Cónclave: Cardenales en zonas de peligro
Por Luigi Sebastiano De Blasi
El Cónclave no sólo es el lugar de donde saldrá el nuevo vicario de Cristo en la tierra, sino también un sitio dónde se reúnen personas de más nacionalidades que el mundial. Cada uno lleva sus recorridos en esos sitios, y en algunos de esos, la decisión de ser cristiano parece hasta contraproducente.

Berhaneyesus Demerew Souraphiel: Tchela Claka (cerca de Harar), Etiopía
En junio de 1979 fue encarcelado durante siete meses durante una persecución militar contra eclesiásticos llevada a cabo por el gobierno comunista del dictador etíope Menghistu Hailè Mariàm, quien mató a miles de opositores, encarceló personas por motivos religiosos y confiscó bienes.
A continuación, el cardenal relata en primera persona lo que vivió durante ese período de represión, marcado por el aislamiento, la pérdida y una profunda transformación espiritual; «Mi encarcelamiento fue durante el régimen marxista en Etiopía; y fue terrible, porque fue una de las épocas en Etiopía en la que murieron muchas personas, especialmente jóvenes, que fueron asesinados en grandes cantidades.
Estábamos muy, muy tristes. Cuando los misioneros fueron expulsados del suroeste de Etiopía, yo estaba allí. ¡Pero imagina cuando todos los misioneros fueron expulsados! Los extranjeros podían irse, pero nosotros teníamos que quedarnos y continuar el trabajo; así que solía ser sacerdote parroquial de una parroquia, pero cuando los misioneros se fueron, estuve a cargo de otras 15 parroquias. Tenía que recorrerlas todas para alentar a la gente a mantenerse en la fe. Los comunistas se llevaron todas nuestras propiedades; todo fue tomado, confiscado, y fuimos encarcelados.
Cuando estás encerrado en una habitación y lo único que ves es una pequeña ventana en lo alto de la pared, por donde a veces pasan los pájaros, sientes celos. La experiencia de estar en confinamiento solitario fue terrible, ya que no había nadie con quien hablar ni nada que leer. La encontré transformadora. Me llevó a un renacimiento espiritual. No tenía nada, literalmente nada, en la soledad, así que clamé al Señor desde lo más profundo de mi ser. Sentí verdaderamente la presencia de Jesús en esos días oscuros.» El partido lo liberó de prisión, pero le impuso el exilio hasta 1983, cuando regresó a Etiopía.
«Ese fue el tiempo en el que recé mucho, cuando estás solo y desnudo ante Dios; y cada vez que tocan la puerta, no sabes si han venido a llevarte para matarte. Rezas mucho. Recé allí; y junto con otros cristianos, ortodoxos, musulmanes, protestantes: rezábamos, trabajábamos, y, a través de la oración, pudimos salir.
Salí después de siete meses de prisión, pero luego fui a estudiar a Roma y regresé a Etiopía. Cuando volví, quien me había encarcelado estaba preso, así que fui a visitarlo; y me dijo: “Por favor, por favor, déjame salir de prisión. Por favor, trabaja por eso.” Así que trabajé por eso, y fue liberado después de 20 años en prisión. Aprendí del Papa Juan Pablo II: lo que hizo con esa persona que le disparó; y fue a visitarlo. Perdonar es una de las mayores gracias de la persona humana», dijo el cardenal. «Si no perdonas, eres tú quien sufre.»

Antoine Kambanda: Nyamata, Ruanda
Desde 2019, Antoine Kambanda es el arzobispo de su capital, Kigali. En 1994, mientras estudiaba en Roma para su doctorado en la Academia Alfonsiana, sus padres y cinco de sus seis hermanos, junto con muchos otros familiares y amigos, fueron asesinados durante el genocidio contra los tutsis. Hablando sobre el genocidio, Kambanda reconoció que, si bien algunos sacerdotes y monjas arriesgaron sus vidas para intentar detener la masacre, otros estuvieron implicados en los asesinatos.
Kambanda señaló la necesidad de que la propia Iglesia católica se reconstruyera para sacudirse los efectos del genocidio. Escribió sobre el uso del sacramento de la penitencia para la reconciliación y la sanación del odio étnico. Además, la reconciliación con uno mismo, con Dios y con los demás sería significativa para desarrollar una fe caracterizada por la confianza que supera el miedo al otro.
Joseph Coutts: Amritsar, India
Joseph Coutts es el arzobispo emérito de Karachi, en Pakistán. En 2009, la comunidad cristiana de Gorja, cerca de Faisalabad, donde él estaba en aquel momento, sufrió un ataque en el que murieron 9 personas y se incendiaron hogares. En Faisalabad desarrolló vínculos con estudiosos y clérigos musulmanes.

Y tanto en Faisalabad como en Karachi, ha hecho campaña contra la ley de blasfemia de Pakistán, que considera que se manipula con demasiada facilidad para ataques personales, incluído contra musulmanes, o para atacar a minorías religiosas por ofensas poco sustanciales o fingidas.
En Pakistán, la introducción de la ley de blasfemia a finales de los años 80 ha dado paso al caos. El simple hecho de acusar a alguien de haber faltado el respeto a Mahoma o al Corán pone en riesgo su vida. En una entrevista de 2018, Joseph Coutts recordó el caso de Mashal Khan: un estudiante musulmán de Comunicación de 24 años.
En abril de 2017, decenas de personas lo sacaron de su dormitorio, lo desnudaron, lo golpearon, le dispararon y lo arrojaron desde un segundo piso. «Esto fue un shock para todos. Su padre dijo: “No creo que mi hijo haya hablado contra el profeta Mahoma. No podría haber hecho algo así, era un buen musulmán.» De hecho, pidió al gobierno que iniciara una investigación seria.

Leopoldo José Brenes Solórzano: Ticuantepe, Nicaragua
Juan Pablo II nombró a Leopoldo José Brenes Solórzano arzobispo de Managua el 1° de abril de 2005, un día antes de morir. En Nicaragua, tras 16 años de gobiernos liberales y conservadores, en las elecciones nacionales celebradas en 2006 el candidato sandinista (basado en el pensamiento del revolucionario Augusto César Sandino) Daniel Ortega ganó las elecciones.
En 2018 el gobierno de Daniel Ortega estableció reformas al seguro social del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social que afectaba a los pensionistas y cotizantes de dicha institución, provocando protestas en contra de dichas reformas que dieron inicio a una serie de acciones cuyo objetivo fue la dimisión de Daniel Ortega. Las protestas fueron reprimidas por las fuerzas de orden público y hubo actos que fueron achacados a grupos paramilitares leales al gobierno y 328 personas murieron.
Tras las elecciones de 2021, Daniel Ortega se declara ganador en unas elecciones que no fueron consideradas libres, justas y transparentes, por parte de la oposición y de la comunidad internacional, debido al encarcelamiento de varios precandidatos y activistas opositores, como también la anulación de personería jurídica de 2 partidos.
En los últimos años la Iglesia católica ha señalado la persecución a manos del Gobierno, encabezado por Daniel Ortega. En noviembre de 2022, 11 sacerdotes católicos permanecían secuestrados en las mazmorras sandinistas, la mayoría de ellos acusados falsamente de delitos políticos, y el obispo Rolando José Álvarez Lagos seguía bajo arresto domiciliario. La situación llevó al Papa Francisco a expresar públicamente su preocupación por la falta de libertad religiosa en Nicaragua.
La represión contra la Iglesia es una respuesta a las crecientes críticas al régimen y sus abusos contra los derechos humanos y civiles por parte de la jerarquía de la Iglesia y los sacerdotes. Inicialmente, las iglesias abrieron sus puertas para acoger a las personas que huían de las fuerzas del régimen tras las manifestaciones y para atender a los heridos en los enfrentamientos con las autoridades, lo que llevó al Gobierno a acusar a la Iglesia católica de ponerse del lado de los manifestantes. Según el testimonio de un sacerdote que habló, bajo anonimato por temor a represalias, él afirmó haber rescatado personalmente a 19 manifestantes con heridas de bala de AK-47, después de que se ordenara a los hospitales que no los ayudaran: «Durante esos días, la gente en los bancos de nuestra iglesia no escuchaba el Evangelio, lo vivía«, dijo el sacerdote.

Además, en 2020, un desconocido entró en la Capilla de la Sangre de Cristo donde se encuentra una imagen de Cristo crucificado muy querida por los católicos de Nicaragua, y mediante un artefacto incendiario calcinó por completo la imagen incendiando la Capilla.
El cardenal Brenes dejó las siguientes declaraciones: «Esta acción deplorable ofende y hiere profundamente la piedad de todo el pueblo católico nicaragüense, al ser esta imagen de Cristo crucificado una de las más amadas y veneradas por los fieles, a quienes ha acompañado por más de trescientos años en Managua. Este hecho condenable, se suma a una serie de actos sacrílegos, de violaciones a la propiedad de la Iglesia, de asedios a los templos, que no son otra cosa que una cadena de sucesos que reflejan el odio a la Iglesia católica y su labor evangelizadora.»
Luigi De Blasi (Italia): Maestría en Cooperación Internacional en el ISEG de Lisboa, Portugal. Aspirante doctorando.
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