Realismo Mineral: el caso de Ucrania
Por Agustín Bazán
Invasión, guerra, deudas y ahora… minerales: el subsuelo de Ucrania entra en juego y desata una nueva pulseada global. Estados Unidos, su mayor aliado militar, no piensa quedarse sin su parte.

“La Guerra en Ucrania está cerca de su fin”, esto fue lo que comentó el presidente norteamericano Donald Trump días atrás frente a los periodistas que lo interpelaron respecto la situación que él mismo prometió finalizar una vez que ocupara nuevamente el Despacho Oval.
Es que, el conflicto entre Rusia y Ucrania, trajo consigo la destrucción de gran parte del territorio de Ucrania y también la pérdida de miles (sino millones) de vidas humanas, como así también profundas deudas por pagar.

Según lo establecido por el portal USAfacts, Estados Unidos ha enviado en total 182.800 millones de dólares a Ucrania desde el año 2022.
En términos claros, el grueso de ese presupuesto fue asignado desde el Departamento de Defensa y básicamente el 69% del presupuesto fue en ayuda militar.
Claramente, el Presidente Volodimir Zelenski, ha agradecido más de una vez a todos aquellos países que han apoyado a Ucrania de la forma que sea, pero ciertamente, los que más ayuda brindan son aquellos que desembolsan dinero. Ya que, independientemente de los resultados en pérdidas materiales y humanas, una premisa que siempre gobierna los conflictos bélicos es: “toda guerra es cara”.
Por otro lado, tiempo atrás Trump, anunció que en su esfuerzo por recuperar las cuentas de Estados Unidos no descartaba la opción de “cobrar” las deudas a los países a los cuales el tío Sam hubiera ayudado, y en su lista de saldos por cobrar se encontraba Ucrania.
Ahora bien,desde hace tiempo, la situación de Ucrania se acompleja. Sabemos que está siendo asediada desde hace más de tres años por una potencia militar. Que, asimismo, ha perdido miles de personas en los cruentos combates e incesantes bombardeos y no está logrando reclutar el número de soldados que necesita para hacerle frente a Rusia.
La cual, pareciera no considerar las incontables bajas que ha sufrido desde que comenzó la “operación militar especial” que anuncio Vladimir Putin. Respecto a Ucrania, se le debe sumar que uno de sus principales acreedores, el cual es Estados Unidos, le reclama que compense lo prestado.
Esta complejidad abre el siguiente debate: ¿Cómo puede un país prácticamente en ruinas pagar una millonaria deuda? ¿Qué puede obtener Estados Unidos de un acuerdo con Ucrania? y lo más importante, ante un posible acuerdo entre ambos países, ¿Se evitaría que Rusia continúe con su política expansionista y avance sobre territorio soberano de Ucrania?

Bajo la tierra, hay mucha riqueza.
Es importante destacar que el subsuelo ucraniano guarda un valor geoestratégico mayúsculo. Según datos del Servicio Estatal de Geología y Recursos Minerales de Ucrania (Derzhheonadra), este país alberga aproximadamente el 5% de los recursos minerales del mundo, incluyendo reservas muy importantes de titanio, litio, grafito, uranio y manganeso.
Ahora bien, respecto del Titanio, Ucrania es responsable del 6% de la extracción de este mineral. El cual, es clave en la fabricación de componentes militares como fuselajes de aviones, misiles hipersónicos y vehículos blindados.
Paradójicamente, el país no cuenta con una industria militar muy desarrollada y, en consecuencia, esto fue una de las causantes de la necesidad de adquisición de material militar extranjero.
Por otra parte, el país también posee cerca del 3% del litio mundial. Dicho elemento es vital para la producción de baterías de automóviles eléctricos, almacenamiento energético y dispositivos móviles. Además, cuenta con importantes yacimientos de grafito natural, utilizado en baterías de ion-litio y reactores nucleares.
Básicamente, en Ucrania se encuentran minerales que hoy se consideran de importancia estratégica. Que, en palabras llanas, dicha importancia estratégica se traduce en aprovisionamiento, y el mismo, se está evaluando en la gran mayoría de los países que apuestan por el desarrollo de las mencionadas industrias.
En vista a ello, el poseer estas riquezas coloca a Ucrania en una posición clave frente a la transición energética global y la creciente demanda de minerales críticos. Sin embargo, el hecho de que Trump parece no dar el brazo a torcer, hizo que Ucrania haya accedido (a través de un pacto) a participar en la creación de un fondo conjunto para la explotación de minerales estratégicos en el territorio ucraniano.
Dicho sea de paso, en un mundo cada vez más interdependiente, donde los recursos naturales críticos se han transformado en piezas clave del tablero geopolítico, dicho acuerdo entre Washington y Kiev no sólo tiene implicancias económicas; sino que también, representa un hito estratégico en la disputa global por el control de los minerales del siglo XXI.

Una nueva corriente.
Es cierto que, Trump ha sabido mover las piezas del tablero geopolítico con un pragmatismo al mejor estilo del Doctor Kissinger: “el país a la hora de cobrar favores, los cobra caro”.
Cierto es que, en un principio, el presidente estadounidense había demostrado tener intenciones de negociar el equivalente a 500.000 millones de dólares en industria mineral, a lo que Zelenski se negó rotundamente.
Y esto, era esperable para el Departamento de Estado, por lo que la agencia ordenó a especialistas en materia de geología a realizar profundos estudios de prospección respecto a cuánto podría Estados Unidos recaudar ante un posible acuerdo mineral con Ucrania.
Todo esto llevo a que Trump apueste fuertemente por el “renacer de la industria estadounidense”. Por lo que, si se considera la importancia de los minerales que puede extraer su país de Ucrania, se avizora en el horizonte un crecimiento para las industrias mineras, militares y tecnológicas del país.
Según fuentes oficiales, el acuerdo firmado en Washington, establece que Estados Unidos y Ucrania crearán un fondo de inversión con aportes equitativos para financiar proyectos en tres grandes áreas:
- Extracción de minerales estratégicos.
- Exploración de hidrocarburos (petróleo y gas).
- Desarrollo de infraestructura energética e industrial.
La novedad radica en que, durante los primeros diez años, el 100% de las ganancias obtenidas por el fondo serán reinvertidas en territorio ucraniano, destinados a la reconstrucción y el fortalecimiento de capacidades estatales y tecnológicas. Pero, también, el acuerdo otorga a empresas estadounidenses el derecho de “primera negativa” para participar en licitaciones de proyectos de exploración y extracción de tierras raras.
Esto significa que, ante una posible inversión de terceros países, las firmas norteamericanas tendrán la prioridad para igualar o mejorar la propuesta. A su vez, se incluyó una cláusula de exclusión comercial que impide la venta de minerales estratégicos a actores considerados adversarios de Estados Unidos.
Si bien, no se los menciona explícitamente, esta cláusula está pensada principalmente para limitar el acceso a China, país que hoy lidera la cadena de valor global en litio, grafito y tierras raras. Ya que, casi el 60% de la producción y el 80% del procesamiento es llevado a cabo por la nación asiática.

¿Un acuerdo frenará al Oso Siberiano?
Ciertamente, el acuerdo entre Kiev y Washington no puede analizarse en términos puramente económicos, sino que va un poco más allá y sirve como estrategia de contención a Rusia.
Sin embargo y paradójicamente, el acuerdo indirectamente beneficia a los intereses del Kremlin:el cual es, evitar que Ucrania se una a la OTAN. Y es que, en pos de instalar industrias de extracción, se debe garantizar la seguridad e integridad del territorio.
Por lo que, con el despliegue capitales estadounidenses en Ucrania, la presencia militar norteamericana en la región se puede ver incrementada, dando una suerte de “respaldo de protección” a la nación de Zelenski.
Por su parte, Putin no se arriesgaría a amenazar los intereses estadounidenses porque en ese caso, sí pondría en riesgo a la Federación Rusa de una posible represalia de la OTAN. Claro es que, finalizadas las hostilidades Rusia deberá proceder también a reconstruir su economía, considerando los gigantescos gastos que ha tenido en el conflicto.
Por otro lado, el propio acuerdo ha disgustado a países miembros de la Unión Europea (recordando que varios de ellos poseen derecho a voto de nuevas admisiones en la OTAN).
Algunos críticos, como el think tank europeo Bruegel, han advertido que la cláusula de exclusividad con EE.UU. entra en tensión con los compromisos firmados entre Ucrania y la UE en materia de libre competencia y regulación conjunta del mercado de materias primas. También se plantea el riesgo de que el control estadounidense sobre parte de la cadena extractiva condicione la política exterior ucraniana a futuro.

“Oriri ex cinere”
Si bien, los resultados pueden no haber sido los esperados, la guerra debe terminar. Es que, tanto la valentía como el coraje del pueblo ucraniano han sido demostrados con creces, pero es tiempo de resurgir de las cenizas, reconstruir el país y tratar de seguir adelante.
Es claro que hoy, las trincheras no están solo en el frente de batalla, sino que también están bajo tierra. Y va a ser allí, donde se decida quién tendrá acceso al poder energético y tecnológico del futuro.
En este siglo, la geopolítica se juega en múltiples frentes: como en los campos de batalla, en los laboratorios de tecnología, en los tratados diplomáticos y, cada vez más, en las entrañas de la tierra.
Agustín Bazán (Argentina): Licenciado en Recursos Navales para la Defensa y Maestrando en Defensa Nacional, Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), Oficial de carrera de la Armada Argentina, y estudiante avanzado de la Licenciatura de Relaciones Internacionales.
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