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¿Una paz fake?

Por Arturo Bautista

La tregua en Yemen, iniciada los primeros días de abril de este 2022, constituye la primera en siete años de guerra. Sin embargo, el momento en que se da y el estado actual de la guerra plantea ciertas interrogantes.

Ilustración | Paula Durán

La tregua, que se ha negociado entre los protagonistas internos de lo que empezó como una guerra civil entre el gobierno del presidente Hadi y los rebeldes hutíes, ha dejado de manifiesto algunas situaciones. La primera de ellas es la de un posible interés implícito por parte de Riad a la misma. La segunda es que muestra mejor que nunca que la guerra hace ya tres años que ha entrado en una fase de desgaste donde todo apunta a que ningún bando podrá alcanzar la victoria por la vía de las armas.

Además, esta tregua llegó justo después de que se consolide el éxito de la coalición en evitar la toma de Marib por parte de los hutíes. La tregua, que a duras penas concede beneficios de interés a las partes, podría ser simplemente un tiempo muerto para coger aire y rediseñar estrategias.

Marib posee una importancia vital por varias razones. Primero que nada, es el último enclave de relevancia de la coalición pro-Hadi que, sin ápice de duda, está perdiendo la guerra. Es evidente que, si Marib cae, Hadi ya no controlará ninguna ciudad grande al noroeste del país, donde el grueso de la riqueza y población yemení se concentra, la coalición quedaría relegada a los desiertos orientales y, además, aquejan tensiones internas: la coalición pro-Hadi, que a duras penas mantiene un liderazgo único, pierde autoridad como interlocutor válido.

Los hutíes ya han advertido en múltiples ocasiones que el único interlocutor que entienden como bueno es Arabia Saudí. Marib es considerada también como un punto de interés energético vital. Es que la ciudad y región homónima es el centro petrolero del país, situación que importa a los rebeldes con demasía por el contexto de bloqueo en el que se encuentran.


La toma de Marib, de hecho, fue evitada por un esfuerzo conjunto poco común en la guerra; la coalición pro-Hadi y el Consejo de Transición del Sur, una escisión de éste debido en parte a las diferencias estratégicas de sus respectivos padrinos, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU). Tanto es así que el Consejo expulsó en 2019 al Presidente y a los suyos de la capital provisional de Adén, controlada juntamente con otras regiones al sur del país por las fuerzas aliadas de los EAU.

La embestida hutí, frenada exitosamente en la capital, ha conducido a las primeras perdidas territoriales de los rebeldes desde el inicio de la guerra. Ello, lejos de ser una victoria de Hadi, podría ser entendido puramente como una no-derrota. En este contexto ambos contendientes han acordado la tregua, que seguramente sirva para retomar fuerzas y romperla en un momento de conveniencia, sin embargo, hay que preguntarse porque Riad ha dado su beneplácito.

La intervención saudí

En un principio la intervención se trataba de una campaña de prestigio del Príncipe Heredero, que a su vez ayudaba a suprimir a los rebeldes que habían tomado Sanaa y derrocado a su hombre en Yemen, adicionalmente eran chiíes y, en el contexto de creciente rivalidad regional y sectaria con Irán, esto hacía de la intervención una necesidad.

La segunda fase convirtió la operación de Yemen en algo que, a pesar de los pobres resultados, debía terminar en una contundente victoria. El ejercito saudí no estaba haciendo un buen papel y los hutíes, ante el éxito de sus operaciones, se convirtieron en una pieza muy conveniente para los intereses de Teherán. Entonces, la Guardia Revolucionaria Iraní se preocupó de convertir aquellos rumores y acusaciones en una realidad.


Ante los pobres resultados y las contraofensivas en forma de ataques de drones y lanzamientos de cohetes en territorio saudí, Riad parece que desde 2019 ha entrado en una nueva fase de su intervención. Se ha confirmado que existen conversaciones «por detrás» entre Arabia e Irán y, a pesar de que evidentemente el contenido de las mismas -aún- no se ha filtrado, es inevitable pensar que algunos de los puntos sería justamente Yemen. Además, la campaña de ataques aéreos se ha reducido dramáticamente desde 2018 según indica Yemen Data Project.

Arabia Saudí podría estar gestionando una salida de la guerra, abandonado el gobierno de Hadi a su suerte y negociando una frontera segura directamente con Teherán. Pero ¿Qué podrían ofrecerle a Riad para abandonar el conflicto? Esa es la gran incógnita.

A su vez, un pacto tácito entre EAU e Irán podría generar cierta envidia en Arabia Saudí, donde las milicias leales a Abu Dabi y el Consejo de Transición del Sur no colisionan con los hutíes. La estrategia de los Emiratos Árabes Unidos, que luchó comprometiendo tropas en el terreno al menos hasta 2020, pasa por derrotar a Al Qaeda y otros grupos terroristas y consolidar su influencia en el sur del país, especialmente en Adén y los territoritos históricos de la República Democrática del Yemen, formada en 1988.

A su vez tiene claro que su estrategia en Yemen no pasa por enemistarse con Irán, así que si es necesario podría llegarse a ceder territorio a Teherán, como lo es en el caso de la estratégica ciudad de Hodeida en el Mar Rojo. Abu Dabi, además, controla exitosamente las zonas costeras del sur y el estrecho de Bab al-Mandeb, algo que indudablemente es de incalculable tranquilidad para Riad.


VREDESACTIE | El costo de la guerra en Yemen luego de 7 años de conflicto.

El escenario de presencia hutí permanente, con el poder en el norte de Yemen y apoyo iraní de toda clase, constituye indudablemente una amenaza existencial para la dinastía Saudí. De ahí una guerra que ya dura siete años, simplemente el Príncipe Heredero simplemente no puede asumir una derrota de proporciones.

Sin embargo, en Arabia Saudí han descubierto que son incapaces de evitar ese escenario por la fuerza. Un cambio de estrategia se hace imperativo. Riad podría estar lista para aceptar términos en Teherán a cambio de garantías de seguridad en la frontera sur, emulando la estrategia y postura que han tomado los Emiratos Árabes Unidos.


Arturo Martínez Bautista (México): estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de México.

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