De San Francisco a Nueva York: ¿reforma o declive?

Por Candela Molina
Las Naciones Unidas inauguraron una nueva Asamblea General, en la que más de 140 líderes mundiales debatirán bajo la agenda de UN80. La pregunta de fondo es si la ONU será capaz de renovarse y sostener el multilateralismo, o si quedará atrapada en su propia crisis.

“Unidos somos mejores” es el lema que destaca en la visión de Annalena Baerbock, ex ministra de Asuntos Exteriores de Alemania y presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU) para el 80º periodo de sesiones. “80 años es más que la esperanza de vida normal, debería ser una sesión para celebrar”, dijo en la apertura. Pero, ¿están los ánimos para celebrar?
La elección de Baerbock es especialmente significativa no solo por ser apenas la quinta mujer que ocupa el cargo en ocho décadas, sino por su nacionalidad, que remonta a la histórica creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al término de la Segunda Guerra Mundial. El mundo era hostil y conflictivo en ese entonces. Sin embargo, aquel escenario no dista demasiado del actual. En su discurso inicial, Baerbock destacó que necesitamos a las Naciones Unidas y que si éstas no existieran tendríamos que inventarlas, por tanto, la meta es mantenerlas vivas.
Para ello, manifestó que la reforma debe ser un medio para asegurar la eficacia de la organización y no un fin en sí mismo. Se refirió a la necesidad de revitalizar la Cumbre de Desarrollo Sostenible en donde se estableció la Agenda 2030 y el Pacto del Futuro de 2024. Reunirse, reenfocarse y aumentar la transparencia son conceptos fundamentales de la gestión.
Ya se había expuesto el reto que implica cerrar la brecha entre discursos solemnes y prácticas que contradicen principios elementales de la comunidad internacional. No obstante, ¿será que la idea de una reforma pueda devolver a los Estados el espíritu de 1945? Las Naciones Unidas surgieron con el propósito específico de lograr paz y cooperación entre los Estados pero sientan sus bases, de forma general, en los principios del orden liberal occidental. John Ikenberry (2018) sostiene que ese orden ha dominado la política mundial durante siete décadas y que hoy atraviesa una crisis profunda.
Aún así, considera que el proyecto liberal aún se encuentra profundamente arraigado y que ya ha sobrevivido otras amenazas en el pasado. Por tanto, también podrá soportar los reveses recientes, pero debe ser necesariamente repensado y reinventado. Como conjunto general de ideas, principios y agendas políticas, el autor lo describe como “una forma de responder a la modernidad”. Es un orden basado en reglas laxas que puede ser reformado.

En marzo de 2025, Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, presentó la iniciativa ONU80, con el fin de modernizarla y equiparla para enfrentar los desafíos actuales. Guterres refirió que desde el inicio de su mandato, emprendió una ambiciosa agenda de reformas para que las Naciones Unidas sean más eficaces y rentables. El plan, que va en sintonía con el discurso de Baerbock, lucha por resolver incoherencias internas como la pérdida de confianza, la crisis de financiamiento y las dificultades administrativas. En su última Asamblea General, es probable que el dirigente invierta los mayores esfuerzos posibles en el cumplimiento de esas metas.
Asimismo, al igual que en 1945, el temor a un mundo fragmentado y violento también puede convertirse en el motor de un “nuevo comienzo”. La ONU, como promotora de la paz y la seguridad y como mecanismo fundamental del orden multilateral, estaría en el centro de la encrucijada. Entonces, la reforma es posible pero enfrenta desafíos. Algunos expertos refieren a la pérdida de prioridad de programas centrales en donde los recortes financieros pueden ser sumamente dañinos, como Derechos Humanos, desarrollo e igualdad de género. Los países del Sur Global se preguntan si los cambios garantizarán un acceso equitativo a financiamiento, asistencia técnica y conocimientos especializados.
La ONU80 tampoco garantiza a este grupo la satisfacción de sus demandas sistémicas de largo plazo. No aborda reformas políticas profundas como el otorgamiento de asientos en el Consejo de Seguridad (CS), la construcción de una gobernanza global más equitativa o el acceso a bienes públicos globales. La iniciativa solo contempla medidas administrativas y operativas. Recortes presupuestarios del 20%, reducción de personal, fusiones de agencias con funciones superpuestas —como las de clima, salud y derechos humanos— y la optimización de procesos internos de gestión y financiamiento. Su meta inmediata es hacer a la ONU más ágil, eficiente y rentable.
Los países del Sur Global representan una porción relevante de los votos, por tanto, desestimar sus necesidades puede ser contraproducente. De hecho, entre el 3 y el 5 de septiembre, México y Noruega, junto con una coalición de Estados del Sur Global, convocaron en Ciudad de México una cumbre en apoyo a la iniciativa ONU80. Allí se discutieron propuestas de eficiencia y reformas operativas —desde la optimización administrativa hasta la gestión de recursos y la revisión de mandatos—, hoy en consideración durante este 80º período de sesiones de la AGNU. Sin embargo, el CS permanece fragmentado y sin capacidad de consensos, lo que añade un obstáculo adicional a la posibilidad de avanzar en los cambios.
Como resultado, el eje del debate en la AGNU será la tensión entre quienes apoyan mantener a la ONU tal como está y quienes presionan por transformarla. La definición sobre quién se inclinará hacia qué lado es aún un misterio que cobrará nitidez con el paso de los días. Sobre todo, al momento en que los Estados deban votar en favor o en contra de resoluciones clave, como el Presupuesto para el año 2026.
Según Ikenberry, los fundamentos del orden liberal se están debilitando. Estados Unidos y sus aliados son menos poderosos que cuando construyeron el orden de posguerra y la distribución de poder en el mundo es más difusa. A ello se suman los conflictos políticos domésticos al interior de las democracias, marcados por el nacionalismo, la xenofobia y el populismo. Ante esta nueva realidad global, las instituciones multilaterales —como la ONU— también deben reformarse para dar credibilidad y dinamismo a una estructura vigente desde hace décadas.
La institución llega a sus 80 años atrapada entre la inercia institucional y la urgencia de un rediseño profundo. Será capaz de reformarse para sostener un orden liberal en crisis o quedará presa de la obsolescencia, relegada al formato de institución protocolar, únicamente útil para legitimar acciones y adquirir prestigio? Esta alternativa tenderá a su colapso y a la siembra de las semillas de un orden completamente diferente.
El aniversario no solo invita a conmemorar el pasado, sino a decidir si la organización podrá reformarse al compás del orden en donde fue gestada, o si ambos componentes quedarán anclados en el recuerdo de sus épocas doradas. De ser así, el fin del liberalismo puede invitar a un futuro totalmente distinto, en donde tengamos que olvidar los beneficios que este orden supo otorgar. En el debate de la Asamblea General, los discursos de los líderes dirán mucho, pero la duda persiste: ¿serán palabras para la tribuna o compromisos para la historia?

Candela Molina (Argentina): Licenciada en Relaciones Internacionales, estudiante de la carrera de Derecho y candidata a la Maestría en Política y Economía Internacionales en la Universidad de San Andrés. Columnista en Diplomacia Activa.
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