La paradoja de la autonomía estratégica
Por Lautaro Bermúdez
En Europa se está debatiendo acaloradamente sobre tomar las riendas de su propia defensa. ¿Qué ha ocurrido? Los aliados occidentales no están seguros de que Estados Unidos los vaya a apoyar indefinidamente. Frente al conflicto en Ucrania, el Viejo Continente retoma un concepto clásico de las relaciones internacionales.

Desde posibles escenarios de conflicto hasta la incertidumbre sobre la próxima presidencia de Donald Trump, hay muchos factores que están generando preocupación en los gobiernos del viejo continente. Esta situación está causando ansiedad en muchos líderes de la región, quienes temen que el continente quede vulnerable ante las amenazas externas.
Pero ¿y si esta coyuntura no es solo una crisis, sino también una oportunidad? ¿Y si Europa puede aprovechar este momento para consolidar su unidad como actor político? ¿Cómo seguiría la relación con los EEUU en un escenario como este? Este proceso podría ser un punto de inflexión, permitiendo a Europa convertirse en un actor influyente en la competencia geopolítica mundial y afirmarse en un escenario multipolar.
La noción de autonomía estratégica europea está ganando terreno en los últimos años, especialmente desde la invasión de Rusia a Ucrania. Este concepto, que ha estado presente en el discurso de la Unión Europea (UE) desde hace tiempo, inicialmente se centraba en la industria de la defensa. Al principio, el debate sobre la autonomía estratégica estaba dividido entre dos posturas claras: aquellos que la veían como un medio para recuperar el espacio político frente a EEUU (principalmente Francia), y la mayoría de los Estados de Europa oriental, que temían un distanciamiento de Europa de Washington.
Sin embargo, en el contexto actual, con el enfoque mundial dirigido hacia Asia, especialmente en la política estadounidense, la importancia de la autonomía estratégica europea es más evidente que nunca. Esta tendencia no comenzó con Trump, como algunos podrían pensar, sino con el repliegue de las tropas estadounidenses del continente durante la administración de Barack Obama como parte de su estrategia de pivotar hacia Asia.

La premisa subyacente es clara: sin autonomía, Europa difícilmente puede ser considerada una «unión política» capaz de ejercer un papel notable en el escenario geopolítico global. La búsqueda de una posición autónoma no es solo una cuestión de defensa, sino también de relevancia internacional. Según el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, la autonomía estratégica se percibe como un proceso importante para la supervivencia política de Europa en un mundo cada vez más complejo y competitivo.
Un ejemplo palpable de cómo la UE está llevando a cabo la autonomía estratégica es a través de la Estrategia Europea de Defensa Industrial. Esta iniciativa, impulsada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una sesión plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo la semana pasada, se centra en la adquisición conjunta de armamento. Con el objetivo de contrarrestar la amenaza percibida proveniente de Rusia, la estrategia promueve la colaboración entre los países europeos para la compra de armas, municiones y otros equipos militares.
Al fortalecer la colaboración entre los países europeos en materia de defensa, la UE envía una fuerte señal al sector privado y fomenta la producción a nivel nacional. Esto no solo fortalecerá la seguridad de Europa, sino que también la ayudará a asumir un papel más destacado en los asuntos globales como un actor independiente, liberándose gradualmente de la tutela directa de Washington. Sin embargo, desde Bruselas siempre se encargan de aclarar que esto no significa un resquebrajamiento de la alianza atlántica, sino que permite potenciarla y hacerla más eficiente y resiliente.
No obstante, a pesar de los esfuerzos, hay tres factores importantes que seguirán limitando la capacidad de Europa para actuar con total libertad en política exterior: La estructura interna de la UE, las diferencias de percepción entre los países miembros y las limitaciones externas.
La estructura interna
La estructura interna de la UE es única y compleja. No opera como un Estado-nación con un liderazgo centralizado. Aunque la presidencia de la Comisión Europea y el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad juegan un papel importante en la coordinación de la política exterior de la UE, su autoridad y capacidad de acción son limitadas en comparación con las de un líder nacional o un presidente.
Esta peculiaridad dificulta el proceso de toma de decisiones. Si bien la UE reduce la soberanía y las tradiciones gubernamentales de sus estados miembros, como el control de su moneda y fronteras, al mismo tiempo, las políticas europeas siguen siendo principalmente nacionales. Según Henry Kissinger, esto crea una entidad que se encuentra entre un Estado y una confederación.

La diferencia de percepciones
La diferencia de percepciones en cuanto a la política exterior es otro factor a considerar. La falta de un mando unificado genera constantes dificultades para alcanzar un consenso en esta área, ya que los Estados miembros pueden tener enfoques divergentes basados en sus propios intereses de seguridad. Esta disparidad se refleja en la orientación de la política exterior de los países: mientras que países como Francia siempre están buscando una «autonomía estratégica», los países de Europa oriental a menudo se alinean con la política exterior de Washington.
Además, la UE enfrenta la desventaja de ser una organización burocrática sin la cohesión emocional propia de un estado-nación. Aunque se está avanzando en la construcción de una identidad europea, aún queda mucho por hacer para superar la lealtad primordial hacia las identidades nacionales. Esta falta de conexión emocional representa un desafío importante. La UE necesita convertir su expansión burocrática en una empresa emocionalmente significativa para sus ciudadanos.
Es fundamental que la población se identifique con una misión común que fomente un sentido de pertenencia y compromiso europeo por encima de las identidades nacionales. Aunque se están dando pasos en esta dirección, aún queda un largo camino por recorrer para consolidar una identidad europea común.

Las limitaciones externas también representan un factor relevante a considerar, siendo el más destacado la oposición activa de EEUU a que Europa avance más allá de una cierta autonomía relacionada a asuntos de defensa y siempre vinculada a una estrategia de offshore balancing. Esta estrategia implica que una gran potencia utilice aliados regionales para contrarrestar el surgimiento de potencias hostiles que buscan la hegemonía regional.
Desde esta perspectiva, ninguna administración estadounidense favorecerá el proyecto de una política independiente de la UE, especialmente en su acción exterior. Por el contrario, EEUU no solo carecerá de entusiasmo al respecto, sino que también hará todo lo posible para obstaculizarlo, independientemente del ocupante de la Casa Blanca.
Una UE altamente integrada en su acción exterior, con una estrategia global clara y la voluntad genuina de implementarla, junto con la creación de un auténtico ejército europeo, sería un competidor geopolítico de primer orden. Esto reduciría la capacidad de Washington para influir en los gobiernos europeos individualmente, otorgaría mayor autonomía a Bruselas en sus relaciones con potencias como China o Rusia, y fortalecería la influencia política y económica de Europa en América Latina. Es importante recordar que EEUU se involucró en dos guerras mundiales y una guerra fría con el objetivo de evitar la hegemonía en Europa, por lo tanto no es probable que tenga interés en fomentar un proceso de unificación continental.
Washington anhela una Europa próspera y estable, un mercado abierto para sus empresas y productos, y una Europa con suficiente capacidad militar para contrarrestar a Rusia y apoyar la estrategia de offshore balancing. Sin embargo, no desea una UE con una política exterior concertada y, sobre todo, con capacidad efectiva para competir y defender sus intereses a nivel global sin depender de EEUU.

En este contexto, la autonomía estratégica europea se asemejaría a lo que fue la Confederación Germánica en el siglo XIX: una entidad ingeniosa para la defensa común contra amenazas externas. Suficientemente fuerte para disuadir ataques, pero lo bastante débil y descentralizada como para no representar una amenaza para sus vecinos.
El propósito de la Confederación era evitar la unidad alemana sobre una base nacional, conservar los tronos de los diversos príncipes y monarcas alemanes, y evitar una agresión externa. Estos objetivos guardan similitud con los que podría tener la política de autonomía estratégica europea. No obstante, también se puede interpretar la Confederación Germánica como el primer paso hacia la posterior unificación alemana. Aunque en el caso de la UE actualmente no existe una identidad común, estamos viendo que esto está en proceso.
Dada su historia y su posición geopolítica, Estados Unidos muestra un genuino interés en promover una Europa con autonomía estratégica en términos de una defensa sólida, aunque dentro de ciertos límites. Sin embargo, si Europa se convirtiera en un competidor directo de Washington, es probable que las relaciones entre ambas potencias adopten una dinámica competitiva, lo que podría llevar a una separación.
Esta divorcio geopolítico sería perjudicial para Washington porque transformaría al país en una suerte de «isla extraterritorial» de Eurasia, alejándola de las principales dinámicas y tensiones de poder en la región europea. Por lo tanto, la Casa Blanca tratará de evitar la independencia y unificación de Europa.
No obstante, la Unión Europea continúa avanzando gradualmente en su proceso de fortalecimiento como unidad política. La autonomía estratégica, especialmente en temas de defensa, puede verse como un gran paso en esa dirección. Aunque EEUU intente evitarlo, una vez que el genio sale de la botella, es muy difícil volver a encerrarlo.
Lautaro Bermúdez (Argentina): Lic. en RRII, Maestrando en Filosofía Política. Columnista en Diplomacia Activa, Escenario Mundial y otro medios.