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Revisitando el Dilema de Seguridad de Herz en el siglo XXI

Por Estanislao Molinas

La aplicación de la Inteligencia Artificial en las operaciones estatales de seguridad interna y defensa exterior, potenciada y facilitada por actores no gubernamentales como Palantir, puede reavivar un conflicto por desconfianza mutua.

La inteligencia artificial (IA) ya no es un fenómeno internacional reservado a los ámbitos comerciales o productivos. Su incorporación creciente a las operaciones estatales de seguridad doméstica y defensa exterior, está modificando la velocidad y la escala con las cuales los actores tradicionales del sistema internacional, salvaguardan sus fronteras y brindan seguridad a sus ciudadanos.

Empresas como Palantir Technologies, lejos de desplegar productos tecnológicos abocados exclusivamente al plano civil, desarrollan soluciones de punta que se integran al núcleo operativo del aparato coercitivo de los actores estatales, alterando las condiciones bajo las cuales estos se observan, se evalúan y se preparan unos frente a otros. 

Este desplazamiento plantea la necesidad de revisar herramientas teóricas que parecían asociadas a otra época. En particular, la lógica del Dilema de Seguridad formulada por John H. Herz en 1950, pensada originalmente para un sistema internacional bipolar, vuelve a resultar pertinente para analizar lo que está ocurriendo con la militarización de la IA en el primer trimestre de 2026.

A partir de este enfoque, el artículo examina el caso de Palantir y su sistema Maven Smart System como instancia empírica para observar cómo la aplicación de IA al ámbito militar puede reactivar dinámicas de escalamiento de inseguridad recíproca entre Estados, dinámicas que la teoría clásica identificó hace más de siete décadas.

A partir de esta sucinta introducción, se puede agregar que la problemática subyacente a ser abordada en este artículo radica en identificar de qué manera la incorporación de IA a las dimensiones de seguridad y defensa puede potencialmente reactivar las lógicas propias de escalamiento del Dilema de Seguridad teorizado por Herz. La hipótesis no consiste en sostener que la IA cree por sí sola un dilema de seguridad nuevo, sino que las condiciones tecnológicas contemporáneas vuelven a poner en movimiento este tipo de dinámicas descritas por Herz.

Para abordar esta cuestión resulta necesario, en primer lugar, recuperar la formulación original del Dilema de Seguridad. Herz sostiene que en toda configuración social anárquica, (recordemos que el sistema internacional waltziano es posterior) es decir, allí donde una pluralidad de grupos políticos coexiste sin estar organizada bajo una unidad superior, surge inevitablemente lo que él denomina el dilema de seguridad de los hombres, los grupos o sus líderes (Herz, 1950).

Los actores insertos en una constelación semejante deben preocuparse por su seguridad frente a la posibilidad de ser atacados, sometidos, dominados o aniquilados por otros, y en su esfuerzo por procurarse esa seguridad se ven impulsados a acumular cada vez más poder con el fin de escapar al impacto del poder ajeno. El resultado es una competencia por el poder de la que ningún actor puede sustraerse unilateralmente, y un círculo vicioso de acumulación que se retroalimenta a sí mismo.


Ilustración | La Marea

Lo que sí varía con cada cambio tecnológico actual, en este caso las soluciones desarrolladas por Palantir, es la velocidad a la que opera el ciclo de acumulación de inseguridades y potenciales amenazas, incidiendo en el tipo de capacidades que cuentan como ventajas y, por lo tanto, el umbral a partir del cual los demás Estados perciben necesario reaccionar.

Entonces, la interrogante pertinente para el análisis contemporáneo es si la incorporación masiva de IA a las funciones estatales de seguridad y defensa, introduce variaciones lo suficientemente significativas como para hablar de una reactivación de las lógicas herzianas.

El caso de Palantir’s Maven Smart System (MSS); una plataforma impulsada por IA y centrada en la defensa que integra grandes cantidades de datos del campo de batalla, incluyendo imágenes satelitales, transmisiones de drones e inteligencia de señales, en una única interfaz práctica, permite responder afirmativamente a esa pregunta.

Palantir Technologies se presenta a sí misma como una compañía dedicada al desarrollo de plataformas de software para la integración y el análisis de datos, orientadas a organizaciones que operan en entornos complejos y sensibles. Su CEO y cofundador, Alexander C. Karp, junto a Nicholas W. Zamiska, ha articulado en su libro La república Tecnológica una crítica al repliegue del Estado occidental en la carrera por la innovación y a la complacencia de Silicon Valley, defendiendo que la tecnología debe estar al servicio del interés público y del liderazgo de Occidente frente a la nueva geopolítica de la IA (Karp y Zamiska, 2025).

Esta posición política se traduce, en términos operativos, en una alianza creciente entre la compañía y el aparato de defensa estadounidense, alianza cuya magnitud y profundidad ha quedado expuesta con particular claridad en marzo de 2026.

Según un memorando interno del Departamento de Defensa fechado el 9 de marzo de 2026, firmado por el Subsecretario Steve Feinberg y revisado por Reuters, el Pentágono ordenó formalmente la adopción del Maven Smart System, desarrollado por Palantir, como programa de registro oficial e institucionalizado en todas las ramas de las fuerzas armadas estadounidenses (Jeans, 2026). El memorando indica que el sistema proveería a los combatientes las herramientas necesarias para detectar, disuadir y dominar a sus adversarios en todos los dominios, y que la adopción debe completarse antes del cierre del año fiscal en septiembre de 2026 (Jeans, 2026).

El alcance de la decisión se entiende mejor al considerar que Maven ya era, en el momento de la firma del documento, el sistema operativo de IA primario del ejército estadounidense, el cual había llevado a cabo miles de ataques selectivos contra Irán durante las tres semanas previas (Jeans, 2026). El memorando no ordena entonces la incorporación de una nueva tecnología sino la institucionalización de una infraestructura ya operativa.


Ilustración | Asian Times

La trayectoria de Maven permite dimensionar la profundidad de esta integración. Según informa Reuters, Palantir desarrolló el sistema para servir al Project Maven, iniciado en 2017 como un programa de etiquetado de imágenes de drones. En 2024 el Pentágono otorgó a la compañía un contrato por hasta 480 millones de dólares para este proyecto, monto que en mayo de 2025 fue ampliado a 1300 millones (Jeans, 2026).

Maven, según describe la misma fuente, es capaz de analizar rápidamente grandes volúmenes de datos provenientes de satélites, drones, radares, sensores e informes de inteligencia, y de utilizar IA para identificar automáticamente amenazas u objetivos potenciales, tales como vehículos militares enemigos, edificaciones o depósitos de armas (Jeans, 2026).

La forma concreta en que esta capacidad se traduce en operación militar ha sido documentada por Haskins (2026), quien revisó demostraciones de software de Palantir, documentación pública y registros del Pentágono.

Según ese trabajo, Palantir integra sistemática grandes modelos de lenguaje (LLMs), incluidos Claude de Anthropic (aunque esto creó cierta tensión entre el CEO de la empresa y el gobierno norteamericano), así como versiones de los modelos de OpenAI y Meta, a través de su plataforma denominada Artificial Intelligence Platform, la cual opera como una capa de aplicación dentro de productos comerciales preexistentes de la compañía.

En una demostración pública del año 2023, un asistente de IA acompañó a un operador militar que monitoreaba actividad en Europa del Este durante el proceso completo de planificación de un ataque terrestre: el sistema generó alertas automáticas sobre actividad enemiga anómala, propuso opciones de reconocimiento mediante drones, ofreció en cuestión de segundos tres planes de acción alternativos para atacar equipamiento enemigo, y asistió en la generación de rutas y en la coordinación de medios de guerra electrónica. Una funcionalidad específica denominada AI Asset Tasking Recommender propone qué bombarderos y municiones asignar a cada objetivo identificado (Haskins, 2026).

Cameron Stanley, jefe digital y de IA del Pentágono, afirmó en una conferencia reciente de Palantir que Maven está siendo desplegado en todo el departamento, accesible para el Ejército, la Fuerza Aérea, la Fuerza Espacial, la Marina, el Cuerpo de Marines y el Comando Central de Estados Unidos, este último responsable de las operaciones militares en Irán (Haskins, 2026).

De acuerdo con Haskins (2026), Maven aplica algoritmos de visión computarizada a imágenes capturadas por activos espaciales como satélites para detectar automáticamente objetos identificados como sistemas enemigos, distinguiendo, por ejemplo, personas de vehículos. La consolidación operativa que esto implica es notable: el sistema unifica en una sola interfaz tareas que antes requerían flujos de trabajo separados, abarcando desde la detección hasta la priorización de objetivos y la asignación de armamento.


Ilustración | Ukranian Military Pages

Hasta aquí, una lectura superficial podría sugerir que se trata simplemente de modernización tecnológica, un capítulo más en la larga historia de la innovación bélica. La tesis de este artículo, sin embargo, es que la magnitud y el carácter de esta transformación son lo suficientemente sustantivos como para reactivar, en sentido herziano estricto, las lógicas de escalamiento que Herz identificó como propias de los sistemas anárquicos.

Para sostener esta afirmación es necesario explicitar tres dimensiones en las que la IA aplicada a defensa y operaciones militares altera las condiciones bajo las cuales opera el dilema clásico.

La primera dimensión es la de la velocidad. El Dilema de Seguridad herziano supone un ciclo de percepción mutua en el que cada Estado observa las capacidades del otro, evalúa sus intenciones probables y ajusta su propio comportamiento en consecuencia. Este ciclo siempre ha tenido una duración variable, pero hasta la incorporación de IA al ámbito militar permanecía ampliamente en manos humanas, lo que imponía un ritmo deliberativo mínimo.

Maven introduce una compresión radical de ese ritmo. La consolidación que describe Haskins (2026), por la cual el sistema unifica detección, identificación, recomendación de objetivos y asignación de medios en una única interfaz operada por un número reducido de analistas, transforma la temporalidad de la guerra. La velocidad con que esta arquitectura permite ejecutar acciones coordinadas no es una mera ventaja operativa: es un factor que altera la percepción de amenaza del adversario.

Un Estado que sabe que su rival puede pasar de la detección al ataque en minutos enfrenta presiones distintas de las que enfrenta uno cuyo rival opera en ciclos de horas o días. La consecuencia, en términos herzianos, es que la propia velocidad se convierte en una capacidad cuya posesión genera inseguridad en el otro y empuja a la búsqueda de capacidades equivalentes.

La segunda dimensión es la de la opacidad cognitiva. En el modelo herziano original, los Estados podían formar alguna idea aproximada de las capacidades militares ajenas a partir de inventarios materiales, ejercicios visibles o estimaciones de inteligencia tradicional. Una flota, un arsenal o una fuerza terrestre son entidades más o menos contables.

La claridad para la toma de decisión que aporta una plataforma como Maven es, en cambio, considerablemente más difícil de medir desde fuera, porque depende de la calidad de los datos integrados, del rendimiento específico de los modelos de lenguaje empleados y de la profundidad de la integración entre el sistema y los procesos de decisión humanos.

Esta opacidad agrava el dilema en lugar de atenuarlo: los Estados rivales no solo deben asumir que el adversario dispone de cierta capacidad, sino que potencialmente pueden tender a sobreestimarla, y contingentemente auditarla. La sobreestimación es, históricamente, uno de los combustibles principales del escalamiento herziano.


Imagen | The Economist

La tercera dimensión es la de la integración funcional entre detección, decisión y ejecución. Lo que describen tanto Burgess (2026) como Jeans (2026) no es una herramienta auxiliar dentro del proceso de mando, sino una arquitectura que reduce drásticamente la distancia entre la generación de información y la acción militar.

Cuando un mismo sistema detecta el objetivo, recomienda el medio para neutralizarlo y asiste en la planificación operativa, la cadena de decisión se vuelve más corta y más automatizada. Esta compresión es relevante para el dilema herziano porque modifica la naturaleza de las señales que un Estado puede enviar a otro. En el modelo clásico, los movimientos militares eran visibles y, por lo tanto, susceptibles de generar respuestas calibradas: una movilización de tropas, un ejercicio naval o un despliegue aéreo eran procesos lentos, costosos y observables, lo que permitía cierto margen para la lectura diplomática previa al choque.

En la arquitectura que habilita Maven, la actividad operativa puede iniciarse, escalarse y resolverse antes de que las señales lleguen a procesarse en la lógica diplomática tradicional, lo que aumenta el riesgo de espirales de respuesta basadas en información incompleta. La consecuencia es que el dilema, en lugar de operar sobre un horizonte temporal que admita la negociación, opera sobre un horizonte en el que la reacción tiene que ser tan rápida como la acción que la motivó.

Estas tres dimensiones permiten formular con mayor precisión la tesis del artículo. La aplicación de IA en seguridad doméstica, defensa exterior y operaciones militares no crea un nuevo dilema, pero sí reactiva el que Herz describió, porque modifica las variables que ese dilema utiliza para producir su efecto estructural. La velocidad acorta el ciclo de percepción y respuesta. La opacidad incentiva la sobreestimación de las capacidades ajenas. La integración funcional reduce el espacio para la deliberación humana entre detección y acción.

Cada una de estas modificaciones, por separado, sería relevante. Tomadas en conjunto, configuran un escenario en el que la espiral de inseguridad recíproca que Herz identificó vuelve a operar con una intensidad que la teoría clásica había asociado a momentos de máxima tensión sistémica, como el período de bipolaridad nuclear.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán en el primer trimestre de 2026 ofrece evidencia empírica de este proceso en acción. Maven no se incorporó después del comienzo de las hostilidades: ya estaba operativo y, según Reuters, fue parte de la infraestructura que permitió ejecutar miles de ataques selectivos contra objetivos iraníes en las semanas previas a la institucionalización formal del sistema (Jeans, 2026).

La decisión del Pentágono de elevarlo a programa de registro oficial, lejos de ser un movimiento técnico, debe leerse como una señal estratégica: una declaración de que esta arquitectura no es coyuntural sino que se convertirá en el eje permanente de las capacidades militares estadounidenses. Frente a una señal de ese carácter, los adversarios reales o potenciales de Estados Unidos enfrentan exactamente el tipo de presión que Herz describió: o desarrollan capacidades equivalentes, o asumen una desventaja estructural que se profundizará con cada iteración del sistema. Cualquiera de las dos opciones alimenta el ciclo.


Ilustración | The New York Times

La situación se complica adicionalmente por las tensiones internas a la propia cadena tecnológica que sostiene a Maven. Como reporta Reuters, una potencial complicación en la profundización de la adopción del sistema es precisamente su uso del modelo Claude de Anthropic, empresa que fue clasificada por el propio Pentágono como un riesgo de cadena de suministro en el marco de una disputa de varios meses sobre las restricciones de seguridad incorporadas a la IA (Jeans, 2026).

Este punto no contradice la tesis sino que la refuerza: el escalamiento herziano no requiere que las capacidades acumuladas estén perfectamente bajo control del Estado que las despliega. Basta con que existan, con que sean visibles para el adversario y con que generen percepción de amenaza. Las fricciones internas entre proveedores y compradores de la tecnología no atenúan ese efecto sistémico; en todo caso, lo vuelven más impredecible.

La velocidad operativa, la opacidad cognitiva y la integración funcional que sistemas como Maven introducen modifican las condiciones bajo las cuales los Estados se observan y reaccionan unos frente a otros, y vuelven a poner en movimiento la espiral de inseguridad recíproca que Herz identificó como propia de las configuraciones anárquicas. El Dilema de Seguridad no es, en este sentido, un esquema teórico anclado en el siglo XX que la tecnología contemporánea haya vuelto obsoleto. Por el contrario, es una herramienta analítica que recupera relevancia precisamente cuando la tecnología militar atraviesa transformaciones profundas, como la actual.

En consecuencia, se configura un escenario en el que la pregunta relevante para la disciplina ya no es si la IA tendrá impacto sobre las relaciones internacionales, sino qué tipo de espiral de acumulación está habilitando. El caso Palantir, observado a través del lente herziano, sugiere que esa espiral está más cerca de la lógica clásica de seguridad que de cualquier escenario inédito.

Lo que cambia no es la naturaleza del problema, sino el ritmo y la escala a la que se reproduce. Y mientras los Estados no encuentren mecanismos de coordinación capaces de operar a esa misma velocidad, la advertencia que Herz formuló hace más de setenta años seguirá siendo, en cada nueva iteración tecnológica, sorprendentemente actual.


Estanislao Molinas (Argentina): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Católica de Santa Fe, y columnista en Diplomacia Activa.

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