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Brasil, la democracia marchita

Cuando los gobiernos iliberales se quedan sin recursos, la mano dura siempre es el camino a elegir. Existe un temor latente de que el presidente Bolsonaro sea la introducción de otro triste capítulo en la historia del país latinoamericano, uno donde el orden se queda sin progreso.

Augusto Comte desarrolló el “positivismo” como una filosofía que justificaba los órdenes establecidos. El filósofo francés nos diría que “lo que es, es” o, en otras palabras, que los hechos son lo que son y no pueden ser de otra forma. Esto fue interpretado, a lo largo de la historia y por diferentes gobiernos, como la necesidad de mantener rígidos ciertos pilares socio-políticos que dieran una continuidad a los modelos de vida de la sociedad y cuando aquellos cambiaran, existiera toda una maquinaria para ponerlos en su lugar.

Así, una serie de líderes con base ultraconservadora y de características autocráticas, han nacido con fuerte apoyo popular durante la segunda década del siglo para reclamar el regreso de un orden que consideran natural, el de “dios, patria y familia”.

Brasil por encima de todo

Jair Messias Bolsonaro, un ex paracaidista identificado con el ala más radical del Ejército, gobierna Brasil desde 2019. Es el primer militar en llegar al Palacio de Planalto desde João Figueiredo, cuyo mandato marcó el fin negociado de 21 años de dictadura en el país.

Jair Bolsonaro cuando era oficial de paracaidistas.

Las crisis suscitadas durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, identificados con la centro izquierda, eclipsaron toda idea de que Brasil pudiera convertirse en una potencia. Hasta el momento se esperaba que el miembro del BRICS sea una pieza clave del multilateralismo, ganara un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, guiara diplomáticamente a los países de Sudamérica y siguiera creciendo fuertemente en términos económicos, dado que en 2011 disputaba el sexto lugar por PBI con el Reino Unido.

Con el Partido de los Trabajadores (PT) fuera de juego, solo hacía falta mover algunas fichas para que los mejores carros del carnaval sean de los militares y de los evangélicos. Tradicionalmente el Rey Momo se queda con las llaves de la ciudad pero ahora, con estos dos actores bailando samba, el custodio sería Bolsonaro.

Con la promesa de “liberar a Brasil del socialismo”, el mandatario ha impulsado una agenda nacionalista que pone a “Brasil por encima de todo” y a “Dios por encima de todo”. Proyectando valores conservadores, ha movilizado a generales retirados del Ejército, otorgándoles diez Ministerios de veintidós e incluso en la vicepresidencia en la que se encuentra el polémico Hamilton Mourão.

Quién tiene las armas es un asunto importante en un país con desequilibrios institucionales e identidades socio-políticas que buscan constantemente ganar poder con o sin democracia.

Una amenaza real

Recientemente José Sarney, Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva y Michel Temer, todos ex presidentes de Brasil, han alertado que la tercera democracia más grande del mundo vive su momento institucional más débil desde la dictadura militar.

Un mensaje filtrado de Celso de Mello, decano del Supremo Tribunal Federal, encendió las alarmas en 2020 cuando manifestó que los brasileños debían “resistir la destrucción del orden democrático para evitar lo que sucedió en la República de Weimar”, que fue derrocada por Hitler. Desde su llegada el ex paracaidista ha combatido los poderes de la República como la Justicia y el Parlamento, además de enfrentarse a la prensa y comunicarse directamente con sus seguidores a través de las redes sociales.

En el Día de la Independencia de Brasil, Bolsonaro ha convocado marchas en más de 60 ciudades del país para dar una muestra de fuerza y respaldo a su gobierno, tras la caída de su imagen por la gestión de la pandemia y en las vísperas del año electoral. Como menciona Janaina Figueiredo, “se instaló la sensación de que una hipotética ruptura del orden democrático es posible con el actual jefe del Estado y de que algo podría anunciarse este martes 7 de septiembre”.

“Hoy Brasil es gobernado por un líder populista que exacerbó la politización de las Fuerzas Armadas. Yo estoy dentro de los que creen que Bolsonaro es producto del partido militar y no al revés”.

Marina Vitelli, profesora de la Universidad Federal de San Pablo

En un proceso referido a “ataques a la democracia”, la Corte Suprema del país investiga al dirigente luego de llevar a la cárcel a varios de sus seguidores. En vistas de lo que sucedió en el Capitolio estadounidense el 6 de enero de 2021,  la justicia brasileña detuvo a militantes del presidente acusados de orquestar actos antidemocráticos.

¿Una democradura o una dictablanda?

Si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. Una democracia no es incompatible con un gobierno autoritario si esta no está regulada además por el equilibrio del poder, la participación de las minorías y el respeto a las libertades individuales.

Los términos clásicos como “democracia” o “dictadura” quedan pequeños ante una realidad tan compleja. Hoy no podemos encasillar lo que sucede en el territorio en una u otra. El presidente brasileño, electo por el pueblo, impulsa una agenda de descreimiento a esta forma de organización del Estado con la inclusión de militares amantes de la dictadura, la difusión de fake news, el apoyo de evangelistas y comentarios desconociendo elecciones futuras.

Las democracias liberales están en crisis con el asalto de líderes que ponen en duda sus valores. Así, alimentados por la impotencia y la fragilidad institucional, mandatarios como Jair Bolsonaro o Donald Trump lejos de establecer un orden, rompen los vínculos que dan forma a la sociedad para mantenerse en el poder.

“Todos los gobiernos autoritarios actuales fueron degradando poco a poco la democracia en el primer mandato y el desmantelamiento definitivo llegó en el segundo”.

Pedro Abramovay, director de Open Society para América Latina

La democracia marchita

No es el coronavirus la pandemia más peligrosa por la que atraviesa la humanidad. En todos los rincones del mundo conservadores populares están ganando terreno y, con ellos, los discursos identitarios nacionalistas, xenófobos y racistas que ponen a prueba una vez más a la ciencia, la razón y la libertad.

En el sistema internacional la llegada de estos liderazgos significa un duro golpe al multilateralismo y a la globalización como la conocemos. El realismo patotero que impulsan desde Brasilia o desde la Torre Trump hace que las relaciones internacionales entren en un lenguaje de conflicto, donde la rigidez y el descreimiento no le dan lugar a la cooperación.

Podríamos decir que la salida de Brasil va a ser decidida en las elecciones de 2022 por los ciudadanos, pero ese es un panorama muy alentador. Para que los países se recuperen de personajes como Bolsonaro va a pasar un tiempo porque no son ellos, sino las ideas que implantan en la conciencia colectiva las que hacen que las democracias estén marchitas. Si no hay progreso sin orden, no va a haber orden sin progreso.


Juan Cruz Zalazar (Argentina): Director de Diplomacia Activa, Analista en relaciones internacionales (Universidad de Congreso) y estudiante de Comunicación Social (Uncuyo).

El 7 de septiembre, 199º aniversario de la independencia de Brasil, es el día elegido por el presidente Jair Bolsonaro para hacer una exhibición de fuerza en las calles.

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