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Propaganda política 2.0

En los últimos cuatro años, gracias a los efectos de la globalización masiva de los medios y la accesibilidad a las redes sociales, el término “noticias falsas” se ha vuelto cada vez más común. Sin embargo, otro tipo también ha aumentado en importancia, las denominadas “junk news”. Pero, ¿qué ventajas o desventajas genera emplear estos medios en la política diaria de un país?

The New York Times

También conocidas como noticias basuras, engañosas o incorrectas, las junk news pretenden ser veraces y abarcan tanto sobre política, economía, cultura, como también pueden tener una motivación comercial y otras incluyen un título dramático, lo que hace que el lector haga clic o comparta el artículo debido a ese titular exagerado. Según el sitio de verificación de datos Snopes, los ejemplos pueden variar desde lo absurdo (“No, Elon Musk no murió en la explosión de una batería de automóvil”) hasta lo casi creíble dados los tiempos políticos inciertos: “¿Tiene la Fundación Obama 82% de las impresoras de boletas por correo?”.

Con el auge de las RRSS, los políticos han ganado el poder de estar en contacto inmediato con cada uno de sus votantes, lo que les permite apelar a sus intereses, todo sin pagar un centavo. Esto contrasta directamente con el estilo tradicional de hacer propaganda: costosos anuncios televisivos dirigidos a audiencias limitadas. Si bien estos mensajes pueden ser viciosos o directos como el anuncio “Daisy” de Lyndon B. Johnson de 1964, no tenían la capacidad de ser compartidos entre plataformas con tan solo un clic y viralizarse en segundos. 

La utilización de las redes sociales en la comunicación política con impacto positivo comenzó en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 2008. En dicha contienda electoral, el expresidente Barack Obama hizo uso de internet para comunicarse con los electores, conseguir recursos económicos, movilizar a sus seguidores y crear una figura humanizada y cercana de los dirigentes, de hecho hoy se las piensa como fuerte instrumento para gobernar.

Si bien utilizadas correctamente fomentan la participación directa de la ciudadanía en la actividad política, no requiere contar con un amplio presupuesto y permite la aparición de nuevas voces que de otra manera no serían escuchadas; la proliferación de información basura puede llevar a un punto muy riesgoso. Un estudio encontró que estas obtienen cuatro veces más participación en Facebook que las fuentes de noticias acreditadas y en otras plataformas la difusión es similar. Esto es peligroso especialmente porque un número cada vez mayor de personas crean cuentas en las RRSS. Según el informe de We Are Social y Hootsuite, 3.800 millones de personas las utilizan, representando el 49% de la población mundial, lo que significa que hay un gran potencial de difundirse a una velocidad preocupante, especialmente porque cuentan con mecanismos limitados de imposición de fuerza que pueden responder de manera apropiada y oportuna.

Lo mencionado anteriormente se vuelve especialmente relevante en Facebook, la plataforma más utilizada del mundo, que no cuenta con un modo eficaz para actuar frente a publicaciones que difunden contenido inexacto o engañoso y eliminarlas. Según el New York Times, después de que una ex-empleada encontró una red de cuentas falsas que difundieron datos inexactos, Facebook tardó más de nueve meses en actuar y dos semanas después, muchas cuentas regresaron. Esto muestra la ineficacia para detener la difusión de este tipo de noticias. 

Sin duda las “junk news” pueden tener un impacto masivo en la política, la cultura y la sociedad. Esto es particularmente cierto por ejemplo en el período previo a las elecciones estadounidenses. Un estudio encontró que los partidarios de Trump eran mucho más propensos a compartir “información ideológicamente extrema, conspirativa, sensacionalista y falsa” en RRSS. El investigador principal de este estudio, Philip Howard, señaló que estos resultados sugieren que “una pequeña parte de la población no puede hablar de política o compartir ideas de manera sensata con el resto de la población”. En consecuencia, esto contribuye al problema de una mayor polarización que enfrenta Estados Unidos. Una encuesta de investigación realizada por el Pew Research Center señala que las divisiones entre los partidos estadounidenses han aumentado significativamente en los últimos años, y ni demócratas ni republicanos están dispuestos a negociar sobre cuestiones para encontrar una solución. 

Otros estudios apoyan esta conclusión. Un informe elaborado por Oxford muestra que los partidarios de Trump compartían la más amplia gama de “junk news” en Facebook que cualquier otro grupo. Por supuesto, muchos conservadores argumentan que compartirlas no significa creer en ellas, sin embargo, incluso si no las creyeran, los titulares sensacionalistas y condenatorios aún tienen una influencia significativa sobre los ciudadanos que crean cámaras de eco, y profundizan las divisiones políticas y morales. ¿Y de qué le fue útil al expresidente todo esto? Claramente lo aprovechó para armar su propia campaña, legitimar su imagen y conseguir adeptos, hizo uso y provecho para su propia propaganda trumpista aunque vemos que no fue suficiente para poder ocupar nuevamente el sillón presidencial.

Más allá de Estados Unidos, la influencia de datos falsos o engañosos es igualmente profunda. Así encontramos el caso de las elecciones europeas de 2019 donde investigadores descubrieron que hubo un aumento masivo de junk news que se compartían en las redes. En particular, las historias que se publicaron fueron de naturaleza controvertida en general como la inmigración y la seguridad, en lugar de puntos específicos de la política europea. Su difusión varió según el país, lo que demuestra que la preferencia de este ámbito y la geopolítica pueden resultar un papel importante en esta materia.

Nadie pudo prever que Facebook, y luego las demás, se volverían una herramienta fundamental en política y campañas electorales, no solamente utilizadas para mostrar propuestas sino también para dar una impresión más cálida e íntima con los votantes al subir material de sus vidas privadas (fotos, aficiones, opiniones personales) y generar cercanía de par a par con la sociedad porque, ¿qué es más importante qué un ciudadano sienta que es escuchado? Creer tener la posibilidad de un contacto estrecho y más directo con los dirigentes para exponer nuestras inquietudes y preocupaciones, genera accesibilidad y buena impresión en los futuros votantes. 

Pero claro está que se carece de intermediarios para interpretar, filtrar o verificar lo que se escribe o se dice, por lo que adoptar una postura crítica y responsable frente a lo que leemos y vemos será clave. Con la difusión de nuevas tecnologías y los peligros que presentan las noticias basuras, las empresas de medios sociales están trabajando para resolver su esfuerzo que históricamente ha sido pobre para combatir su difusión. Facebook ha comenzado a establecer “salas de guerra” antes de los principales eventos políticos para evitar que se compartan cuentas e información falsas. Twitter se ha esforzado por compartir informes de transparencia semestrales,  ha tomado medidas enérgicas contra las cuentas falsas y ha implementado funciones que animan a los usuarios a leer un artículo antes de publicarlo. Con suerte, la difusión de “junk news” en este nuevo y valiente mundo del consumo digital se maneja de manera responsable para garantizar la rendición de cuentas y proporcionar un diálogo honesto entre los usuarios.

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De ahí deviene la responsabilidad que hay que asumir y lo importante del buen uso de las mismas. Hoy toman gran relevancia en el marketing político, lo que lleva a contar con personas cualificada para manejarlas ya que si se quiere que las redes sociales realmente le ayuden a llegar a los votantes, hay ciertas reglas de oro que no podrán dejar de cumplirse. Es importante destacar que llevar a cabo una campaña con el uso de estas herramientas es una excelente manera de captar a todo tipo de público y lleva a una mejor compresión de los mensajes e imágenes, generando carisma y simpatía en la gente. Las redes sociales se afianzaron y ya forman parte de la cotidianidad política, sobrepasando los límites clásicos. 


Scout Meredith Best (Estados Unidos): estudiante de Relaciones Internacionales, Dickinson College, y columnista en Diplomacia Activa.

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