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Más allá de Ucrania

Por Emilio Cruz

Aquí hay tres conflictos y crisis, enumerados sin ningún orden en particular, que también están sucediendo en este momento y que también merecen tu atención.

Ilustración: Ana Paula Durán

Crisis en el «Cuerno de África»

Sequía e inseguridad alimentaria regional – de 13 a 20 millones de personas afectadas

La sequía más dura en 40 años ha empujado a unos 13 millones de personas en el Cuerno de África al hambre extrema. Hasta el momento ya son tres temporadas de lluvia fallidas consecutivas en este país; se ha diezmado el ganado del que dependen las economías locales y han comenzado los conflictos por la falta de alimentos.

Este mes debería comenzar una nueva temporada de lluvias, pero las temperaturas siguen siendo inusualmente altas. Si eso inicia una cuarta sequía consecutiva sin precedentes, como se teme, entonces se prevé que el número de personas necesitadas se dispare a 20 millones.

Somalia es el país más afectado, más de tres millones de personas en situación de calle despiertan sin saber que comerán, en sus almas resuena la hambruna que vivieron sus familiares en el 2012. En Etiopía la crisis humanitaria se ha convertido en el pan de cada día, la guerra en el norte de país ya ha sido internalizada por la comunidad. En Kenia los enfrentamientos entre sociedades y las redadas siguen aumentando.


Las sequías solo agudizan los problemas, y las agencias de ayuda internacional no traen esperanza a la región, ya que al llegar la lluvia la recuperación tomará meses. Puedes estar pensando, ¿y cómo Ucrania ha agravado esta crisis? Pues, con el aumento vertiginoso de los precios del trigo y los fertilizantes, el Cuerno de África tendrá que “competir” por recibir asistencia a corto y mediano plazo, quedando los habitantes inevitablemente desamparados esperando una ayuda que tardará en llegar.

Haití

Choques de desastre, disfunción política y violencia de pandillas. Cerca de4.9 millones de personas sobre una población de 11.4 millones.

A lo largo de su historia, Haití ha tenido que lidiar con múltiples crisis humanitarias al mismo tiempo; los desastres naturales, las crisis políticas, las paupérrimas condiciones económicas, el incremento de la pobreza y el decremento de la “seguridad”. Estas situaciones se han agravado tanto que las familias en Haití -casi- siempre contemplan el desplazamiento y el abandono de su país como una posibilidad que brinda la esperanza de tener una vida mejor. Por su puesto todo esto sin contemplar el elemento de la pandemia. Sigue aún vigente la esperanza de la sociedad de tener la posibilidad de recibir más vacunas, ya que ha sido uno de los últimos países en poder recibirlas.

La violencia de pandillas y los secuestros han aumentado desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, aunado al estancamiento político derivado de este evento; la sociedad civil y el gobierno no han podido establecer un acuerdo que les permita celebrar elecciones.


El combustible es escaso al igual que los alimentos. Estas circunstancias han impedido que organizaciones humanitarias ingresen a repartir ayuda y, como siempre, situaciones externas no mejoran la situación. El terremoto del año pasado no ayudó y en el país se ha reportado que 800,000 personas siguen lidiando con las afectaciones del mismo a casi un año de ocurrido.

La única certeza en Haití es que las personas seguirán saliendo del país, que no ha logrado encontrar paz a partir del terremoto del 2010 y que pareciera estar en un bucle de desgracias.

Sahel

Insurgencias yihadistas e inestabilidad política. Cerca de14.4 millones se ven afectadas en Burkina Faso, Mali y Níger.

En la región del Sahel de África occidental las necesidades por ayuda humanitaria están acelerándose a ritmos inesperados. El terrorismo en esta región se está cimentando cada vez más en la sociedad, los grupos yihadistas vinculados al Estado Islámico y a Al-Qaeda -que parecían haber disminuido notablemente- levantan basura los domingos y cometen atentados los lunes por la mañana. Puede parecer sorprendente, pero estas agrupaciones han comenzado a ejercer facultades del Estado (bajo su conveniencia) y a controlar la región.


«No a Francia». Cartel mostrado por civiles durante una protesta contra el despliegue de tropas francesas en Ougadougou, capital de Burkina Faso.

Como es costumbre, las afectaciones climáticas y la pandemia han empeorado la situación en estos países, particularmente en la política y la seguridad de Burkina Faso y Malí. En el primero ya se derrocó al presidente Roch Kaboré. Curiosamente, aquí la comunidad internacional sí ha intervenido, pero la ayuda ha comenzado a desvanecerse. Francia, la antigua potencia colonial y que presentaba tropas en la región desde 2012, ya ha retirado a miles de sus hombres estacionados en el país, mientras que la junta que dirige Bamako -capital de Mali- ha recurrido al mercenario Grupo Wagner, que se cree fuertemente vinculado al Kremlin.

Por su puesto, la sociedad civil está desesperada para que inicien los diálogos con los grupos yihadistas de la región, pero como es costumbre en negociaciones de esta índole, los tiempos no están bien definidos, y no ha habido un resultado destacado. Como es habitual en países en conflicto, las comunidades locales son las más afectadas y también las que tienen que “resolver” este conflicto día con día para poder seguir. De hecho, ya han firmado algunos acuerdos para que el derramamiento de sangre deje de ser algo habitual.   

Al momento que se escribe este artículo, la Unión Europea le está dando la bienvenida a cientos de miles de personas refugiadas provenientes de Ucrania. La cifra asciende aproximadamente a 1.7 millones personas. Lo que no se dice, pero que ocurre, es que las políticas destinadas a países de África, Oriente Medio y el sur de Asia siguen estando vigentes. A las mismas se les ha acusado de mantener un doble discurso y una postura racista frente a la inmigración, y de querer mantener a personas de estos países fuera de sus fronteras por los motivos que sean.                         

¿Qué sigue para estas personas? Probablemente el olvido y la falta de apoyo por parte de la comunidad internacional. Queda en claro que aún en el año 2022 hay crisis y “crisis”. No cerremos los ojos ante un mundo que se destruye, y que también merece de nuestra atención, preocupación y pensamiento.


Emilio Cruz López (México): Licenciatura en Relaciones Internacionales, Universidad Iberoamericana.

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