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Rawls y la utopía de una sociedad justa

Por Agustina Miranda Giordano

¿De qué hablamos cuando hablamos de justicia? ¿Y si hablamos de injusticia? El concepto no tiene un solo significado, mucho se puede decir sobre ella y diversos son los modos en que se materializa en la vida real.

Ilustración | Paula Durán

La palabra “justicia” posee una densa carga de contenido teórico e histórico y oculta discursos, prácticas y elementos que tejen una trama repleta de contradicciones y luchas. Múltiples fenómenos que acaecen en el ámbito de la ciudadanía, la democracia, la comunidad, los estados, las comunidades, los derechos progresivamente se van alejando de la utópica abstracción del mundo conceptual. 

La plurivocidad de la noción de justicia se pone aún más en cuestión si nos detenemos a analizar los hechos regresivos que actualmente están sucediendo en la sociedad contemporánea: aumento de la pobreza; violación a los derechos humanos, sociales, económicos, políticos, culturales, ambientales; desigualdades; entre muchas otras.

En este contexto y ante hechos injustos que vivimos diariamente, nos detenemos a analizar la concepción contemporánea de justicia de Rawls para ampliar nuestra visión y tener una posición crítica sobre lo que ocurre en nuestro presente.

John Rawls (1921-2002) en su propuesta filosófico-política trata la cuestión de la justicia desde una perspectiva peculiar. En su obra Teoría de la Justicia (1971), propone en el contexto general de la filosofía moral moderna, una alternativa a la concepción moral derivada del utilitarismo clásico y el intuicionismo. Su objetivo es elaborar una teoría de la justicia social que se aleje de las doctrinas que han dominado largamente la tradición filosófica y llevar a un nivel de mayor abstracción la teoría tradicional del contrato social -representada por Locke, Rousseau y Kant-. 

Claves conceptuales

El filósofo comienza describiendo el papel que tiene la justicia en la cooperación social y el objeto primario de la misma: la estructura básica de la sociedad. El punto de partida es el supuesto de que la “justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento”. La sociedad como estructura fundamental explicita el modo como las instituciones sociales (constitución política y las principales disposiciones económicas y sociales) distribuyen los derechos y deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social. 


John Bordley Rawls fue un filósofo estadounidense, profesor de filosofía política en la Universidad de Harvard y autor, entre otras obras, de Teoría de la justicia, Liberalismo político, The Law of Peoples y Justice as Fairness: A Restatement.

En su planteo, la sociedad es comprendida como asociación autosuficiente de personas que reconocen ciertas reglas o pautas de conducta, con carácter de obligatorias que les permite relacionarse y actuar de acuerdo con ellas. Configurando un sistema de cooperación que posibilita la promoción del bien. De este modo, asume que las personas cooperan con el fin de promover el bien aun cuando no siempre haya identidad en sus intereses

La cooperación en sociedad se constituye entre dos polos: la identidad y el conflicto de intereses. Las personas no son indiferentes a la distribución de los beneficios producidos por su colaboración. De ahí la necesidad de postular principios de la justicia social que permitan establecer el modo de asignar derechos y deberes por parte de las instituciones básicas, definir la distribución apropiada a los beneficios y las cargas de la cooperación social.

Primer principio: cada cual acepta y sabe que los demás aceptan los mismos principios de justicia, y

Segundo principio: las instituciones sociales básicas satisfacen generalmente estos principios y se sabe generalmente que lo hacen.

John Rawls | Filósofo

De esto se desprende su concepción de la justicia como imparcialidad, la cual supone que el pacto de la sociedad es reemplazado por una situación inicial. En dicha concepción, propone un contrato original, pero no entendido como aquel que es necesario para ingresar en una sociedad y establecer una forma particular de gobierno. Más bien, el acento está puesto en que los principios de la justicia para la estructura básica de la sociedad son el objeto del acuerdo original.

Estos enunciados especifican los tipos de cooperación social que se pueden llevar a cabo y las formas de gobierno que pueden establecerse. Y a este modo de proceder es a lo que Rawls denomina justicia como imparcialidad. Aquí, la posición original de igualdad corresponde al estado de naturaleza en la teoría tradicional del contrato social. La posición original no considera la historia real ni concreta de la sociedad, sino que se trata de una situación hipotética que conduciría a cierta concepción de la justicia.

Ilustración | The Atlantic

Esta situación se caracteriza por un total desconocimiento, un “velo de ignorancia” cae sobre quienes participan en esta circunstancia. Desconocen su posición, clase o status social; nadie sabe tampoco cuál es su “suerte” en la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia y su fortaleza. Esto asegura que los resultados de las elecciones o de las contingencias de las circunstancias sociales no brindarán a nadie ventajas ni desventajas al escoger los principios. 

Dadas las circunstancias de la posición original y la simetría de las relaciones entre las partes, esta situación inicial es equitativa entre las personas que, en tanto que seres morales y racionales, son capaces de un sentido de la justicia. Esto explica la designación del nombre «justicia como imparcialidad»: El eje fundamental aquí es la idea de que los principios de este concepto se acuerdan en una situación inicial que es justa

¿Por qué John Rawls?

En su propuesta, rechaza el utilitarismo y sus medidas subjetivistas de bienestar y la meritocracia. Además, postula una medida objetiva y axiomática respecto de la igualdad. Propone reglas de prioridad para evitar o disminuir la arbitrariedad de las acciones al momento de tomar decisiones morales. De acuerdo con la pensadora Vidal Molina, en este punto la prioridad de la justicia sobre la eficiencia y de lo justo sobre lo bueno resulta contraria al sentido común de la época actual y al estilo del capitalismo en la fase neoliberal. 

Entonces podríamos decir que el planteo de Rawls se acerca más bien a concebir la justicia como equidad y tratar el problema de la justicia distributiva.

«Una concepción de la justicia social ha de ser considerada como aquella que proporciona, en primera instancia, una pauta con la cual evaluar los aspectos distributivos de la estructura básica de la sociedad».

John Rawls

Sin embargo, la realidad desborda a la teoría. Los debates, las tensiones y los conflictos en este campo son inmensos. Es necesario atender a problemas de justicia global apelando a teorías que consideren las múltiples y variadas relaciones existentes en un mundo globalizado, es decir, superar el universalismo y el particularismo. Tanto la justicia del reconocimiento como la integral (que considera aspectos sociales, económicos, culturales, de géneros y etnias) contienen elementos conceptuales valiosos. Asimismo, las nociones de cuidados integrales, diálogo intercultural y saberes diversos amplían el panorama. 

En el tratamiento de asuntos relativos a la justicia (e injusticia) resulta necesario diferenciar entre la desigualdad y la diversidad, las cuales son dos tipos de relaciones diferentes.  Muchas veces se superponen y entrelazan profundizando situaciones de injusticia. Si analíticamente las diferenciamos, cabe diferenciar entre injusticias por desigualdad y por desconocimiento de la diversidad o desprecio. La desigualdad, en términos generales, se refiere a casos de posesión y/o disposición de recursos materiales y bienes, necesarios para la reproducción de la vida de los sujetos y la satisfacción de sus necesidades. Mientras que la diversidad hace referencia a la dimensión simbólica (creencias, ritos y costumbres) concernientes a la reproducción y conservación de la vida, a las relaciones entre los humanos y de estos con la naturaleza y los objetos de la cultura. 

Lo desigual y lo diverso se constituyen como un recurso analítico conceptual que concibe una noción ampliada de justicia (e injusticia). Fundamentalmente, con esto también se pretende evitar que ésta quede reducida a cuestiones de redistribución de bienes –más o menos equitativa– y procedimientos o instituciones destinados a tales fines. 

¿Dónde nos encontramos hoy?

Al evaluar la teoría de la justicia de Rawls y teniendo en cuenta la regresión de derechos que hoy vivimos, surgen ciertas inquietudes sobre el modo de hacer converger y sobreponerse a este retroceso social con la elección de ciertos principios de justicia: ¿quiénes encarnan la figura de los iguales y quiénes los desiguales?, ¿cuál sería el criterio que garantiza la equidad en la distribución?, ¿de qué modo podrían participar aquellos que no han sido objeto de reconocimiento?. Si hay un patrón que permite decidir sobre la distribución, ¿cuál es el patrón?, ¿quién y cómo se define?, ¿se elige a cada persona por igual, o según su necesidad, o según su esfuerzo individual, o según sus méritos, o según sus contribuciones?. Con respecto a la equidad, ¿qué oculta esta categoría?, ¿qué sucede cuando en la definición de ella se introducen matices referidos al género, la nacionalidad, la etnia o la clase social? 

Más allá y sobre lo que discursivamente podamos debatir en torno a la noción de justicia, es fundamental dimensionar el alcance que estas comprensiones tienen sobre la realidad efectiva. Es decir, sus implicancias reales en prácticas sociales, configuraciones de subjetividades. La distribución y redistribución de los bienes sociales y primarios propuestos por Rawls en función de los desaventajados es insuficiente para una sociedad como la nuestra. No obstante, lo que se pone en tela de juicio no es el principio de justicia en sí mismo, sino el modo como se materializa en nuestra sociedad contemporánea.


Agustina Miranda Giordano (Argentina): estudiante de Profesorado de grado universitario y Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo.

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