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¿Es viable dolarizar la economía argentina?

Por Julián Resentera Ficcardi

El economista libertario, Javier Milei, resurgió un debate que lleva décadas resonando en la mente de los argentinos como una posible solución al problema de la inflación.

Ilustración | Ingrid Fonoy Díaz

La dolarización en la política monetaria argentina volvió a ser un tema de intenso debate entre la ciudanía, por un lado debido a la gran demanda de dólares para conservar como “reserva de valor”, es decir como ahorro, y por otro lado como posible plan antiinflacionario en un contexto en donde el mercado espera que la suba generalizada de precios sea superior del 50% según estimaciones del Fondo Monetario Internacional. 

Los procesos inflacionarios en los últimos años se han intensificado. En los mandatos de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, las tasas inflacionarias se incrementaron de 10% a 25%. Posteriormente, en la administración de Mauricio Macri el alza de los precios superó el 35%, pero en los últimos años, el promedio de dicha tasa superó el 45%. Tantos años con elevada inflación y volatilidad en el sistema cambiario han impulsado distintas visiones acerca de cuál debería ser la solución al problema. 

Durante 2021, cuando la mayoría de las economías tuvieron deflación, en nuestro país el avance de los precios fue desorbitante. La situación actual es aún peor. En Argentina escasean dólares debido a las políticas restrictivas impuestas al comercio internacional y en este escenario, la inflación no para de subir a causa de que el déficit fiscal -es decir el exceso de gasto público- es constantemente financiado con emisión monetaria, lo cual termina reflejándose en la suba de precios. 


Ilustración | Lo Cole

Si bien la propuesta impulsada por Javier Milei parece tentadora para algunos y apocalíptica para otros, la realidad es que ya han habido países que han “dolarizado” sus economías tales como Ecuador, Panamá y El Salvador. Sin embargo hay que analizar cuáles son las ventajas y desventajas de dicho cambio radical en la política monetaria, y lo más importante de todo, ¿están dadas las condiciones para abandonar el peso?

Ventajas y desventajas

En primer lugar debemos mencionar que uno de los puntos negativos principalmente para los políticos, es que dolarizar implica renunciar al prestamista de última instancia, es decir, desaparece el Banco Central como prestamista para los desfasajes fiscales. La principal función que debería cumplir dicha institución es la de preservar el valor del dinero y garantizar la liquidez necesaria que requiera el sistema bancario. Este último se caracteriza por tener un sistema de encaje fraccionario, en otras palabras, los depósitos están prestados y así sucesivamente, reservándose los bancos una determinada fracción para emergencias o contingencias. El Banco Central de la República Argentina es la única entidad capaz de proveer liquidez a los bancos ante un posible pánico financiero que lleve al retiro masivo de depósitos del sistema, lo cual no podría realizarse bajo uno dolarizado.

El segundo inconveniente es que se pierde a la política cambiaria como herramienta amortiguadora ante cambios en la economía internacional (amortiguador externo). El tipo de cambio funciona como un mecanismo capaz de distinguir y separar a los precios domésticos o internos, de los precios externos o comerciables con el resto del mundo. Por ejemplo, un país exportador de recursos naturales o materias primas, ante una caída del precio internacional de las comodities, podría sufrir un déficit comercial. Dicho efecto puede solucionarse ajustando el tipo de cambio real, que influye en el precio de los productos transables (encareciendo los precios de productos importados y abaratando los exportables), acomodando de esta manera la “competitividad del país”


Ilustración | Trinh Nguyen

Por este motivo se dice que el tipo de cambio absorbe gran parte de los “shocks externos”. Una economía en donde el dólar es la moneda de curso legal sería incapaz de utilizar la política cambiaria para hacer frente a los shocks externos, ya que dependerá de las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos. 

El tercer punto a destacar es que tantos años de alta inflación ocasionaron una caída histórica en el salario real. Esto ha ocasionado que el poder adquisitivo de los salarios medidos en dólares es extremadamente bajo. Dicho de otra manera, la inflación licuó los aumentos salariales. «Al dolarizar la economía, no se podría lograr este efecto en tal magnitud, por lo que una posible consecuencia sería el despido”. Es por ello que un cambio de sistema monetario debería ser acompañado con una reforma del sector laboral.

Sin embargo no todo son desventajas. Una virtud de dolarizar la economía sería el “Fin de la Inflación”. Ante la imposibilidad de emitir dinero con políticas monetarias laxas, no se generaría excesos en la oferta de dinero que presionen los precios de la economía. Ya no existiría un sistema bimonetario (peso-dólar) por lo que el mercado de dinero encontraría un equilibrio, ya que desaparecería gran parte de la sociedad interesada en intercambiar su moneda por otra.

Ilustración | Carlos Waters

También es importante destacar que una de las ventajas más convenientes para la economía argentina sería la caída y estabilización de la prima de riesgo país.

“La inflación es un impuesto al pobre. Un impuesto que recauda el Estado, feliz, hasta que la gente “se aviva” y empieza a huir del dinero. Allí toda emisión se traslada a precios. A comprar lo que sea, dólares, latas de aceite, de tomate, todo lo que la gente estime pueda conservar el valor”.

Gustavo Lazzari, economista y profesor universitario.

La tasa de interés que se paga por los bonos nacionales contempla una prima de riesgo cambiaria, la cual es realmente elevada en Argentina debido a la devaluación constante del peso. Dolarizar la economía eliminaría este componente, lo cual abarataría el costo de endeudamiento internacional.

Por último, pero no menos importante, dolarizar implicaría una estabilización general de la economía, lo cual permitiría sentar ciertas bases para que la economía argentina retome un sendero de estabilidad y crecimiento. Eliminar la creciente inflación y el riesgo cambiario hace que el costo de financiar proyectos e inversiones disminuya de forma significativa, por lo tanto el crédito se “abarataría”, permitiendo a la economía iniciar distintos proyectos productivos e inversiones tanto nacionales como extranjeras con previsión a largo plazo.

A esta altura el lector podría estar preguntándose; ¿están las condiciones dadas para dolarizar la economía? y ¿cuáles son dichas condiciones? Debemos  entender a la inflación como una consecuencia y no como una causa de los males económicos que afectan a la Nación. 

Es el resultado no deseable del déficit fiscal, es decir lo políticos al no querer endeudarse con el resto del mundo y al no poder subir más los impuestos (ya que la economía no aguanta más presión tributaria) se ven tentados a utilizar al Banco central como “prestamista” y “emisor” de dinero que financiará un estado que gasta mucho más de lo que tiene. Por lo tanto una de las condiciones necesarias para dolarizar la economía es reducir el componente estructural de la inflación: el exceso de gasto público. Por último, pero no menos importante para dolarizar la economía hay que tener “dólares”, los cuales ingresan a través del comercio internacional, en la medida que el gobierno castigue a las empresas exportadoras, este será incapaz de favorecer la entrada de dólares. 


Ilustración | Lo Cole

En un mundo tan complejo y en constante cambio es crucial estar atentos a los shocks externos. La crisis ocasionada por la Guerra en Ucrania ha disparado los precios de las comodities y de la energía. Argentina tiene una oportunidad y un desafío, por un lado puede verse beneficiada por la entrada de dólares de las empresas exportadoras de granos y por otro lado perjudicada ya que es un importador de energía. La historia insta al país, en un momento de cambio de paradigma, a resolver de una vez por todas los grandes males que jamás pudo solucionar en los últimos 75 años: Inflación, falta de competitividad -como resultado de las retenciones al campo-, y un estado que gasta muy por encima de sus posibilidades


Julián Resentera Ficcardi (Argentina): estudiante avanzado de la licenciatura en economía, Universidad Nacional de Cuyo.

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