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El Pepe Mujica: la lucha por el cambio

Por Ivana Patanè

«Tuve algunos inconvenientes, varias heridas y unos cuantos años de cárcel. En fin, cosas de rutina para quien decide transformar el mundo». De agricultor a guerrillero tupamaro, y de ahí a presidente del Uruguay, José «Pepe» Mujica será recordado como uno de esos líderes singulares que hacen del tiempo una celebración de la transformación y el cambio hacia la unión y la coherencia.

Imagen | iProfesional

José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como «Pepe», nació en Montevideo en 1935. De ascendencia vasca e italiana, fue el símbolo de la izquierda latinoamericana, una de las personalidades políticas más reconocidas en el panorama internacional por su pasado como guerrillero, por su inmensa humildad y su franqueza que fascinó a todo el mundo.

“Hasta aquí llegué” dijo el expresidente en una entrevista en enero, despidiéndose de sus compatriotas y de sus seres queridos. “Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a du descanso”. Fue con estas palabras tan lúcidas cómo Pepe Mujica contó padecer de cáncer en el esófago y que no tenía la intención de someterse a otros tratamientos más. Con su muerte se cierra un ciclo histórico significativo para Uruguay. La noticia de su muerte fue comunicada por el Presidente uruguayo Yamandú Orsi a través de la red social X.

Su trayectoria política nace hace medio siglo atrás cuando -en los años cincuenta- entró en las filas del Partido Blanco, el más conservador. Luego de esto, en 1962, ingresa al Partido Socialista de Uruguay. Sin embargo, ya en 1964, el joven Mujica empezó a luchar activamente en operativos guerrilleros en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) en Uruguay. Es importante aclarar cómo este pequeño país estaba viviendo su época más turbulenta en los años de la incipiente Guerra Fría.

Durante los años cincuenta y sesenta, el tejido económico y social de Uruguay se estaba deteriorando considerablemente y la política conservadora de sus líderes no daba respuestas concretas. La reconstrucción europea y el Plan Marshall, promovido por los Estados Unidos para proporcionar ayuda económica a Europa Occidental después de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, hicieron que el continente europeo se recuperara y cerrara sus puertas a productos extranjeros de materias primas, entre otros productos uruguayos, provocando un fuerte estancamiento productivo.

En respuesta a las distintas agitaciones de los sectores agroexportadores, durante la década de los sesenta, el país vio surgir movimientos armados de la izquierda más radical, entre los cuales se destacaron la Federación Anarquista Uruguaya, FAU, y los mismos Tupamaros, un tipo de guerrilla urbana, inspirada en la Revolución Cubana de 1959. Al mismo tiempo, organizaciones de ultraderecha, como el Comando Caza Tupamaros y la Juventud Uruguaya de Pie se insertaron en la lucha guerrillera para ganar pronto relevancia nacional.


Imagen | Infobae

En los años siguientes, el alboroto social y político de la época condujo al estallido de un sangriento golpe de Estado y la relativa instauración de una dictadura cívico-militar en 1973. Encabezada por Juan María Bordaberry, quien en 1971 fue elegido democráticamente para luego disolver el Parlamento y “reafirmar los principios democráticos”, la dictadura militar estuvo marcada por la prohibición de los partidos políticos, la represión de la libertad de prensa y de expresión, el terrorismo de Estado con la ausencia de los derechos fundamentales del hombre, las desapariciones forzadas y la tortura.

Sin embargo, ese tipo de dictadura encajaba perfectamente en las lógicas de la Guerra Fría latinoamericana, en coordinación con otras dictaduras militares, como la de Argentina, Chile y Paraguay, dentro de la tristemente famosa “Doctrina de Seguridad Nacional”.

Impulsada por los Estados Unidos, esta Doctrina servía para promover la acción de los militares con el fin de mantener una situación política estable frente a cualquier tipo de expansión y amenaza comunista en el subcontinente que pudiera desestabilizar las políticas internas de los países latinoamericanos.

Lo que los Estados Unidos querían evitar, en su lucha contra el comunismo internacional, era una “segunda Cuba”. Por otro lado, el activismo de Mujica como guerrillero lo llevó, poco antes del golpe militar, a participar activamente en la ocupación de la ciudad de Pando, en el Departamento de Canelones, en octubre de 1969. En este periodo, Mujica fue arrestado en muchas ocasiones para luego lograr evadir, en 1971, la cárcel Punta Carretas en Montevideo.

Después del golpe, el ex guerrillero transcurrió trece años en una prisión militar, condenado por un tribunal militar, donde estuvo en completo aislamiento. A pesar de ello, en 1985, con la transición democrática y con la Ley de Amnistía de delitos políticos y militares cometidos a partir de 1962, Pepe Mujica salió en libertad. En algunas ocasiones, él mismo recordaba esos años de aislamiento como instantes que forjaron su personalidad y su manera de ver al mundo.


Años después fundó el MPP –Movimiento de Participación Popular– de carácter progresista y antiimperialista, dentro de la coalición izquierdista del Frente Amplio. Es exactamente en los años de la transición democrática y en los años noventa en que Pepe Mujica empezó su verdadero activismo en el escenario político de su país, siendo electo diputado en 1994 y en 1999 senador.

Curiosamente, llegó a su primer día como senador vestido humildemente, en su moto, desde su chacra. Con el nuevo milenio, en 2005 fue nombrado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, cargo que mantendrá hasta las elecciones de 2009 cuando fue elegido Presidente de la República con casi el 55% de los votos.

El periodo de su presidencia fue caracterizado por una gran sobriedad y por las críticas a la sociedad del consumo que le valió la atención mediática en América Latina y en el mundo —destaca su discurso en la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible Río+20, en junio de 2012 donde criticó durante el consumismo de las sociedades capitalistas—. Efectivamente, el Presidente Mujica donó el 90% de sus ingresos para fines caritativos, rechazando además vivir en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, en Montevideo, prefiriendo vivir en su sencilla chacra junto a su esposa, Lucía Topolansky.

En política interna, destacan importantes logros como la legalización y el control de la marihuana para combatir el narcotráfico, en 2012 —que convirtió al país en el primer en legalizar este mercado—, del matrimonio igualitario y del aborto, transformando Uruguay en un modelo avanzado de democracia entre los países de América Latina.

En lo económico, discutió cómo resolver los problemas ligados a las propiedades de los grandes latifundistas y propició, además, un tipo de política económica que favoreció la expansión económica, la reducción de la pobreza y el desarrollo social del país con una fuerte presencia estatal — bajo esa política hubo una disminución de la tasa del desempleo del 5% y un incremento del salario mínimo de un 250%—.


Imagen | Getty Images

Por otro lado, su presidencia estuvo marcada por grandes cambios en el ámbito energético ya que el país se volvió completamente renovable. En política social, el Presidente logró lanzar su Plan de Integración Socio-Habitacional en 2010 con el objetivo de construir viviendas para todos los que no tenía un hogar donde vivir. Un plan que el mismo Mujica definió en muchas ocasiones como necesario.

En lo que concierne a los derechos humanos, importantes logros se obtuvieron en 2012 cuando el mismo Presidente, en un discurso en el Palacio Legislativo, reconoció la responsabilidad del Estado uruguayo en las severas violaciones a los derechos humanos perpetrados durante los años de la dictadura cívico-militar en Uruguay.

En contraste, la parte más conservadora y católica del país miraba con recelo y criticaba duramente las políticas progresistas del Presidente —en particular la liberalización del aborto— que convirtió el país en un laboratorio socio-político muy interesante para las relaciones internacionales. 

En política exterior, el presidente abogó por la integración regional, por la unidad y solidaridad latinoamericana al mismo tiempo que favorecía los intereses de su país —geográficamente estratégico—, frontera entre los dos gigantes sudamericanos, Argentina y Brasil.

Mujica concibió las fronteras como espacios para alentar la cooperación y la integración y no como límites que separan y alejan. Bajo su presidencia, las relaciones con su vecino argentino lograron mejorar, debido al caso de las plantas de celulosas instaladas en el río Uruguay entre 2005 y 2010 por Uruguay.

Asimismo, en diferentes ocasiones y entrevistas dejó claro sus ideales antiimperialistas, considerando el imperialismo como el único responsable de los conflictos internacionales pasados y presentes. Además, criticó la poca unidad latinoamericana y el poco peso internacional del continente debido a la falta de una conciencia latinoamericana.


Imagen | DW

Pepe Mujica fue también aquel presidente que mantuvo buenas relaciones diplomáticas con sus vecinos y con los Estados Unidos de Barack Obama, intentandolo acercar a la Cuba de los hermanos Castros. En un encuentro en el Despacho Oval en mayo 2014, el Presidente Obama quedó impresionado por el progreso en materia social y económica que el pequeño país suramericano estaba experimentando y por la increíble capacidad político-diplomático de su líder.

En América Latina, Mujica favoreció el diálogo político, proponiéndose como líder pragmático e idealista de América Latina, y mediador entre las FARC y el gobierno colombiano. Cultivó una relación cercana con sus vecinos latinoamericanos que miraban al Presidente como un modelo a seguir de la nueva izquierda latinoamericana, capaz de gobernar con humildad y dialogar con franqueza. En su primer discurso presidencial, Mujica llamó a la colaboración y al diálogo político en América Latina ya que consideraba esta parte del mundo como “un continente que intenta juntarse como puede”.

Por supuesto, la América Latina del siglo XXI es un continente que todavía está marcado por una serie de procesos pasados que han vuelto a resurgir: la violencia política, las migraciones internas, la pobreza crónica, y los nuevos desafíos en materia de cambio climático y la trágica deforestación.

Así como Mujica lo comentaba, el continente tiene que cambiar de rumbo y favorecer una solidaridad americana fuerte para poder progresar y encontrar su propio espacio y su propia voz en la política internacional. Sin embargo, hoy el continente está de luto y se une al dolor de una pérdida grande, de un hombre sencillo que dedicó toda su vida y toda su carrera política al bienestar de su país y de su gente, logrando unir a su pueblo —aún herido por la violencia del régimen militar— e intentando hacer lo mismo con América Latina.


Ivana Patanè (Italia): Estudiante de Relaciones Internacionales y Diplomacia, Universidad de Padova. Columnista en Diplomacia Activa.

Un comentario sobre "El Pepe Mujica: la lucha por el cambio" Deja un comentario

  1. Quisiera contactar a Ivana Patané para intercambiar experiencias sobre la dictadura militar en Uruguay. Soy un ex preso político que sufrió tortura, cárcel y exilio. Gracias.

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