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Trump cancelado

La “inchequeable” denuncia de fraude anunciada por Donald Trump durante el proceso electoral fue cortada por algunos medios estadounidenses. Fake o no fake, ¿poseen los medios de comunicación la potestad para impedir la transmisión de esta información?

Las elecciones presidenciales estadounidenses han dado mucho de qué hablar. Las expectativas generadas respecto a quién se coronaría como el vencedor, dieron lugar a especulaciones sin ninguna certeza.

La riña presidencial comenzó a definirse a favor del candidato demócrata el día 5 de noviembre, a pesar de que Donald había logrado posicionarse en algunos swing states. Por supuesto la escandalosa reacción del dirigente no se hizo esperar. Ese mismo jueves, y ante la inminente derrota, dio una conferencia de prensa desde la Casa Blanca alegando que el proceso electoral era fraudulento y que, con los “votos legales”, él era el verdadero ganador.

Sus declaraciones, transmitidas en directo por las principales cadenas televisivas norteamericanas —ABC, CBS, CNBC, CNN y Fox News—, fueron sacadas del aire. La CNBC interrumpió la transmisión, a la vez que el presentador del programa televisivo afirmaba que “estamos interrumpiendo esto porque lo que el presidente de los Estados Unidos está diciendo, en gran parte, no es verdad en lo absoluto”.

Mientras las cadenas ABC y CBS siguieron los pasos de aquella, Fox News y CNN continuaron transmitiendo hasta el final aunque sus conductores apalearon las palabras y negaron la posibilidad de fraude electoral o un abuso del sistema de votos.

Y he aquí la sección de preguntas abiertas al cuestionamiento de este hecho: ¿no es “extraño” que importantes cadenas periodísticas se atribuyan esta potestad frente a su conferencia de prensa? Sí, por supuesto, el líder no tenía pruebas ni argumentos que sostengan sus dichos. E incluso si está mintiendo, ¿quién decide qué puede o no decir? ¿Estamos ante una guerra de verdades o una disputa de quién tiene el poder para expresarse?

La cultura de la cancelación y la delgada línea de censura

Si hubiese una forma de definir qué fue lo que sucedió el pasado jueves por la noche podría sostenerse que Donald Trump fue silenciado por la prensa norteamericana.

Y si de anular dichos, ideas, pensamientos y personas se trata, que no sorprenda, existe una cultura abocada a ello. Si uno googlea qué es la cultura de la cancelación con lo primero que se encuentra es con la definición de Wikipedia, que la describe como “el fenómeno de retirar el apoyo moral, financiero, digital y social a personas o entidades mediáticas consideradas inaceptables, generalmente como consecuencia de determinados comentarios, acciones o por transgredir ciertas expectativas”.

¿Un poco más claro? Sí, el 45º presidente fue definitivamente coartado de su facultad en vivo por parte de la prensa norteamericana gracias a su seguidilla de polémicos discursos, afirmaciones y, por supuesto, sus alegaciones de fraude electoral que venía escupiendo desde hacía una semana antes de las elecciones.

Esta figura se ha establecido como tendencia en las redes sociales, principalmente en Twitter, donde básicamente los usuarios se han atribuido la libertad de hacer una digital justicia por mano propia ante declaraciones que se consideraron problemáticas, conflictivas o que simplemente producían disgusto.

¿Alguien recuerda los polémicos tweets de J.K. Rowling y sus – consideradas- transfóbicas expresiones discutiendo el derecho de las mujeres trans a ser consideradas mujeres? No cabe duda del pensamiento retrógrado detrás de sus tweets. Pero el enorme repudio que generaron, no solo en las comunidades trans, estalló en la cancelación de la antes adorada escritora de Harry Potter.

Y he aquí la cuestión clave. Incluso aunque se trate de expresiones que van en contra del progreso social, la autoproclamada potestad de hacer callar sólo elimina y expulsa lo dicho. ¿Y creemos que eso es progreso? Aquella cultura es capaz de conducirnos a la creación de un pensamiento único, donde se decida “qué está bien pensar y qué no”, y quien no cumpla con las reglas… ¡BAM! Cancelado.

Si pensamos un poco más, ¿no es una forma de censura? Entendemos a esta como el acto de intervenir sobre el contenido o la forma de una obra según sus razones morales, políticas, ideológicas, religiosas u otras; supone prohibir o limitar una expresión por considerar que sus contenidos pueden ser ofensivos o dañinos.

En un artículo publicado por el diario Perfil, muchos especialistas y periodistas coincidieron que el acto llevado a cabo por las cadenas televisivas norteamericanas fue un error. Algunos de hecho lo consideraron como un acto de censura.

Pero volviendo al punto inicial, incluso aunque el dirigente republicano divulgue noticias falsas o realice exposiciones sin argumentos, sacarlo del aire fue una decisión poco acertada. Casi podría decirse que le quitaron la posibilidad a los ciudadanos de quedarse con la duda o de cuestionar los dichos según el criterio de cada uno.

Entonces, ¿por qué se tomó tal decisión? Es fácil pensar en cómo este fenómeno a favor del progreso y de la eliminación de lo falso y retrógrado, se normaliza. ¿No hubiese sido mejor combatir los dichos del político con sólidos argumentos que podrían desacreditar de manera justa sus afirmaciones?

Entonces, ¿quién puede decidir lo que dice o no dice Trump? (o cualquier persona)

De acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas todos tenemos derecho a recibir y difundir información; y para la Convención Americana de los Derechos Humanos no debe existir censura previa por lo dicho, sino consecuencias legales por lo que ya se dijo. En otras palabras, todos tenemos derecho a hacerlo sin ser suprimidos, a la vez que podemos recibirla, corregirla y exigir responsabilidad legal de todo aquello que se publica.

Se podrán emitir datos erróneos y corregirlos quien la reciba para aclarar la verdad sobre el panorama. Pero, ¿qué es lo que no se puede hacer? Prohibir la información que se difunde.

Como ciudadanos tenemos el deber de no coartar la libertad de expresión que todos los seres humanos tenemos, una abrumadora tendencia que se expande cada vez más. Toda manifestación errónea la podremos combatir con argumentos o acciones legales consecuentes en caso de ser necesario.

Por supuesto, también es nuestra responsabilidad chequear las afirmaciones y testimonios antes de difundirlas para evitar la propagación de noticias falsas. Y sí, asimismo podemos elegir qué publicar o qué no publicar como periodistas y analistas, pero ¿cortar el discurso de un presidente? Aunque genere rechazo, todavía es el representante de Estados Unidos. Nos guste o no, tiene el derecho a realizar sus propios statements.

¿Podemos refutar sus dichos y opiniones en un detallado análisis argumentativo? Hell yes! De hecho, es lo correcto. Pero no lo es la privación de la libre expresión por parte de un medio de comunicación importante, ya que es una prueba irrefutable de irresponsabilidad periodística y un autoproclamado poder de suprimir a aquellos que no son de agrado.

Illustration: Rebecca Zisser

Y vos, ¿le darías a Trump el beneficio de la duda? ¿O te sumarías a que sus discursos sean cortados cada vez que diga algo polémico? Si tu respuesta a la primera pregunta es “definitivamente, no”, ¿no creés estarle quitando el derecho a otra persona de expresar lo que piense, incluso aunque sea falso? ¿Seguís creyendo tener el poder de cancelar a los demás?


Ana Paula Collado (Argentina): Lic. en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso.

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