Un país europeo, uno árabe y uno sudamericano, con menos de 10 millones de habitantes cada uno, apostaron a la neutralidad activa como política de Estado y a la diplomacia preventiva como forma de construir confianza mucho antes de que estalle cualquier conflicto. Así alcanzaron una misma reputación: la de ser interlocutores confiables entre los «grandes».
La política internacional parece haber reducido el mundo a una elección binaria entre aliados y adversarios. Pero mientras las grandes potencias endurecen sus esferas de influencia, una pregunta empieza a cobrar fuerza: ¿todavía existe un camino para quienes no quieren quedarse solo con un bando?
¿Por qué en una cumbre internacional los líderes, y sus respectivas banderas, se colocan en un orden determinado? ¿Quién decide dónde se sienta cada invitado? La respuesta está en el arte de aplicar las normas, las tradiciones y la cortesía que disciplinan armoniosamente la interacción entre representantes y funcionarios de diferentes Estados.
Entre discursos encendidos y cautela política, el fuego cruzado en Oriente Medio sacude la diplomacia regional latinoamericana obligándola a elegir entre la comodidad de la distancia y el costo político de tomar posición. Por Ivana Patane
Año tras año los países establecen nuevas embajadas y consulados alrededor del mundo como prueba del fortalecimiento de sus vínculos diplomáticos, las cuales se convierten automáticamente en un blanco de ataque. Por Mauricio Rodríguez