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Primera semana, primer conflicto

El año 2020 fue histórico, el 2021 dejó marca, y el 2022 no será excepción. Kazajistán se encuentra en la mira de ser un escenario conflictivo e inestable, el inicio de un año geopolíticamente caliente.

El domingo 1 de enero se dio un aumento en el precio del Gas Licuado de Petróleo (GLP) y, un día después, estallaron protestas a lo largo del territorio de Kazajistán. Estas se dieron principalmente en las ciudades de Zhanaozen, Almaty y Astaná (la actual capital del país, también conocida como Nursultán).

Hasta el martes 4 de enero, ya habíamos presenciado enfrentamientos armados, observado videos violentos y reportes de muertes, tanto policiales como civiles. Así también comenzó a viralizarse información sobre ciudadanos desaparecidos y detenidos.

En consecuencia de lo mencionado, el presidente Kassym-Jomart Tokáev hizo una declaración donde prometería una bajada del más del 50% del precio del GLP en la provincia de Mangystau y de esta forma amortiguar un gran sector de las protestas y los movimientos conflictivos que con mucha dificultad cesaban.

A partir de ese instante existió, aunque por unos segundos, un Kazajistán que apostaba a encontrar la estabilidad en los precios otra vez, la seguridad social y un cambio de paradigma en el escenario autoritario que ahora solo reflejaba la insatisfacción de la población hacia sus gobernantes.

El Estado de Emergencia

El presidente kazajo no tardó en reaccionar y tomar las medidas necesarias para comenzar a estabilizar el combate cuerpo a cuerpo que yacía en las calles de la capital. Aunque los movimientos se hicieron cada vez más riesgosos, es hasta el día miércoles 5 de enero cuando se pone en cuestión el límite a las fuerzas del orden público. A partir de ahí, se declara el Estado de Emergencia en varias partes del país. Los medios de comunicación internacionales comenzaron a reportar lo que estaba sucediendo desde el segundo día del año nuevo.

Uno de los momentos simbólicos de este recrudecimiento de las protestas es el derrumbe de la estatua del expresidente Nursultán Nazarbáyev, quien tuvo un rol protagónico en la independencia del país y que fue presidente antes de Tokayev (A quien muchos acusan de ser una marioneta manejada, justamente, por Nazarbáyev). La ciudad se vio transformada lisa y llanamente en un campo de batalla.

Los medios de comunicación fueron censurados y el Internet limitado para evitar el contacto entre los manifestantes. El uso de aplicaciones como WhatsApp, Tandem e incluso WeChat se vio ampliamente afectado.

Ayuda a la OTSC

El jueves 6 de enero, el Presidente pide ayuda a los países miembros de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva, conformada por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia, Kirguistán y Tayikistán. De inmediato tropas rusas fueron enviadas al país vecino y las fuerzas de seguridad –en un acto por demás cuestionable- dispararon contra los manifestantes.

“Hoy hice un llamamiento a los jefes de los Estados de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) para que ayuden a Kazajistán a superar esta amenaza terrorista”.

Vladimir Putin

Los principales causantes de los disturbios han sido considerados como terroristas entrenados fuera de las fronteras kazajas, acompañadas de injerencias externas, aunque sin un precedente o actor identificado en concreto. 

Pacificación

La semana finalizó con la emisión de una postura internacional por parte de Estados Unidos para pedir al gobierno kazajo que no use la fuerza de una forma desmedida contra los manifestantes, haciendo énfasis al mismo tiempo en que no tiene enlace alguno o directo hacia la causa de ninguno de los tipos de grupos involucrados hasta el momento.

La nación que alguna vez formó parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ahora presenta problemas individuales y la ayuda aún es inconclusa, pues tantos años han pasado desde que se ha vuelto a presentar un disturbio de esta magnitud y que despierta nuevos temas de debate: derechos humanos, democracia y la realidad de los kazajos.

Detrás del país más rico de Asía Central, se encuentra un disputa interna que va desde el actual presidente Tokayev y el “padre de la patria”, que gobernó desde la independencia del país hasta 2019, Nazarbáyev, hasta una geopolítica en la que Rusia sigue extendiendo su influencia por la región.


Ingrid Selene Fonoy Díaz (México): Traductora Jurídica y Financiera, Universidad del Valle de México. 

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