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Conflicto en el corazón de Europa

Por Laura Esquivel Santos

Las recientes tensiones entre Serbia y Kosovo producidas por las nuevas medidas de matrículas y documentos transfronterizos ponen en evidencia la fragilidad política y sociocultural que aún existe entre ambos países y en la región. La OTAN advirtió que se encuentra preparada para intervenir en caso de que la seguridad en el norte de Kosovo se vea quebrantada.

Ilustración | Ana Paula Durán

Han pasado 14 años desde que los kosovares gritaran «¡independencia de Serbia!». El conflicto étnico entre serbios y albaneses, agudizado por la Guerra de Kosovo (1998-1999), sigue siendo motivo de enfrentamiento entre las dos naciones. Serbia, de mayoría cristiana ortodoxa, jamás ha reconocido la soberanía de Kosovo, en donde predominan los albaneses, en su mayoría musulmanes. La relación se ha deteriorado aún más por los diferentes intereses entre países, pues Serbia es respaldada por Rusia y China, mientras que Kosovo recibe el apoyo de Estados Unidos, ciertos países de la Unión Europea (UE), Canadá, Irán, Israel, entre otros.

Las tensiones aumentaron recientemente, cuando desde Pristina, la capital, se informara que a partir del 1 de agosto del año en curso dejaría de reconocer los documentos y matrículas serbias y entrarían en vigor las placas e identificaciones emitidas por autoridades kosovares. Esta decisión ocasionó que ciudadanos kosovares de etnia serbia salieran a protestar y a bloquear puntos fronterizos, ante lo cual se movilizaron en la frontera norte de Kosovo la KFOR (fuerzas de mantenimiento de la paz de la OTAN) y la policía. kosovar.

Tras la independencia de Kosovo, por la nueva delimitación de fronteras ciudadanos serbios pasaron a vivir en este nuevo territorio, mismos que continuaron utilizando documentos serbios, principalmente como una forma de negación de reconocimiento al nuevo gobierno de Pristina.

La situación escaló luego de que la policía kosovar afirmó haber recibido ataques con armas de fuego y de que surgieran informes en los que se anunciaba la presencia de tropas serbias en la frontera con Kosovo. Lo anterior fue negado por el Ministerio de Defensa de Serbia.

Mientras que Kosovo argumenta que su decisión de prohibir los documentos de procedencia serbia recae en un asunto de reciprocidad, puesto que Belgrado mantiene la misma medida para los kosovares que ingresan a este país, el gobierno serbio señala que esta decisión se debe a que Kosovo busca expulsar a los serbios de este país. Asimismo, Rusia aseguró que Kosovo está trabajando con sus aliados occidentales para discriminar y amenazar a la minoría serbia.

¿Qué escenarios podrían esperarse de la situación a un mediano y largo plazo?

Presencia e injerencia rusa

Este conflicto entre ambos países surge en un contexto de incertidumbre en la región, derivado de la invasión Rusia a Ucrania. Como se mencionó ya, Rusia es un aliado histórico de Serbia y le ha brindado asistencia por distintos medios a través de los años.

Así, las recientes tensiones con Kosovo podrían tomarse como una excusa perfecta para que Rusia expanda su presencia militar, o al menos su injerencia política, y se justifique en el apoyo a su cercano aliado, mismo que ha hecho en la región del Donbás, en Ucrania.

Deterioro de la relación Serbia-UE

Desde hace algunos años está en conversaciones la adhesión de Serbia a la Unión Europea. Si bien Belgrado ha mostrado mejorías en economía, inversión, finanzas, buena gobernanza e instituciones de gobierno, especialmente desde la década pasada, esto no ha sido suficiente. La Unión Europea todavía mantiene cierto escepticismo sobre la adhesión de Serbia por temas de democracia, libertades y nacionalismos, entre otros.

En el contexto de las tensiones actuales, distintas fuentes acusaron al presidente serbio, Aleksandar Vučić, de lanzar amenazas contra Kosovo y de promover mensajes nacionalistas, luego del anuncio por parte de las autoridades kosovares de las nuevas reglas para documentos de identidad y de matrículas. Lo anterior, aunado al temor de las conductas cada vez más autoritarias por parte de Vučić, ha ocasionado que la UE vea con desconfianza, una vez más, el papel de Serbia. Esto podría retrasar más la adhesión de Serbia a la UE, por ahora, y desde el 2012, con un estatuto de país candidato.


De igual forma, en esta serie de eventos con Kosovo, Serbia ha obtenido el apoyo de Rusia. Si este acercamiento, por ahora mediante comunicados, se intensifica, la UE podría advertirlo como un riesgo que, a futuro, supondría una amenaza a su seguridad, integración y a sus valores regionales.

Vale la pena mencionar que Serbia es el único país europeo, además de Bielorrusia, que no ha impuesto sanciones a la Federación Rusa por la invasión a Ucrania. Igualmente, en junio de este año Serbia y Rusia firmaron un acuerdo en el que Moscú garantiza el suministro de gas, sin interrupciones, al país balcánico por tres años. La Comisión Europea se pronunció al respecto, declarando que «los países candidatos, incluida Serbia, deben alinear progresivamente sus políticas hacia terceros países con las políticas y posiciones de la UE, incluso con medidas restrictivas»

La UE considera que ya son demasiadas las concesiones políticas por parte de Serbia a Rusia y el acercamiento reciente por los eventos en Kosovo no ha sido visto con buenos ojos. Así, la relación Serbia-UE podría menoscabarse paulatinamente si Belgrado continúa con estas decisiones, contrarias a los valores e intereses europeos.

Discriminación, racismo y xenofobia

Los serbios y los albaneses tienen un bagaje histórico en el que la violencia, la discriminación, el racismo y la xenofobia por cuestiones étnicas, religiosas y culturales han estado presentes por siglos. El ejemplo más evidente y conocido es la guerra de Kosovo, en la que ambas etnias cometieron crímenes atroces, una en contra de la otra.

Son pueblos altamente nacionalistas y protectores de su cultura, lo cual se intensificó con la disolución de Yugoslavia, la guerra de Kosovo y con la proclamación de independencia de este país. Incluso, con la relativa calma que se había vivido en los años anteriores, los serbios en Kosovo y los albaneses en Serbia continúan sufriendo de discriminación, pues el proceso de integración como ciudadanos dentro de los respectivos países no termina de concretarse. Sin mencionar, claro, la falta de sentido de identidad entre estos grupos étnicos y los recelos por los acontecimientos históricos vividos.

Ahora, ante la nueva ola de tensiones, los serbios perciben las nuevas medidas de Kosovo como discriminatorias, asunto que también argumentan los albaneses en Serbia. Si la situación escala, la discriminación, el racismo y la xenofobia podrían hacerse presentes y afectar, en particular, a la población migrante en ambos Estados. Desafortunadamente, esto con frecuencia es motivado por las mismas autoridades, lo que alimenta más el odio entre estos pueblos.

Por el momento, Kosovo aceptó recorrer la implementación de las nuevas reglas de documentos al 1 de septiembre, bajo la condición de que se restablezca la libertad de movimiento y que los bloqueos y barricadas impuestos por los manifestantes se eliminen. Se espera que la UE y Estados Unidos, a través de su embajador en Kosovo, faciliten el diálogo entre Serbia y Kosovo para una mejor comunicación sobre la situación y la normalización de las relaciones.


Laura Esquivel Santos (México): Licenciada en Relaciones Internacionales, especialista en Política y Seguridad Internacional, Universidad Anáhuac México Norte.

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