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Tarjeta roja para Rusia

Por Francisco Sanchez Giachini

El conflicto bélico en Ucrania está dejando entrever nuevamente la utilización del deporte como arma política, aún en los casos en que cuesta encontrar la conexión ¿Son justas las medidas o se trata de un paso vengativo? ¿Son para apoyar al pueblo ucraniano o para hacer lo políticamente correcto?

Desde que Rusia decidiera invadir a Ucrania, el 24 de febrero, las sanciones económicas occidentales han sido variadas. Congelamiento de cuentas en el exterior de oligarcas rusos, exclusión del sistema SWIFT e incluso restringir el acceso a los depósitos internaciones que posee el Banco Central de Rusia. Todas estas sanciones tienen como finalidad cortar de lleno el soporte monetario de Rusia, haciendo desplomar su moneda, generando descontento social y, sobre todas las cosas, encarecer una guerra que ya de por sí iba a suponer un elevado gasto.

Estas medidas, aunque hayan sido criticadas por insuficientes y “tibias”, tienen un fin lógico buscando coartar la capacidad bélica del país y evitando -de momento- entrar en un conflicto directo. Ahora bien, durante los últimos días se han aplicado otra serie de medidas que más que para colaborar pareciera ser un acto de “buenismo” y de hacer lo políticamente correcto frente a la invasión. Estas han sido, sin duda alguna, las sanciones deportivas.

Sin Mundial

Por las Eliminatorias Europeas para Qatar 2022, el conjunto ruso quedó emparejado con la Selección de Polonia para jugar por la famosa “repesca”. Horas después de conocido el inicio de las hostilidades, varios jugadores polacos y del mundo del futbol en general condenaron los ataquen y pidieron sanciones ejemplares para el país invasor, entre ellos el astro polaco, Robert Lewandowsky.

«No puedo imaginarme jugar un partido con la selección de Rusia en una situación en la que continúa la agresión armamentística contra Ucrania. Los futbolistas y aficionados rusos no son responsables de esto, pero no podemos fingir que no pasa nada».

Robert Lewandowsky, jugador del Bayern Múnich y de la Selección de Fútbol de Polonia

De público conocimiento es que los encuentros del seleccionado ruso con sus vecinos de occidente son considerados de “alto riesgo”, e incluso que la FIFA prohíbe rotundamente que se juegue un temible “Ucrania-Rusia”, pero en este caso la federación de futbol fue más allá de tratar de evitar estos encuentros y tomó una decisión por demás controvertida, cortar a Rusia la posibilidad de participar de las eliminatorias y, por ende, de viajar a Qatar.

Esta decisión fue tomada en conjunto con el máximo ente deportivo en Europa, la UEFA. Entre las dos decidieron en una primera instancia, quitarle la localía a los equipos rusos y a su seleccionado, así como impedir que se cantara el himno o que se utilizara la bandera. Esta determinación fue en conjunto con la decisión de UEFA de mudar la final de la Champions League de San Petersburgo (donde estaba planeada en un principio) a París.

El presidente de la Federación Polaca de Fútbol se mostró decidido sobre la postura de su país frente a la situación de conflicto.

Con el correr de las horas y la intensificación de los combates, representantes de FIFA y UEFA se reunieron y tomaron la iniciativa prohibiendo a Rusia jugar el repechaje para la Copa del Mundo y a los equipos rusos participar en competencias internacionales (El Spartak Moskow no podrá enfrentarse al Red Bull Leipzig en octavos de final de la Europa League). UEFA también decidió suspender hasta nuevo aviso las publicidades de Gazprom en todas sus competencias, siendo esta empresa uno de los principales patrocinadores del certamen y que tiene buenos vínculos con Putin.

Sin básquet ni patrocinio

Siguiendo el precedente sentado por FIFA y UEFA, la Euroliga de Básquet decidió suspender y retirar del torneo a los cuatro conjuntos de baloncesto que provienen de Rusia, el CSKA de Moscú, el Zenit de San Petersburgo, el UNICS de Kazán y el Lokomotiv de Krasnodar. Si bien de momento la suspensión es temporaria, el ente ha afirmado que la sanción podría endurecerse de continuar el conflicto. Este accionar fue acompañado con un comunicado donde decían que ni los clubes ni sus gerencias eran consideradas culpables, pero que necesitaban dar una respuesta.

Otra de las medidas que tomó fue la de suspender momentáneamente la relación comercial que une a Euroliga y al VTB Bank. Al igual que Gazprom, esta marca es una de las principales en el básquet europeo y su suspensión afecta directamente a los contratos que esta tiene con los diferentes equipos y jugadores.


La Selección Ucraniana de Baloncesto fue obligada a salir al campo de juego horas después de enterarse del inicio de las hostilidades.

Sin bicampeonato

Durante las últimas horas la ITF -máximo organismo del tenis a nivel mundial- decidió sumarse a las medidas deportivas contra la Federación Rusa. Ante la falta de sanciones por parte de la ATP y WATP, el ente tomó la determinación de expulsar “de forma inmediata e indeterminada” a Rusia y Bielorrusia de todas las competencias grupales.

Esta medida implica que el país sancionado no podrá ir a revalidar el título conseguido en el año 2021 por Copa Davis con una camada impresionante de jugadores, entre los que se encuentra el actual número 1 del mundo, Daniil Medvedev. Así mismo, varias voces en el mundo del tenis concuerdan en que también se debería prohibir su entrada a los circuitos ATP en singles.

Por su parte, el aliado de Moscú no se podrá presentar en la Copa Billie Jean King de la mano de Sabarenka y Azarenka por su intervención y ayuda directa en el desenvolvimiento del conflicto.


La Federación Rusa fue ganador de la edición 2021 de la famosísima Copa Davis. Tras la resolución de la ITF pierde la oportunidad de defender el título conseguido.

Sanciones de 0 a 100

La FIA, máximo organismo de las competiciones del deporte motor, no se ha quedado atrás en cuanto a las sanciones, pero ha marcado una gran diferencia en cuanto a los demás entes. Esta diferencia radica en que se tomarán medidas contra los países, mas no contra los pilotos.

Es así que las competencias que se tenían programadas en territorio ruso y bielorruso serán reprogramadas o directamente borradas del calendario. Además, los equipos de estos países no podrán participar, y los pilotos no podrán correr bajo la bandera de su país, debiendo hacerlo bajo la insignia de la FIA.

El caso más controvertido y relevante se da en la Fórmula 1, donde la FIA decidió cancelar el Gran Premio de Sochi (Federación Rusa) y se tomó unos días para determinar la postura frente al piloto de ese país Nikita Mazepin. La situación con este piloto toma mayor relevancia por no solo ser ruso, sino tener ascendencia bielorrusa y que su padre, Dmitry Mazepin, tenga conocidos vínculos con la política de ambos países, incluso con Vladimir Putin.

UralKali, empresa del padre de Nikita, es una de las más influyentes en Rusia y es la que “pone la plata” a la escudería norteamericana Haas, lo que hace la cuestión aún mas severa. Ya la semana pasada el equipo había comenzado a quitar toda aquella publicidad de la mencionada empresa, que además cuenta con los colores del país en conflicto. Este martes llegó finalmente la resolución del organizador sobre el status de Mazepin; se aplicará la misma normativa que a los demás competidores de estos países, aunque quedará en manos de Haas la ultima palabra en cuanto a su continuidad.


Mazepin (derecha) y Schumacher (izquierda) con el monoplaza del «UralKali Haas F1 Team». El vehículo cuenta con la bandera rusa en su diseño y con el nombre de la empresa en lugares estratégicos. Los mecánicos removieron todas estas insignias al comenzar el conflicto.

¿Pagan justos por pecadores?

A diferencia de lo ocurrido con el escandalo de los dopajes, donde las implicancias deportivas por parte de las instituciones rusas eran claras, aquí ocurre todo lo contrario. El deporte no tiene nada que ver con el conflicto y viceversa.

Los distintos entes organizadores han sido tajantes con las sanciones a los equipos y competidores mayoritariamente rusos y, en menor medida, bielorrusos. Cabe preguntarnos entonces si no hay algo que se esté haciendo mal. Evidentemente estas medidas, salvo aquellas que implican directamente patrocinadores, no van a tener impacto en ninguna cuestión que exceda lo meramente simbólico.

¿Es el mediocampista Alexandr Golovin responsable de los bombardeos en Járkov? ¿Ha tenido implicancias Daniil Medvedev en la violación de los derechos humanos de civiles ucranianos? ¿Estuvo el quinteto inicial del CSKA Moskow en la toma de la central de Chernóbil? No. ¿Hay casos donde los contactos políticos son innegables como con los Mazepin? Por supuesto que si, pero las sanciones deportivas -en su mayoría- están tomando una extensión que no tienen y llegando a círculos donde no pertenece, mostrando una vez más que el deporte y la política van de la mano, aún en casos donde caminan por veredas diferentes.


Francisco Sánchez Giachini (Argentina): estudiante de Abogacía, Universidad de Mendoza, columnista y podcaster en Diplomacia Activa.

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