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El memorando de Madeleine Albright

Por María Isabel Granados Pérez, Foreign Affairs Reads

En Memo to the President Elect, la ex Secretario de Estado, Madeleine Albright le escribe al futuro presidente de los Estados Unidos como quien deja instrucciones claras antes de entregar las llaves de una casa en ruinas: con sabiduría, franqueza y un toque de optimismo. Mezclando su vasta experiencia diplomática con una mirada crítica y esperanzadora, la ex secretaria de Estado ofrece un llamado urgente a recuperar la reputación global del país y a liderar con principios en tiempos de turbulencia. Es más que una carta: es una hoja de ruta para reconstruir el liderazgo perdido con cabeza fría y corazón firme.

Las cartas abiertas a los presidentes son un medio habitual para que grupos y particulares expresen su opinión, preocupaciones, recomendaciones o peticiones a sus mandatarios. Y aunque, están dirigidas a una sola persona — el presidente —, también se encuentran diseñadas para ser leídas y debatidas por un público más amplio, fomentando el diálogo, el debate y buscando ejercer una influencia política.

En uno de estos ejercicios, y a pocos meses de las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos, Madeleine Albright publicó Memo to the President Elect: How We Can Restore America’s Reputation and Leadership, una misiva dirigida a quien fuera llamado a ser el cuadragésimo cuarto presidente del país norteamericano.

Notoriamente, la autora, recurrió a su experiencia diplomática como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas (1993-1997) y también como Secretaria de Estado (1997-2001) del gobierno demócrata de Bill Clinton. Por lo que, Madeleine Albright, hizo público un “memorando” que, si bien estaba dirigido a la comunidad internacional en un sentido amplio, tenía como principal destinatario a la persona que sucedería a George W. Bush en la presidencia de los Estados Unidos.

Por lo que, Madeleine Albright, hizo público un “memorando” que, si bien estaba dirigido a la comunidad internacional en un sentido amplio, tenía como principal destinatario a la persona que sucedería a George W. Bush en la presidencia de los Estados Unidos.

A través de este documento, Albright, ofreció una serie de reflexiones estratégicas y recomendaciones en materia de política exterior y liderazgo global, con el propósito de orientar al próximo mandatario en los complejos desafíos del escenario internacional. Este llamado anticipatorio adquiriría particular relevancia al confirmarse que el sucesor sería Barack Obama, cuyo mandato marcaría un cambio significativo en la política exterior estadounidense.

Ahora bien, este manual de política exterior estadounidense, es mucho más que un listado de preceptos sobre el manejo institucional de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, pues evoca también un llamado para reavivar el compromiso de Estados Unidos con sus ideales fundacionales.

En un tono personal, el libro invita al próximo presidente a concentrarse en restaurar la reputación de Estados Unidos, entendiendo que su “derecho” a liderar ya no es ampliamente aceptado en el mundo. En consecuencia, este llamado va acompañado de una advertencia respecto de la hipocresía que cargan muchas de las decisiones de política exterior en las que Estados Unidos no practica lo que predica.

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Embajadora estadounidense, Madeleine Albright en el Consejo de Seguridad de la ONU, 1994.

¿Un memorando sin fecha de caducidad?

Como es recomendable para todo lector antes de abordar una obra, resulta pertinente comprender el contexto en el que fue escrito Memo to the President Elect. En el año 2008, el segundo mandato presidencial de George W. Bush se encontraba en su ocaso. Para ese entonces, Madeleine Albright llevaba casi ocho años fuera del Departamento de Estado, periodo en el cual se mantuvo activa en el ámbito del discurso político, publicó diversas obras y continuó pronunciándose sobre asuntos internacionales.

Es cierto que, Madeleine, tenía enfoques muy diferentes a los de George W. Bush respecto a la política exterior. Ya que, mientras ella era una defensora de las soluciones multilaterales y las instituciones internacionales, el presidente — en especial tras los ataques del 09/11 — era partidario de un enfoque más unilateralista respaldado en el uso de la fuerza militar.

Por su parte, la autora destaca y asegura en su libro, que la estrategia de lucha contra el terrorismo había erosionado el poder de Estados Unidos para influir en el mundo.  Y, según ella, esto fue el resultado de carecer de una estrategia coherente y no establecer una conexión clara entre los pasos dados y los resultados esperados.

En cualquier caso, fueron las diferencias con el presidente Bush las que llevaron a Albright a afirmar de forma inequívoca que el capital político de Estados Unidos se había “despilfarrado”, que el poder presidencial se había “malversado” y que, la diplomacia y el derecho internacional se habían dejado de lado en favor de la agresión y la intimidación.

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Hoy, las palabras de Madeleine Albright en su “memorando” pueden parecen algo ingenuas y extremadamente idealistas ante la realidad de un Estados Unidos alejado de sus aliados tradicionales, coqueteando con regímenes dictatoriales e implementando una política exterior errática y convulsa. Aun así, diez años más tarde, en Fascismo: Una advertencia, la ex secretaria de Estado reveló en un tono menos optimista sobre el futuro del país al referirse al presidente estadounidense Donald Trump, dejando claro que sus preocupaciones ahora no solo se limitaban al liderazgo y reputación de Estados Unidos sino a la supervivencia misma de los principios del Estado norteamericano.

En un extracto de dicho libro la autora sostiene:

“¿Y por qué en pleno siglo XXI volvemos a hablar de fascismo? Lo diré sin tapujos: una de las razones es Donald Trump. Si consideramos el fascismo como una herida del pasado que estaba prácticamente curada, el acceso de Donald Trump a la Casa Blanca sería algo así como arrancarse la venda y llevarse con ella la costra«.

Ya sea, porque Estados Unidos enfrenta desafíos similares a los de 2008 o porque los principios del “memorando” son esenciales para la diplomacia, el libro de Madeleine Albright sigue siendo relevante. Y aunque figuras como Bin Laden, Ahmadinejad, Chávez o Kim Jong-il ya no están en el escenario internacional, las recomendaciones plasmadas en dicho libro aplican igualmente a sus sucesores.


Un manual para diplomáticos y votantes.

El valor del presente libro no solo radica en las credenciales de quien lo escribe; aunque Albright no anda con rodeos. Cuando expresa su consternación y desacuerdo con las políticas exteriores de la administración Bush, la elegancia con la que lo hace resulta un refrescante recordatorio de una época en la que las formas tenían importancia en la política y la diplomacia.

Su disposición para convocar a acuerdos nacionales y la seriedad y prudencia para referirse a los asuntos más apremiantes que enfrentaba su país son un contraste absoluto con las publicaciones del actual presidente.

La experiencia diplomática y el conocimiento histórico de Albright son puestos a disposición de sus lectores en este libro que, aunque enfocado en la política exterior estadounidense, puede ser una guía en cualquier parte del mundo para quienes busquen dar el salto de un líder nacional a uno global, de un político a un estadista.

En otras palabras, aunque el paso del tiempo ha dejado obsoletos algunos pasajes del libro, las enseñanzas y recomendaciones de Albright conservan plena vigencia y parecen dirigirse implícitamente al actual inquilino de la Casa Blanca. Dicho de otra manera, este no es un texto que se detenga en debates teóricos sobre Relaciones Internacionales; de hecho, la autora se distancia de quienes intentan ubicarla dentro del paradigma realista versus idealista, admitiendo que “no sabe en qué categoría encaja”.

En definitiva, con la ventaja que ofrece la perspectiva histórica para evaluar los aciertos y errores de Albright, resulta indudable que tanto quienes aspiran a una carrera diplomática como quienes buscan criterios para valorar las propuestas de política exterior de un nuevo candidato deberían acercarse a este libro y, por un momento, imaginarse en la Oficina Oval. Y aunque, la autora ya se había retirado de la vida política, su obra no puede leerse sin considerar el contexto de la política bipartidista estadounidense y sus inevitables tensiones.


María Isabel Granados Pérez (Colombia): Negociadora Internacional de la Universidad EAFIT. Segundo Secretario de Relaciones Exteriores de la República de Colombia. Miembro de Foreign Affairs Reads.

Las opiniones expresadas en el documento son de responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan la posición del Gobierno de Colombia o del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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