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Brexit y la política de la inmediatez

Por Tomás Sanz

Diez años después del Brexit, otro primer ministro cae. La promesa de «recuperar el control» terminó convirtiéndose en una puerta giratoria en Downing Street: seis líderes en una década. Keir Starmer es el último en abandonar el cargo, justo en la víspera del décimo aniversario del referendo.

El 22 de junio de 2026, el primer ministro británico, Keir Starmer, comunicó su decisión de renunciar al cargo en medio de una profunda crisis migratoria, económica y política que afecta directamente al Reino Unido.

En paralelo, su imagen se deterioró en los últimos meses hasta alcanzar apenas un 18 % de aprobación, según YouGov. Este desplome responde, principalmente, a diversas medidas adoptadas por su gobierno, como la reducción de prestaciones para jubilados y desempleados, que impactaron de forma directa en su poder adquisitivo y bienestar social.

En este contexto, la renuncia de Starmer no constituye un hecho aislado, sino que refleja un patrón de inestabilidad que se repite desde la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit). Al mismo tiempo, marca un punto de inflexión en el que una parte creciente de la sociedad británica comienza a depositar su confianza en fuerzas emergentes como Reform UK, que promete respuestas rápidas y medidas concretas frente a la crisis.

¿Qué es el Brexit? 

El Brexit es el término utilizado para referirse a la salida formal del Reino Unido de la Unión Europea (UE). La palabra deriva de la combinación de los términos en inglés Britain (Gran Bretaña) y Exit (salida) (Sánchez Galán, 2024).

Su origen se remonta a 2016, cuando los ciudadanos británicos votaron, mediante un referéndum, a favor de abandonar la Unión Europea. A partir de ese momento, ambas partes iniciaron un complejo proceso de negociaciones para concretar la salida. En este contexto, se invocó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que establece que cualquier Estado miembro puede retirarse de la Unión, siempre que se abra una etapa de negociación destinada a definir las condiciones de su salida y las futuras relaciones entre ambas partes (Unión Europea, 2010).


De este modo, comenzó una nueva etapa de reconfiguración del mapa político europeo, marcada por la retirada de la que entonces era la segunda economía más importante de la UE. El proceso culminó con la firma del Acuerdo de Retirada entre el bloque europeo y el Reino Unido, posteriormente ratificado por ambas partes en 2020.

En primer lugar, el acuerdo fue firmado en Bruselas por los presidentes de las instituciones europeas, Charles Michel y Ursula von der Leyen, para luego ser suscrito por el primer ministro británico, Boris Johnson. Posteriormente, ambas partes ratificaron el documento, lo que permitió la entrada en vigor del Acuerdo de Retirada el 31 de enero de 2020. Desde esa fecha, el Reino Unido abandonó oficialmente la Unión Europea y pasó a ser considerado un tercer país. Con ello, concluyó el plazo previsto en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea y comenzó un período transitorio destinado a ordenar la nueva relación entre ambas partes.

Como puede observarse, la salida del Reino Unido no fue un proceso inmediato, sino una separación prolongada, burocrática y políticamente compleja. De hecho, el Brexit terminó costándoles el cargo a dos primeros ministros que encabezaron el referéndum y las negociaciones posteriores.

Sin embargo, las tensiones entre el Reino Unido y la Unión Europea no comenzaron con el Brexit, sino que se remontan a mucho antes, especialmente desde el ingreso británico a la Comunidad Económica Europea en 1973. Durante décadas, el Reino Unido mantuvo una posición marcada por la defensa de su soberanía jurídica, monetaria y económica. Un claro ejemplo de ello fue la decisión de conservar la libra esterlina, en lugar de adoptar el euro como moneda oficial.


Desde la decisión de llevar adelante el Brexit hasta su concreción, el Reino Unido atravesó profundas transformaciones políticas, económicas y sociales que redefinieron el escenario de incertidumbre que aún enfrenta.

Desde un principio, el gobierno británico advirtió que una victoria del «sí» en el referéndum tendría un impacto «inmediato y profundo» sobre la economía. Sin embargo, resulta difícil atribuir la crisis actual exclusivamente al Brexit, ya que también influyeron otros factores, como la pandemia de COVID-19, los aranceles impuestos por Estados Unidos y las guerras en Irán y Ucrania.

En el plano político, el referéndum reavivó el debate sobre una posible independencia de Escocia, donde la mayoría de la población había votado por permanecer en la Unión Europea. Asimismo, volvió a cobrar relevancia la discusión sobre la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, que continúa siendo parte de la UE.

Las consecuencias más visibles, sin embargo, se concentraron en el ámbito económico. Antes del Acuerdo de Retirada, los bienes y servicios circulaban libremente entre el Reino Unido y la Unión Europea. Tras el Brexit, el comercio comenzó a enfrentar mayores controles, más burocracia y costos adicionales, afectando especialmente a los sectores automotriz, agrícola y pesquero.

En este contexto, el Centro para la Reforma Europea (CER) sostiene que, aunque los aranceles se mantuvieron en cero desde 2021, las exportaciones británicas hacia la UE cayeron alrededor de un 12 %, mientras que las importaciones desde el bloque disminuyeron un 16 %, como consecuencia de las nuevas barreras fronterizas y administrativas.

El empleo también se vio afectado por la relocalización de empresas internacionales hacia países de la Unión Europea para conservar el acceso al mercado común. Como respuesta, Londres impulsó regulaciones y políticas fiscales para atraer inversiones extranjeras.

En el plano monetario, la libra esterlina registró una marcada depreciación desde 2016, reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos. A su vez, distintos especialistas estiman que el Producto Bruto Interno del Reino Unido cayó alrededor de un 6 % desde la decisión de abandonar la Unión Europea, mientras que la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria prevé una reducción cercana al 4 % en la productividad a largo plazo.

El ámbito educativo también sufrió cambios importantes. La salida del programa Erasmus+ redujo las oportunidades de intercambio académico y, junto con el fin de la libre circulación, limitó las posibilidades de estudiar, trabajar y residir en otros países de la Unión Europea.

En materia de soberanía económica, el Brexit permitió al Reino Unido negociar sus propios acuerdos comerciales. Hasta el momento ha firmado 39 acuerdos con 71 países, aunque estos no compensaron la pérdida del comercio con la Unión Europea, que continúa siendo su principal socio comercial y representa más del 40 % de su intercambio exterior. En el sector financiero, Londres mantiene su liderazgo en Europa, aunque parte de la actividad se trasladó a ciudades como Ámsterdam y Dublín.

En definitiva, el Brexit transformó profundamente la realidad política, económica y social del Reino Unido. Si bien muchas de sus consecuencias comenzaron a percibirse tras el referéndum de 2016, sus efectos se intensificaron con el paso de los años y los sucesivos cambios en el escenario político británico.


Tras las elecciones de 2024, el Partido Conservador perdió el control del Parlamento británico después de 14 años, dando paso al triunfo del Partido Laborista y a la llegada de Keir Starmer como primer ministro. Sin embargo, desde el referéndum que cambió el rumbo del Reino Unido, seis primeros ministros pasaron por Downing Street.

El primero en dimitir fue David Cameron (Partido Conservador), apenas un día después del triunfo del Brexit, tras no lograr consenso para gestionar el proceso de salida. Lo sucedió Theresa May (Partido Conservador), quien negoció el Acuerdo de Retirada, pero no consiguió el respaldo de la Cámara de los Comunes, lo que derivó en su renuncia en 2019.

Posteriormente asumió Boris Johnson (Partido Conservador), quien concretó la salida del Reino Unido de la Unión Europea y debió afrontar la pandemia de COVID-19. Sin embargo, los escándalos políticos, las irregularidades y la pérdida de apoyo dentro de su propio partido lo llevaron a renunciar en 2022. Su reemplazante, Liz Truss (Partido Conservador), permaneció apenas seis semanas en el cargo tras el rechazo que generó su programa de fuertes recortes impositivos.

Más tarde llegó Rishi Sunak (Partido Conservador), el primer ministro más joven en dos siglos. Asumió con la promesa de reducir la inflación y controlar la inmigración irregular, pero ante la falta de resultados convocó a elecciones anticipadas para julio de 2024. En esos comicios, el Partido Laborista obtuvo una victoria contundente y llevó a Keir Starmer a Downing Street con la promesa de recuperar la economía y reconstruir la confianza política.

No obstante, una parte importante de la sociedad británica considera hoy que el Brexit fue un fracaso. Así lo reflejan encuestas de Ipsos, según las cuales el 52 % de los consultados apoya el regreso del Reino Unido a la Unión Europea, frente a un 33 % que se opone.

En este contexto de incertidumbre, uno de los principales candidatos a suceder a Starmer, Andy Burnham, centra su discurso en respetar la decisión adoptada por los británicos en el referéndum de 2016, con el objetivo de fortalecer la democracia y preservar el bienestar de la sociedad.


La renuncia de Keir Starmer el pasado 22 de junio es el síntoma más reciente de un problema que el Reino Unido no ha logrado resolver en la última década. Lo que comenzó en 2016 como la promesa de «recuperar el control» terminó convirtiéndose en un ciclo de inestabilidad política que ya se llevó a seis primeros ministros, dejando tras de sí promesas incumplidas y una sociedad profundamente fracturada.

Diez años después, el Brexit sigue teniendo efectos profundos. La transición de socio estratégico a «tercer país» implicó nuevas barreras burocráticas y mayores costos para el comercio. Las exportaciones disminuyeron y numerosas empresas trasladaron sus operaciones para mantener el acceso al mercado común. Aunque el Reino Unido firmó acuerdos comerciales con decenas de países, la Unión Europea continúa siendo su principal socio económico.

Andy Burnham, uno de los principales aspirantes a suceder a Keir Starmer como primer ministro, prometió un plan de 10 años para mejorar el nivel de vida, reindustrializar el Reino Unido y dar más poder a los alcaldes.

Más allá de los indicadores económicos, el Brexit también dejó una profunda huella social y política. La salida del programa Erasmus+ redujo las oportunidades para miles de jóvenes, mientras que los debates sobre la independencia de Escocia y el futuro de Irlanda del Norte volvieron a ocupar un lugar central. Hoy, con un gobierno que apenas alcanza un 18 % de aprobación y con más de la mitad de la población favorable a regresar a la Unión Europea, el Reino Unido parece haber comprobado que, cuando la economía entra en crisis, la soberanía política pierde parte de su atractivo.

Mientras Andy Burnham y otros posibles sucesores se preparan para disputar el liderazgo, la pregunta de fondo ya no es solo quién reemplazará a Starmer, sino si el sistema político británico será capaz de romper el ciclo de inestabilidad que lo acompaña desde hace una década.


Tomas Sanz (Argentina): Estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Miembro del DiploClub.

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