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Lo que el feminismo se llevó y el patriarcado no cambió

Por Sol Sanchez

Pasaron siete años de las primeras marchas de #NiUnaMenos, ese momento que cambió radicalmente a nuestra sociedad de la mano de movilizaciones que sin duda marcaron la historia. En ellas pudimos escuchar el grito de miles de mujeres que exigimos igualdad, visibilidad, justicia y un freno ante tanta violencia. 

Empezamos a sentir una y otra vez una palabra que hoy no la vamos a borrar nunca más. Feminismo. Algunos a favor, otros en contra. Para algunas apareció como una representación, como una respuesta a muchas preguntas, como un refugio, un lugar donde se sintieron acompañadas, comprendidas o escuchadas. Otros tal vez la odian o simplemente no la entienden ni la comparten. Pero el feminismo que empezó como una etiqueta hacia un grupo, hoy es un movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres y es el lugar donde miles de mujeres nos sentimos representadas.

Estas marchas y movimientos vinieron a enseñarnos. No seguiríamos soportando los “crímenes pasionales”; “tenía puesta una pollera demasiado corta”, “algo habrá hecho”, “se lo merecía”, “los hombres son así” ni ninguna justificación absurda que sirva para invisibilizar la violencia de género ni los femicidios. Basta para nosotras de tanta desigualdad, de ser minoría en todos los ámbitos, menos en el trabajo doméstico donde ahí sí seguimos siendo mayoría. Era necesario poner un punto final a las disparidades salariales, a las faltas de respeto en la calle y a soportar tanta cosificación. Fuera ese horrible mandato de la maternidad que dicho sea de paso; será deseada o no será. Entre muchas otras cosas, el feminismo nos enseñó que el 8 de marzo no es una celebración sino más bien un día para seguir luchando por nuestros derechos y conmemorar a las que ya no están porque el patriarcado las mató.  

Ahora bien ¿Todo esto cambió?¿El patriarcado se erradicó? En realidad no, de hecho se transformó. En 2021 se registraron 256 femicidios. Son datos del observatorio, ahora que sí nos ven, sobre el análisis de medios gráficos y digitales de todo el país. A eso se suman 8 transfemicidios y 182 intentos de femicidios. Los principales victimarios son parejas y exparejas de las víctimas. En el 2022 la violencia machista también sigue presente. De acuerdo a lo relevado a partir del análisis de medios de comunicación gráficos y digitales de todo el país en el primer mes de 2022 se registraron 28 femicidios: uno cada 27 horas. Pero no voy a hablar de datos porque de eso se encargan los medios de comunicación que hoy en día hablan de femicidios en términos de estadísticas y números. Esto puede resultar sumamente contraproducente ya que el asesinato de una mujer pasa a ser moneda corriente para la sociedad y hasta llegamos a naturalizar los femicidios CASI DIARIOS que ocurren en nuestro país. 


Es cierto que ya no toleramos leer títulos como “hasta dónde pueden llegar los celos de un hombre” para excusar un caso de violencia de género. Sin embargo, si vemos constantemente el morbo que se instala cuando existen noticias de esta índole. Vemos como se analiza el caso una y otra vez, las posibilidades de un accionar distinto por parte de la víctima, la música melancólica, los detalles extremos y las imágenes inéditas. 

También somos números cuando hablamos de cupos laborales, gracias a ese porcentaje mínimo que se exige es que muchas mujeres logramos conseguir puestos y salarios dignos, participar de eventos deportivos, en festivales musicales o en diferentes eventos. Pero ¿Realmente somos valoradas por nuestras capacidades o solo deben cumplir con el cupo?

El lenguaje también se volvió sectario. Hablar con la “E” o escribir con la “X” le pertenece a ese grupo extremista que no acata reglas cuando en realidad su objetivo era la inclusión, no generar grieta. No nos conformemos con los números ni con los cupos y no nos dejemos engañar por un patriarcado disfrazado de inclusivo que deja de escucharte cuando hablas con la «E».

El patriarcado sigue vigente

Es una realidad que durante todo este tiempo se dejó afuera a una parte muy importante del debate; y hoy el foco esta puesto en el hombre cisgénero y heterosexual porque de nada sirve que nosotras sigamos siendo heroínas de batallas que no nos pertenecen. Porque ningún hombre se reconoce abusador mientras en una de las calles más transitadas de Buenos Aires violan a una piba de a seis a plena luz del día. La sociedad no va a cambiar si entre ustedes no hablan de lo que está pasando.

Tampoco si no escuchan ni respetan a la mujer que tienen al lado, que intenta decir algo. Sin ánimos de generalizar, llegó la hora de cuestionar su accionar y alentar a que tu amigo haga lo mismo. Repensarse, ponerle nombre al problema y deconstruir es parte de la solución. Parece algo sencillo pero lo que estamos pidiendo es una inclusión verdadera. 

El peor enemigo de una mujer feminista, es una mujer machista.

Lamentablemente nadie nació feminista, al menos hasta hoy. Entonces si como mujer no te sentís identificada con el movimiento, hace tu proceso siempre va a haber lugar para una más y nunca es tarde para empezar a romper el patriarcado. Dentro del feminismo no existen los estereotipos, eso es algo que inventaron los demás, hay lugar para todas nosotras. Lo lindo de todo esto es que una vez que compartís tu experiencia te das cuenta que no estás sola, así que charlar y marchar juntas puede ser un muy buen lugar para empezar.

Finalmente tenemos que agradecer a mujeres como Julieta Lanteri que hoy podemos votar, gracias a Simon de Beauvoir hoy logramos definirnos mejor, gracias a las locas de las píldoras a finales del siglo XX hoy nos podemos cuidar, gracias a Juana Manso hoy podemos estudiar, gracias a Cecilia Grierson y a Alicia Moreau de Justo nos encontramos con mujeres en profesiones que juraron que no eran para nosotras, gracias a Victoria Ocampo logramos tener libertad en lugares inéditos de la sociedad, gracias a #NiUnaMenos es que hoy no nos callamos nunca más y gracias a esas 120 mujeres que murieron incendiadas aquel 25 de marzo de 1911 es que se lograron grandes cambios en las condiciones laborales para la mujer. Gracias a todas ellas y a miles de mujeres más que seguimos luchando por la verdadera igualdad y sabemos que no vamos a parar hasta lograrlo. Todas revolucionarias, inquietas, incansables, fuertes, valientes, compañeras, dispuestas, todas mujeres feministas.


Sol Sanchez (Argentina): estudiante de comunicación social, Universidad Nacional de Cuyo, y columnista radial en Diplomacia Activa.

Un comentario sobre "Lo que el feminismo se llevó y el patriarcado no cambió" Deja un comentario

  1. Comparto totalmente lo expuesto! Pero falta mucho.hoy y en este mismo momento estoy viendo en la tele a una mujer abogada defender enérgicamente a los voladores de la chica de Palermo. El peor enemigo en la lucha por la igualdad es una mujer machista

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