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Donald, ¡estás despedido!

El mundo parece que se despide de Donald Trump. Después de ganar en Pensilvania y sus votos electorales el sábado, Joe Biden fue proclamado por los medios como presidente electo. La gente bailó en las calles para celebrar la nueva esperanza tranquilidad que hace tiempo no tenían. La misma que al parecer también se extendió internacionalmente, como lo replicó el alcalde de París dando una cálida «bienvenida de regreso a los Estados Unidos». Con su triunfo uno tiene que preguntarse, ¿qué ha perdido Norteamérica? ¿Qué ha pasado con la diplomacia? Y lo que es más importante aún, ¿qué significa su victoria para el futuro de la diplomacia del país?

Ilustración: Rebecca Zisser

Primero al pasado. Según Foreign Policy, Trump ha socavado la posición geopolítica de Washington retirándose de los tratados globales, burlándose de los aliados y proponiendo una peligrosa política de “Estados Unidos primero”. Para algunos de los amigos más importantes del país, el miedo a su impredecibilidad ha sido real. Un ex embajador de Estonia dijo que «todo el mundo está preocupado por el tipo de imprevisibilidad de la Casa Blanca. Todo el mundo entiende que no valora las relaciones transatlánticas». Esto ha convertido al 45º presidente, literalmente, en una broma. En una cumbre de la OTAN los líderes mundiales fueron riéndose de él, lo que lo llevó a abandonar la conferencia antes de planeado. No es necesario ser un genio para asegurarse de que si los aliados actúan de esta manera, la situación no mejorará con sus enemigos que pueden ver a un líder egoísta e infantil como una oportunidad para intervenir en sus asuntos.

En lugar de reparar estas relaciones, el político-empresario ha forjado otras nuevas con dirigentes mundiales dudosos. Corea del Norte y su dictador, Kim Jong-Un, es un ejemplo de esto. Después de organizar una cumbre en 2018 entre las dos naciones, se expresó preocupación porque EEUU estaba forjando alianzas que inquietaban a sus aliados tradicionales y poderosos por las amenazas nucleares del país asiático y los vínculos de la nación rebelde con China y Rusia. El índice de aprobación global del representante republicano ronda el 33%, según algunas encuestas. En comparación, el de Obama fue 74%.

Evidentemente hay mucho trabajo por hacer. Los primeros pasos del demócrata serán revertir los errores de la administración pasada. Esto incluye, lo más importante, la reincorporación al Acuerdo de París, el acuerdo nuclear de Irán (si Teherán acepta los términos) y, críticamente dada la situación de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud. Esto indica tanto a los aliados como a los enemigos que Washington está de regreso e interesado en hacer que su voz se escuche en un aspecto positivo otra vez.

El presidente electo también trabajará para fortalecer la oposición norteamericana a Rusia. Si bien la administración anterior ha impuesto sanciones al país liderado por Putin, su relación con él es de temer por su amistad. El político oriundo de Pensilvania continuará con las sanciones y eliminará el mensaje de que es realmente un amigo —especialmente después de la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones de 2016 y pagos de recompensa de Moscú para los talibanes por ataques a las tropas estadounidenses en Afganistán—.

A su vez, ha declarado que será amigable con los inmigrantes y ha presentado un plan idealista de 4 mil millones de dólares para ayudar a los países centroamericanos a “enfrentar la corrupción, la violencia y la pobreza endémica que lleva a las personas a abandonar sus hogares”. Si bien esto probablemente estará lejos de ser perfecto y de ninguna manera es una solución a los complejos problemas de la inmigración, muestra que el ex VP de Obama está dispuesto a tomar medidas positivas, en lugar de recurrir a una política de muros y deportación.

Finalmente, la diferencia clave entre las políticas exteriores de uno y otro es la retórica. Los continuos insultos, burlas y errores de Trump en el escenario mundial han llevado a Estados Unidos al punto más bajo. El país se ha convertido en una broma en estos últimos cuatro años. Afortunadamente Biden, con sus defectos y grandes desafíos por reparar, reconoce la importancia de la política exterior basada en la lógica y el pensamiento crítico.


Scout Meredith Best (Estados Unidos): estudiante de relaciones internacionales en Dickinson College.

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