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¿Por qué Somalia?

El continente africano es conocido por ser la cuna de diferentes conflictos armados que hasta el día de hoy no tienen una solución. En la actualidad se pueden identificar al menos 13 escenarios barbáricos. ¿Uno de los más antiguos? Somalia.

Ilustración: Matt Rota

En 1991 ocurre un hecho que marca un antes y un después en la República Federal de Somalia ya que, si bien la guerra civil ya había comenzado cinco años antes, es con el derrocamiento del dictador Siad Barre cuando empieza una nueva fase en este conflicto. La oposición esperando gobernar sin ninguna dificultad se encuentra con lo se conoció en la década de los 90 como los “señores de la guerra”, es decir, jefes de movimientos armados africanos que respondían exclusivamente a un pequeño número de personas que profesaban una religión particular. A su vez, ese mismo año se produce la independencia del Estado de Somalilandia, el cual había sido gobernado por británicos a diferencia del resto del país que había tenido un gobierno italiano.

A partir del fin de la Guerra Fría la politóloga Mary Kaldor identificó el inicio de lo que se conoce con el término de “nuevas guerras”. Este concepto ha ido evolucionando desde una percepción de luchas étnicas entre pueblos; pasando por el subdesarrollo y la pobreza como el “punto clave” de la violencia que está padeciendo el continente; a las “guerras de la oportunidad” poniendo énfasis en los recursos naturales como el foco principal de los enfrentamientos; hasta llegar a la tesis que desarrolla el concepto de Estado fallido que explica el comienzo de la guerra.

No es una casualidad que las características de un Estado fallido sea la poca o nula capacidad de respuesta de los dirigentes, estructuras ineficientes para dar solución a una problemática y las tensiones religiosas que se puedan dar en un país, con que Somalia sea considerado como tal. La organización Fund for Peace desarrolla anualmente lo que se conoce como Índice de Fragilidad de los Estados en el que ha ocupado los primeros lugares en los últimos años ganando así una mala opinión por parte del resto de la comunidad internacional, señalando que es «crónicamente inestable, sin gobierno y amenazado por militantes islamistas, piratas y la hambruna”.

A pesar de la misión de paz emprendida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —UNOSOM I— que se produjo entre los años 1992 y 1995 para proveer ayuda humanitaria y el restablecimiento de un orden, es claro que la semilla del caos ya estaba sembrada y poco pudieron hacer las fuerzas de paz en el intento de cohesión de las diferentes regiones del territorio, al igual que las autoridades de turno que no tuvieron voz ni poder para operar más allá de la capital Mogadiscio. Un claro ejemplo de esto fue lo sucedido en 1998 con la autoproclamación de otra región del norte del país, el Estado de Puntlandia.

Luego del 11-S el terrorismo adoptó un nuevo protagonismo sobre todo en el continente africano. Gobiernos inestables, diversidad de etnias, altos niveles de pobreza y con planes económicos ineficaces, son el escenario perfecto para los grupos que tienen como objetivo infundir terror y provocar el mayor daño psicológico posible. En cuanto a la evolución del terrorismo el autor Jackie Cilliers explica que “desde 1989 el terrorismo en África constituye un componente relativamente pequeño de la actividad terrorista a nivel mundial […] Esto cambió en 2011 debido a la repercusión de acontecimientos en Nigeria, a causa de la inusitada brutalidad y los asesinatos generalizados perpetrados por Boko Haram. […] la amenaza de al-Qaeda y del Estado Islámico se ha extendido a África de forma organizada y significativa […]. Los movimientos locales se alinean con el Estado Islámico o con al-Qaeda como parte de los esfuerzos para aumentar su alcance e influencia”.

“La violencia de carácter islamista, en muchas ocasiones, se ha presentado como una violencia de tipo completamente barbárico, construida sobre la base de la naturaleza inherentemente violenta del islam” .

Samuel Huntington

La República no es la excepción ya que desde 2009 la organización terrorista “al-Shabaab” se la vincula con “Al Qaeda” y en los últimos años ha producido numerosos ataques llegando a controlar la mayoría de las carreteras y zonas rurales del sur del país. Se deja en evidencia el control y la presión yihadista que hay alrededor de la capital somalí, así como también la desconexión entre la autoridad central y el resto de las regiones. Además durante el 2015 aquel movimiento llevó a cabo ciertas decisiones que debilitaron a la misma a realizar ejecuciones internas, lo que permitió la penetración de otras organizaciones yihadistas en el Cuerno de África, como puede ser el grupo Islamic State in Somalia o Jahba East Africa, ambas apoyadas por el Estado Islámico (ISIS).

En respuesta a esto, el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana creó en 2017 la AMISOM —African Mission in Somalia— la cual ha adoptado una participación más activa en operaciones ofensivas, realizando acciones antiterroristas y combatiendo contra organizaciones como “al-Shabaab”. Compuesta por alrededor de 22.000 unidades procedentes de 6 países —Uganda, Burundi, Yibuti, Kenia, Etiopía y Sierra Leona— es claro que su objetivo principal es ponerle un fin a los focos terroristas que existen y así trabajar en el restablecimiento de la paz en todo África Oriental.

La pobreza es un factor determinante para que los niños sigan siendo reclutados por grupos armados en Somalia. Foto: AP

Continentes como África y los conflictos que están sufriendo sus Estados son los temas de debate que debemos realizar hoy en día. Asesinatos, hambruna, actos de piratería y terrorismo son solo algunas de las problemáticas que están padeciendo miles de personas que no conocen el significado de la palabra libertad. Somalia es un caso, pero además existen otros doce en todo el territorio continental en los cuales prima la concepción hobbesiana de “todos contra todos”.

Abordar la complejidad de estos casos desde una lectura más amplia que tenga en cuenta las dimensiones locales, regionales e internacionales que den pie a entender los orígenes históricos de las disputas; las motivaciones políticas; comprender la existencia de diferentes grupos étnicos así como también la violencia armada generalizada, son clave para la solución no solo de los problemas existentes en el país sino de toda la región.


Mauricio Rodríguez (Argentina): estudiante en Relaciones Internacionales, Universidad de Congreso, y columnista en Diplomacia Activa.

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