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India y Pakistán: el eterno conflicto por Cachemira

Por Lautaro Larralde

El 22 de abril, un ataque que dejó 26 muertos en Cachemira desató el recrudecimiento de la tensión bilateral entre India y Pakistán. Como respuesta, Nueva Delhi desplegó la agresiva operación “Sindoor”: las ciudades de Muzaffarabad, Kotli y Bahawalpur fueron atacadas con misiles.

Las relaciones entre ambas potencias nucleares están tocando fondo en las últimas horas, aunque son históricamente tensas. La acumulación de factores estructurales explica en gran medida esta situación: dos culturas diferentes, desarrolladas en poblaciones extremadamente grandes; un territorio disputado como herencia de una colonización imprudente; el ansia de desarrollo desde una base de grandes necesidades; y fuerzas militares de relevancia. Todo este conjunto sólo requiere una chispa para encenderse. Estos poderosos vecinos amenazan con sumar una preocupación más a la ya frágil realidad internacional, signada por disputas cruentas.

Un nacimiento tortuoso

Mirando hacia atrás en el tiempo, el fin del mandato británico en 1947 estuvo signado por una mezcla de desinterés y escasa comprensión del territorio por parte de las autoridades coloniales. Esto provocó que la flamante población independiente de toda la zona indostánica se viera rápidamente inmersa en un clima de conflictividad creciente. La fricción religiosa entre hindúes, rodeados por musulmanes, fue el preludio de una contienda asegurada.

Durante el proceso independentista, los movimientos nacionalistas en el Raj británico presentaban desencuentros identitarios, lo que derivó en una escisión del movimiento emancipador entre una vertiente hindú y otra musulmana. Desde 1933 existía la idea de Pakistán como una gran nación islámica independiente. Hasta entonces, la convivencia era tensa, pero aún existía la posibilidad de que pudiera resolverse mediante el diálogo. Para 1946, en vísperas de la emancipación, los conflictos se intensificaron y se produjeron enfrentamientos armados entre ambas comunidades.

Cyril Radcliffe fue el designado por las autoridades británicas para delimitar las nuevas fronteras de lo que serían Pakistán e India, al considerarse inviable un solo Estado. Dos hechos explican el devenir de lo sucedido: Radcliffe nunca había estado en el territorio y realizó su tarea en apenas cinco semanas.

El resultado fue una configuración territorial ambigua: la República de India quedó en el centro, abrazada por un vecino dividido. Por un lado, Pakistán Occidental (hoy República Islámica de Pakistán) y, al este, separado por 1.600 kilómetros de territorio indio, Pakistán Oriental, que desde 1971, luego de una guerra, es Bangladesh.

Una vecindad en disputa

Las condiciones en las que nació Pakistán han influido profundamente en su historia, especialmente en sus difíciles relaciones con India y en su lucha por la estabilidad interna. Además, los sucesos internos han sido catalizadores de posibles escaladas en los litigios.

Tras la estructuración de India, Pakistán y Bangladesh como Estados, persistieron las hostilidades internas en India. Ejemplo de ello fueron el nacionalismo sikh en el Punjab, el asesinato de la primera ministra Indira Gandhi a manos de sus guardaespaldas sikhs, y la creciente tensión entre fundamentalistas hindúes y musulmanes en los años noventa. En consecuencia, India comenzó a ver con recelo todo aquello que pudiera cuestionar su identidad nacional. Mientras que en Pakistán, la influencia del Islam fue decisiva y dio lugar a la emergencia de grupos fundamentalistas.

Para agravar la situación, el riesgo de una guerra nuclear aumentó en los noventa, alcanzando su punto más crítico en 1998. Un ataque de guerrilleros musulmanes paquistaníes de Cachemira al Parlamento indio en 2001 elevó aún más la inestabilidad. Hoy, dos preguntas dominan el escenario: ¿puede este conflicto derivar en una guerra abierta? ¿Existe riesgo de una escalada nuclear?

¿En la antesala de una nueva guerra?

El epicentro de la disputa es Cachemira, una región en litigio desde el origen mismo de India y Pakistán, y que ya ha motivado tres guerras. A la fecha, un actor cada vez más influyente como China también está involucrado. Pakistán controla un tercio del territorio (las Áreas del Norte), India es responsable de aproximadamente la mitad (Jammu y Cachemira), y China domina la región de Aksai Chin. Este complejo tablero involucra a tres Estados con enorme peso global: entre los tres concentran casi el 39% de la población mundial y poseen más de 160 ojivas nucleares, cada uno con arsenales significativos.


Mapa | Cachemira y territorios en disputa

El 22 de abril pasado, 25 ciudadanos indios y un nepalí murieron en un ataque con armas de fuego en Pahalgam, al sur de la zona en disputa. El gobierno de Narendra Modi reaccionó con rapidez: redujo los vínculos diplomáticos con Islamabad, retiró a sus representantes, cerró pasos fronterizos, suspendió el Tratado de Aguas del Indo y dejó de emitir visas para ciudadanos paquistaníes. Todo esto fue acompañado de una acusación formal al gobierno pakistaní de sostener el terrorismo en la zona. Fueron prometidas medidas aún más duras.

Las tres ciudades atacadas hoy se encuentran, efectivamente, en el territorio pakistaní de la provincia disputada. Esta ofensiva militar genera una fuerte preocupación regional y a una comunidad internacional ya convulsionada.

Pakistán había negado las acusaciones, y en esa línea respondió que la suspensión del Tratado de Aguas del Indo abre la puerta a una “guerra del agua”. Esto se refiere al principal recurso presente en la zona, y el más deseado por ambos gobiernos para futuros desarrollos. Como respuesta temprana, desde Islamabad ya habían expulsado asesores de defensa indios, redujeron el personal diplomático, suspendieron visados (excepto para la comunidad sikh) y cerraron el espacio aéreo a aerolíneas indias. Incluso Pakistán responsabilizó a India por la muerte de siete soldados alcanzados por un explosivo en Baluchistán, al oeste del país.

“El enemigo astuto ha llevado a cabo un cobarde ataque en cinco lugares de Pakistán. Pakistán tiene todo el derecho de dar una respuesta adecuada a este acto de guerra impuesto por la India, y se está dando una respuesta adecuada”.

Muhammad Shehbaz Sharif | Primer Ministro de Pakistán

Pocas horas después, Islamabad aseguró que tuvo éxito en el derribo de, por lo menos, cinco aviones indios y también tomó prisioneros. Ni India ni Pakistán quieren retroceder en este momento pero la impronta puede tomar dos vías: profundización o moderación. Mucho se especula sobre el uso de armamento nuclear o la inauguración de una nueva guerra. Ninguna de estas opciones parece plantearse como algo realista en plazos inmediatos, pero la tensión continúa. 


Soldados indios se mantienen junto a una cuerda para impedir que la gente acceda al lugar de un accidente aéreo en Wuyan, al sur de Srinagar, en Cachemira administrada por la India, el 7 de mayo. Imagen | Yawar Nazir

La ONU se pronunció preocupada, haciendo un llamamiento al diálogo, aunque los actores más gravitantes seguramente serán las potencias: China, cercano a Pakistán, y Rusia e Israel, con buenas relaciones con India. Las inversiones chinas en infraestructura en Pakistán son ejemplo de estos intereses cruzados, manifestado en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), un megaproyecto de más de 46 mil millones de dólares. Con estos nombres sobre la mesa, no es descabellado pensar en una escalada de ataques reducidos a la brevedad que, lentamente, mermen gracias a la intervención diplomática de los estados. 

Lo cierto es que en las próximas horas las represalias serán más intensas. Ante todo esto, ¿qué le espera al mundo?

Posibles escenarios

Hay tres ejes clave: la cuestión nuclear, la disputa por recursos y las posibles incursiones en territorio vecino. Todo ello puede preparar o no una guerra formal.

El elemento nuclear ha sido determinante desde 1945. Es poco probable que la conflictiva relación en el subcontinente indio escale al punto de considerar viable su uso. Incluso, cabe pensar que tras ciertas acciones de disuasión recíproca, la escalada se detenga. China, implicada en discusiones estratégicas globales con Estados Unidos, podría presionar para enfriar la situación y evitar una nueva lid como la que continúa en Ucrania. Sin embargo, Cachemira es un punto caliente en sí mismo. Al compartir frontera con Afganistán, es un paso clave en términos de seguridad regional y eso puede despertar intereses todavía expectantes.

Los recursos del valle también son un factor tentador. El agua es vital en esta región, donde nacen ríos como el Indo, el Jhelum y el Chenab. No solo es importante su uso para el consumo, también para proyectos hidroeléctricos que convierten a Cachemira en un recurso estratégico de alto valor. El cumplimiento o violación del Tratado de Aguas del Indo se utiliza como argumento para prolongar amenazas. A esto se suma el control del estratégico glaciar Siachen, fuente de esos ríos. Este parece ser el punto de mayor sensibilidad.


Cuenca del río Indo y sus afluentes. El mapa muestra el sistema hidrográfico de la región, clave en la disputa entre India y Pakistán. Los ríos Indo, Jhelum, Chenab, Ravi, Beas y Sutlej nacen en el Himalaya y son vitales para el abastecimiento de agua y energía. La delimitación territorial en torno a la Línea de Control incide directamente en el acceso a estos recursos.

“Hoy en día, se habla mucho del agua en los medios de comunicación. Antes, incluso la parte legítima del agua de la India se escapaba del país. Ahora, el agua de la India fluirá hacia la India, se conservará para su propio beneficio y se utilizará para su progreso”.

Narendra Modi | Primer Ministro de la India

Cachemira también es rica en minerales, cuya explotación amenaza la biodiversidad. Una mayor crisis entre India y Pakistán aleja la posibilidad de implementar estrategias sostenibles para preservar la vida silvestre.

Desde ambas partes se acusa el ataque a objetivos civiles pero hablar de una guerra con todas las letras todavía parece remoto. Hasta la fecha, se comunicaron oficialmente 31 bajas civiles confirmadas por el Jefe del Ejército de Pakistán, mientras que fueron 12 los fallecimientos de ciudadanos indios según Nueva Delhi y lo sensato es que estas cifras sean definitivas. 

Los dos países intentan, y seguirán intentando, demostrar su poderío. Dada la sensibilidad del contexto, los grandes intereses regionales e internacionales tarde o temprano van a empujar hacia una reconciliación. Rusia ha llamado a la moderación y Donald Trump rápidamente ofreció su ayuda para amainar la pugna. Tal vez la pregunta no sea quién ganará una hipotética guerra, todavía poco factible, sino: ¿quién se propondrá como el garante de la paz más eficaz? La enemistad entre India y Pakistán también se ve reflejada en actos simbólicos como un tradicional cambio de guardia fronterizo, donde cada parte deja ver su recelo para con su vecino.


Lautaro Larralde (Argentina): Licenciado en Comunicación Social con orientación en planificación estratégica, Universidad Nacional de la Plata, y voluntario en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.

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