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Orwell, Foucault y el poder

Ciencia ficción y filosofía son dos géneros que a primera vista parecen opuestos, sin embargo ¿Qué nos pueden decir sobre la realidad? ¿En qué puntos convergen?

Con el objetivo de establecer un diálogo entre ellas, hablaremos de Michel Foucault, pensador francés que nació en 1926 y casualmente murió en junio de 1984, mismo año que la novela de ciencia ficción que abordaremos, 1984 publicada en 1949 por George Orwell.

No es posible afirmar que en Foucault encontraremos una doctrina en el sentido tradicional de los términos. El pensador francés aborda las prácticas sociales puesto que estas son producto de los saberes, pero también se constituyen como el empuje para nuevos saberes y nuevas prácticas. Se trata de estudiar la compleja y amplia red de fuerzas que se mueven en varias direcciones, por debajo, por delante y por detrás nuestro y que no siempre advertimos tan fácilmente.  

Las investigaciones histórico-críticas de Foucault apuntan a ciertos dominios o conjuntos prácticos que dependen de tres órdenes: las relaciones de dominio sobre las cosas (saber); las relaciones de acción sobre los otros (poder); las relaciones con uno mismo (ética).

Algunas claves del análisis foucaultiano sobre el poder

En primer lugar es necesario indicar que no encontramos en la obra de Foucault una teoría sistemática del poder, sino que sus trabajos se orientan al análisis, mayormente, histórico sobre el funcionamiento del poder. En segundo lugar tenemos que tener en cuenta que la cuestión del poder es abordada desde diferentes ángulos, por lo que se trata de una temática que el pensador retoma y reformula a lo largo de su recorrido intelectual. 

En este análisis del poder sus interlocutores teóricos son particularmente, Hobbes (la soberanía), Marx y Freud (la represión). El concepto de poder que emplea Foucault presenta un viraje respecto de la tradicional visión institucional y jurídica, pues comienza a abordarlo en términos de tecnologías, dispositivos, estrategias y prácticas. Es por ello que plantea la pregunta por el poder, pero no simplemente qué es el poder, sino que indaga, “¿Cuáles son, en sus mecanismos, en sus efectos, en sus relaciones, estos dispositivos de poder que funcionan, a distintos niveles de la sociedad, en sectores y con extensiones tan distintas?”.

El poder no es ‘algo’, una sustancia o una propiedad de sujetos, no es un objeto que se posea o que se imponga. El poder no se contenta con proclamar soberanía en un sentido posesivo. En principio, Foucault ve el poder en todo tipo de relación y toda relación consiste en un juego de fuerzas que luchan entre ellas.

“La apropiación y el poder no se cambian ni se retoman, sino que se ejercitan, no existen más que en acto […] el poder no es principalmente mantenido ni reproducción de las relaciones económicas sino ante una relación de fuerza.”

Michel Foucault

La pregunta básica tiene que ver con que si el poder se ejerce, entonces ¿Qué es este ejercicio? ¿En qué consiste? ¿Cuál es su funcionamiento? El poder no es algo fijo, sino que se mueve, circula, funciona y atraviesa todo el cuerpo social. Esta dinámica y mecánica disemina sus efectos y los expande a tal punto que constituye redes conformadas de cruces de saberes, instituciones, prácticas, estrategias y técnicas.

“No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular […] el poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos”.

Michel Foucault

En términos de imagen espacial, Foucault opone a la visión descendente clásica una visión ascendente: el poder funcionando desde sus extremidades, desde abajo, se sitúa desde los límites. Por lo tanto, se trata de ascender desde sus mecanismos capilares y sus efectos, los cuales se van desplazando y extendiendo en mecanismos cada vez más grandes y globales. 

En vistas a ampliar su investigación, la indagación del sociólogo francés se aparta de la concepción jurídica o del derecho ya que esta línea le resulta insuficiente para comprender los mecanismos del poder disciplinario. Resulta válido para él comprender el poder desde la represión, como su efecto más evidente. Este aspecto da lugar a fenómenos de: sujeción, prohibición, represión, exclusión y sometimiento. 

Desde una función positiva, se delata que el poder “produce”, y, mediante sus mecanismos, controla, vigila, disciplina, normaliza y, produciendo y organizando eficientemente las fuerzas a las que somete. La función positiva en su carácter de red productiva le otorga al poder, la fuerza de agarre, de omnipresencia y de pervivencia. 

El panóptico, arquitectura del poder

El panóptico fue propuesto por Bentham -hacia fines del siglo XVIII- como un modelo diseñado para optimizar la vigilancia en las cárceles. Sin embargo, esta institución se extiende más allá de las prisiones hacia ámbitos como aulas, hospitales, casas, fábricas, entre otros.

“El esquema panóptico, sin anularse ni perder ninguna de sus propiedades, está destinado a difundirse en el cuerpo social; su vocación es volverse en él una función generalizada”. Es decir, sus mecanismos fueron extrapolados, trascendiendo los muros y adaptándose a espacios en los que no rige necesariamente la norma del encierro.  

Foucault afirma que con el panóptico hay una vigilancia mediante la cual se busca reconstruir a alguien, mejorarlo, por lo cual, es preciso vigilar a los individuos continuamente. Esta permanente observación produce saberes sobre los individuos. Surge un saber de vigilancia organizado en torno a la norma para controlar a los individuos. 

Es aquí donde sitúa la base del poder, la forma del saber-poder que luego dará lugar a las ciencias humanas: la psiquiatría, la psicología, la sociología, la pedagogía, la criminología, entre otras. Estas ciencias buscan detectar la anormalidad y trabajar sobre el individuo para que pase a ser parte de la masa, de la totalidad de los individuos que pueden ser controlados. Es decir, se estructuran en función de lo que es establecido como normal o anormal, lo correcto e incorrecto. 

De este modo, el discurso aparece como una de las producciones del poder, al igual que el saber y la verdad. El saber y el poder aparecen mutuamente imbricados. El ejercicio del poder crea perpetuamente el saber e inversamente, el saber tiene efectos de poder.

El Gran Hermano te vigila

La trama de 1984 se desarrolla en Oceanía, lugar dominado por un gobierno totalitario que controla y vigila permanentemente a sus ciudadanos. Winston Smith -el protagonista principal- trabaja en el Ministerio de la Verdad, en una constante revisión y reescritura de la historia para adecuarla de acuerdo con las exigencias del Gobierno.  

En la novela los individuos aun cuando no se encuentren sujetos a un confinamiento obligatorio, viven aislados y en soledad, sometidos diariamente a la mirada omnipresente del “Gran Hermano”, quien observa desde los ojos de los carteles y las pantallas sus vidas y sus pensamientos. Esta vigilancia constante es una característica fundamental de la mecánica de la sociedad, ya que mediante estas prácticas se moldea cualquier forma de interacción de los individuos consigo mismos y con los otros/as.

Aquí la dinámica del poder tiene como principal mecanismo la represión. En este punto podemos vislumbrar los dos aspectos del análisis del concepto foucaultiano. Para que el engranaje de la sociedad funcione es necesario no sólo gobernar a los ciudadanos, sino crear y dar forma a quienes se gobierna, lograr que su existencia misma sea imposible fuera del marco que se impone. 

Ilustración: Lesley Barnes

Orwell nos visibilizó narrativamente evidente lo que Foucault nos descubre con la idea del Panóptico. El poder se expande y avanza, instalándose profundamente en cada uno de los habitantes. La figura del “Gran Hermano” adquiere ojos y brazos ejecutores que se ramifican, llevando su mirada hacia los espacios más capilares de la sociedad. El objetivo perseguido es el cuerpo y la mente misma, el control absoluto de cada gesto, postura, movimiento, emoción y hasta incluso, actos reflejos.

El poder de la mirada aquí juega un papel fundamental, la diferencia entre los campos de visión es evidente, como sucede en el panóptico, “Es visto, pero él no ve; objeto de una información, jamás sujeto en una comunicación […] el efecto mayor del Panóptico: inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder”.

Como mencionamos el poder produce saberes y discursos, en la novela esto adquiere clara forma en el trabajo de Winston creando falsas realidades. La tarea consiste en destruir todo tipo de registro histórico que no sea favorable para el discurso del Partido. Este proceso de destrucción es concebido como una rectificación donde el pasado es puesto al día constantemente.

Nos movemos en un nivel donde se generan discursos y se consolidan saberes que pretenden ser absolutos, que no dan lugar a la duda, el reparo, ni a la sospecha. Se consolida así un discurso hegemónico donde hay una sola lectura posible de la realidad.

“Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común […] Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que, el pasado no puede ser alterado. ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?”.

George Orwell

La vigilancia es llevada al extremo con la manipulación del lenguaje. El manejo del idioma por parte del Partido -la neolengua- resulta fundamental para impedir el ejercicio del pensamiento. Un habla vacía y superflua limitada a las fronteras de la neolengua elimina la posibilidad de un pensamiento disidente, una reflexión que habilite al diálogo, a la duda y a la sospecha.

Capítulo final

Lo que persigue el pensador francés es sacar a la luz esas instituciones de encierro, lo normalizado, la disciplinarización de las mentes y los cuerpos. Visibilizar prisiones, hospitales, escuelas, talleres donde operan las relaciones de poder que son constituyentes de una determinada subjetividad. El poder “productor” de efectos, mediante diversos mecanismos, consiste en conducir, facilitar, limitar, apartar e impedir conductas. Se trata de un poder que teje redes constituyendo subjetividades, ciencia, saberes y verdad(es).

A su vez, leemos en 1984, novela caracterizada como ciencia ficción o utopía negativa, una cercanía a nuestras experiencias que resulta inquietante. Ciertamente, esta novela puede ser leída como un diagnóstico y una descripción del presente. El libro más que profético da la impresión de narrar una historia que ha tenido lugar, como afirma Umberto Eco: “Lo que hace Orwell no es tanto inventar un futuro posible pero increíble, cómo realizar una labor de collage sobre un pasado absolutamente creíble porque ya ha sido posible”.


Agustina Miranda Giordano (Argentina): estudiante de Profesorado de grado universitario y Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo.

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