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Casa propia, techos dignos

El Estado tiene la responsabilidad de brindar acceso a una vivienda digna, pero ¿puede diseñar las políticas públicas necesarias? o ¿la grieta es la responsable de solo alcanzar viviendas marginales?

En diciembre de 2009 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley que imponía la urbanización de la Villa 31, que aún sigue esperando por materializarse. Imagen: EFE

El pasado 5 de mayo, el presidente argentino Alberto Fernández encabezó un acto en la localidad bonaerense de Ensenada, junto a otros dirigentes del oficialismo, con motivo del lanzamiento del Programa Reconstruir. El plan, puesto en marcha con la aprobación de la Ley de Incentivo a la Construcción Federal Argentina y Acceso a la Vivienda, está destinado a finalizar la construcción de 55 mil viviendas y es respaldado por una inversión de 110 mil millones de pesos (mil doscientos millones de dólares).

El acontecimiento dio mucho de qué hablar. No solo por sus implicancias políticas, sino porque durante y después del acto se viralizaron imágenes de la obra en construcción, seguidas de una catarata de críticas. Mientras que algunos rechazaron las decisiones tomadas con respecto al diseño de las viviendas, otros hicieron observaciones sobre la falta de alumbrado público y de planeamiento de árboles o espacios verdes, así como también sobre la inexistencia de veredas y calles. Incluso se llegó a ironizar la obra comparándola con viviendas de películas de ciencia ficción.

Muchos usuarios bromearon con la similitud del barrio de Ensenada con Abnegación de la película Divergente.

El programa, que tiene el objetivo de retomar las obras que no pudieron ser finalizadas durante la gestión de Mauricio Macri, recibió críticas debido al estado de la construcción, que comenzó hace 11 años pero se detuvo en el año 2015.

“Cada vez que vengo a estos barrios, muchas de estas casas quedaron prácticamente terminandas en el 2015, y me pregunto: ¿Cómo es que alguien no las terminó?¿Cómo fue que no se pensó en la necesidad de tantos de ocupar estas casas? No le encuentro respuesta”.

Alberto Fernández

Durante el acto, el gobierno criticó a la gestión de Macri refiriéndose a los “esqueletos” de las viviendas que habían quedado. El presidente argentino declaró que “nos llenaron el país de miseria y debilidad porque estaban convencidos que no era el Estado quien tenía que ayudar a aquellos que no tenían casa, que lo iba a hacer el mercado”.

Sin embargo, dos horas después del evento la oposición respondió a tales afirmaciones. El ex secretario de Viviendas de la Nación, Iván Kerr, salió a aclarar varias cuestiones: “las obras a las que se refirió el presidente hoy se acordaron en 2008, y se debían haber terminado mucho antes de diciembre de 2015 (…)”. Además, el funcionario sostuvo que “las viviendas tenían un avance financiero del 67,09% pero un avance físico del 47,77%. Por su puesto la obra estaba paralizada porque no tenía nada para certificar y un sobregirado avance financiero”.

«65% de jóvenes y niños por debajo de la línea de pobreza (y más de 50% de pobreza total).No es momento de politizar la pandemia ni de adelantar la campaña electoral. Ocupémonos de lo que le importa a la gente: la salud, el empleo, la inflación y la educación».

Rogelio Frigerio

¿Quién es responsable?

Ahora bien, antes de apuntar con el dedo, es importante definir qué es una vivienda. La vivienda es una unidad mínima de una ciudad que, como componente esencial en el crecimiento urbano, es un elemento fundamental para el desarrollo de sus habitantes.

Pero ¿qué pasa cuando es utilizada como instrumento de campaña? La realidad es que mientras se construyen imágenes de gobiernos responsables frente a los anteriores, los únicos perjudicados son los ciudadanos.

Cronología a lo largo de los años del avance de obra. Fuente: Twitter @alejandrocsome

Lo acontecido en el acto del 5 de mayo deja en claro que más allá de quién comenzó, continuó o frenó el proyecto, existe un problema estructural, de fondo que afecta la concreción de cualquier obra o edificación pública: la falta de personal idóneo que pueda llevarlo a cabo.

A esto debemos sumarle un factor que ha perjudicado a este sector: la corrupción, construida a través de la malversación de fondos, coimas y las licitaciones con sobreprecios. Y si además tenemos presente la falta de políticas de Estado, obtenemos como resultado funcionarios públicos que se apuntan con el dedo, exentos de culpa, de responsabilidad o compromiso para cambiar la realidad.

En la actualidad aún hay barrios y ciudades sin planeamiento, y viviendas sin terminar, lo que deriva en inconvenientes a la hora de brindar servicios y dificultad de acceso a un hogar digno. En este punto, entra en juego el concepto de “vivienda marginal”.

¿Por qué hablamos de este término cuando hay intenciones de finalizar obras públicas? Las imágenes del acto en Ensenada en realidad muestran la poca capacidad que tiene el Estado de responder al derecho que tienen los ciudadanos desposeídos al hogar.

La solución a las villas miserias no es encimar pilas de ladrillos y cemento sin tener en cuenta cuál es el verdadero concepto de vivienda. Tampoco lo es realizar barrios sin calles, veredas, vegetación, iluminación, cuando se trata de elementos fundamentales para la vida en sociedad. El diseño mostrado en fotos nos lleva a pensar que esas construcciones quedarán nuevamente apartadas de la ciudad y lejos de generar una comunidad, quienes las ocupen volverán a sentir la marginalidad de la que buscan escapar.

«Más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas. En 2050, esa cifra habrá aumentado a 6.500 millones de personas, dos tercios de la humanidad. No es posible lograr un desarrollo sostenible sin transformar radicalmente la forma en que construimos y administramos los espacios urbanos».

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Y aquí es donde surge la discusión. Según estimaciones de la Secretaría de Vivienda, el déficit habitacional es de 3,5 millones de viviendas. Uno podría confundirse y pensar que no hay recursos suficientes para generar la vivienda social que sí es posible ver en otros países, pero no nos dejemos engañar. A nivel arquitectónico, hacer estas construcciones implica un costo económico similar que hacer una vivienda de calidad espacial, para lo cual existen herramientas y profesionales con años de estudios que se encargan de buscar la mejor respuesta con un mínimo presupuesto.

En eso debería centrarse la vivienda social: brindar la mejor solución con el menor presupuesto posible. Existe gran cantidad de ejemplos a nivel global y diferentes formas de materializarlas. Uno de ellos es la propuesta del arquitecto chileno Alejandro Aravena, quien aplica el concepto de “vivienda progresiva” en la que el Estado construye un porcentaje y el resto se deja a cargo de los habitantes, que la terminarán de forma gradual y así los que menos recursos tienen pueden acceder desde un principio a una “media casa” pero con una gran calidad.

«La vivienda social requiere que se trabaje con calidad profesional, no con caridad profesional».

Alejandro Aravena

Por más complejo que parezca, estas alternativas no constituyen utopías. En Argentina existieron cuando el peronismo democratizó el acceso a la vivienda hasta la actualidad con excelentes ejemplos de las líneas de crédito PRO.CRE.AR en Salta, San Salvador de Jujuy, Puerto Madryn, entre otros.

Todo esto deja a la vista la falta de políticas públicas de vivienda y urbanismo a largo plazo, pero también la escaza conciencia a la hora de proyectar y de tomar decisiones sobre 3,5 millones de viviendas que se necesitan en nuestro país. Estos no son simples números, se trata de familias que no tienen su hogar.

Desarrollo urbanístico ubicado en Mendoza Capital. Foto: Valentina Marchetti.

Ahora es momento de preguntarnos: ¿Cuánto más tiene que pasar? ¿Cuánto más debe aumentar el déficit habitacional? ¿Cuántos más barrios como el de Ensenada tienen que realizar para que dejen de pensar en política y se empiece a pensar en la gente?


Valentina Marchetti (Argentina): estudiante de Arquitectura, Universidad de Mendoza.

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