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Philip Pettit: la libertad como no-dominación 

Por Agustina Miranda Giordano

Pensar en la libertad es un ejercicio complejo, mucho se ha dicho y muchos actos se han cometido en nombre de ella ¿Qué nos dice Philip Pettit sobre la libertad?

Ilustración | Adam Maida

En una de sus principales obras Republicanismo: una teoría sobre la libertad y el gobierno (1997), Pettit propone tratar de identificar los rasgos capitales de la libertad como no-dominación, esto es, ver qué implicaciones tiene la construcción de la libertad como ausencia de dominación ajena. En sus propias palabras, su libro es una exploración de lo que entrañaría una política (neo)republicana. De lo dicho se desprende que podemos ubicar al autor, en términos generales, en la línea de pensamiento republicana, y más concretamente, (neo)republicana

Cabe aclarar que el significado del término republicanismo ha ido evolucionando y modificándose en el tiempo, adquiriendo connotaciones variadas, según los contextos conceptuales y sociales en los que se inscribe. 

En términos generales, como doctrina filosófica y corriente de pensamiento político supone que el derecho y el gobierno deben servir a la res pública. Con res publica, los romanos destacaron la cosa pública, la cosa del pueblo, el bien común, la comunidad.

El concepto de república fue formulado en la Antigua Grecia por filósofos como Platón y Aristóteles, luego continuó en los pensamientos de Cicerón. El manifiesto tradicional y más conocido del pensamiento republicano se encuentra en los escritos de este último, quien definió una república como “la propiedad y el proyecto del populus, cuando las personas se unen en busca de la justicia y el bien común”.

Philip Pettit | Filósofo irlandés

Posteriormente, podemos ubicar al republicanismo como teoría política a fines de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, en el Renacimiento y, luego, en la Ilustración, en filósofos como Maquiavelo, James Harrington, John Adams, Montesquieu, Rousseau y Kant. Sin embargo, fueron los llamados “padres fundadores de los Estados Unidos” que defendieron y fundamentaron la república como forma ideal de gobierno. Más recientemente filósofos contemporáneos como Philip Pettit y Jürgen Habermas, entre otros, han renovado la concepción republicana de la libertad como no dominación con nuevas propuestas dirigidas a proteger a las personas de todo el mundo contra el poder arbitrario.

¿Por qué Philip Pettit?

Formula tres reclamos centrales de la tradición republicana, según Mortimer Sellers, y son, “que el gobierno debe servir al bien común; que ciertos arreglos institucionales harán esto último; y que la libertad será el resultado de aplicar el modelo republicano”. La teoría de Pettit se edifica principalmente sobre la concepción republicana de libertad: la libertad como no-dominación. En este sentido, es destacable el trabajo que ha realizado para formular filosóficamente su concepción de libertad y adoptarla como base de su teoría política.

La distinción entre libertad negativa y positiva ha hecho un mal servicio al pensamiento político, según el filósofo irlandés. Ha alimentado la ilusión filosófica de que, en términos generales, sólo hay dos modos de entender la libertad. 

“El primero, la libertad consiste en la ausencia de obstáculos externos a la elección individual; de acuerdo con el segundo, entraña la presencia, y normalmente el ejercicio, de las cosas y las actividades que fomentan el autodominio y la autorrealización, en particular, la presencia y el ejercicio de las actividades participativas y de sufragio, en virtud de las cuales los individuos pueden unirse a otros en la formación de una voluntad común, popular”.

Republicanismo: una teoría sobre la libertad y el gobierno | Philip Pettit

Siguiendo el hilo de esta argumentación, la distinción libertad negativa y positiva se ha nutrido un discurso histórico que ha ido de la mano de la dicotomía filosófica entre la libertad privada y la pública. En el fondo, estas contraposiciones filosóficas e históricas están mal concebidas y crean confusión. Pettit propone “un tercer modo, radicalmente diferente, de entender la libertad y las exigencias de la libertad”. Este tercer enfoque es el que describe como republicano, lo que él intenta es inscribir la libertad como no dominación y protección contra el poder arbitrario en el mapa histórico y filosófico.


Ilustración | Emmanuel Polanco

Pettit entiende que el poder arbitrario (arbitrium) incluye cualquier acción contra los “intereses e ideas” de aquellos que sufren interferencia, los individuos en situaciones de dominación, carecen patentemente de libertad. En este sentido, señala que no ser libre no consiste en no estar restringido; al contrario, la restricción de un sistema jurídico equitativo —de un régimen no-arbitrario— no nos privaría de libertad

En cambio, carecer de libertad consiste en estar sujetos a un tira y afloja arbitrario: “estar sujetos al arbitrio potencialmente caprichoso, o al juicio potencialmente idiosincrásico, de otro”.

“La libertad entraña emancipación de cualquier subordinación de este tipo, liberación de cualquier dependencia de esta clase. Exige la capacidad para sostenerles la mirada a nuestros conciudadanos, en el común bien entendido de que ninguno de nosotros goza de un poder de interferencia arbitraria sobre otro”.

Republicanismo: una teoría sobre la libertad y el gobierno | Philip Pettit

¿Qué significa la noción de dominación para Pettit?

La dominación, según el filósofo, acontece cuando “un agente domina a otro, si y sólo si tiene cierto poder sobre ese otro, y en particular, un poder de interferencia arbitrariamente fundado”. Esto es, tiene potestad sobre otro y esa potestad es arbitraria. Aunque la parte que domina será siempre un agente, puede tratarse de un agente personal, pero también de un agente corporado o colectivo. La dominación no es función del poder de un solo individuo. El agente dominado será siempre una persona individual o personas individuales, y a menudo la dominación puede ejercerse declaradamente sobre un grupo colectivo. 

En síntesis, hay tres aspectos a considerar en una relación de dominación, alguien tiene poder de dominación sobre otro, en la medida en que:  tiene capacidad para interferir, de un modo arbitrario, en determinadas elecciones que el otro pueda realizar


Ilustración | Adam Maida

¿Qué relaciones contemporáneas pueden ilustrar la dominación de alguien por otro? 

En su obra, Republicanismo: una teoría sobre la libertad y el gobierno, Pettit propone ejemplos para clarificar su planteo e indica que, además, todo ello conlleva efectos en las subjetividades y estatus de los individuos.

A falta de una cultura de los derechos de los niños y de salvaguardias apropiadas para defenderlos de abusos, los padres, o individual o conjuntamente, disfrutarán de un poder subyugador sobre sus hijos.

A falta de una cultura y de legislaciones basadas en derechos igualitarios -y, ciertamente, muchos otros factores estructurales de la sociedad patriarcal en la que vivimos- las mujeres sufren relaciones de dominación.

A falta de otras oportunidades de empleo y de los controles apropiados -de los controles, digamos, que un sindicato eficiente pueda garantizar-, los jefes y los ejecutivos disfrutarán de poder subyugador sobre sus trabajadores. 

A falta de poderes que hagan de contrapeso, los acreedores a menudo disfrutarán de poder dominador sobre sus deudores. 

A falta de posibilidades de apelación o revisión, los burócratas y la policía disfrutarán de poder sobre el público ciudadano. 

Y a falta de foros y procedimientos para abordar las quejas de las minorías, un gobierno mayoritario muy bien puede dominar a los miembros de los grupos marginados. 

Aquí el compromiso con estas problemáticas conlleva a que aparezcan preocupaciones institucionales comunes, como preocupaciones sobre el carácter del derecho y del estado, sobre los límites y controles que hay que poner a las autoridades públicas y sobre el cultivo de la virtud y la evitación de la corrupción. 

Hablando de relaciones de dominación, ¿qué está sucediendo con las colonias británicas tras la muerte de Isabel II?

La monarquía, como la concibe Pettit, es “poder arbitrario en manos de una persona individual; en el ejercicio del cual, ella misma, y no la res pública, es el objeto”.  Para que el poder del estado no sea ejercido arbitrariamente, lo que se requiere es que el poder se ejerza de manera tal, que atienda al bienestar y a la visión del mundo del público. Los actos de interferencia perpetrados por el estado deben seguirse de los intereses compartidos de los sujetos. 

Tras la muerte de Isabel II el pasado 8 de septiembre del corriente año, se ha reavivado el debate en torno a la monarquía y la república. Variadas son las posturas sobre lo que sucederá en el futuro próximo. Actualmente, el rey Carlos III es el monarca de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth of Nations), entre las que se incluye: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica, Bahamas, Granada, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tuvalu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Belice, Antigua y Barbuda y San Cristóbal y Nieves. 

Numerosos manifestantes se han expresado contra el rey Carlos III, como el caso de un hombre que se acercó y gritó: «Charles, mientras luchamos por calentar nuestros hogares, tenemos que pagar tu desfile». Mientras otra persona, contundentemente señaló que: “no creo que alguien deba nacer en una posición de poder para gobernarnos”. Estas tensiones vuelven a ponerse sobre la mesa para ser repensadas y tomar acciones frente a ello. 

El primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, anunció su intención de convocar un referendo para hacer una transición hacia un sistema puramente republicano. Mientras que, en el caso de Nueva Zelanda, la primera ministra, Jacinda Ardern, ha dicho que respalda la transición de su país hacia una república, pero la muerte de Isabel II no impulsará ese cambio durante su gobierno.

Respecto de las monarquías el filósofo irlandés indica que es necesario que el poder del estado no sea ejercido arbitrariamente, lo que se requiere es que el poder se ejerza de manera tal, que atienda al bienestar y a la visión del mundo del público,no al bienestar y a la visión del mundo de sus detentadores. Entonces, la libertad como no-dominación se nos presenta aquí como una condición en la cual la persona es más o menos inmune a interferencias arbitrarias.


Agustina Miranda Giordano (Argentina): estudiante de Profesorado de grado universitario y Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo.

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