Más de setenta años separan el golpe de Estado contra el primer ministro iraní Mohammad Mossaddegh en 1953 y el asesinato del líder supremo Ali Khamenei en 2026, ambos orquestados por Estados Unidos. Aunque el contexto y las motivaciones estratégicas son diferentes, los paralelos entre ambos episodios ofrecen lecciones relevantes sobre la importancia de conocer la historia antes de intervenir para procurar un cambio político en otro Estado.
Dos siglos después, la “fruta madura” no cayó: Cuba resiste en el corazón del tablero hemisférico, asediada por la presión energética de Washington y una crisis persistente que la empuja a negociar sin ceder el control de su sistema.
Entre aranceles unilaterales y límites judiciales, la política comercial de Estados Unidos sacude el orden económico global y obliga a América Latina, y a Argentina, a repensar su posición y sus dependencias estratégicas.
Irán vuelve a quedar en el centro del reordenamiento global. La presión de EE.UU., el sostén pragmático de China y Rusia, y una crisis interna de legitimidad exponen un nuevo paradigma: la disputa por la hegemonía ya no busca ocupar territorios, sino neutralizar sistemas en un mundo en transición.
Durante los últimos meses, el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia ha escalado a un nivel sin precedentes. Las declaraciones públicas del presidente Donald Trump captaron la atención de la prensa internacional, los gobiernos europeos, organizaciones multilaterales y los estrategas alrededor del mundo.
2026 asoma distinto: como un tiempo de proyección, decisiones y reencuadres. Si todo está conectado, también lo está la esperanza de darle forma, juntos, a un futuro más legible y compartido globalmente.
Este artículo no busca justificar ni promover el uso de la fuerza militar. Su objetivo es estrictamente analítico: ofrecer al lector una mirada estratégica sobre un eventual escenario de escalada entre Estados Unidos y Venezuela.
En el mundo, la paz, la libertad y la justicia no son constantes de la política ni de los países. Son excepciones que nacen de causas nobles y de personas valientes.
Ante un mundo que se rearma y se fragmenta, Estados Unidos abraza un realismo descarnado que revitaliza viejas doctrinas y margina al multilateralismo. El resultado es un 2026 donde la fuerza vuelve a dictar las reglas.
Una semana marcada por negociaciones secretas entre Washington y Moscú para frenar la guerra en Ucrania, tensiones trilaterales rumbo al Mundial 2026 y la apuesta del Papa León XIV por reavivar el diálogo en Medio Oriente.
La búsqueda de la paz tambalea en un mundo de urgencias. Entre negociaciones, amenazas de intervención y golpes de Estado, ni siquiera la cumbre del G20 queda excenta de las polemicas.
La coerción económica estadounidense está empujando simultáneamente a la UE y a América Latina a diversificar alianzas, generando una convergencia estratégica que no es idealista, sino defensiva.
El poder volvió a recordarnos su delicado talento: reacomodarse, desentenderse y, cuando hace falta, culpar a otros. Entre alianzas volátiles, protestas fallidas y líderes que caen, el mundo sigue girando… aunque cada vez más torcido.
La operación Lanza del Sur redefine el equilibrio regional. Bajo el discurso antidrogas, Washington despliega presión militar sobre Venezuela y reabre el debate sobre soberanía, poder y seguridad hemisférica. Su impacto irá más allá de lo táctico y marcará el rumbo de América Latina durante los próximos años.
La política se juega en distintos terrenos; desde foros por el medio ambiente, cumbres internacionales con más ausencias que presencias, los pasillos del Capitolio y hasta en una cancha de basket. El poder se mueve por distintos lugares, y desde Diplomacia Activa te contamos el cómo y el por qué.
Tres historias revelan un mismo hilo conductor: la lucha por el poder, la justicia y la seguridad.