Saltar al contenido

Elecciones históricas en Perú

Este domingo 6 de Junio los peruanos acudirán una vez más a las urnas, esta vez para decidir al próximo presidente del país. La elección está fuertemente polarizada entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Pedro Castillo. Desde Diplomacia Activa analizamos los puntos claves de esta elección que definirá la vida de los ciudadanos andinos para los próximos años.

Como hemos mencionado, ambos aspirantes se enfrentan en una “segunda vuelta” (o ballotage como es conocido en otros países), donde la elección se encuentra definida entre alguno de los más votados en la primera, pero ¿qué sucedió el 11 de abril?

El 11 de abril de este año se realizó en Perú la primera vuelta de las elecciones presidenciales, donde además se elegirían 130 congresistas. Si bien la concentración de votos en los partidos más populares era de esperar, lo cierto es que no hubo casi evidencia de esto, distribuyéndose los votos entre varios partidos y dejándolos muy cerca entre sí. Esta situación se dio debido al gran abanico de posibilidades a la hora de sufragar, pudiendo elegir entre 18 candidatos diferentes. Los resultados se dividieron y dejaron como al más votado a Pedro Castillo con el 19% mientras que Keiko Fujimori, en segundo lugar, reunió el 13%. Por otro lado, cerrando las dos cifras se posicionaron López Aliaga y De Soto, con el 11,69% y el 11,59% respectivamente.

Tan reñida batalla electoral y con tal distribución en los votos tiene sus consecuencias. ¿Cuáles? Pues, el Congreso ha quedado fraccionado de tal forma que sea quien sea la persona electa, le supondrá una gran dificultad para gobernar, teniendo que conformar coaliciones para hacer el trabajo más ameno y, como es de esperar, abriendo el partido y “debiéndole” a los mismos más de lo que están dispuestos a ceder.

Sebastián Castaneda/Reuters

La lucha electoral está caliente, pero la calle lo está aún más. Durante las últimas semanas se han llevado a cabo marchas multitudinarias contra la ex congresista y actual candidata a la presidencia. Bajo el lema “Keiko no va”, “Corrupción nunca más” y “La sangre derramada no será olvidada”, los opositores han salido a las calles de Cusco y Lima, buscando evitar lo que para ellos sería una continuación del gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), su padre. En el caso de imponerse este domingo tendrá que hacer frente, además de una delicada situación sanitaria, a la tensión social que no muestra señales de apoyo.

¿Quiénes son los candidatos?

En un extremo tenemos a Pedro Castillo por el partido Perú Libre, que él mismo cataloga como de “izquierda marxista”. Su aparente humildad y su cercanía con el pueblo de la zona andina lo han hecho ganar adeptos entre los sectores populares y quedar firme como el más votado, aunque sin conseguir los votos necesarios para ser elegido en primera ronda.

En su temario asoman ideas como la de realizar un nuevo proceso constituyente con el fin de dejar sin efecto la Carta Magna de 1993, la cual ha sido fuertemente criticada. Por otro lado, en cuanto a la economía, busca aumentar el presupuesto asignado a las zonas agrícolas y a la educación, así como renegociar la distribución de utilidades con las empresas mineras y apuntar a una protección seria del medioambiente. Todas estas propuestas confluyen en una idea económica general, el paso de una “Economía Social de Mercado” a una “Economía Popular con Mercado” y la estatización de sectores claves de la producción. En cuanto a lo social es un acérrimo “defensor de la vida”, estando en contra del derecho al aborto y oponiéndose también al matrimonio igualitario.

Fotografía: Sebastián Ochoa

En cuanto a su experiencia en la política se la puede catalogar como nula. Castillo nació en Cajamarca, un pueblo en las sierras del norte del territorio, donde se desempeñó como “rondero” (miembro de organizaciones comunales de defensa) y desde 1995 como profesor de enseñanza primaria. Su giro a la vida política se dio en el año 2017 cuando protagonizó una huelga de 45 días junto a profesores de distintas regiones del país. Ya para 2020 anunció su candidatura a Presidente, aunque ni el más optimista dentro del partido esperaba tan buenos resultados. Cabe destacar que, con o sin intenciones de deslegitimar su lucha, fue vinculado a miembros del MOVADEF, brazo político del grupo terrorista peruano “Sendero Luminoso”.

En el otro extremo encontramos a la derecha populista de Keiko Fujimori. Con más experiencia en la política que su contrincante ya que ocupó el puesto de Congresista por Lima Metropolitana en el periodo 2006-2011 y sumado a que su padre, como se mencionó con anterioridad, es Alberto Fujimori quien dirigió al país durante la década de los ‘90.

En el año 2010 se convirtió en la representante de Fuerza Popular, y trató de conseguir el poder y reestablecer la dinastía Fujimori en dos ocasiones. En 2011 se presentó como candidata pero fue derrotada en la segunda vuelta frente a Humala. Intentó nuevamente dicho logro en 2016 y estuvo cerca de conseguirlo. Con casi el 40% de los votos dobló al segundo, Pedro Kuczynski, pero no le alcanzó para obtener la mayoría requerida y ganar en primera ronda. El representante de Peruanos Por el Kambio tomaría ventaja en la segunda vuelta y con un resultado sumamente ajustado sobrepasaba a su contrincante, quien caía una vez más en la última instancia. Este año intentará por tercera vez conseguir la presidencia en medio de críticas, acusaciones por corrupción y un pedido por parte de la Fiscalía de 30 años de prisión por supuesto lavado de activos en la causa Lava Jato, provenientes de la empresa constructora brasileña Odebrecht.

Keiko Fujimori tiene la oportunidad única de tomar el poder a través de elecciones limpias y de contar con una ancha base social y popular para hacer las reformas necesarias que conviertan al Perú en un país justo, libre y moderno y le devuelvan el liderazgo que alguna vez tuvo en el pasado de América Latina”.

Mario Vargas Llosa para La Nación.

Dentro de su programa electoral buscará mantener y afianzar la Constitución realizada bajo el mandato de su padre. Además de haber mostrado una firme postura contra el aborto y la eutanasia, ha apoyado la aprobación de la unión civil de personas del mismo sexo. Desde el punto de vista económico busca implementar realmente la “Economía Social de Mercado” que incentive el trabajo formal y el desarrollo, y expresó la necesidad de encontrar un equilibrio entre la agricultura y la minería. Por último, si hablamos de seguridad, propone un término nuevo y llamativo, la “demodura”, una democracia donde se maneje todo lo correspondiente a la seguridad con mano dura por parte de los poderes del Estado.

Debate en Chota

De forma poco convencional y casi en lo que podríamos catalogar como una pelea de chicos, Fujimori y Castillo se retaron a un debate no oficial y fuera de lo que estipula la ley. El segundo puso como condición para su realización que se llevara a cabo en Chota, una ciudad cercana a su pueblo natal y donde cuenta con gran apoyo, a diferencia de su opositora que está completamente alejada de los sectores rurales. El encuentro improvisado no tuvo mayores sobresaltos y, como era de esperar, se mostró la cercanía de aquel para con ese sector.

El debate oficial se realizó el domingo pasado, una semana antes de la segunda vuelta, en la ciudad peruana de Arequipa. Duró poco más de dos horas y media, y no tuvo gran impacto en los indecisos, según explicaron politólogos peruanos. En el mismo se trataron seis ejes fundamentales: Perú del Bicentenario; salud y manejo de la pandemia; economía y promoción del empleo; educación, ciencia e innovación; lucha contra la corrupción e integridad pública; y derechos humanos, políticas sociales y atención a poblaciones vulnerables.

La postura de ambos durante la confrontación fue completamente distinta; mientras Keiko se mostró plenamente confrontativa y acusativa, el candidato de izquierda no cedió ante las acusaciones, a las que contestó de forma pacífica y sincera.

Fuente: El Comerciante

La peor crisis de las últimas décadas

Un poco de contexto nos ayudará a comprender mejor con lo que se enfrentará quien asuma el alto cargo. La pandemia hizo estragos y Perú no se vio exceptuado. Se optó en su momento por un confinamiento estricto que sumió a la economía en una profunda recesión dentro de un contexto donde toda América Latina ha presenciado un grave estancamiento, siendo la región más desigual del mundo. Es una de las crisis económicas y sociales más fuertes que se ha experimentado, dejando expuesta a simple vista las deficiencias y debilidades del país.

La política y las instituciones fueron muy golpeadas este último tiempo. Un noviembre sombrío tocó vivir a los peruanos el año pasado cuando en tan solo en una semana tres personas diferentes ocuparon el cargo presidencial al declarar el Congreso la permanente incapacidad moral de Martín Vizcarra por presuntos casos de corrupción durante su gestión como gobernador regional de Moquegua, convirtiéndose en el tercer mandatario sujeto a esta acción y con este resultado luego de Guillermo Billinghurst (1914) y Alberto Fujimori (2000) —que ni más ni menos se encuentra cumpliendo hoy una condena de 25 años de prisión por violación de los DDHH durante su gobernanza y malversación de fondos públicos; y su hija ha afirmado abiertamente que lo indultará en caso de llegar al poder—. El propio Vizcarra ya había enfrentado otro juicio político unos meses atrás sin el apoyo suficiente para destituirlo. Así es que fue sucedido por Manuel Merino quien estuvo en el poder tan solo 5 días (del 10 de noviembre al 15 del mismo mes), debiendo renunciar por el gran repudio recibido y extensas protestas en su contra que terminaron en tragedia con dos muertes al ser reprimidas aquellas, y numerosos heridos y desaparecidos. Tras la vacancia, listas rechazadas y una Mesa Directiva sin conformar, Francisco Sagasti asumió como mandatario, el tercero en una semana con la votación favorable del Congreso.

Este no ha sido el único escándalo político reciente ya que cuenta con un historial signado por corrupción sistemática con 6 mandatarios investigados, procesados y hasta condenados, y con el suicidio de Alan García acusado de recibir millonarias coimas por parte de la empresa Odebrecht. El panorama es de indignación, agitación, protesta, total falta de legitimidad en las instituciones y nuevas elecciones que ¿presentan esperanzas?

Por si fuera poco, el impacto del COVID-19 pegó directo en el PIB y la economía se desplomó, cerrando el 2020 con una caída del 11% (2° en el ranking luego de Venezuela) lo que delata el mayor retroceso en 30 años y que al día de hoy cuenta con 66.471 muertos a causa del virus. Y el panorama penoso no parece acabar ya que también los peruanos fueron víctimas de lo que se denominó el “vacunagate” que azotó a varios países de la región donde se privilegió al entorno cercano al poder que recibieron la vacuna de forma irregular y con anticipación a lo establecido.

Pero ¿qué dicen las encuestas? Por un corto margen Castillo parece verse favorecido pero es difícil pronosticar a un claro ganador y más en una elección tan dividida donde se prevé un alto porcentaje de votos en blanco, impugnados y abstenciones. ¿Acaso se ve en aquel el cambio tan ansiado por la sociedad? ¿Le jugará una mala pasada a Keiko el movimiento antifujimorista? ¿Las urnas demostrarán la ruptura del pueblo con los partidos políticos?

“La gente en Perú quiere cambio, pero al mismo tiempo rechazan los partidos políticos. Y a fin de cuentas, si quieres un cambio político necesitas crear una organización y una estructura, y participar en las elecciones”.

James Bosworth: analista político y columnista del Washington Post y del Financial Times.

Con millones de empleos perdidos, la agudización del trabajo informal, una economía ya contextualizada que venía paralizada con anterioridad a la pandemia, la crisis sanitaria que no cesa y un país dividido políticamente, quien asuma la presidencia tendrá un serio trabajo para recobrar la fortaleza del Estado, poner fin a la dramática situación actual y reavivar el respaldo de una sociedad que deberá elegir entre dos extremos en un ambiente reinado por el hartazgo y el total descreimiento en los procesos políticos. ¿Otra vez la elección y el futuro de todo un pueblo dependen del “mal menor”? La decadencia no llegó con el coronavirus si no que la infección viene hace décadas en manos de políticos corruptos y con nulo compromiso ante todo un país, llevándolos al caos y a la desesperanza. Frente a esto, ¿una nueva ilusión se asoma para el 28 de julio con la asunción de un nuevo mandatario? La respuesta parece claramente inclinarse por la negativa.


Francisco Sánchez: estudiante de Abogacía y columnista en Diplomacia Activa; y Victoria Repullés: estudiante de Abogacía y Redactora jefa de Diplomacia Activa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: