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El triunfo de la razón

Debemos convivir con personas intolerantes, muchas de las cuales se disfrazan de progresismo para promover la homogeneidad de sus ideas. Sin embargo, y extrañamente, un reciente caso en Argentina hace que la razón siga teniendo sentido.

Ilustración: Harry Haysom

Un conjunto de periodistas autoproclamados “progresistas” lanzaron una página web que exhibe a personas con ideas consideradas políticamente conservadoras. El objetivo era coordinar “investigaciones con la mirada puesta en la defensa de la democracia, el acceso a la información y los derechos humanos”. Lastimosamente, estuvieron lejos de lograrlo y generaron un efecto contraproducente.

Cuando http://reaccionconservadora.net/ (“La reacción conservadora en la Argentina”) fue difundida en redes sociales y publicada por el portal digital DiarioAr, se desató la furia de los involucrados que denunciaron haber sido incluidos en esta lista negra del pensamiento.

La iniciativa fue financiada por IPPFRHO —organización feminista internacional— y, como si se trata de una central gubernamental de inteligencia, los periodistas investigaron a estudiantes, escritores, a sus pares, economistas, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, entre otros. Obviamente a aquellos individuos que consideran “conservadores» pero también a todo aquel que se identifique con la oposición argentina, vale mencionar a la Unión Cívica Radical o el PRO.

Pero a pesar de este hecho infortuito que marca una vez más la grieta en el país, algo se puede rescatar, pero antes permítanme explicar algunas cosas que creo importante:

¿Son progresistas?

No. Los escritores Ingrid Beck, Flor Alcaraz, Paula Hernández, Paula Rodríguez, Juan Elman y Soledad Vallejos creen que pueden señalar las ideas de otros ciudadanos porque hay un contexto que legitima que puedan hacerlo. Un escenario que, al menos en redes sociales, les hacen creer que los que ellos piensan y sostienen está por encima de las demás. Pero las ideas no delinquen y tampoco se matan.

Ser de izquierda no te transforma automáticamente en progresista, como ser conservador o liberal no te hace un intolerante per se. El progresista más que un revolucionario es un reformista.

En palabras del politólogo Oscar Hernández Bernalette, el progresista “entiende que la violencia siempre está del lado de los que no tienen la razón. Aunque  puede añorar una revolución, entiende que la humanidad de estos tiempos no está para cambios bruscos sino consensuados. Su actuación primaria es el respeto al otro y a la tolerancia”.

Sobre la izquierda que se rotula progresista, Marcos Aguinis opina que “en nombre de la abstracción colectivista cercenan los derechos e imponen el despotismo”. En el mundo existe consenso en llamar progresista al moderado, que mantiene ciertos lineamientos como la defensa a minorías sexuales, al medio ambiente, al multilateralismo y a la libertad de expresión. En Argentina, en cambio, parece ser que “progre” es el que le dice “facho” a todo aquel que no piensa como él. Lejos de ser unos pocos trasnochados a los cuales no debemos prestarle atención, homogenizan debates en universidades, medios de comunicación y dentro del propio gobierno.

¿Debemos tolerar a los intolerantes?

Tampoco. La tolerancia ilimitada puede llevar a la destrucción de la misma. El filósofo Karl Popper llega a esta conclusión y resuelve la paradoja en “La sociedad abierta y sus enemigos”, aceptando que las sociedades libres deben vivir presuntamente con ideas o personas intolerantes pero, siempre que estas puedan ser contrarrestadas frente a la opinión pública con argumentos racionales, no deben ser prohibidas.

Tolerante es aquel que usa la razón y los argumentos para exponer sus ideas por más que no sean del agrado de uno. Diferente es si esos pensamientos son expresadas con violencia. Una forma de esta es que un grupo mayoritario declare intolerante a otro para prohibir así sus ideas.

Este puñetazo al subconsciente es más peligroso si hablamos de un grupo de periodistas alineados directamente con el gobierno que lanzan una página web con los nombres, actividades y conexiones de personas que piensan de una forma determinada.

“La razón por la que Popper declara que no hay que tolerar a los intolerantes es porque no suelen estar preparados para argumentar a nivel racional, suelen renunciar al argumento racional y pueden incitar a los suyos a seguirles por medio de la violencia o de lo irracional y eso minaría la propia tolerancia”.

José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía y profesor de la Universidad de Córdoba.

En los tiempos que corren es común observar a quienes incentivan la autocensura de los que piensan diferente. Las redes sociales se han convertido en una especie de reducto moral, donde muchos usuarios se disfrazan de progresistas pero que mantienen un discurso claramente antiliberal.

Tenemos derecho a ofender, no a perseguir

La revista satírica Charlie Hebdo es una institución de la libertad de expresión. Sus caricaturas a veces causan gracia, otras veces informan, pero casi siempre ofenden.

En 2007 la Gran Mezquita de París, la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia y la Liga Islámica Mundial denunciaron al medio por tres caricaturas publicadas del profeta Mahoma, para las instituciones religiosas esto era un acto de racismo y un discurso de odio. El Tribunal Correccional de París decidió en su momento absolver al semanario tal y como pedía la Fiscalía, ya que consideraba que la publicación de esas caricaturas fue conforme al derecho de la libertad de expresión. La revista aportó que se especializaba en el humor satírico, no en el racismo.

No fue lo que sucedió en 2011 cuando antes de lanzar la revista explotó una bomba en el interior de su sede o más tarde, en el lamentable atentado de 2015 por dos fanáticos musulmanes que asesinaron a 12 periodistas. Charlie Hebdo publica caricaturas, que tal vez ofenden, pero no persiguen. Podemos coexistir en sociedad solamente a través de la tolerancia, no mediante la venganza y los castigos.

Una de las periodistas creadoras de “La reacción conservadora de la Argentina” es Ingrid Beck, Fundadora de Revista Barcelona que en muchos aspectos se parece a Charlie Hebdo. Su forma de informar es satírica, divierte, ofende y no persigue.

Ingrid, motivada ideológicamente, tomó el camino de perseguir a través de los discursos de odio. Cargar etiquetas del tipo “antiderechos” a personas, organizaciones y partidos es alimentar un dogma, como acción comunicativa atenta contra la dignidad de los individuos y, en los tiempos que corren, pueden motivar a la destructiva “cancelación política”.

Lo pongo en otros términos: ¿Se imaginan si Charlie Hebdo hiciera una lista con todos los musulmanes de Francia, sus relaciones y actividades simplemente por pensar distinto? Bueno, es lo que hicieron los autores de esta fanfarronada.

Efecto Lipovetzky

Hay acciones que las personas han meditado tan poco que son contrarias al fin que se propusieron. Observando sus propias palabras, lo que buscaban preservar los periodistas con su “investigación” es la democracia y los derechos humanos, pero sólo terminaron por debilitar la credibilidad en sus carreras, transformados en memes, generando discordia y alimentando fanatismos.

Los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, sostienen que existe una serie de dinámicas informales que han permitido la subsistencia de la democracia liberal en la cual cada miembro con sus ideas puede convivir con los demás. Entre estas normas se encuentra “el respeto mutuo” que existe cuando los ciudadanos reconocen en sus rivales a un igual, a un adversario y no a un enemigo del pueblo.

Imponer una forma “correcta” de pensar y señalar al otro como a un extraño dentro de la misma comunidad, destruye los lazos de confianza que son el pilar de la unidad, pero en este caso triunfó la razón. El portal “La reacción conservadora de la Argentina” fue dada de baja y del más diverso sector socio político se denunció el caso por intolerancia.

Defender el derecho que tiene el otro a decir lo que piensa, así sea que me disguste, es lo que hace a las sociedades maduras y libres, convivir.


Juan Cruz Zalazar (Argentina): Analista en relaciones internacionales (Universidad de Congreso), estudiante de Comunicación Social (Uncuyo) y Director Ejecutivo de Diplomacia Activa.

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