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Nos están mirando: ¿Sobrevivirá la democracia en internet?

El escándalo de Facebook y Cambridge Analytica demostraron que las grandes elites pueden utilizar el Internet para ejercer su poder. En este contexto, ¿el Internet nos mantiene libres?

En el año 2006 los seres humanos fuimos considerados “Persona del Año” por la Revista Time debido al protagonismo adquirido durante la revolución digital. Gracias al impulso que tuvo el desarrollo de las TICs, ingresamos en una Era de datos. El uso cotidiano del Internet llevó a considerarlo una herramienta que podía utilizarse como espacio de ejercicio de la democracia representativa, sobre todo por la libertad con la que hemos expresado nuestro pensar a través de las redes sociales.

Sin embargo, el voraz surgimiento de nuevas tecnologías en los últimos años ha dificultado la posibilidad de erigirle como un poder al servicio de la sociedad.  En la actualidad es tanta la información que circula a través de la red que los internautas nos hemos vuelto incapaces de proteger nuestra información privada. Para navegar en Internet terminamos pagando con nuestros datos el boleto de acceso a la web.

UN MUNDO DE DATOS

El proceso de globalización dio lugar a un desarrollo tecnológico que sirvió como un importante catalizador de cambios. La Era de la Información transformó de manera radical la actividad económica y social. Hoy en día el trabajo se enfoca más en el sector de los servicios que en el sector industrial, y la economía valora y explota el conocimiento humano, lo que conlleva a una fragmentación empresarial y a la especialización de sus empleados.

Según un informe realizado por las agencias de marketing We Are Social y Hootsuite, en el año 2020 de las 7.750 millones de personas que habitan en este planeta,  un 67% tiene teléfono celular, un  59% tiene acceso a Internet y un 49% es activo en redes sociales; es decir que poco más de la mitad del planeta se relaciona a través de la red. En este contexto, las redes sociales adquirieron una importancia sustancial ya que la interconexión humana desarrollada con el crecimiento de las TICs se potenció con el uso de estas plataformas. Se originaron nuevas formas de relacionamiento humano que además de fomentar el comercio y el consumo, crearon una “cultura digital” cuyo lenguaje expresado a través de fotos, tweets, memes y GIFs, logró determinar nuevos principios y valores.

Mientras el Internet fue convirtiéndose en una herramienta indispensable para nuestra vida, gran cantidad de datos comenzaron a concentrarse en la red: datos de ubicación, de cuentas bancarias, sobre gustos e intereses de los usuarios, así como también sobre tendencias políticas. Pero, ¿para que podrían servir estos datos que muchos de nosotros consideramos como memoria residual de nuestros dispositivos?

Cada click, like, imagen, texto o video que publicamos, enviamos o recibimos, forma parte de un conjunto de macrodatos que le ha permitido a empresas y gobiernos conocer mejor a la población y cómo se comportan. Se calcula que en el último año, se produjeron 1200 exabytes de datos. Este número equivale a 80.53 millones de iPhones 5S que, pegados uno al lado del otro, pueden dar la vuelta al planeta Tierra ¡100 VECES!

En palabras sencillas, la conocida Big Data es un volumen muy complejo de datos que proviene de diversas fuentes de Internet. Al no poder analizarse los datos en un software convencional, se desarrollaron algoritmos informáticos que permiten interpretar y analizar las acciones que los usuarios realizan a través de la web, y los resultados obtenidos provee a los datascientists de información relevante para la toma de decisiones y la mejora de la experiencia de los internautas. De esta manera, la estructuración de los datos les permite conocer los gustos, intereses, hábitos de consumo y tendencias políticas con mejor precisión de la que incluso nosotros mismos podríamos definir de nuestra propia persona.

Sin notarlo, nuestro celular ha llegado a convertirse en un espía de bolsillo que enriquece a las grandes compañías tecnológicas. ¿De verdad nos están mirando todo el tiempo? Muchos expertos han afirmado que en la actualidad la Big Data es un recurso de igual o mayor importancia que el petróleo. El desarrollo tecnológico les ha dado la capacidad de conocernos  en profundidad para vendernos exactamente lo que deseamos, sin siquiera preguntarnos si de verdad lo necesitamos.

En la actualidad, y con el mero objetivo de seguir desarrollando el sistema productivo del siglo XXI, la sociedad se encuentra cada vez más expuesta a que sus datos sean utilizados con fines lucrativos o políticos, que poco tienen que ver con el desarrollo de una mejor comunidad en red. Mientras las grandes compañías aumentan sus habilidades para ejercer cierto poder y control sobre nuestras mentes, ¿cómo deberíamos entonces definir al Internet? ¿Cómo una gran aliada o una potencial amenaza a nuestras libertades?

DEL CIBERACTIVISMO AL MARKETING POLÍTICO

Desde su aparición y desarrollo, el  Internet comenzó a considerarse como una herramienta democrática al servicio de la sociedad dando lugar a nuevas formas de participación política. De esta manera, el llamado ciberactivismo a través de las redes sociales facilitó el crecimiento de movimientos y protestas gracias a la difusión de las diferentes demandas políticas que se expresan por plataformas como Facebook, Twitter e Instagram. Este fenómeno digital ha dado lugar a conocidos sucesos como la Primavera Árabe, el movimiento de los Indignados en España, y los movimientos feministas #NiUnaMenos en Argentina y #MeToo en EEUU. También podemos hablar de organizaciones como Anonymous o Wikileaks que, a pesar de sus ilegales acciones a través de hackeos y robo de información estatal, han hecho sus propias manifestaciones políticas.  Pero, ¿qué pasa cuando dejamos el análisis de macrodatos en manos de compañías de marketing político?

En épocas de campaña electoral, donde parecería que todo vale para ganar, comenzaron a desarrollarse estrategias de segmentación para generar un mayor alcance y acercamiento con los ciudadanos, adaptando los mensajes a las demandas de cada uno de ellos. No es la primera vez que esta táctica se utiliza: Kennedy, Bush y Obama utilizaron los recursos necesarios para crear discursos personalizados para sus votantes.

Es claro que la propaganda política no es un hecho novedoso. Ya se ha visto que Adolf Hitler llegó al poder en 1933 gracias a una máquina propagandística que jugaba con el miedo y el odio de los ciudadanos. Las emociones del ser humano siempre han dado a los políticos la clave para ganar. Sin embargo, en un mundo donde los sentimientos son constantemente publicados a través de las redes sociales, los datos se convirtieron en el nuevo oro puro de la elite política y económica.

NADA ES PRIVADO

En el año 2016 dos importantes sucesos marcaron la política internacional: la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y el voto afirmativo de la ciudadanía inglesa para que el Reino Unido abandonara la Unión Europea. Estos hechos intensificaron la creciente tendencia de ultraderecha aislacionista, nacionalista y xénofoba en el mundo. Pero si nadie esperaba que esto sucediera, ¿cómo es que lograron su triunfo?

El 17 de marzo de 2018, el diario The Guardian publicó un artículo que revelaba el modus operandi de estas victorias. De esa manera fue que se destapó el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica por su participación fraudulenta en el Brexit y las elecciones de Donald Trump. De acuerdo con el informante del diario The Guardian y ex empleado de Cambridge Analytica, Christopher Wylie, se obtuvieron datos de aproximadamente 87 millones de personas que fueron después usados sin su consentimiento para construir mensajes personalizados en las campañas electorales inglesa y norteamericana.

La casa matriz de la compañía de datos Strategic Communications Laboratories Group (SCL Group) contrató en el año 2014 al profesor de psicología Aleksandr Kogan. El investigador habría diseñado la famosa aplicación thisisyourdigitallife que, utilizada como un experimento para un estudio psicográfico, contaba con métricas capaz de analizar la personalidad de un usuario de Facebook basada en la información que éste compartía en su cuenta. Con una sencilla encuesta que se debía responder a través de la misma, Kogan obtuvo no sólo los resultados de los usuarios encuestados, sino también la información de toda la lista de amigos de cada uno de ellos, datos que fueron después cedidos a Cambridge Analytica de acuerdo a un contrato entre Kogan y SCL Group.

¿Y Facebook? Cuando la compañía se enteró de los negocios que se hacía con los datos proporcionados a través de la app, exigió que estos fuesen eliminados alegando que no podían ser transferidos o vendidos a terceros ya que iba en contra de las normas comunitarias de la compañía. Pero ¿qué creen que sucedió?

De acuerdo a la información aportada por Wylie, durante la campaña del Brexit los movimientos políticos Vote Leave  y Leave.EU contrataron los servicios de una empresa de datos canadiense llamada AggregateIQ que desarrolló el software con el cual se llevaría a cabo la campaña de segmentación. Con la información obtenida a través de thisisyourdigitallife y con ayuda de AIQ, Cambridge Analytica pudo construir los mensajes personalizados que necesitaba para las campañas a través de redes sociales. Lo que a primera vista parecía un negocio válido y legal, se trataba en realidad del uso no consentido de información de los usuarios para persuadirlos de votar en el referéndum a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En una entrevista con el diario EL PAÍS, Wylie concluyó algo sustancial: el Brexit no habría sucedido sin Cambridge Analytica.

Mientras tanto, del otro lado del Atlántico, el representante de la compañía, Alexander Nix , comenzó a trabajar con el partido Republicano. Antes de que Donald Trump se cruzara con Cambridge Analytica, esta ofreció sus servicios a la campaña presidencial del senador republicano Ted Cruz, quien con la financiación de Robert Mercer, un informático multimillonario partidario de esta facción, contrató los servicios de la empresa de datos.

Aunque Cruz abandonó su carrera hacia la presidencia debido al poco éxito de su campaña, Mercer se volvió pieza clave en el tablero debido a sus grandes inversiones a las campañas republicanas en el año 2016. Y mientras Trump desarrollaba su campaña electoral, un nuevo personaje aparecería en escena: Steve Bannon, dueño de la revista conservadora Breitbart News y amigo de Robert Mercer, quien luego se convertiría en el presidente de Cambridge Analytica y jefe de campaña de Donald Trump. Cuando Nix les comentó sobre el alcance de su servicio, decidieron invertir grandes cantidades de dinero en la compañía. Sin embargo, luego de que Trump alcanzara su victoria, decide desvincularse completamente de Bannon en enero de 2018 luego de que comenzaran investigaciones que lo involucraban en campañas sucias para llegar a la presidencia.

¿Y qué tuvo que ver Facebook en todo este asunto? Cuando se destapó el escándalo y después de varios días de silencio, Mark Zuckerberg tomó la responsabilidad por lo sucedido con la información de sus usuarios. A través de un posteo en su muro ofreció disculpas y prometió trabajar en ello para mejorar la seguridad de la plataforma.  Sin embargo, estas no fueron suficientes y el escándalo le hizo perder a la empresa 50.000 millones de dólares y un 24% de los usuarios activos en ese momento. Aunque aún no podemos afirmar si la participación de Facebook fue activa o pasiva en el caso, hay algunas cuestiones evidentes.

La irresponsabilidad manejada por la empresa respecto a la protección de los datos personales de los usuarios con el consiguiente robo de la información, abrió un debate ético, moral y legal sobre la comercialización de los datos personales de los usuarios en Internet.

¿SOBREVIVIRÁ LA DEMOCRACIA?

El uso y la comercialización indiscriminada de los datos demostraron los riesgos que esto implica a partir de este escándalo. Los hechos sugieren que, a pesar del positivo desarrollo tecnológico, hay una clara vulnerabilidad social e institucional ya que aún no terminamos de adaptarnos a los retos tecnológicos de este siglo que avanzan de forma abrumadora.

La manipulación de la información para segmentar mensajes por parte de Cambridge Analytica llegó a modificar la dinámica de las Relaciones Internacionales de una manera radical, haciéndolas incluso más difíciles de analizar. Y lo que es más importante en este contexto, ¿cómo podrán fortalecerse los mecanismos democráticos en un mundo donde los datos son de todos y a la vez de nadie? ¿Se protegerá la privacidad de los usuarios? ¿O nos seguirán mirando?


Diplomacia Activa

Ana Paula Collado (Argentina): Lic. en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso.

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