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Fundamentalismo: del amor al odio

Cuando hablamos de extremistas en la religión la primera respuesta que se nos viene a la cabeza es el Islam. Durante años se ha creado una falsa creencia en el colectivo social donde se asocia a la violencia y al terrorismo con los musulmanes, y esa mirada no podría estar más equivocada. Hoy vamos a ver cómo estas actitudes son realizadas por pequeños grupos y no solo en el Islam, sino que también en el Cristianismo y el Judaísmo, principales religiones monoteístas en la actualidad.

Imagen: Foreign Policy

Es indudable que actualmente la religión se encuentra en una gran crisis pero aún así sigue siendo un factor clave en nuestra civilización y en nuestra vida cotidiana. Las tres principales religiones monoteístas a día de hoy son el Cristianismo, Islam y Judaísmo, y sus mensajes son muy similares entre sí, como lo son el amor al prójimo, la paz y la hermandad (incluso entre ellas comparten profetas y libros sagrados). Pero ¿qué pasa cuando este mensaje se malinterpreta y se transforma del amor al odio? Nace el fundamentalismo religioso.

El fundamentalismo religioso podría ser entendido como aquella interpretación exacta, invariable e inflexible de textos considerados sagrados, como lo sería la Biblia (cristianos), el Corán (musulmanes) y la Torá (judíos). Dichas interpretaciones tan precisas y sesgadas dan lugar en muchos casos a la intolerancia y violencia, dando nacimiento así a extremismos que, sumados a factores económicos y políticos, pueden dar lugar a brutalidades o incluso al terrorismo.

El Papa Francisco (representante de la Iglesia Católica) junto a miembros del Islam en Ur, Irak. Fotografía: Yara Nardi / Reuters

Islam

Sin duda alguna el fundamentalismo más conocido y que ha llevado a una estigmatización de los musulmanes. Esta corriente propugna una interpretación radical del Corán y la instauración de una sociedad que viva bajo los preceptos del mismo, y nace como respuesta a la colonización británica y francesa de finales del Siglo XIX pero alcanzó su apogeo tras la Revolución Iraní en 1979.

La forma principal en la que se presenta este tipo de fundamentalismo es mediante la yihad, que literalmente se entiende como la “guerra santa” del Islam, y los yihadistas son quienes defienden el levantamiento en armas para consolidar su guerra religiosa que ha dado lugar a diversos grupos extremistas que tienen como premisa darle al Islam el lugar que se merece en el mundo.

Una de las organizaciones más conocidas es sin dudas Al-Qaeda, activa desde 1988 y que desde aquel entonces hasta el 2011 fue dirigida por su miembro más resonante, Osama bin Laden, quien públicamente expresó que ellos no veían civiles sino enemigos a los que matar, y que esta debía ser la motivación de todos los musulmanes. Entre los eventos más trágicos llevados a cabo por esta organización están los atentados al World Trade Center en 1993, 11 de Septiembre del 2001 y Madrid de 2004, los dos primeros bajo el “justificativo” de atacar centros judíos que atentan contra el Islam (más allá de los motivos económicos que van por detrás).

Otro de los grupos que cobraron relevancia en los últimos años fue el Estado Islámico, quienes en 2014 se escindieron completamente de Al-Qaeda y proclamó un califato en el norte de Siria e Irak pidiendo lealtad a todos los musulmanes del mundo. Esta asociación no ha estado exenta de violencia, siendo sus principales ataques el derribo de un vuelo comercial ruso como contraataque por el bombardeo de algunas ciudades sirias y los atentados de Paris de 2015. En estos últimos ataques se encontró el tiroteo al teatro El Bataclán, el cual había sido dirigido durante más de 40 años por judíos y quienes habían recibido durante los últimos años distintas amenazas por acoger personas que defendían la causa israelí. El mismo reconoció la autoría de los hechos por la intromisión de Francia en Siria y por haber insultado a su profeta mediante la revista satírica Charlie Hebdo (en cuyas oficinas se había perpetrado también un ataque a comienzos de ese año).

En las últimas horas una facción del ISIS en Afganistán se atribuyó la ejecución de los ataques en el aeropuerto de Kabul como oposición al régimen Talibán, a quienes consideran “demasiado permisivos” a los mismos en su yihad.

«Nos permitimos una ignorancia acerca de las religiones que sería inadmisible en otros campos. Esta ignorancia es particularmente peligrosa cuando la encarnan políticos y formadores de opinión, y constituye un enorme obstáculo para lidiar con el extremismo y la violencia«.

Iván Petrella en su libro «Dios en el Siglo XXI»

Cristianismo

El cristianismo, y principalmente el catolicismo, no se ven exentos de grupos fundamentalistas que, desde una mala interpretación de los textos sagrados, se apoyan para perpetrar actos sumamente violentos “en nombre de Dios”. El origen del pensamiento fundamentalista cristiano se da con la llegada de los primeros colonos a Estados Unidos pero encuentra su auge a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX.

Su ideología se basa en una interpretación estricta de la Biblia, así como una separación completa con la ciencia y la imposición de los dogmas cristianos a otras culturas y religiones. Tan severa interpretación lleva a que a menudo se cometan atrocidades y se justifique su actuar por la mera “voluntad de Dios”. Así tenemos ejemplos de hechos violentos incluso dentro del cristianismo con los seguidores de sus distintas ramas, como los ocurridos durante buena parte del Siglo XX entre los nacionalistas católicos irlandeses y los protestantes norirlandeses que desencadenó una guerra que, si bien a priori tiene fundamentación política, ha tomado fuerte connotación religiosa.

Repasá la entrevista con Iván Petrella, Doctor en religión y derecho, en el programa #HappyHour de Diplomacia Activa.

Tal es la indiferencia y rencor de ambas partes que el ministro religioso y líder norirlandés Ian Pasley interrumpió al Papa Juan Pablo II en uno de sus discursos para señalarlo como el “anticristo” al mismo tiempo que acusaba a la Iglesia Católica de tener un brazo armado al que financiaba, el Ejército Republicano Irlandés. Por su parte, esta organización terrorista realizó atentados en distintos puntos de Irlanda del Norte, siendo sus principales objetivos los barrios protestantes de Belfast y alrededores.

Otro de los movimientos extremistas religiosos es el del Ejército de Resistencia del Señor, una grupo terrorista localizada en Uganda y Sudán que tienen como filosofía un análisis textual de la Biblia, buscando a su vez el derrocamiento del gobierno ugandés para instalarse en el poder.

El grupo nació a finales de la década de los 80 bajo el liderazgo de un fanático religiosos autoproclamado líder espiritual. Sobre sus espaldas pesa un largo historial de violaciones a los derechos humanos ya que se ha adjudicado a l mismo desde secuestros, masacres, ataques a campos de refugiados hasta violaciones. Por este prontuario es que en el 2005 la Corte Penal Internacional libró órdenes de captura para los principales cabecillas de la agrupación, entre ellos Dominic Ongwen —líder de una de las brigadas del LRA y condenado a 25 años de prisión en mayo de este año— y Joseph Kony, dirigente espiritual del grupo y del que no se tienen pistas certeras a día de hoy. Si bien la asociación se creía disuelta por la inactividad del mismo, en 2016 volvieron a los ataques, aunque muy lejos del nivel operativo de sus inicios.

Judaísmo

La última de las grandes religiones que nos queda por analizar es el Judaísmo que, como las anteriormente mencionadas, también contienen corrientes fundamentalistas en las cuales la interpretación taxativa y especifica de la Torá los vuelve extremadamente cerrados y peligrosos para con otras personas, inclusive para con los mismos judíos que no viven la religión tan a rajatabla como ellos. En la actualidad no podríamos hablar de “grupos terroristas judíos” en sí mismos ya que estos se disolvieron hace algunas décadas aunque realmente existieron. Veamos.

En la década de los 40 surgió en el protectorado de palestina una agrupación ultranacionalista ortodoxa llamado Lejí o Grupo Stern, quienes públicamente admiraban el actuar y la organización del IRA en Irlanda. Su finalidad era la de liberar palestina de los británicos para llevar allí a los judíos del mundo y organizarlos bajo un Estado teocrático. Actualmente este y otros grupos con fines similares que se consolidaron en las décadas siguientes se consideran extintos, pero la violencia continúa en otras formas.

Militantes ultraortodoxos judíos durante un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Los «jeredíes» se oponen a la existencia del Estado de Israel, considerando que en sus escrituras se establece que este recién se creará con la venida de su Mesías. Por esta razón gran parte de los ultraortodoxos apoyan la causa palestina.

Actualmente si bien no se conforman como grupo, siguen existiendo fundamentalistas y ultraortodoxos judíos que emplean la violencia y las amenazas como medio para imponer sus dogmas y creencias. En Israel, y principalmente en Jerusalén, es común ver ataques contra civiles palestinos en las puertas de las mezquitas o directamente en la calle, e incluso no es raro ver que este tipo de violencia se vea contra miembros de su propia comunidad.

Los mismos han estado en la mira por la violencia a la hora de hacer frente a las restricciones impuestas por el Estado, como el cierre de sinagogas. Los “jeredíes” —ultraortodoxos— viven en un confinamiento absoluto de la sociedad moderna, recluidos en barrios donde el ingreso de personas que no viven con su misma intensidad la religión son mal vistos y pueden llegar a volverse en situaciones incomodas o escalar a violencia dependiendo la persona.

El principal mensaje de estas religiones es la imperfección del hombre frente a su creador, y es esa misma imperfección a la hora de interpretar sus textos sagrados la que ha llevado a lo largo de la historia a desatar una violencia desmesurada contra personas con otras creencias, o incluso contra sí mismos. Cabe aclarar que ninguno de estos cultos así lo estipula, sino que predican un mensaje similar de amor, paz y fraternidad.

Entender que la violencia no es propia ni un símbolo característico de una religión sino del propio hombre es un gran paso en el camino por erradicar el odio y la intolerancia entre y hacia las mismas que en muchos casos se promueve entre los partidarios de estas corrientes fundamentalistas.


Francisco Sánchez Giachini (Argentina): estudiante de Abogacía, columnista en Diplomacia Activa.

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