Rubio y el renacer de una guerra ideológica global
Por Luca Nava
Un nuevo capítulo para la historia de la política estadounidense e internacional comenzó con la asunción de Trump el pasado lunes 20 de enero, donde el gabinete del presidente electo, figuras políticas importantes del mundo y magnates de corte internacional, presenciaron su jura en el Capitolio de Washington DC.

Su regreso a la Casa Blanca en este 2025 presenta un enfoque renovado y, en ciertos aspectos, más agresivo en su política exterior. A diferencia de su primer mandato comprendido entre 2017 y 2021, caracterizado por un desprecio explícito hacia la diplomacia tradicional, un desfinanciamiento significativo del Departamento de Estado y una desatención profunda a la cuestión latinoamericana, esta nueva administración parece intentar redefinir sus prioridades globales bajo la dirección de Marco Rubio como Secretario de Estado, un político de origen cubano conocido por sus posturas duras contra China, Irán y Venezuela.
Su afinidad con Trump se hizo de hierro en estos últimos años, siendo uno de sus hombres de mayor confianza y apoyando su línea severa contra la migración ilegal. En estos términos, parece que la política del “Buen Vecino” se ha acabado, y una doctrina del “Gran Garrote” (pero en un contexto actual) se siente más presente que nunca.
Una diplomacia ajetreada
Durante su primer mandato, Donald Trump rompió con las convenciones de la diplomacia estadounidense. No solo desfinanció la Secretaría de Estado, reduciendo tanto su personal como sus recursos, sino que también optó por escoger una política exterior basada en el unilateralismo y el pragmatismo transaccional.
Esta corriente operativa marginó a los diplomáticos de carrera y priorizó las relaciones directas entre líderes, como lo evidenciaron sus reuniones bilaterales con Kim Jong-un y Vladimir Putin. Es más, en un principio, el Kremlin se convenció de que Trump era el presidente estadounidense más afín a sus intereses debido a que compartían actitudes y predisposiciones similares a la manera de relacionarse con el resto del mundo. La diplomacia multilateral, un pilar tradicional de la política exterior estadounidense, fue reemplazada por una visión más nacionalista y pragmática que subrayó el lema «America First».
Por otro lado, Trump también amenazó rotundamente con la estabilidad del orden mundial cuando calificó a la OTAN como «obsoleta» y cuestionó la disposición de Estados Unidos a defender a otros miembros si no cumplían con los requisitos de gasto militar, generando incertidumbre entre los aliados europeos sobre su compromiso con la seguridad colectiva. En adición, su retirada de organismos internacionales como la UNESCO y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, argumentando que estas entidades eran «antiestadounidenses» y «anticristianas”, afectaron la capacidad de EE.UU. para incidir en asuntos clave como la educación, cultura y derechos humanos.
Si bien muchas de estas posturas intentaron fortalecer la posición de Estados Unidos, muchas de ellas terminaron por erosionar parte de su credibilidad y su liderazgo global en varios frentes, restando poder a su hegemonía internacional y cimentando cada vez más definidamente un orden global compartido con el gigante asiático.
Un renacer para la diplomacia trumpista

No obstante, en este segundo mandato Trump se prepara para un revés ideológico más fuerte. Marco Rubio asume como Secretario de Estado con un motto claro: reforzar el liderazgo estadounidense en el hemisferio occidental y contrarrestar la influencia de China. Rubio, conocido por su postura dura contra regímenes autoritarios en América Latina, simboliza un cambio estratégico hacia una política más ideológica y menos transaccional en la región.
En su primer mandato, Trump utilizó los aranceles como una herramienta de negociación, principalmente en la guerra comercial con China. Esto provocó disrupciones en las cadenas de suministro y tensiones con países aliados. Como ya anticipó hace unos pocos meses, esta estrategia ahora parece intensificarse, con aranceles más altos y amplios, afectando tanto a China como a socios comerciales tradicionales, como México y Europa.
Como ya lo había hecho en su primer mandato pero sin mucho éxito, Trump buscará consolidar un gobierno más alineado con sus objetivos, eliminando lo que denomina «deep state». Esto incluye reemplazar a funcionarios de carrera por políticos leales. En este sentido, Rubio ha prometido revitalizar la Secretaría de Estado, aunque con un enfoque más ideológico, priorizando a diplomáticos que compartan más afinidad con el presidente.
Por otro lado, Trump no ocultó su intención de poner un enfoque sin precedentes en América Latina como parte clave de su visión de política exterior. Por años, fue una región marginada que no llamó la atención de casi ningún presidente norteamericano, y mucho menos luego del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. A pesar de que en su primer mandato tampoco fue prioridad, América Latina ahora parece estar en la primera página de la agenda de la Casa Blanca como un tema urgente.
Una de las principales preocupaciones es la creciente influencia de China en la región, que se ha materializado a través de inversiones en infraestructura y acuerdos estratégicos. Trump y Rubio consideran que contrarrestar esta presencia es esencial para proteger los intereses de Estados Unidos en su hemisferio inmediato. Otro tema destacado es el Canal de Panamá, que la administración percibe como un punto estratégico de control logístico y económico. Trump ha señalado su intención de renegociar los términos actuales debido a las tarifas que, según él, perjudican a las navieras estadounidenses, además de subrayar que el involucramiento chino en el canal plantea riesgos geopolíticos.

En el ámbito económico, la administración buscará revisar los acuerdos comerciales existentes con países latinoamericanos, asegurándose de que estos sirvan a los intereses estadounidenses. Esto podría incluir renegociaciones o incluso la imposición de aranceles si se considera necesario para proteger la industria nacional. Finalmente, la seguridad fronteriza y el control de la inmigración continúan siendo temas primordiales. Se espera que Trump y Rubio implementen políticas más estrictas para frenar la inmigración ilegal, incluyendo medidas para abordar las causas estructurales de la migración en los países de origen, al mismo tiempo que fortalecen la colaboración con gobiernos locales para mejorar la seguridad en las fronteras.
La relación entre México y Estados Unidos estará marcada por estos dos puntos anteriormente nombrados. Trump utilizará los aranceles como amenazas para extraer concesiones, como ya se ha visto en su insistencia en que México refuerce medidas para bloquear el tráfico de bienes chinos que intenten evadir aranceles estadounidenses. Además, la reinstauración de políticas migratorias estrictas, como “Remain in Mexico” y deportaciones masivas, probablemente generará fricciones adicionales en la relación bilateral. Aunque México podría beneficiarse del «nearshoring» debido a las tensiones con China, las medidas proteccionistas de Trump podrían limitar estas oportunidades.
¿Por qué América del Sur?
El renovado interés de la administración Trump en América del Sur puede entenderse a través del concepto de «sociedad internacional» desarrollado por Luciano Anzelini y Soledad Castro en su obra «América del Sur como Sociedad Internacional». Según estos autores, América del Sur no es solo un conjunto de estados independientes, sino una región con dinámicas propias de cooperación y conflicto, que la convierten en un actor relevante dentro del sistema internacional.
Por tantos años ignorada por considerarse una zona de baja conflictividad, la atención inusitada de Trump hacia esta región puede verse reflejada en su repentina afinidad con líderes como Javier Milei, presidente de Argentina, que con su retórica alineada al liberalismo económico y su postura anti-China, se presenta como un aliado natural para los intereses estadounidenses en la región. Esta relación refuerza el intento de consolidar un bloque ideológico que comparta valores afines y permita contrarrestar la influencia de Beijing.
La administración norteamericana, bajo la guía de Rubio, parece haber comprendido que la integración regional y las alianzas estratégicas pueden ser cruciales para contrarrestar la influencia de actores externos. Además, el presente enfoque resalta la importancia de América del Sur como un espacio donde se generan narrativas de desarrollo, soberanía y poder global, elementos que son pertinentes para la consolidación de una política exterior firme y concisa para los Estados Unidos.
Si bien esta nueva administración promete ajustes significativos, las raíces de la política exterior de Trump aún están sujetas al unilateralismo y el proteccionismo que definieron su primer mandato. Para colmo, el gobierno ha continuado con medidas como el congelamiento de la ayuda internacional, afectando a regiones en crisis como Gaza, Ucrania y Sudán, decisiones que, aunque alineadas con su visión de reducir el gasto externo, generaron críticas por su impacto humanitario y estratégico. No obstante, Rubio parece estar equilibrando estas tendencias con una mayor atención a las alianzas regionales y a la lucha contra la influencia china. Según un análisis publicado en Foreign Affairs, esta combinación de ideología y pragmatismo podría redefinir la política exterior estadounidense en un mundo cada vez más multipolar.
En suma, el segundo mandato de Trump, con Marco Rubio al frente de la Secretaría de Estado, refleja un intento de corregir los errores del pasado mientras se mantiene fiel a los principios del trumpismo de pura cepa. La revalorización de América Latina, la confrontación con China y un enfoque más ideológico podrían marcar una diferencia notable respecto al primer mandato, aunque persisten interrogantes sobre si esta manera de afrontar los asuntos internacionales será suficiente para restaurar el liderazgo global de Estados Unidos o si, por el contrario, profundizará su aislamiento internacional y dará paso a que China se instaure de manera definitiva como el Gran Dragón ideológico y cultural en el globo, opacando así de manera tajante el orden mundial liberal tan aclamado por el gigante de Occidente.
Luca Nava (Argentina): Estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de San Martín. Columnista de Diplomacia Activa.
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