticas han marcado al continente y a sus Estados. Entender los hechos históricos es clave para anticipar los que vienen.
De Ucrania a Medio Oriente, y de Washington a Beijing, las grandes crisis actuales parecen responder a una misma lógica: el declive del orden liberal y el regreso de una política internacional marcada por la competencia entre potencias.
Durante los últimos meses, el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia ha escalado a un nivel sin precedentes. Las declaraciones públicas del presidente Donald Trump captaron la atención de la prensa internacional, los gobiernos europeos, organizaciones multilaterales y los estrategas alrededor del mundo.
2026 asoma distinto: como un tiempo de proyección, decisiones y reencuadres. Si todo está conectado, también lo está la esperanza de darle forma, juntos, a un futuro más legible y compartido globalmente.
En el mundo, la paz, la libertad y la justicia no son constantes de la política ni de los países. Son excepciones que nacen de causas nobles y de personas valientes.
Ante un mundo que se rearma y se fragmenta, Estados Unidos abraza un realismo descarnado que revitaliza viejas doctrinas y margina al multilateralismo. El resultado es un 2026 donde la fuerza vuelve a dictar las reglas.
Una semana marcada por negociaciones secretas entre Washington y Moscú para frenar la guerra en Ucrania, tensiones trilaterales rumbo al Mundial 2026 y la apuesta del Papa León XIV por reavivar el diálogo en Medio Oriente.
La búsqueda de la paz tambalea en un mundo de urgencias. Entre negociaciones, amenazas de intervención y golpes de Estado, ni siquiera la cumbre del G20 queda excenta de las polemicas.
El poder volvió a recordarnos su delicado talento: reacomodarse, desentenderse y, cuando hace falta, culpar a otros. Entre alianzas volátiles, protestas fallidas y líderes que caen, el mundo sigue girando… aunque cada vez más torcido.
La política se juega en distintos terrenos; desde foros por el medio ambiente, cumbres internacionales con más ausencias que presencias, los pasillos del Capitolio y hasta en una cancha de basket. El poder se mueve por distintos lugares, y desde Diplomacia Activa te contamos el cómo y el por qué.
Tres historias revelan un mismo hilo conductor: la lucha por el poder, la justicia y la seguridad.