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Nueve candidatos, una guerra: La expansión de la UE

Por Mauricio Manini

Empujada por la invasión a Ucrania y los vaivenes de Estados Unidos, la ampliación de la Unión Europea retomó su impulso con un fuerte valor geoestratégico. ¿Qué países tienen más y menos posibilidades? Una narración entre Albania y España. 

Es una soleada tarde paseando por la calles de Dürres, una importante ciudad de Albania. Una visita obligada es la Plaza Liria, rodeada por el Anfiteatro de Dürres, la Gran Mezquita y el Ayuntamiento; pero frente a este último edificio hay una sorpresa: más allá de la bandera roja albana con el águila negra de dos cabezas, ondea una bandera azul con estrellas amarillas, la de la Unión Europea (UE) a la que este país aspira a pertenecer.

Luego de la última ampliación de la UE en 2013 con Croacia, el entusiasmo disminuyó con los cuestionamientos de varios discursos nacionalistas que llevaron, por ejemplo, a que en 2016 el Reino Unido votara a favor de salirse. Sin embargo, tras el inicio del conflicto armado entre Rusia y Ucrania en 2022 (y más aún con los vaivenes de su difícil aliado, EE. UU.), el bloque ha recobrado impulso con varios procesos de adhesión.

Ahora bien, para dimensionar la importancia de la UE, es necesario ver algunos números. Según sus propios datos, con 27 países miembros, cuenta con casi 450 millones de habitantes. Además, el Mercado Único Europeo –que suma a Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein– tiene un PBI combinado de casi 18 billones de euros, es decir unos USD 20 billones (mucho más que los USD 3 billones del PBI combinado de los miembros del Mercosur). Si bien muchos han mostrado interés por sumarse, actualmente solo 9 países tienen el estatus oficial de candidato, en orden alfabético: Albania, Bosnia Herzegovina, Georgia, Moldavia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia, Turquía y Ucrania. Si se sumaran, la UE ganaría 144,1 millones de habitantes y 1,7 billones de dólares (Banco Mundial).

Si recordamos, en un artículo de este año para el centro de estudios europeos Fundación Robert Schuman, la politóloga comentaba que:

“La guerra de Rusia contra Ucrania y su agresión recurrente hacia Europa han transformado la ampliación: de una mera lista de espera tecnocrática, se ha convertido en un instrumento geoestratégico.” y «…que la UE se está recuperando y tiene un papel relevante en el panorama geopolítico.»

Verónica Anghel

Sin embargo, esto que afirmaba Anghel, no quita que haya desacuerdos europeos en cuestiones presupuestarias, de gobernanza y de calendario. Más que una simple promesa, para esta investigadora la integración debería ser un calendario con metas, compromisos y sanciones para quienes no cumplan.

De la URSS a la UE: Ucrania, Moldavia y Georgia

En términos generales, para ser parte de la unión primero hay que postularse ante el Consejo de la UE. Si después la Comisión Europea está de acuerdo, se le da el estatus de país candidato y este debe realizar una serie de reformas para avanzar en 35 temas o capítulos que van desde medio ambiente hasta justicia, agrupados en 6 bloques. Tras cerrar esos puntos, se prepara un Tratado de Adhesión que deberá ser firmado y ratificado. Un punto clave es que los 27 Estados de la UE deben estar de acuerdo y, si no es así, tienen derecho de veto. En el caso de Ucrania, solicitó su unirse en febrero de 2022 tras la invasión de Rusia y muy rápido en junio se le dio el estatus de país candidato; pero luego el entonces primer ministro de Hungría, Víctor Orbán (aliado del presidente ruso Vladimir Putin) vetó su ingreso y la apertura de los capítulos. Tras la derrota electoral de Orbán este 2026, el nuevo primer ministro Péter Magyar levantó el bloqueo.

El caso de Moldavia, un pequeño país al sur de Ucrania, está estrechamente vinculado a Kiev. Ambos formaron parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) hasta que se independizaron en 1991, además de que tienen conflictos internos con territorios vinculados a Rusia: en Ucrania, Crimea y el Donbas; en Moldavia, Transnistria. En el caso de Moldavia pidió el ingreso a la UE apenas días después que Ucrania, motivada asimismo por la invasión rusa, y obtuvo la candidatura oficial también en junio de 2022. Tras varias idas y vueltas, las negociaciones de adhesión se retomaron en junio de 2024, pero como su adhesión se trataba junto con la de Ucrania, igual fue afectada por el bloqueo de Orbán hasta que él dejó su mandato.

Tras levantarse el veto húngaro, el 15 de junio de este año la unión abrió el primer bloque de negociaciones para Ucrania y Moldavia, con la idea de abrir los otros 5 bloques en julio. Según la presidencia de turno de la UE (Chipre), el inicio del citado proceso “supone un hito significativo en el camino para la integración europea” de ambos países y refleja “la prioridad estratégica” de las políticas de ampliación comunitaria. Otra ex-república soviética que pidió ser parte de la UE es Georgia, que solicitó adherirse en marzo de 2022, también tras la invasión en Ucrania. De todos modos, la aceptación de este país del Cáucaso no fue tan veloz y se convirtió en candidato recién en diciembre de 2023, el último candidato oficial. Dato de color: vecino de Rusia y Turquía, si Georgia se integrara sería el país más al este del bloque, a más de 3 mil kilómetros de Bruselas.

Sin embargo, la adhesión de Georgia se paralizó de facto a fines de 2024. Tiflis ya había generado dudas en su proceso de candidatura y luego en 2024, cuando el gobierno ganó unas elecciones que fueron denunciadas por fraude, se reprimió a los protestantes. Varios dirigentes europeos condenaron la violencia contra manifestantes, políticos y periodistas, y el gobierno georgiano decidió suspender el proceso de adhesión hasta 2028


Turquía y Serbia, con un panorama muy difícil

Si miramos el caso de Turquía, ocurre una gran paradoja: fue el primer país de la actual lista de candidatos en solicitar la adhesión, en 1987 (¡hace casi 40 años!), pero a la vez parece ser quien menos posibilidades tiene de concretarla. No ha sido fácil la historia de varios países europeos con la heredera del Imperio Otomano, que obtuvo su candidatura en diciembre de 1999 y avanzó con las negociaciones de adhesión en 2005. Resulta claro que, una diferencia clave de Turquía con los otros candidatos es su importancia en población y economía, ya que con 88 millones de habitantes y un PBI de USD 1,3 billones (Banco Mundial), tiene números mayores que los restantes 8 juntos. Esto lo hace ver como un rival para países como Alemania y Francia, que más de una vez plantearon sus dudas a sumarla.

Si bien el estado laico turco se comprometió con varias reformas, algunos escollos no pudieron superarse, como la invasión y división de Chipre: hoy 2/3 de esa isla son la República de Chipre, integrante de la UE desde 2004, y el 1/3 norte es la República Turca del Norte de Chipre, sólo reconocida por Ankara. Así, y tras detectar retrocesos en DDHH, democracia y justicia, en 2018 el Consejo Europeo decidió frenar la adhesión.

Otro caso especial es Serbia, que pidió unirse en diciembre de 2009 y obtuvo su candidatura oficial en marzo de 2012. Hay que recordar que este país, cuando aún formaba una unión estatal con Montenegro tras disolverse Yugoslavia en 1991, protagonizó varios conflictos bélicos en la región, como con Bosnia y Herzegovina (1992-5) y con Kosovo (1998-9), incluso con participación de la OTAN. En 2006, Montenegro se separó e inició su propio camino. De todos modos, el avance de Serbia para unirse a la UE está estancado desde hace más de una década y sólo ha cerrado de forma provisional 2 de 35 capítulos de adhesión. El primer problema es su histórico vínculo de amistad con Rusia, lo que puede verse, por ejemplo, en que es el único país europeo aparte de Bielorrusia que no ha impuesto sanciones a Moscú después de la invasión a Ucrania en 2022.

El segundo problema es Kosovo, que Serbia considera como provincia pero para 22 países de la UE es un Estado y “candidato potencial” a unirse (no lo reconocen España, Grecia, Chipre, Rumanía y Eslovaquia). Incluso, a inicios de junio el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, pidió a Serbia alinearse con la política exterior de la UE y dialogar más con Kosovo: “El camino que tenemos por delante es exigente, pero la trayectoria es clara. Queremos y estamos preparados para hacer más, pero Serbia marca el ritmo”.

De la ex-Yugoslavia: Montenegro, Macedonia del Norte y Bosnia-Herzegovina

Tras la muerte de Josip Broz ‘Tito’ en 1980, Yugoslavia entró en una larga crisis que desembocó en su desintegración a partir de 1991, en las 6 repúblicas federadas que la conformaban: Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Serbia. De ellas, Eslovenia fue la primera en integrarse a la UE de manera plena en 2004, y luego le siguió Croacia en julio de 2013, el último país en sumarse. El caso de Serbia (con el tema Kosovo) ya se expuso, y quedan tres por ver.

De entre los 9 candidatos actuales, Montenegro lleva la delantera. Solicitó su adhesión a fines de 2008, obtuvo su candidatura oficial dos años después y, tras un período de inestabilidad interna entre 2017 y 2023, ha logrado abrir los 33 capítulos de adhesión, con 14 de ellos ya cerrados provisoriamente. No tiene disputas territoriales, su política exterior está alineada con la UE y ya utiliza el euro (€).«Montenegro es el país candidato más avanzado en las negociaciones de adhesión», declaró la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, a la Agencia Reuters. Incluso, en abril la UE formó un grupo para empezar a redactar el tratado de adhesión, aún cuando faltan reformas en sectores como justicia y migración. De seguir avanzando, los más optimistas y el propio gobierno piensan que podría ser miembro pleno en 2028.

Por el contrario, un caso difícil es Macedonia del Norte, que debió cambiar su nombre y no ser más “Macedonia” para desbloquear el veto de Grecia. Pidió su adhesión en marzo de 2004 y logró la candidatura en 2005, pero las negociaciones se bloquearon hasta 2022, aparte de por el nombre, porque Francia pidió revisar el proceso de ampliación, y Bulgaria (miembro de la UE) le exigió reconocer formalmente a la minoría búlgara como uno de sus pueblos constituyentes. La última república eslava del sur en este tema es Bosnia y Herzegovina, que solicitó su adhesión en febrero de 2016 y que tuvo el visto bueno como candidato oficial a fines de 2022. Es de los más “verdes” ya que cuando se le dio la candidatura, el Consejo Europeo (CE) especificó que debía trabajar en temas como el Estado de Derecho y la delincuencia organizada antes de iniciar las negociaciones formales de adhesión y sus capítulos.

Si bien en 2024 el CE insistió con poder abrirlas, un informe de diciembre de 2025 de la presidencia de ese órgano sostuvo que “la dinámica de reforma sigue estancada” e instó a los agentes políticos a “centrar la atención del país en avanzar en la senda hacia la UE y a que lleven a cabo las reformas necesarias”. Como Bosnia y Herzegovina tendrá elecciones en octubre de 2026, es probable que la situación no cambie hasta después.


El caso especial de Albania

Se puede cambiar la narrativa de este artículo para contar una visión más personal. En septiembre de 2024 estuve de viaje por Albania, un país desconocido para muchos europeos pero que, tras la dictadura de Enver Hoxha y la caída del régimen comunista en 1991, volvió a mirar a Europa. Pidió su adhesión a la UE en 2009, fue candidata en 2014 y las negociaciones abrieron en 2022, siendo hoy el 2º más avanzado (tras Montenegro).

Al recorrer Tirana, la capital de Albania, son notorios los “búnkeres” para protegerse de bombardeos, con museos dedicados a ellos. Se dice que el dictador Hoxha (gobernó desde 1944 hasta morir en 1985) temía tanto un ataque de Yugoslavia, de la URSS o de la OTAN que mandó a construir miles de refugios, encerrando de ser necesario a su población en esas estructuras de hormigón. El hermetismo fue tal que a veces se describe al país como la “Corea del Norte europea”.

Una guía con perfecto español nos recibe en la Plaza Skanderbeg, la central de la ciudad. Allí nos señala la mezquita Et’hem Bey, en un país de mayoría musulmana, y más alejada la pequeña Catedral de San Pablo con dedicatorias a la Madre Teresa de Calcuta, de familia albanesa. Los turistas europeos se notan allí y las preguntas van desde los coches baratos que se venden hasta la estrecha relación con Kosovo, al noreste. Fuera de Tirana, el vínculo europeo también se hizo presente en ciudades como Dürres, Vlore o Sarande. Los viajes por el interior en bus y los hospedajes son muy baratos, el turismo emerge y la mayoría de las personas nos recibieron con brazos abiertos, incluso ensayando su español. Dato musical: la familia de la cantante Dua Lipa es albanokosovar y ella recibió la ciudadanía albanesa en 2022, la muestran como un orgullo.

Un caso concreto de beneficio por la Unión Europea es el Parque Nacional de Butrinto, al sur, cerca del límite con Grecia. Bajo un calor intenso recorrimos a pie estas ruinas históricas que son Patrimonio Mundial de la Humanidad declarado por la UNESCO, y su infraestructura en parte se mantiene con fondos europeos.

A la fecha, escribo esto desde España y las noticias que llegan de Albania se vinculan con la polémica por los centros de deportación de inmigrantes que creó allí Italia (con quien tiene muy fuertes lazos) y las críticas a los proyectos de resorts que involucran a la familia del presidente de EE. UU., Donald Trump. En cuanto al ingreso a la UE, ya tiene abiertos los 33 capítulos del acervo comunitario y es un candidato muy fuerte.


Una expansión europea entre idas y vueltas

La UE tiene un rol de peso en el tablero geopolítico mundial, aún con sus diferencias internas y una diversidad que la complejiza así como la enriquece. Luego de la “gran ampliación” que tuvo en de 2004 cuando se sumaron 10 países y tras la incorporación de Bulgaria, Rumanía y Croacia, la expansión pareció estancarse e incluso luego revertirse con la salida del Reino Unido. Sin embargo, el conflicto de Ucrania con Rusia, del cual indirectamente la unión también participa a través del apoyo militar y económico a Kiev y de las sanciones impuestas a Moscú, hizo “despertar” al bloque y revitalizar la expansión, incluso avanzando las negociaciones con los Balcanes. Los vaivenes y amenazas de su “aliado” EE.UU. también han sido un aliciente en la búsqueda de un mayor peso geopolítico. 

¿Cómo van los 9 candidatos oficiales? De momento, podríamos separarlos en cuatro:

  • Dos van avanzados: Montenegro y Albania, que podrían integrarse en 2030 o antes (Montenegro aspira a que con él, los miembros de la UE sean “28 para el 28”).
  • Dos han empezado hace poco, pero con viento a favor: Ucrania y Moldavia, con una candidatura oficial en tiempo récord y bajo la amenaza rusa por detrás.
  • Tres están estancados de manera temporal: Georgia, Macedonia del Norte y Bosnia y Herzegovina tienen dificultades políticas que, aunque no sean sencillas, podrían negociarse a mediano plazo.
  • Dos tienen el panorama más difícil: Turquía, que tras tantos rechazos y demoras parece dejar ir el proyecto europeo; y Serbia, muy vinculada a Rusia y aún sin encontrar una solución sobre Kosovo.

Finalmente, podemos concluir que, la UE es un tema que está muy presente en los debates políticos internos de cada país europeo, ya sea como una bendición o como una maldición, como un paraguas o como un lastre. Tras el paso del tiempo, habrá que ver dónde quedará la bandera azul con estrellas amarillas: si en un baúl de recuerdos y promesas vacías, o en los organismos oficiales ondeando junto a cada bandera nacional.


Mauricio Manini (Argentina): Periodista y Profesor de la materia Periodismo Digital, Universidad de Congreso.

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