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Hitler y la bestia propagandística

Por muchos años la propaganda ha sido el motivo de la construcción y destrucción de diferentes regímenes políticos alrededor del mundo. Un arma de doble filo que ha sido utilizada por emperadores, monarcas, dictadores y otros líderes en el manejo de la política ¿Una de las más reconocidas? La del Tercer Reich.

Adolf Hitler con su ministro de propaganda, Joseph Goebbels.

Luego del fallido golpe de Estado de 1923 perpetrado por los miembros del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el líder de la formación, Adolf Hitler, entendió que la mejor forma para hacerse con el poder era a través de la vía parlamentaria. Durante su tiempo en prisión escribió su manifiesto político el cual iba a ser leído por toda una nación,  Mein Kampf (Mi lucha, 1925). El líder hace una especial mención a un pilar que no había tenido en cuenta anteriormente en sus intentos de formar el partido, la propaganda política. “El uso de la propaganda -escribió- es un verdadero arte que ha permanecido prácticamente desconocido para los partidos burgueses”.

El objetivo de la misma era claro, apuntar a la parte emocional de las personas en vez de a la parte intelectual. Es así como el diario muniqués Völkischer Beobachter (Observador del pueblo) se estableció como el principal bastión del partido. En el se atacaban a los principales enemigos de Alemania: el Tratado de Versalles, una clara señal de humillación y venganza que había llevado a la República de Weimar a una profunda crisis económica; el propio gobierno que, según ellos, se había presentado débil ante el mundo y era la principal razón por la situación que estaban padeciendo; y a la población judía que la culpaban por todo lo anterior. Para los nazis, los judíos eran “una raza imperfecta” que no debía convivir con la sociedad porque habían sido los arquitectos de todos los males que les habían sucedido.

«Detrás de los poderes enemigos: el judío». Los propagandistas nazis frecuentemente describieron a «el judío» como un conspirador que tramaba la dominación mundial actuando tras los bastidores de las naciones en guerra con Alemania. (Fuente: National Geographic)

Otro de los diarios de relevancia fue Der Angriff (El ataque) creado en 1927 como el equivalente berlinés a Völkischer Beobachter. En reiteradas ocasiones el semanario de la capital fue cerrado debido a su carácter sensacionalista y dichos antisemitas. Detrás de ellos se encontraba un joven editor que parecía tener cierto talento para el accionar propagandístico: Joseph Goebbels.

El artífice

El ministro Goebbels —apodado así por él mismo— tenía un doctorado en filosofía y una increíble capacidad de comunicación. Esto le permitió destacar en los años de formación del partido, tanto así que en 1930 fue elegido jefe de propaganda.

Durante la campaña aprovechó el lado carismático de Hitler y creó un líder valiente y decidido con la capacidad de unificar al pueblo alemán. Principalmente, se basó en sentimientos como la fe y esperanza que logró transmitir como consecuencia de la deplorable situación que estaban viviendo los ciudadanos.

Es evidente que los métodos poco convencionales que utilizó fueron claves en el desarrollo de la campaña. Viajar de ciudad en ciudad en avión con el lema “Hitler sobre Alemania”, le permitió llegar al electorado como ningún otro rival lo había hecho. Los deslumbrantes desfiles de masas orquestados por música militar y los efectos lumínicos durante los discursos, hicieron de la campaña una obra de teatro en el que aquel era el protagonista.

«El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen confiables y el asesinato, respetable; y para darle la apariencia de solidez al mero viento».

George Orwell
Haz link en la imagen para ver más flyers y carteles propagandísticos nazis presentados en la exposición «State of Deception – The Power of Nazi Propaganda».

En las elecciones primarias de 1932 obtuvo la astronómica cifra de casi 14 millones de votos, 18 veces más que en las elecciones de 1928. Al año, Adolf sería nombrado canciller de Alemania y con el apoyo del pueblo alemán, los nazis gobernaban sin que ninguna fuerza política se les oponga. Esto en parte fue gracias a Goebbels quien se había convertido en el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda el 13 de marzo de 1933. Desde entonces el objetivo ya no era la búsqueda de votos, sino movilizar a los ciudadanos en una misma dirección. Para ello el Ministerio se hizo con el monopolio de los medios de comunicación.

El doctor entendía que el mejor alimento que había para una sociedad era la cultura, el cine, los diarios nacionales, el teatro y la música, claves en la misión de “nazificar” a toda la nación. Sin embargo, sabía que un medio de comunicación sería imprescindible para llegar a las mentes y corazones de todos los hogares, la radio. La Compañía Nacional de Radiodifusión se convertiría en el megáfono por donde pasarían todas las noticias y para poder trabajar en ella se les exigía a los empleados demostrar que eran fieles a ellos. Como era de esperarse, los judíos y las personas con pensamiento de izquierda no fueron contratadas y las que ya trabajaban con anterioridad fueron despedidas.

En ese tiempo la radio era un invento novedoso y costoso al cual podía acceder un pequeño grupo de personas. Ante esto, el gobierno instaló parlantes en los espacios públicos de las ciudades como escuelas, plazas y en las calles, e inventó el Volksempfänger (receptor del pueblo), una radio económica que solo emitía noticiarios autorizados por el Ministerio. De esta forma, durante el tiempo que el Tercer Reich gobernó no se emitía ninguna noticia que no estuviera aprobada por él con anterioridad. Prueba de esto es lo acontecido en agosto de 1939 cuando un comando de la SS se hizo pasar por solados polacos y atacó una estación de radio en Gleiwitz dejando varios cadáveres que pertenecían al campo de concentración de Dachau vestidos con uniforme alemán, noticia se transmitió por todo el país.

Los once principios

En el transcurso de su vida, Joseph Goebbels desarrolló una teoría fundamental como base para su funcionamiento durante la Alemania nazi.

El primer punto de la teoría es el “principio de simplificación y enemigo único”, la propaganda tiene que simplificarse de tal forma que el responsable de los males sea un único enemigo; el segundo es el “principio del contagio”, según el doctor la sociedad en la que uno vive es pura y armónica, por lo tanto hay que evitar el contagio de una sociedad externa; el tercero es el “principio de la transposición”, la culpa es de otro, jamás de nosotros; el cuarto es el “principio de exageración y desfiguración”, convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave; el quinto es el “principio de la vulgarización”, consiste hacer que toda noticia sea de fácil entendimiento, entre más fácil menor esfuerzo va a requerir idiotizar a la comunidad; el sexto es el “principio de la orquestación”, el mensaje debe ser simple; el séptimo es el “principio de renovación”, en todo momento debe haber nuevas noticias, si las personas son bombardeadas por nuevos acontecimientos se evita que razonen; el octavo es el “principio de la verosimilitud”, citando a Friedrich Nietzche “no hay hechos, hay interpretaciones”; el noveno es el “principio del silenciamiento”, si existe un hecho que no es favorable para el desarrollo de los objetivos del poder, debe silenciarlo; el décimo es el “principio de la transfusión”, la maquina propagandística debe estar basado en una idea central; y finalmente el “principio de la unanimidad” dice que si todos los individuos piensan lo mismo, se puede llevar a cabo la revolución cultural.

Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá” – Joseph Goebbels

La propaganda en el siglo XX, y más aún para el régimen nazi, no fue un insignificante conjunto de métodos, sino una verdadera estrategia que representó la piedra angular en la que descansó toda una nación. Luego de la Primera Guerra Mundial y las consecuencias que dejó para los habitantes alemanes, Hitler se transformó en un faro de esperanza para todo el país, devolviéndoles un motivo, una razón, un significado por el cual pelear. El costo fue gigante, años de mentiras y de encierro mediático nos hacen recordar la obra “1984″ de George Orwell y nos deja pensar hasta qué punto los líderes son capaces de llegar para permanecer en el poder.


Mauricio Rodríguez (Argentina): estudiante en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso, y columnista en Diplomacia Activa.

Una de las campañas por el COVID-19 llamó la atención, fue la del partido político mexicano Movimiento Ciudadano (MC), que utilizó imágenes con alusión al ejército Nazi.

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