Salud Mental: un llamado a la acción global
Por Marko Sal
Desde la pandemia de COVID-19, las enfermedades se han convertido en una de las principales preocupaciones para los gobiernos. Sin embargo, a pesar de esta creciente conciencia, hay un conjunto de dolencias que continúan estando relegadas en las agendas de la salud pública.

En Diplomacia Activa, dedicamos nuestro contenido a explorar temas de política internacional, y la salud mental es un aspecto que merece una atención especial en esta materia. Su relevancia en el ámbito de las relaciones internacionales es más significativa de lo que podría parecer. Este tópico atraviesa diversas agendas del multilateralismo, como los Derechos Humanos, la Seguridad Internacional y la Cooperación para el Desarrollo. Con el objetivo de conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental 2024, examinemos la estrecha conexión entre la salud mental y la agenda de la política global.
Derecho humano en las sombras
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental se define como el “estado de bienestar mental que permite a las personas enfrentar los momentos de estrés de la vida, desarrollar sus habilidades, aprender y trabajar adecuadamente, e integrarse en su entorno”. La promoción de la salud mental es fundamental para el bienestar general de la humanidad. Para salvaguardar una salud mental adecuada, es necesario que una serie de factores individuales, familiares, ambientales y estructurales sean propicios. Sin embargo, la ausencia de estos factores puede socavar gravemente la salud mental.
Desafortunadamente, millones de personas están expuestas a circunstancias adversas. El convulso contexto actual ha sumido a la sociedad en una crisis de salud mental. Preocupaciones innumerables, como la ansiedad climática, los traumas en zonas de conflicto y violencia, la pobreza, las desigualdades, y otros contextos, están hundiendo a las personas en un profundo sufrimiento psicológico. Aunque la conciencia sobre el dolor emocional que experimentan las personas en estas circunstancias ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad, su visibilización y discusión son fenómenos relativamente recientes.
El oscuro episodio de la pandemia de COVID-19 destacó el estado global de la salud mental. Según estudios de la OMS, el confinamiento, la incertidumbre y las repercusiones económicas de esta emergencia sanitaria provocaron un aumento del 25% en la incidencia de trastornos de ansiedad y depresión, además de agravar otras condiciones mentales como el Alzheimer, la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Al mismo tiempo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha identificado una prevalencia desproporcionada de ansiedad y depresión entre los jóvenes de 18 a 24 años. Por su parte, Save the Children estimó que la pandemia triplicó el número de trastornos mentales en niños, niñas y adolescentes, con un alarmante 3% reportando pensamientos suicidas. En términos generales, según la OMS, aproximadamente uno de cada ocho personas vive con una enfermedad mental, y el 85% de quienes padecen estas condiciones no recibe el tratamiento adecuado.
Las capacidades de los Estados para tomar decisiones en materia de salud mental, así como el rumbo que seguirá la humanidad en este ámbito, quedaron claramente expuestas. En 2020, la OMS denunció que los países destinan apenas el 2% de sus presupuestos de salud al tratamiento de estas condiciones, y que la pandemia paralizó los servicios de salud mental esenciales en el 93% de los países del mundo, incluso en aquellos más desarrollados. La gravedad de la situación es tal que, según las proyecciones de la organización, para 2030 la salud mental se convertirá en la principal causa de enfermedades a nivel mundial.
Los datos son preocupantes y representan un obstáculo significativo para garantizar la protección de la dignidad humana. El reconocimiento de la salud mental como un derecho humano ha sido un precursor de la reciente concienciación y diálogo en torno a este tema. En 2017, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó la resolución “Salud mental y derechos humanos”, que reafirma el derecho de toda persona a disfrutar del más alto nivel posible de salud física y mental.
La inclusión de la salud mental en el catálogo de los derechos humanos es esencial, ya que establece pautas claras para evaluar políticas públicas y programas de salud que prioricen el tratamiento de los trastornos mentales y las discapacidades psicosociales. Además, busca prevenir violaciones al desmantelar prácticas de discriminación y segregación que atentan contra el derecho a una atención digna en salud mental. Este enfoque también persigue transformar las prácticas dentro de las instituciones psiquiátricas, eliminando violaciones a los derechos humanos como el trato degradante, el abuso, el aislamiento, el castigo y el uso de la coerción.
Repensar la seguridad internacional
Pensar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) evoca de inmediato la resolución de conflictos armados, la lucha contra el terrorismo y situaciones donde la coerción está presente. Sin embargo, adoptar perspectivas holísticas para abordar otras amenazas a la seguridad internacional, como la pobreza, el hambre, el cambio climático y las pandemias, es igualmente crucial, aunque su relevancia aún no ha sido plenamente reconocida. Estos temas son urgentes y deben integrarse en la agenda del CSNU, ya que tienen un impacto significativo en la estabilidad global y el bienestar de las poblaciones.
En el ámbito de la salud mental, un país llevó este tema a la sala del CSNU para su consideración como un aspecto crucial para preservar la paz y la seguridad internacionales. En septiembre de 2021, el secretario general de la ONU, António Guterres, instó a los Estados miembros a priorizar la salud mental y el apoyo psicosocial en respuesta a la pandemia. Como resultado, durante el bienio 2021-2022, México incluyó la salud mental en su plan de trabajo.

El representante mexicano ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente Ramírez, destacó la urgencia de abordar esta área de la salud en el contexto de conflictos armados y asistencia humanitaria, reconociendo su importancia como elemento para construir progresivamente una paz duradera.
La necesidad de incluir este tema en el diálogo era evidente. Según datos de la OMS (2022), casi todas las personas que enfrentan situaciones de emergencia experimentan algún tipo de malestar psicológico. A partir de una recopilación de 129 estudios realizados en 39 países, la OMS concluyó que una de cada cinco personas que ha vivido en un contexto de conflicto bélico o violencia durante los 10 años anteriores padece depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastorno bipolar o esquizofrenia. Además, de los contextos de inestabilidad se desprenden sectores fuertemente impactados, como mujeres, menores de edad, migrantes y personas con discapacidad.
Tras una compleja negociación en el CSNU, en la que México argumentó la urgencia de operaciones de mantenimiento de la paz eficaces, se materializó la resolución 2668 (2022), convirtiéndose en el primer instrumento en reconocer la salud mental como un componente formal del CSNU. Su objetivo es sensibilizar a los contingentes y fuerzas en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP) para que identifiquen de manera efectiva los signos y síntomas de las aflicciones mentales, fomentando así una cultura de bienestar y atención durante su despliegue. Además, se alienta a los países que aportan contingentes y a los Estados miembros a proporcionar apoyo psicosocial y de salud mental adecuado al personal de las operaciones de paz en la fase posterior al despliegue, tomando en cuenta las particularidades de sus casos y perspectiva de género en el tratamiento.
De este modo, CSNU se posiciona, al menos en teoría, como uno de los principales foros multilaterales dedicados a visibilizar la salud mental en la agenda global. El Consejo asume la responsabilidad de garantizar que su misión de preservar la seguridad internacional incluya medidas integrales, como la atención a la salud mental, para proteger la dignidad y el bienestar de las personas en situaciones de emergencia. Sin embargo, el desafío sigue siendo considerable tanto para los países que integran el Comité Especial de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, que contribuyen con tropas y fuerzas policiales, como para la ONU, que debe asegurar que los contingentes estén debidamente capacitados en temas de salud mental y apoyo psicosocial.
“Es tiempo de priorizar la salud mental en el trabajo”
“Es hora de centrarse en el efecto perjudicial que el trabajo puede tener en nuestra salud mental”.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS
La temática del Día Mundial de la Salud Mental 2024 se enfoca en la priorización de la salud mental en los espacios de trabajo. Crear entornos laborales seguros y saludables puede ser un factor protector clave para la salud mental, además de fomentar la productividad. Sin embargo, este desafío es significativo. Actualmente, el 60% de la población mundial está activa en el ámbito laboral, y de esta, el 61% se encuentra en la economía informal. Por lo tanto, es imperativo que la comunidad internacional adopte medidas urgentes para asegurar que el trabajo no represente un riesgo para la salud mental de los trabajadores.
Las estadísticas revelan profundas áreas de oportunidad. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en colaboración con la OMS, estimó en su reporte Mental health at work (2022) que cada año se pierden 12 mil millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, lo que representa un costo aproximado de un billón de dólares para la economía global. Además, ambas organizaciones calcularon que 15% de los adultos con edad de trabajar han padecido un desorden mental. Esto, de acuerdo con estas instancias, es producto de que prácticas como la discriminación, la desigualdad, la violencia psicológica, la incertidumbre por el desempleo y otras manifestaciones negativas desenvueltas en el ámbito laboral que afectan negativamente la salud mental de los empleados.
Tanto la OMS como la OIT han establecido marcos para proteger la salud mental y la seguridad de los trabajadores en contextos adversos. El Convenio de la OIT sobre Seguridad y Salud en el Trabajo (n.º 155) y la Recomendación (n.º 164) ofrecen directrices claras para salvaguardar la salud de los empleados, subrayando la responsabilidad de los Estados y empleadores de cumplir con estas pautas. Asimismo, la OMS ha instado a gobiernos y empleadores a promover iniciativas de capacitación en salud mental, capacitar a los trabajadores en este ámbito e implementar intervenciones psicosociales. Además, se recomienda ofrecer oportunidades para la actividad física recreativa, con el objetivo de mejorar las condiciones de salud mental en el entorno laboral.
Por su parte, la OMS ha sido la principal impulsora de esta agenda. En su Proyecto de Estrategia Mundial sobre Salud, Medio Ambiente y Cambio Climático, así como en el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental (2013-2030), se destacan principios, objetivos y estrategias para promover una buena salud mental en el entorno laboral. Esto incluye abordar determinantes sociales de la salud mental, tales como las condiciones de vida y laborales, reducir la estigmatización y la discriminación, y mejorar el acceso a atención basada en evidencia a través del desarrollo de servicios de salud, que también abarcan el acceso a servicios de salud ocupacional.
No menos importante es la Iniciativa Especial de Salud Mental (2019-2023), que ha facilitado el acceso a servicios de atención psicológica y psicosocial a más de 52 millones de personas en nueve países estratégicos (Argentina, Bangladesh, Ghana, Jordania, Nepal, Paraguay, Filipinas, Ucrania, y Zimbabwe) de seis regiones. Gracias a este proyecto, la OMS calcula que al menos 443.409 menores de edad y adultos reciben tratamiento para condiciones mentales y neurológicas, y 30.541 individuos han sido capacitados para proporcionar atención en salud mental y apoyo psicosocial. Para maximizar su impacto, es crucial que la iniciativa continúe y se expanda en los próximos años.

La salud mental es una dimensión crucial que los internacionalistas debemos incorporar en todas las áreas de la política global. Los ejemplos mencionados anteriormente subrayan claramente la importancia de esta agenda en las relaciones internacionales. La «pandemia silenciosa» de las enfermedades mentales demuestra que estos trastornos no conocen fronteras; surgen tanto en tiempos de paz como en escenarios de conflicto, afectando a países desarrollados y en desarrollo. Reconocer esta realidad es imperativo para promover un enfoque integral, inclusivo y humano en el escenario internacional.
Asimismo, es crucial que el diálogo de la salud mental no solo quede en los foros de alto nivel, sino que también formen parte del diálogo cotidiano para normalizar la búsqueda de atención psicológica y desmantelar colectivamente los estigmas que rodean esta crisis, que impacta cada vez más a la humanidad. Al abordar la salud mental de manera integral, podemos contribuir a un futuro más inclusivo y saludable para todas y todos.
El mundo nos necesita atentos y sanos.
Marko Alberto Sal Motola (México): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac Querétaro. Columnista en Diplomacia Activa.
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