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Errores que cuestan caro

Al menos 22 incidentes relacionados con «errores», casi nos han llevado a una guerra nuclear. Estos han sido provocados por desaciertos de computadora, pilotos accidentalmente a la deriva en territorio enemigo, posturas presidenciales e incluso un oso, mostrando la magnitud que puede tener un simple malentendido humano y la facilidad con que la humanidad podría ser destruida.

Una nube en forma de hongo se expande sobre el atolón de Mururoa en el Pacífico en 1971, luego de una explosión de prueba francesa. Foto: Galerie Bilderwelt / GETTY IMAGES

A lo largo de la historia, y especialmente en la de la diplomacia y las relaciones internacionales, se han producido eventos curiosos, espectaculares, aterradores y potencialmente destructivos que alteran el mundo. Estos pueden variar desde lo mundano, hasta lo dramático e incluso están aquellos que han modificado el curso de los eventos mundiales y de la propia humanidad. En ninguna otra época este fenómeno fue tan frecuente como en las décadas de la Guerra Fría. Esta «guerra», que no tuvo un combate directo entre las potencias, fue librada entre 1947 y 1991 por la Unión Soviética y los Estados Unidos. Este período también provocó el auge de las armas nucleares, una innovación desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial. Después de los horribles acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 que se debatieron sobre el final de aquella, el mundo entero quedó atónito por el poder que tenían las armas nucleares. Y, con las tensiones cada vez mayores entre ambas potencias debido a las diferencias de ideología y la supuesta amenaza del comunismo, el nuevo poder y potencial que ese tipo de armamento parecían traer era profundo.

La escalada de tensiones provocó un aumento de materiales bélicos, con los dos países compitiendo entre sí para construir más y más armamento nuclear. Estados Unidos fue la única nación en contar con estos, hasta que los soviéticos probaron su propia bomba nuclear en 1949. Es así que Washington respondió probando una “superbomba” de hidrógeno en 1952, pero la URSS igualó su ritmo probando con éxito la suya un año más tarde. Durante esta era polémica, el primero gastó casi 6 billones de dólares en 10.000 ojivas nucleares, mientras que el segundo tenía solo la mitad. Las cantidades masivas de armas que podían destruir a la humanidad aseguraban una especie de «paz perversa« gracias a la teoría de la destrucción asegurada mutuamente, la que establece que ninguna nación lanzaría un misil porque la otra nación opuesta está igualada en capacidad y poder destructivo.

Sin embargo, con una cantidad tan grande de ojivas en tiempos de tensión y miedo, ocurrieron muchos errores e incidentes curiosos, algunos de ellos llevaron a la humanidad al borde de una guerra nuclear y otros demostraron un nivel descubierto de valentía y coraje individual en ambos lados del conflicto. Y, por supuesto, algunos percances que casi provocaron el fin de la humanidad que hubiesen parecido divertidos en cualquier otro contexto.

El protocolo soviético decía que los militares deberían responder a un ataque nuclear con uno de los suyos.

Durante el apogeo de la Crisis de los Misiles cubanos, en octubre de 1962, se vio a un intruso tratando de escalar una cerca en un aeródromo en Wisconsin, Estados Unidos. El guardia disparó contra la misteriosa figura, asumiendo que era un espía soviético. EE. UU. se encontraba en «DEFCON 3» por lo que los ensayos habían sido cancelados, lo que no podía significar otra cosa que un ataque. Se prendieron las alertas y los aviones armados con misiles se alistaron para despegar. Afortunadamente, un oficial les impidió despegar y les informó que aquel “espía” tan falto de profesionalismo y que casi causó una verdadera catástrofe se trataba en realidad, de un inocente oso negro. Si bien suena divertido, esta situación deja de manifiesto la tensión que se vivía y el poco margen de error que existía.

En 1960 ocurrió uno de los primeros «falsos positivos» de la Guerra Fría cuando los radares de detección de misiles en Groenlandia informaron que una avalancha de misiles se dirigían hacia el territorio norteamericano y que en menos de 20 minutos impactaría. El pánico cesó cuando se informó lo que había ocurrido realmente. Los «fiables» sistemas de detección que lo habían tomado como «decenas de misiles nucleares», en realidad se traba era la inofensiva Luna saliendo en el horizonte. Un año después los organismos encargados de la detección perdieron contacto con sus bases en la isla, lo que solamente podría significar una cosa: los soviéticos atacan. Inmediatamente se dio la orden a los aviones de despegar, directriz cancelada minutos después cuando retomaron las comunicaciones y aquel «repentino ataque» era simplemente un interruptor quemado.

“El único tipo de represalia que se justifica es aquella en la que se sabe que están atacando. Nunca debemos responder a una alarma que pueda ser falsa”.

Tom Collina, director de políticas de la organización benéfica de no proliferación nuclear Pllowshares Fund

En 1983 el oficial de servicio soviético ,Stanislav Petrov, recibió un mensaje de las lecturas de su computadora, con el más alto nivel de fiabilidad, informando que los estadounidenses habían lanzado un misil. Mientras miraba atónito, la máquina dio aviso que otro misil había sido lanzado, y luego otro más. En total, Petrov recibió advertencias del lanzamiento de cinco misiles. Durante esta era los protocolos soviéticos exigían que cualquier decisión de advertencia sobre el lanzamiento de un misil y de respuesta a los mismos debía basarse en lecturas de computadora, sin embargo el teniente coronel pensó que la sincronización y los informes informáticos de un ataque le parecían extraños.

En lugar de informar de un verdadero ataque, anotició de un error informático, sabiendo que si estaba equivocado el primer misil nuclear impactaría en cuestión de minutos, matando a miles y probablemente dando comienzo a una Tercera Guerra Mundial. Treinta años después asegura que las probabilidades de que se tratara de un error eran solo del 50% y que nunca estuvo seguro de si era una alerta falsa. A pesar de esto, su intuición demostró ser correcta y fue honrado por su valentía y su nivel de pensamiento con diversas distinciones luego de la caída de la Unión Soviética en 1991.

Stanislav Petrov, el hombre que sin duda alguna salvó a la humanidad en 1983, recibe una distinción por su valentía.
Reagan y Andropov. Portada de la revista Time del 1 de febrero de 1984.

Con el correr de los años las tensiones entre ambas naciones se redujeron, en parte gracias a tratados como SALT —Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos—, donde reconocieron el peligro para la humanidad que causaba la carrera armamentista y comenzaron a abandonar las practicas nucleares. Empero, incidentes curiosos como estos muestran lo peligrosamente cerca que estuvo el mundo de experimentar una guerra nuclear con cerca de 15.000 ojivas nucleares esparcidas por todo el mundo.

Actualmente esta amenaza ha ido desapareciendo, aunque sigue latente y las potencias militares mantienen armamento listo para utilizarse en cualquier momento. Estas historias, aunque anecdóticas y divertidas, muestran que la fiabilidad de los sistemas no siempre es tal y que el factor humano sigue influyendo, de momentos, el potencial de los errores es significativo e inquietante.


Scout Meredith Best (Estados Unidos): estudiante de Relaciones Internacionales, Dickinson College, y columnista en Diplomacia Activa.

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