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DIPLORAMA 79

“¡Viva México libre, independiente y soberano!”

Claudia Sheinbaum en su primer Grito de Independencia

Edición N° 79

Seamos claros; en la política como en la vida hay varios (quizás demasiados) «elefantes en la habitación». Nuestro trabajo en Diplomacia Activa es desentrañar y contarte semana a semana esas verdades que a más de uno incomodan.

Esta semana Siria pospone, para sorpresa de absolutamente nadie, nuevamente las elecciones. Por su parte, Sheinbaum y Carney se reúnen a espaldas de Trump en las vísperas de la renegociación del T-MEC. Mientras tanto, nuestro despechado amigo naranja visiita Londres en el marco de una relación de conveniencia más que de amistad.


La espera se impone sobre las elecciones sirias

Juan Esteban Maggi

Lo que debía ser una semana electoral en Siria terminó, sin sorpresa, en una nueva postergación. Entre el 15 y el 20 de septiembre debían realizarse comicios para conformar un parlamento unicameral provisorio. Así lo dispuso la Constitución interina sancionada en marzo de 2025, que fijó un período de transición de cinco años. Tras más de medio siglo de dominio de la familia al-Assad, las esperanzas de reconstrucción se volvieron palpables. Sin embargo, hay matices menos optimistas en la historia.

El punto central es que no se trata de una elección directa: la ciudadanía no vota. En cada gobernación se conformaron subcomités que designan a los colegios electorales, encargados de elegir a 140 de los 210 parlamentarios, con una distribución de escaños fijada según la población de cada gobernación. El tercio restante, 70 bancas, queda en manos del presidente Ahmed al Sharaa, para garantizar que sus decretos no puedan ser revertidos, ya que para ello se requiere una mayoría de dos tercios. A ello se suma la exclusión de las gobernaciones de Suwayda, Hasakah y Raqqa, donde no habrá comicios por motivos de “seguridad” y cuyos escaños fueron reservados. Aunque el proceso parece más una fachada que una elección genuina, las autoridades lo justifican en las condiciones del país: millones de desplazados, registros civiles desactualizados e infraestructura destruida. Sostienen que estas limitaciones vuelven inviable un voto tradicional.

El 14 de septiembre el Comité Electoral anunció la postergación de los comicios debido al alto número de postulaciones, lo que obligó a extender los plazos de revisión. El gobierno insiste en que, antes de fin de mes, el nuevo parlamento verá la luz. Queda por ver si este esquema transicional logra encaminar al país hacia un futuro institucional más sólido o si se convertirá en otro capítulo inconcluso de la larga crisis siria.

Te invitamos a seguir leyendo sobre el tema:


Alfombra roja, azul y blanca en Londres

Santiago Leiva

Imagen | The Hill

Donald Trump regresó por segunda vez a la casa de Windsor, pero no como un outsider de la política, sino como un presidente reelecto y una figura central en el nuevo orden geopolítico. En esta ocasión, fue acompañado por el nuevo rey Carlos III, con una ceremonia cargada de símbolos: alfombra roja, guardias reales y un protocolo acorde a su rango. De un lado, un monarca que enfrenta las nuevas adversidades de la política británica; del otro, la teatralidad política en persona. El regreso de Trump al Reino Unido no fue, entonces, solo una visita de Estado. Fue la ratificación de una influencia que incomoda, pero que se impone. Y el mensaje fue claro: una agenda dictada por Washington en busca de reconciliación con el continente europeo.

Detrás de los saludos oficiales se terminó de firmar el Tech Prosperity Deal: un acuerdo millonario que vincula a empresas norteamericanas con instituciones británicas en materia de inteligencia artificial y, más importante aún, en ciberdefensa. Del otro lado de la mesa de negociaciones, el primer ministro Keir Starmer se encontraba en un verdadero dilema: mientras que el significado político de recibir a Trump —en plena oleada de protestas y críticas internas— implicaba tensar su base, también ofrecía la oportunidad de atraer capital estadounidense en tiempos de estabilidad post-Brexit. Sin embargo, la reunión no se limitó al terreno económico: Trump sugirió militarizar el control migratorio en el Canal de la Mancha. Y con ello, marcó los límites del comportamiento británico en el futuro inmediato.

Lo que dejó esta visita no fue solo una lista de acuerdos firmados, sino una advertencia estratégica. En un escenario internacional fragmentado, Trump entiende que el Reino Unido es su punto de apoyo clave para sostener su narrativa de poder sobre Europa. Y aunque Londres haya cambiado de rostro en el número 10 de Downing Street, la necesidad de estar cerca de Washington sigue intacta. La relación sobrevive no por comodidad, sino por necesidad.

Mientras veremos cómo prospera la relación entre Londres y la Casa Blanca, te recomendamos lo siguiente para mejor contexto: 


El águila, el castor y el T-MEC

Iker Escobar León

Imagen | Toronto Star

La visita del premier canadiense Mark Carney a México siguió las fiestas patrias del tricolor, en el marco de los preparativos para la renegociación del T-MEC. La llegada diplomática se suma a una lista de intercambios que busca fortalecer los lazos entre ambos países como contrapeso al desenfreno estadounidense. 

El 16 de septiembre, la Secretaría de Economía mexicana anunció el inicio de la coordinación con las contrapartes norteamericanas para la revisión del T-MEC, próxima a celebrarse en 2026. Además, se anunció la realización de consultas públicas para recopilar comentarios de la población sobre el funcionamiento del tratado en el país, acción replicada en Canadá y EE. UU. 

Al día siguiente, se reunieron Mark Carney y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, junto con empresarios de ambos países, para discutir temas comerciales y de inversiones. La visita oficial se suma a los recientes intercambios diplomáticos con ministros canadienses y diplomáticos mexicanos. Cabe recordar que este verano Canadá invitó a México a la 51° cumbre del G7, en Alberta, en pleno caos arancelario, por lo que no debe sorprender la fuerza que va acumulando esta mancuerna norteamericana. 

Tanto México como Canadá se han visto afectados por las políticas unilaterales de Estados Unidos, económica y comercialmente. Así, como miembros del T-MEC, las condiciones son propicias para crear un contrapeso comercial y regional al desenfreno estadounidense. Con mensajes optimistas, el águila real estima buenas relaciones y prevé buenos resultados con EE. UU., y con el apoyo del castor podría existir la fuerza para aplacar al águila calva. Aunque eso sí, México y Canadá también esperan un difícil trayecto en las renegociaciones

¿Qué opinas? ¿Se logrará un avance en materia comercial de cara al próximo año? Mientras tanto, te invitamos a leer nuestras recomendaciones: 


Cláusula Sunset

En la jerga diplomática, las “cláusulas sunset” establecen una fecha de caducidad automática para un acuerdo, salvo que las partes acuerden renovarlo. El Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) incorpora esta figura en su artículo 34.7, que prevé que el acuerdo expire en 16 años, a menos de que las partes decidan extenderlo.

Lo innovador no es solo la caducidad, sino el mecanismo de revisión periódica. Cada seis años, las partes deben reunirse para evaluar su funcionamiento. Si los tres gobiernos acuerdan extenderlo, se reinicia el reloj por otros 16 años. Si no hay consenso, el tratado puede entrar en cuentra regresiva hacia su fin.

¿Por qué es relevante este diseño? Porque introduce un elemento de incertidumbre estructural en la integración de América del Norte. A diferencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el T-MEC no es un pacto indefinido, sino un contrato sujeto a evaluaciones políticas. Esto significa que cada cambio de administración en Washington, Ottawa o Ciudad de México, puede alterar las perspectivas del tratado.

La cláusula refleja la lógica transaccional con la que Donald Trump negoció el tratado, asegurándose de que futuras generaciones pudieran revisar —o desmantelar— compromisos sin quedar atadas a plazos largos. Para México y Canadá, aceptar esta condición fue aceptar el costo de preservar el libre comercio con su vecino más poderoso.No obstante, la cláusula plantea un dilema. Por un lado, otorga flexibilidad y obliga a mantener el diálogo abierto; por otro, erosiona la confianza de los inversionistas y dificulta la planificación de largo plazo. Con la posibilidad de una renegociación impulsada por Trump, este diploconcepto adquiere una vigencia ineludible.


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