Saltar al contenido

El plan Biden para Centroamérica

En la actualidad, los gobierno están sufriendo una severa crisis institucional por su falta de confiabilidad. Una de las razones fue la crisis financiera global del 2008, del cual aún no se pueden recuperar ¿podrá Biden proyectar a futuro en una región diezmada por la corrupción y la pérdida de democracia?

El déficit de confianza que muchos gobiernos enfrentan es preocupante porque la misma subyace en la participación de la gente en la vida cívica, desde el nivel de la comunidad hasta el nivel nacional (OECD, 2014.)

La democracia tanto en América Latina como, a decir verdad, en todo el globo se enfrenta a un período crítico. La calidad de la gobernanza basada en la división de los poderes que la conforma se deteriora rápidamente y se manifiesta como una amenaza en escalada. Esto es lo que refleja el informe de IDEA Internacional titulado “El estado global de la democracia en 2019”.

DRY es un movimiento social de España que se autodefine como apartidista, asindical, pacífico, contrario a formar parte de cualquier ideología pero no apolítico, que exige un cambio de rumbo en la política social y económica que ha llevado a numerosas personas al paro y a la precariedad. Foto: C. Álvarez

Centroamérica no es la excepción, existen varios eventos recientes que lo confirman. En el 2019 la ex Canciller de Guatemala, Sandra Jovel, le presentó una carta al Secretario de las Naciones Unidas informándole de la decisión del gobierno de revocar el acuerdo que estableció la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala) dándole un plazo de 24 horas a sus miembros para dejar el país. La iniciativa se creó en el 2006 por invitación de las autoridades y fue vista como una medida innovadora para fortalecer el estado de Derecho.

Del informe presentado por la Comisión después de su expulsión se destaca que las difamaciones contra el trabajo que venía realizando la CICIG aumentaron una vez que se presentaron varios casos en donde se implicaban a sectores de alto poder tanto en lo económico como en lo político, incluyendo en esto ultimo investigaciones realizadas al mismo presidente Morales, a uno de sus hermanos y a un hijo.

«La proliferación de CIACS, y la captura y cooptación del Estado actual, en buena medida, es el resultado de os legados de procesos históricos que en algunos casos provienen de la colonia, se reforzaron durante las dictaduras liberas y tuvieron continuidad durante el enfrentamiento armado interno. La impunidad del poder, entendida como la creencia y práctica de las élites de estar por encima de la ley y la certeza de impunidad, tienen su origen en estos legados».

Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala

Sucedió también el pasado febrero en El Salvador, cuando en una reunión de emergencia, los legisladores rechazaron la aprobación de un préstamo para el financiamiento de la tercera fase del plan de seguridad del gobierno de Bukele, conocido como el Plan de Control Territorial por un valor de 109 millones de dólares. Ante esta situación, Nayib en una demostración de fuerza, tomó la draconiana medida de enviar militares a la Cámara Legislativa, irrespetando la separación de poderes y presionando hasta que finalmente el plan fue aprobado.

Mientras que la democracia intenta seguir siendo resistente en la región centroamericana, otras acciones nos demuestran el reto que se tiene por delante. Una clara prueba que se suma a los casos mencionados, son los recientes arrestos políticos de 5 precandidatos de oposición nicaragüenses de cara a las elecciones presidenciales de este año, como resultado de las dos nuevas legislaciones aprobadas por un Congreso controlado por el partido de Ortega llamadas: ley de “traidores de la patria” y ley de “agentes extranjeros”.

Imagen principal de la campaña por la liberación de presos políticos del colectivo “Nicaragua Libre Sin Presxs Políticxs». 

La corrupción endémica en la región aunada de problemas crónicos de violencia, de crimen generalizados, de élites corruptas vinculadas a redes criminales e impunidad por parte de funcionarios públicos,  junto con la falta de oportunidades económicas, la profunda desigualdad social y el impacto corrosivo de las instituciones políticas que no brindan respuestas, son los desafíos a los que se enfrentan los centroamericanos y el campo de batalla donde se tendrán que ejecutar los 5 ejes del plan operativo de Biden.

Según un informe del Wilson Center sobre la ayuda exterior de EE. UU. para Centroamérica entre el período de 2014 a 2019 “el factor que más contribuye al poco crecimiento y progreso social en los países del Triángulo Norte es la resistencia a las reformas anticorrupción y de buen gobierno por parte de un grupo pequeño pero poderoso de actores políticos y económicos con un profundo interés en mantener el statu quo«.

Migraciones de Centroamérica. Foto: El Universal

A pesar de esto, también existen esfuerzos de alianzas estratégicas entre legisladores reformistas, organizaciones no gubernamentales, sector privado, jueces, activistas y grupos de jóvenes, defensores de sectores específicos como grupos LGTBQ+, indígenas y mujeres organizadas entre muchos que han abogado por cambios tanto políticos como electorales que permitan mejorar la gobernabilidad democrática. Dichas alianzas han sido efectivas logrando asegurar respaldo político para la acción gubernamental y legislativa, dando como resultado mejoras en la transparencia e involucramiento de los ciudadanos en las prioridades públicas en temas tan relevantes como tener mayor visibilidad del presupuesto nacional y otras acciones legislativas clave.

En este contexto, un grupo de líderes centroamericanos incluyendo a la ex presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, el ex vicepresidente de Guatemala y la recientemente detenida por el régimen Ortega y precandidata presidencial de Nicaragua, Cristiana Chamorro, se ha centrado en el futuro de la región y su relación con Estados Unidos y ha emitido una serie de recomendaciones para reconstruir una alianza fructífera en torno al plan de Biden para la Centroamérica.

Las recomendaciones se concentran en primer lugar en ir más allá del triángulo norte como la base de una estrategia efectiva y articulada considerando que los desafíos más opresivos como el crimen organizado, la crisis climática, el estado de Derecho y la migración, son compartidos por todos los países de la región por lo que sería inconveniente aislar la situación de los tres países del norte del resto de las naciones centroamericanas. No solo en torno a que estas tengan acceso a la cooperación ofrecida sino también a la posibilidad de que estas sean parte de las respuestas en una forma colectiva.  

El segundo tema gira entorno a la articulación de los esfuerzos de cooperación e inversión con otros socios externos, dadas las enormes necesidades de nuestra región. Es decir que Washington no solo sea un facilitador de la cooperación en sí misma, sino también un catalizador de iniciativas derivadas de los actores regionales y multilaterales.

“Los desafíos que nos aguardan son enormes. Pero si existe la voluntad política, no hay razón para que Centroamérica no pueda convertirse en la próxima gran historia de éxito del hemisferio occidental».

Joe Biden, Presidente de EE.UU

El tercero hace referencia a coordinar mejor los componentes de una agenda de desarrollo para poder cambiar algunas de las políticas, pues se percibe que aún faltan algunas cuestiones en las iniciativas dentro de las que se han presentado hasta el momento en temas como la integración económica, la competitividad, educación en cambio climático, tecnologías digitales e innovación, y por supuesto el cambio de estrategia en la guerra contra las drogas.

Un cuarto asunto es diversificar los canales de diálogo y alianzas además de la necesaria relación entre autoridades con la nueva administración. Se debería fomentar también el diálogo y la asociación con actores no oficiales en la región, esto porque la misma atraviesa serias dificultades entre gobiernos al mismo tiempo que algunas de las élites no han mostrado suficiente compromiso con las políticas necesarias para combatir la corrupción y proteger así los derechos humanos o mejorar la democracia.

Sobre este cuarto punto, mencionado con anterioridad cabe reflexionar sobre la participación inaugural de Kamala Harris en su visita a Centroamérica. Esto es una clara señal del grado de prioridad que representa el tema de la migración para el gobierno Joe Biden. Su discurso es una clara identificación y deseo de participar en un proceso que permita que se reduzca la migración a través de la atención a los problemas de raíz y no desde una visión punitiva como la que pudimos ver en el gobierno de Trump. Sin embargo, puede verse como un desacierto en las palabras incendiarias que utilizó al referirse a este tema en Guatemala. Decirle a la gente que es potencial migrante de estos países “¡do not come, do not come!» y algunas acciones en su intento de acercamiento que se han denominado como “la política de las pupusas”, en referencia a una versión comercial y aceptable de la existencia centroamericana en los imperios del Norte Global, pero sin aceptar que parte de la responsabilidad del estado actual de la región es el resultado de sus acciones de intervención política y colonialista.

Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, saluda a su llegada al Aeropuerto Internacional La Aurora, en la Ciudad de Guatemala, el 6 de junio de 2021. Foto: Jim Watson

Un manifestante muestra una pancarta durante una protesta contra la visita de la vicepresidenta de Estados Unidos frente a la base de la Fuerza Aérea en Ciudad de Guatemala. Foto: Johan Ordonez

Además del borrado de las comunidades oprimidas en la diáspora centroamericana y en casa misma, las críticas sobre esta línea de discurso se dejaron oír en las redes sociales y no es algo que, por un lado, necesariamente resuene en los oídos de quienes viven al borde de tener que elegir este camino a pesar de los grandes riesgos que esto representa como para dejar de hacerlo; y que por otro lado si resuena mucho pero de una forma negativa en aquellos grupos que trabajan directamente con el tejido social vulnerable y que son precisamente todos estos otros actores con los que el grupo asesor anterior menciona en su cuarto grupo de recomendaciones con quienes se debe diversificar los canales de diálogo y alianzas.

Hacer algunas bromas sobre pupusas y hablar español pero sin atreverse a tocar el tema de que Centroamérica, no es una versión comercial aceptable la que le puede efectuar pequeñas concesiones superficiales como parte de un tokenismo de un colectivo discriminado,  pero con influencia escasa o nula en la modificación del statu quo podría traer más desconfianza y descontento de parte de un grupo vital que está de frente a las realidades crudas y duras de la violencia y en una iniciativa en donde todos los actores son clave para lograrlo.  


Steven Guerrero (Costa Rica): bachiller en Relaciones Internacionales y Administración de Negocios, (Universidad Nacional de Costa Rica) y profesor de Design Thinking en Universidad Cenfotec.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: