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Sopa De Murciélago

Análisis sobre las consecuencias del coronavirus en el Sistema Internacional.

El 1 de diciembre de 2019 comenzamos a escuchar por todos lados una palabra que ahora nadie se puede sacar de la cabeza… “coronavirus”. Todos sabemos más o menos la misma historia. En la ciudad china de Wuhan se reportó a un grupo de personas con neumonía de causa desconocida vinculada principalmente a trabajadores mayoristas de mariscos y especies exóticas. Poca atención le prestamos en aquel momento, pues el mundo estaba ocupado en otros asuntos como la tercera guerra mundial que no fue y, además, China estaba haciendo todo lo posible para ocultar información que pudiera afectar a sus mercados. Posteriormente, los contagios se propagaron de forma exponencial, circularon imágenes de sopas de murciélago, de topadoras construyendo hospitales en 6 días y, como no, de muchos memes sobre ciudadanos asiáticos que luego tomaron un tinte xenófobo.

La temporada 2 de esta historia es un poco más trágica pero no menos conocida. El afamado coronavirus, ahora renombrado “COVID-19”, llegó a Occidente para hacer estragos. Los mercados globales cayeron temiendo una recesión económica internacional, Europa se encuentra en estado terminal, las conspiraciones están al orden del día asociándose a las fake news y a los medios de comunicación oportunistas que desinforman a la sociedad,  todo esto sumado a una gran cantidad de países que han declarado estado de emergencia o de calamidad con una cuarentena total.

A partir de lo dicho nos surgen dos importantes preguntas. La primera es ¿dónde estamos parados? Hoy en día varios gobiernos tomaron medidas tardías, otros lo están haciendo a tiempo y algunos -los irresponsables- descreen de la amenaza del COVID-19. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, declaró que la enfermedad se considera ya una pandemia por la alta cantidad de infectados y muertes que ha causado alrededor del mundo y que aumentan cada hora.

Por otro lado, cabe preguntarnos ¿qué es lo que viene? Eso es un poco más complejo pero podemos analizar a continuación algunas aproximaciones. 

No hay adultos en la habitación

La globalización nos demostró la importancia de actuar de forma mancomunada y cómo esta forma de actuar trae beneficios y respuestas ante la incertidumbre. ¿Puede un Estado por sí sólo detener el cambio climático? No. ¿Puede un solo país frenar una pandemia internacional? Tampoco. Lo mismo sucederá con aquellos desafíos que solo pueden resolverse con la cooperación. 

La solidaridad es una ventaja que tiene la humanidad frente al COVID-19. Un coronavirus en China y uno en los Estados Unidos no podrán intercambiar consejos de cómo infectar humanos; pero China, que fue el primer foco de la pandemia, puede enseñar a EEUU los caminos acertados de cómo combatirla y tratarla. Así, Italia o España, con panoramas desalentadores, pueden recibir recomendaciones de Corea o de Hong Kong que están disminuyendo sus curvas de contagios rápidamente y de una forma ejemplar. Sin embargo, para lograr este intercambio de información se necesita confianza global, espíritu de cooperación y la humildad de los gobiernos. Por lo que cabe cuestionarnos, si la “solidaridad internacional” es el camino razonable para que la crisis no se agudice, ¿por qué los Estados han optado por la errática opción del “aislacionismo nacionalista”?

La tendencia actual es la “desglobalización”. El Brexit, la asunción de Trump o Bolsonaro, el rol diminuto de Naciones Unidas y la desaceleración de la economía internacional son algunos de los ejemplos que reafirman que el mundo cada vez se encuentra más distanciado. Si algo podía empeorar el desarrollo de una globalización ya golpeada era el coronavirus que se tradujo en el cierre de las fronteras, la menor circulación de personas, una economía frágil, la censura a la prensa, el control digital y la debilidad democrática que potencia la narrativa de “nuestro país primero” por sobre la “aldea global”.

Tal vez hay una oportunidad, si los gobiernos populistas fracasan, de restablecer un globalismo ordenado que vuelva a creer en la solidaridad y la cooperación internacional. De momento, el mundo pensado por los líderes tecnócratas post caída del Muro de Berlín se vuelve un niño con falta de amor y no hay adultos en la habitación que se lo concedan. 

El rey está en jaque

Después de la Guerra Fría Estados Unidos se posicionó como el líder global indiscutido y su influencia cultural, política, económica, militar y tecnológica llega a todas las regiones del mundo. Sin embargo, el orden internacional se modifica a pasos agigantados y a diferencia de lo que escribió el politólogo Francis Fukuyama en 1992, no es el fin de la historia, es el fin de un sistema. En consecuencia, hoy la hegemonía de Washington se ve amenazada por tres frentes.

 “Crisis es aquel período en el que lo antiguo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer”

Antonio Gramsci

 En primer lugar encontramos a China. El crecimiento económico del Gran Dragón se encuentra acompañado del aumento de su influencia en los países emergentes y en el avance de su tecnología. La tensión de la “Guerra Comercial”, la situación en el Mar de China, la nueva ruta de la seda y el 5G son algunos de los tópicos que enfrentan a Pekín con Estados Unidos y no es este último el que está ganando la pulseada. 

Pero quizás el mayor desafío de Norteamérica no este afuera, sino dentro de sus fronteras; les doy una pista: es un hombre de color naranja que le gusta twittear, gritar y jugar al golf… ¡Adivinaron! Donald Trump es la ficha que pone en jaque a ese indiscutido líder del sistema internacional. El 45° presidente estadounidense está lejos de agradarle a sus aliados europeos, menos aún a Latinoamérica o a cualquier democracia liberal. Trump se está ahogando en su propio show dejando claro que “América está primero”, se está aislando y se encuentra en transición de perder la cúspide en la pirámide global.

Como si fuera poco, este cambio de Occidente a Oriente se ve acelerado por la llegada del coronavirus.

Amanecer Asiático

Las naciones asiáticas como Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán o Singapur, han tomado medidas rápidas y acertadas en contraposición a Occidente. Mientras Bolsonaro en Brasil cataloga al coronavirus de “leve gripe”, AMLO en México le dice a su pueblo “sigan saliendo a las calles”, Trump no se decide cómo actuar y el primer ministro indio, Narendra Modi, pone a 1300 millones de personas en cuarentena para que la enfermedad no se propague. 

Rusia por su parte ha tomado medidas estrictas bajo la centralización de la imagen de Vladimir Putin que, dicho sea de paso, aprovechó para incluir en la Constitución las enmiendas que le abren las puertas a futuros mandatos. El país más grande del mundo, en términos territoriales, milagrosamente tiene en la actualidad (28/03/2020) sólo 1211 casos de personas infectadas.

Esconde tu fuerza, espera tu momento.

Deng Xiaoping

China será la primera potencia a mitad de siglo pero el coronavirus puede acelerar la historia y lo que hubiese pasado en 2050 puede pasar entre 2020 y 2030. Si la pandemia golpea muy fuerte a Occidente, el declive americano se acentuará, Europa buscará una salvaguarda y China seguirá subiendo escalones. 

El gigante asiático tiene una gran responsabilidad en esta crisis, y no, no porque sus ciudadanos tomen sopa de murciélago, si no por haber ocultado información vital apenas estallaba el virus. A pesar de eso, inteligentemente Pekín se levantó y está comprando influencias  (soft power) para llenar el vacío dejado por Estados Unidos y la Unión Europea y posicionarse como un socio de los países mas afectados. Prestar ayuda logística y técnica, no pone el acento en la acción humanitaria, sino en el mensaje de “acá está China”.

Cuando terminemos la cuarentena algo es seguro, el mundo no será el mismo de cuando decidimos meternos en nuestras casas. El sistema internacional parecía estar buscando un golpe de gracia para cambiar y creíamos que sería Irán, Corea del Norte o el Cambio Climático, ¿quién diría al final que ese cambio tan drástico vendría de una sopa de murciélago?


Juan Cruz Zalazar

Fundador y director de Diplomacia Activa. Internacionalista (UC), cerca de ser licenciado, y comunicador (Uncuyo) que habla, lee y escribe pero aún no tiene un título. Estoy interesado en contar, sin dificultades, que pasa en el mundo y como somos parte de el.

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