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Merkel, la ciencia de la política

Un saco prudente de tres botones, las manos juntas formando un rombo y la mirada firme de hierro. No fue invitada a la Met Gala pero camina en la alfombra roja de los grandes. La Canciller de Alemania deja el gobierno tras 16 años en el poder, posicionándose como la líder occidental más importante del siglo XXI.

Alemania ha sido el motor de Europa durante más de una década. Esto se explica, en parte, por la  influencia del país para marcar la agenda de la Unión Europea y el potencial económico que posiciona a Berlín en el cuarto lugar después de Estados Unidos, China y Japón. Pero no es suficiente.

Alemania, que hace no mucho estaba separada en dos por un muro y continuaba humillada ante su pasado nazi, hoy se posiciona como un baluarte de las democracias liberales occidentales, con una solidez geopolítica y la altura de una potencia. ¿El combustible? Angela Merkel.

“Sin palabras y feliz”

Cuando el muro se cayó, Angela se enteró de la noticia y pasó por una panadería a comprar unas latas de cerveza. Caminó hasta el paso fronterizo de Bornholmer Straße, que unía ambas partes de Alemania, y se reunió con una familia desconocida del “otro bando”, el occidental, a comer, brindar y festejar la unificación del país.

Merkel, hija de un pastor protestante, tuvo una mudanza inusual, del Hamburgo occidental se trasladó a Alemania Oriental donde convivió con el socialismo sin problemas hasta 1989. Allí fue estudiante de física en la Universidad de Leipzig y trabajó en el Instituto Central de Química Física de la Academia de Ciencias en Berlín, donde se doctoró con resultados “sobresalientes”. Esto explicaría la capacidad analítica de la Canciller para resolver problemas complejos y negociar calculadamente los hechos que se presentaron durante su gobierno.

No era un nuevo capítulo en la vida de Angela, la caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría y el inicio de la globalización, a sus 35 años, era una historia diferente a la que había contado hasta el momento. Afiliada a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), se convirtió en una defensora de la unificación y el libre mercado.

Una patria

Durante el gobierno del “unificador” Helmut Kohl, la “Mutti” de Alemania tuvo algunas responsabilidades políticas. Tras la Segunda Guerra Mundial, y luego de 45 años de división, aquel Estado tenía el desafío de poder convivir, levantarse y ser parte de un mundo renovado.

Kohl fue canciller de la República Federal Alemana durante 16 años (1982 – 1998) y tiene junto a Merkel los periodos más largos que cualquier líder alemán desde Otto von Bismarck. Durante su tiempo en aquel cargo político impulsó la integración europea, por ejemplo en la reunión de Maastricht de 1991 en la que los mandatarios del continente alcanzaron un plan para crear una unión económica, monetaria y política.

Líder del CDU, en el que Merkel trabajaba activamente, Helmut buscó reavivar los vínculos que hermanaban a los alemanes para alcanzar la unificación social y el desarrollo económico. Sin embargo, en 1998 perdió la quinta elección a la que se presentaba y se acercaba a su ocaso político cuando un año después, en 1999, se descubrió una red de cuentas bancarias secretas que el político usaba para esconder contribuciones ilegales a su partido.

Era tiempo de dar el próximo paso. Fuera del gobierno, la CDU necesitaba reinventarse y superar la negativa imagen del último tiempo de Kohl. Con la debacle de este último y la victoria del socialdemócrata Gerhard Schröder,  la oposición necesitaba encontrar su cauce.

El cambio de siglo llegó con una sorpresa. Angela Merkel sería a partir del 2000 la principal opositora al gobierno del momento y la presidenta de la Unión Demócrata Cristiana, que hasta el momento había sido conservador y dominado por hombres.

La Canciller

«Querida Merkel, eres la primera mujer elegida para ser jefa de gobierno en Alemania. Una fuerte señal para las mujeres y ciertamente para algunos hombres» fueron las palabras de Norbert Lammert, presidente del Parlamento alemán, el 22 de noviembre de 2005 tras el resultado de la votación en el Bundestag.

Angela Merkel, que había nacido bajo el régimen comunista de Alemania oriental y se había doctorado en química cuántica, se convirtió en la primera canciller de su país a los 51 años de edad.

A lo largo de sus cuatro períodos tuvo que demostrar que era la persona indicada para superar las crisis que se presentaron como el colapso del sistema financiero mundial en 2008, las amenazas de disolución de la Unión Europea con el ascenso del nacionalismo, el Brexit o la economía de Grecia, la gran ola migratoria hacia Europa en 2015, el conflicto de Ucrania y la pandemia del coronavirus.

Y no solo pudo con las crisis nombradas, sino que en paralelo posicionaba a su nación en el sistema internacional como un país defensor del multilateralismo y la democracia liberal. Sorprendía como una señora sin mucho carisma pudiera elevarse como la líder indiscutida de Europa. Tal fue el manejo político que ejercía con calma y astucia que en 2012 diferentes medios la llamaron “Merkiavelli”, en alusión a Nicolás Maquiavelo.

La democracia no es algo que podamos dar por hecho, tampoco la paz ni la prosperidad

Angela Merkel

Angela Merkel es una institución en sí misma y no podremos culpar a quién la suceda de no ser lo suficientemente grande. Después de 16 años al mando fue apodada la “Canciller de Hierro” por lo ya mencionado como por su imagen que casi estática podía sentarse frente a “hombres fuertes” como Vladimir Putin, Donald Trump o Recep Tayyip Erdoğan y salir victoriosa.

Las nuevas generaciones de alemanes, los “centennials”, nacieron y crecieron bajo un mandato moderado, dialoguista y moralmente intachable tanto por izquierda como por derecha. Aunque muchos jóvenes buscan una renovación de la política de su país, es normal que la incertidumbre invada a Alemania y se extienda por Europa, y los nuevos representantes germanos tendrán el peso de la responsabilidad en sus hombros y con ello la estabilidad de toda la región.

¿Y ahora qué?

Las encuestas posicionan al socialdemócrata Olaf Scholz como su sucesor. Es el vicecanciller y el ministro de Finanzas de Alemania, un europeísta comprometido y considerado por muchos como un estadista y quien desde 2018 se encarga de la creciente economía de su país. Durante la pandemia de Covid-19 jugó un rol decisivo al impulsar un plan de recuperación de la Unión Europea por 750.000 millones de euros, pero su generosidad tiene límites. Se lo conoce por ser equilibrado en el gasto público, a veces más de lo que le gustaría a su partido de izquierda, y un pragmático político de alta estirpe.

Cualquiera sea el próximo canciller, heredará una Alemania ordenada, rica, fuerte y democrática. Si Helmut Kohl fue quien unió al país, Angela fue quién llevó a Berlín a las grandes ligas. ¿Cuáles serán los aciertos del próximo líder? Tendremos que esperar para ver.

Sin perder de vista el cambio climático, el terrorismo internacional y la cuestión nuclear, hoy Europa tiene desafíos a futuro que resolver como el crecimiento interno del ultranacionalismo, la intromisión política de autócratas como Vladimir Putin o las relaciones de tensión entre Estados Unidos y China. Pero tal vez el mayor desafío será hacerlo sin Merkel, la científica que hizo de la política su laboratorio, la mujer que lideró con templanza de hierro crisis tras crisis y se transformó en un ejemplo de gobernanza para los líderes de todas las generaciones.


Juan Cruz Zalazar (Argentina): Director Ejecutivo de Diplomacia Activa, Analista en relaciones internacionales (Universidad de Congreso) y estudiante de Comunicación Social (Uncuyo).

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