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DIPLORAMA 73

“El 90 % de los países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno, y nadie se inmuta”

Nayib Bukele, Presidente de El Salvador

Edición N° 73

Trump y Putin se preparan para un té íntimo en Alaska, donde Ucrania será el elefante invisible de la sala. Netanyahu, mientras tanto, afila su plan para “proteger” Gaza ocupándola por completo, como si la historia no hubiera dejado lecciones. Y Bukele, en El Salvador, reescribe la Constitución como quien cambia el fondo de pantalla: a gusto, sin pudor y con pretensiones de eternidad. El mapa global se mueve entre negociaciones a puerta cerrada, invasiones anunciadas y democracias que se estiran… hasta romperse. En DIPLORAMA te lo contamos.


¿Sigue funcionando el teléfono rojo?

Luca Nava

Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska

Trump y Putin están al borde de un nuevo cara a cara. El presidente de los EEUU ha confirmado que la reunión se concretará el viernes 15 de la próxima semana en el Gran Estado de Alaska. Oficialmente, el objetivo es avanzar hacia el fin de la guerra en Ucrania. No obstante, el encuentro a puertas cerradas podría inaugurar una fase de negociaciones excluyentes, donde Kiev quede relegada a un rol secundario en decisiones que la afectan de forma más directa.

Putin, fiel a su estilo, mantiene una ambigüedad de laboratorio. Dice no oponerse a un encuentro con Zelensky, pero al mismo tiempo que “las condiciones aún están lejos de estar dadas”. Mientras tanto, el enviado de Trump, Steve Witkoff, sostiene un diálogo sostenido con Moscú, con el último encuentro durando casi 3 horas. El primer mandatario ucraniano, por su parte, es partidario de una cumbre trilateral y exige que Europa tenga un rol clave. Sabe que ser marginado en este momento es ceder no solo en lo territorial, sino también en el terreno simbólico. El presidente enfatizó la importancia de asegurarse de que Rusia no esté mintiendo con los detalles de un posible acuerdo para ganar tiempo en la guerra, e instó al diálogo con sus aliados para definir la postura regional, una postura y visión común europea.

Trump, sin embargo, parece decidido a avanzar incluso sin la participación ucraniana. “Haré todo lo posible para detener la matanza”, declaró. La línea dura de Washington, con figuras como Marco Rubio, advierte que aún hay demasiados obstáculos y que no hay garantías de que Moscú esté actuando de buena fe. Las amenazas de nuevos aranceles a quienes compren petróleo ruso —como China o India— suman presión, pero también riesgos de escalada global. El expresidente ruso Medvédev advirtió que el caso ucraniano podría llevar a Rusia y Estados Unidos a un conflicto armado.

La cumbre en Alaska marca un punto de inflexión: ¿Se abre una puerta para una paz justa o se consolida la diplomacia unilateral trumpista como la insignia de esta nueva era global, sin Ucrania, sin Europa y sin principios? La respuesta dependerá menos del protocolo que del equilibrio entre poder, presión y narrativa. Y, por ahora, ese equilibrio sigue peligrosamente inclinado hacia Moscú.

Para seguir el tema de la reunión Trump – Putin, te dejamos más información:



Control total

Marko Sal

Ilustración | AXIOS

Una decisión clave podría cambiarlo todo en los próximos días. Durante la madrugada del viernes, el gabinete de seguridad israelí aprobó el plan del primer ministro Benjamin Netanyahu para ocupar militarmente la Ciudad de Gaza, ubicada al norte del enclave palestino. Según fuentes gubernamentales israelíes, la medida deberá ser ratificada por el gabinete completo, que se reunirá el domingo 10 de agosto. Netanyahu ha argumentado que la medida es para mantener un perímetro de seguridad y establecer una administración civil alternativa que no esté vinculada a Hamás o a la Autoridad Nacional Palestina. De desarrollarse, la ocupación de la Ciudad de Gaza representaría la mayor escalada de Israel en su intensa campaña militar en el territorio palestino.

Distintos actores han reaccionado con rechazo a las declaraciones de Netanyahu. Hamás acusó que las declaraciones de Netanyahu “representan una clara reversión del proceso de negociación”. En Israel, el líder de la oposición, Yair Lapid, advirtió que esta decisión será un “desastre que llevará a más desastres”, mientras que multitudinarias protestas en Israel acusan al premier de utilizar el conflicto para su supervivencia política. En Europa, países como Reino Unido, Bélgica, España, Suecia y Finlandia manifestaron su desacuerdo. Particularmente, la decisión de Alemania de suspender la exportación de armas marca un punto de inflexión en la relación entre Israel y sus aliados occidentales.

En este contexto, un análisis publicado en febrero por The Lancet estima que la ofensiva israelí ha provocado la muerte de entre el 5% y el 10% de la población previa a la guerra —unos 2,2 millones de habitantes—, lo que equivale a un saldo de hasta 186 000 víctimas. Se trata de una matanza sin precedentes y del caso más letal en que una democracia occidental recurre al castigo de civiles como táctica de guerra, debilitando no sólo la legitimidad de Israel, sino también el valor mismo de la democracia. La intención de ejercer un control total sobre Gaza solo anticipa que la situación en el enclave empeorará.

Para dar seguimiento a los hechos, te compartimos las siguientes recomendaciones:


Bukele y su proyecto de permanencia indefinida

Juan Esteban Maggi

Ilustración | Klawe Rzeczy

El pasado jueves 31 de julio, Nayib Bukele volvió a dar la nota. Para sorpresa de nadie, en un tratamiento expedito por la Asamblea Nacional, el presidente de El Salvador (y su plataforma, Nuevas Ideas) logró una profunda reforma constitucional. Con el voto de 57 de 60 miembros del Poder Legislativo, la pequeña nación centroamericana extendió el período presidencial de cinco a seis años, eliminó la segunda vuelta electoral y garantizó expresamente la reelección indefinida. En un escenario post-liberal en donde el hegemón ya no distingue entre autocracias y democracias, Bukele decide cambiar las “reglas de juego” en miras a perpetuar su poder.

A este acto lo podríamos denominar como “manual latinoamericano para convertirse en una autocracia”. Hoy Bukele está siguiendo al pie de la letra los pasos de Venezuela y Nicaragua, porque sí… las dictaduras no distinguen entre izquierda y derecha. Al igual que en la nación de Ortega, el oficialismo en El Salvador quebró primero la independencia judicial y, mediante un fallo a medida, habilitó la reelección inmediata en 2021 que permitió a Bukele acceder a un segundo mandato. El siguiente paso previsible fue reformar la Constitución, consolidando un modelo de permanencia indefinida en el poder. Hoy el binomio Ortega-Murillo gobierna Nicaragua desde hace más de 18 años. 

Estamos ante una nueva modalidad de quiebre democrático. Ya no se trata, como en el siglo XX, de rupturas abruptas del orden constitucional, sino de una erosión paulatina y calculada de sus cimientos. Las instituciones no caen de un día para otro, sino que se desgastan, se vacían de contenido. La experiencia venezolana se anticipa como sombra del porvenir de El Salvador: captura total de poderes públicos, neutralización de la oposición y restricción absoluta de libertades. Aires bolivarianos y sandinistas soplan con fuerza en el corazón de Centroamérica.

Si quiere conocer más detalles, consultá las siguientes fuentes:


¿Tercera era nuclear?

En diciembre de 2024, el almirante Sir Tony Radakin, jefe de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, advirtió que los cambios en el equilibrio de poder global estaban sumiendo a la humanidad en una “tercera era nuclear”, concepto que exploramos esta semana.

A diferencia de las dos anteriores, esta nueva etapa se define por dilemas múltiples y simultáneos, la proliferación de tecnologías nucleares y disruptivas y la casi total ausencia de las arquitecturas de seguridad que alguna vez contuvieron la amenaza atómica.

Radakin describe un escenario en el que coexisten potencias autoritarias decididas a desafiar las reglas internacionales —como Rusia, China, Corea del Norte e Irán—, naciones responsables, en su mayoría democracias, comprometidas con la estabilidad global, y un tercer grupo de países que navegan entre ambos bloques para maximizar sus beneficios estratégicos.

Con conflictos activos en distintas regiones, la amenaza nuclear vive su momento más crítico en décadas. Y en la conmemoración de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, el recuerdo de aquella devastación vuelve a instalar en la conciencia colectiva el temor —y la urgencia— de evitar que la historia se repita.

En este contexto, las voces de quienes sobrevivieron a Hiroshima y Nagasaki cobran un peso renovado. Los hibakusha, testigos vivos de la devastación nuclear, encarnan una memoria que conecta pasado y presente, y que hoy dialoga con la evolución de la regulación atómica y el activismo por el desarme en tiempos de incertidumbre. Te invitamos a leer “La memoria de los hibakusha”, un recorrido por su legado y su vigencia en la tercera era nuclear.


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