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Dos visiones para la política exterior de México

Por Marko Sal

México ha llamado la atención del mundo por su contienda electoral, con dos mujeres liderando las encuestas presidenciales por primera vez en la historia. El  resultado de la elección no solo definirá la política doméstica, sino también la dirección de la política exterior mexicana en el próximo sexenio. 

Ilustración | Klawe Rzeczy

Claudia Sheinbaum ¿Continuidad a una política exterior lopezobradorista?

Claudia Sheinbaum, candidata de la coalición ‘Sigamos Haciendo Historia’, encarna la continuidad de la ‘Cuarta Transformación’ (4T) y su visión en el ámbito global. En su proyecto de nación ‘100 Pasos para la Transformación’ propone abordar las deficiencias heredadas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Primeramente, un aspecto prioritario del proyecto oficialista es el fortalecimiento del liderazgo internacional de México. Durante los últimos seis años, se percibió un debilitamiento de la posición de México en el entramado internacional por la ausencia del presidente en eventos internacionales de alto nivel. Para cubrir este vacío, Sheinbaum se comprometería a mantener una mayor presencia en espacios multilaterales como la Asamblea General de Naciones Unidas, las Conferencias de las Partes, el G20 y la CELAC.

Por otro lado, se dará continuidad a la diplomacia hacia América Latina. A diferencia de sexenios anteriores, México mantuvo un rol importante en la CELAC, además de participar proactivamente en el diálogo migratorio durante el mandato de AMLO. El próximo paso que propone Sheinbaum es la ambiciosa Institucionalización de la Gestión Regional de la Movilidad Humana

Esta consiste en la creación de un mecanismo permanente regional que coordine a los países de la región para compartir recursos, conocimientos y estrategias que aborden la migración de forma integral. Sin embargo, su principal obstáculo es una comunidad interamericana cada vez más fragmentada ideológicamente y con contextos donde factores como el autoritarismo, la inseguridad y la falta de oportunidades, propician los flujos migratorios.


Retrato de Claudia Sheinbaum | Lauren Tamaki

Otro aspecto crucial es el énfasis en la protección de las diásporas mexicanas en el extranjero, especialmente los treinta y ocho millones de mexicanos en Estados Unidos. Las propuestas incluyen la ampliación y fortalecimiento de la red consular en la Unión Americana, facilitar el voto desde el extranjero, simplificar la adquisición de vivienda en México, fomentar la conexión de la diáspora mexicana con sus comunidades de origen, entre otras iniciativas.

Es motivo de cuestionamientos si Sheinbaum planea imprimir su propio sello al actuar internacional de México o si sería una mimetización del presidente saliente. En caso de resultar electa, Sheinbaum tendría el desafío de deslopezobradorizar la política exterior de México, adoptar un papel más proactivo como jefa de Estado en eventos internacionales de alto nivel y garantizar una coordinación efectiva entre la presidencia, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y el Servicio Exterior Mexicano (SEM), a fin de evitar las contradicciones y la descoordinación que caracterizaron el último sexenio.

Xóchitl Gálvez ¿Un cambio de paradigma?

Xóchitl Gálvez, candidata por la coalición ‘Fuerza y Corazón por México’, propone un acercamiento diferente hacia el exterior. En su documento ‘Propuestas por un México sin miedoGálvez recupera los ejes de la política exterior de los gobiernos del Partido Acción Nacional (2000-2012), los cuales tuvieron como pilares normativos la democracia y la protección de los derechos humanos.

No muy diferente al expresidente Vicente Fox, Gálvez ha declarado en campaña que se comprometería a no mantener vínculos con Cuba, Nicaragua y Venezuela por sus regímenes antidemocráticos y por las violaciones de derechos humanos que ocurren en estos países. Esta postura no solo es por una cuestión de principios, sino que Gálvez y su equipo están capitalizando las dinámicas ideológicas regionales, como las transiciones conservadoras y los discursos “populistas punitivos” en países como Argentina y El Salvador, para llamar al voto en México.

Sobre la cuestión migratoria, la oposición ha expresado a Estados Unidos que México renegociaría el acuerdo de Tercer País Seguro, adhiriéndose al compromiso de salvaguardar a los migrantes que solicitan asilo a la Unión Americana, así como el respeto de sus derechos humanos. El gobierno de AMLO no formalizó esta iniciativa, puesto que el país no contaba con las condiciones institucionales ni de seguridad para retener la migración en el país, prefiriendo el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur, una medida ampliamente criticada por vulnerar los derechos humanos de los migrantes.


Ilustración | Rafael Montiel

En cambio, Gálvez propone instituir una Autoridad Nacional Fronteriza que administre las fronteras terrestres y que coadyuve en una nueva política migratoria que base su actuar en la seguridad y los derechos de los migrantes. A cambio, la coalición opositora solicitaría a Estados Unidos respetar a los mexicanos en Estados Unidos. No obstante, no se ha detallado a través de qué iniciativa o si se creará un nuevo mecanismo de protección. 

A diferencia de la candidata oficialista, el proyecto de nación opositor no detalla si México continuaría con las iniciativas de profunda cooperación con América Latina. Sin embargo, en aras de ampliar las relaciones comerciales, la oposición propone un acercamiento hacia actores estratégicos del Sur Global, la Unión Europea —a través de la firma y ratificación del Acuerdo Global— y China.

Ahora bien, la cuestión de China levanta muchas dudas, ya que el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) regula la posibilidad de firmar un Tratado de Libre Comercio con naciones que no tengan economía de libre mercado. No obstante, a pesar de que la situación comercial puede estar obstaculizada, México necesita una cooperación más estrecha con Pekín que no solo se limite a lo económico, sino también a la lucha contra el tráfico de narcóticos como el fentanilo.

Un momento de introspección

En el prólogo del documento ‘Desafíos para la política exterior de México en 2024’, Olga Pellicer plantea: “las relaciones exteriores no ocupan un lugar importante en las campañas electorales. No captura votos al referirse a ellas”. Esta infortunada realidad debe cambiar. La ciudadanía mexicana debe de entender que frente un mundo cada vez más interdependiente e interconectado, se requiere una política exterior de Estado que funja como herramienta para el desarrollo del país.

Es alentador observar que los equipos de Sheinbaum y de Gálvez reconocen en sus respectivos proyectos de nación la necesidad de una política exterior mexicana que abarque diversos sectores y que no se limite únicamente al poder Ejecutivo. Esto implica una mayor participación de la sociedad civil en su formulación, una colaboración más estrecha con otras dependencias federales para su implementación y un impulso a la paradiplomacia para involucrar a los diferentes niveles de gobierno en las relaciones internacionales. Actualmente, algunas entidades federativas como Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León y Querétaro practican la paradiplomacia, lo que sugiere que el gobierno federal debería capacitar a los demás estados de la República en este ámbito. Por otro lado, ambas sostienen dar continuidad a una política exterior feminista que base el actuar internacional de México con lentes de género.

Otra oportunidad relevante es la llegada del nearshoring a América Latina. Por un lado, Sheinbaum propone aprovechar esta recolocación de industrias estadounidenses para el desarrollo con enfoque regional, analizando las capacidades de las treinta y dos entidades federativas para distribuir esta inversión. En contraposición, el proyecto de Gálvez es menos detallado, pero como punto a favor se encuentra su ambiciosa propuesta de seguridad pública, la cual busca disminuir el crimen de extorsión y de cobro de suelo en un país donde el crimen organizado se encuentra en 80% del territorio mexicano.

En cuanto a los retos, México debe estar atento a su relación con Estados Unidos, cuyo contexto electoral ha elevado preocupaciones sobre el porvenir de la relación bilateral. Sin embargo, independientemente del resultado de las elecciones de la Unión Americana el 5 de noviembre, México debe reconocer su incidencia en América del Norte y diseñar una política exterior que cubra la corresponsabilidad en la problemática migratoria, la continuación del diálogo de alto nivel de seguridad a través de plataformas como el Entendimiento Bicentenario y una posición más rígida relativa al tráfico ilegal de armas provenientes de Estados Unidos.

Otro tema de agenda será la revisión del T-MEC en julio de 2026. México tiene pendientes diferendos comerciales con Estados Unidos y Canadá en sectores como la minería, la energía y la agricultura. Sin embargo, también se vislumbran oportunidades en este contexto. La influencia de las comunidades mexicanas en la región debería impulsar a los negociadores mexicanos a proponer una cláusula de protección para los trabajadores mexicanos en Estados Unidos y Canadá, así como iniciar negociaciones sobre la movilidad laboral para ir más allá del intercambio de bienes y servicios, con el objetivo de fomentar una región más cohesionada.

Por el momento, estas iniciativas siguen siendo promesas. Ahora bien, indistintamente de quien vista la banda presidencial, vale la pena preguntar, ¿la próxima presidenta de México hará valer firmemente el interés nacional del país en el extranjero o volverá al vicio de una política exterior desdibujada y reactiva? Seremos testigos de esto en los próximos seis años.


Marko Alberto Sal Motola (México): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac Querétaro.

Un comentario sobre "Dos visiones para la política exterior de México" Deja un comentario

  1. Buen comentario por parte del autor. Expone lo que podría venir en México a partir de la visión que tienen las candidatas a la presidencia del país en materia de política exterior.

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