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Nuevo tren de oportunidades para Argentina

Por Julián Resentera Ficcardi

Los precios internacionales de las commodities se encuentran en máximos históricos y el mundo busca desesperadamente los recursos que pocos países tienen en abundancia.

Ilustración | Ingrid Fonoy Díaz

¿Realmente podemos decir que tenemos “suerte”? Quizás puede sonar un poco optimista, pero es una realidad que algunos no quieren ver. Los precios del trigo, maíz, soja y girasol se encuentran en niveles superiores a los del año 2011, en el cual Argentina registró su mayor ingreso por exportaciones, más de 81 mil millones de dólares, según estimaciones del Banco Mundial.

Si nos remitimos al pasado, podemos ver que este contexto no es para nada nuevo. Dos décadas atrás, cuando explotaron los precios de las commodities y durante la administración de Duhalde y el posterior mandato de Néstor Kirchner, el país latinoamericano pudo resurgir rápidamente de una de sus peores crisis económicas gracias al precio internacional de la soja.

Actualmente nos enfrentamos a un escenario parecido al de aquellos tiempos, con la diferencia de que el “boom de las commodities” no se debe a un período de expansión y auge económico, sino a la invasión por parte de Rusia a Ucrania, la cual ocasionó el repentino cese de la producción agraria de una de las mayores zonas cultivables del mundo. Pocos territorios se asemejan en términos de riqueza agraria a las zonas fértiles de Ucrania y Rusia.

La única región en el mundo comparable a la Pampa argentina -Ucrania, Bielorrusia y parte de Rusia- es un polvorín bélico en este momento. Eso, ha hecho disparar el precio de los granos y cereales cotizados en la Bolsa de Chicago. Sin embargo, la Administración Nacional de Argentina no hace más que poner trabas a las exportaciones de granos e impuestos, tales como el de la “renta inesperada” que dificultan la capacidad productora del país.

Actualmente el sector más pujante del país -el cual podría generar miles de empleos- se enfrenta a dos grandes “piedras en el zapato”, por un lado está el tipo de cambio disociado, es decir, los exportadores argentinos están obligados a cambiar sus dólares a precios oficiales, los cuales están altamente disociados de la realidad (1USD = 121 pesos), mientras que la maquinaria y productos a importar pagan precios no oficiales, debido a las restricciones cambiarias (1USD = 211 pesos).

Por otro lado, como si fuera poco, los productores también tienen que pagar el 33% de lo que ganan por ingresos por exportaciones en concepto de “derechos a la exportación” o más comúnmente conocidos como “retenciones”. Además el gobierno está analizando el implemento de otro impuesto (renta inesperada) para poder quedarse con su pedazo de la torta. El problema es que si se ahoga al campo y se disocian los precios y la rentabilidad a tal punto que los productores prefieran no producir debido a las enormes trabas, no va a haber más torta que repartir. 


También es importante destacar, que el “pedazo de torta” con el que se queda el estado no está precisamente destinado a la promoción de la industria nacional, de hecho pareciera ser todo lo contrario, el país no hace más que castigar a los creadores de riqueza. Los objetivos de política económica están más enfocados en repartir que en crear riqueza. Otro punto a tener en cuenta, es la ineficiencia del gasto público, según estudios realizados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el país registra ineficiencias potenciales en su gasto público equivalentes al 7.2% del producto bruto interno. 

Al mismo tiempo, mientras el mundo entero, en especial Europa, se preguntan cómo van a hacer para conseguir proveedores de energía, alimentos y recursos esenciales para la actividad económica, Argentina parece ignorar el hecho de tener la segunda reserva natural de gas más grande del mundo en Vaca Muerta y ser un gran productor de alimentos. Actualmente Argentina importa energía debido al congelamiento de los precios de la misma, los cuales están tan disociados, que da como resultado que el sector energético no sea rentable en el país.

Cabe aclarar que el país latinoamericano no tiene los recursos necesarios para extraer semejante cantidad de gas, pero por otro lado también se rehúsa a aceptar inversión extranjera y apoyo internacional para extraer dicho recurso. Tras la invasión de Ucrania y el acalorado contexto internacional, quedó claro que los dos recursos que van a ser claves de cara a las próximos años son los alimentos (especialmente granos y cereales) y recursos energéticos

Frente a esta situación extraordinaria que afecta al mundo entero y que representa una oportunidad dorada para Argentina, el gobierno de Alberto Fernández vive esto como una gran tragedia, como una inminente crisis y catástrofe, cuando lo que realmente tenemos es una oportunidad extraordinaria de generar riqueza y despegar de una vez por todas


Julián Resentera Ficcardi (Argentina): Licenciado en Economía, Universidad Nacional de Cuyo.

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