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Kant: la valentía de pensar

Por Agustina Miranda Giordano

Hace 300 años, un 22 de abril de 1724, nacía en Königsberg una de las mentes más brillantes que ha tenido la humanidad: Immanuel Kant. En el aniversario de su natalicio, recordamos a este filósofo alemán del siglo XVIII y su llamado tan vigente: «¡Atrévete a pensar!» Pensamiento que sentó las bases para la filosofía moderna, cuyas ideas continuaron inspirando y desafiando a generaciones posteriores.

Ilustración | Ethic

Su obra resuena especialmente en el mundo contemporáneo, donde la reflexión crítica es crucial para abordar los desafíos complejos que enfrentamos. En 1784, el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó la respuesta de Kant a la pregunta: Was ist Aufklärung?, ¿Qué es la Ilustración? Allí el filósofo alemán define a la Aufklärung, es decir, la ilustraciónde modo negativo, como una salida del hombre de su minoría de edad.

Tal minoría consiste en su incapacidad para servirse de propio entendimiento, sin la dirección de otro. Es decir, un cierto estado que nos lleva a aceptar la autoridad de otro, como la de un libro, un médico, o un pastor, en ciertos ámbitos donde conviene hacer uso de la razón. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Escribe Kant. El hombre es responsable de su estado de minoría, por lo tanto, la salida se da por un cambio que él mismo efectúa sobre sí mismo, idea contenida en la expresión ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!

Vale aclarar que la Ilustración fue un movimiento cultural que tuvo lugar en Europa entre los siglos XVII y XVIII. Se caracterizó por ser un periodo de gran desarrollo intelectual que defendía el conocimiento racional, el pensamiento crítico, la idea de progreso y de igualdad social. En este periodo, se otorgó primacía a la razón, relegando otras esferas de la vida humana, como el sentimiento. No obstante, 300 años más tarde nos preguntamos ¿hemos alcanzado la tan anhelada época ilustrada? Nuestra coyuntura histórica es, sin duda, una muy especial amalgama entre lo humano y lo tecnológico que marcará un antes y un después para la posteridad. Sin embargo, entre tanta información, redes, IA y demás marcas contemporáneas, cabe preguntarnos si, en última instancia, hacemos uso de la razón.

Para Kant, el proceso de ilustración exige libertad: libertad de hacer uso público de la razón, en cualquier dominio. La distinción kantiana sobre el uso público y el uso privado de la razón puede parecer contraintuitiva en el contexto actual. El uso público de la razón es el que alguien hace de ella en cuanto docto y ante la totalidad del público, sin otro fin que ella misma.  El uso privado es el empleo de la razón que se le permite al hombre dentro de una función específica.

En este contexto no está permitido razonar sino obedecer ya que el hombre es parte de una sociedad, cumple funciones determinadas y fines particulares. Ahora bien, el uso público y libre de la razón autónoma será la garantía de obediencia, pero, a condición de que el principio o ley que haya que obedecer sea conforme a la razón universal. En síntesis:¡razonad tanto como queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!


Con Kant, la cuestión radica en determinar cuándo debemos hacer un uso público y cuándo un uso privado, cuándo debemos obedecer y cuándo no debemos. Es decir, se trata de hacer un uso libre de la razón. Esto está relacionado con el papel que desempeña la tradición. No se trata de desligarse de ella ni de la razón, sino más bien de comprenderla, tomarla y discernir dónde es necesario modificarla.

En este sentido, de acuerdo con el análisis del filósofo francés Michel Foucault en su obra homónima a la de Kant ¿Qué es la lustración? (1983), el pensador indica que son necesarias ciertas condiciones institucionales, históricas y personales para que el sujeto pueda liberarse, pueda ser autónomo. Estos requisitos tienen que ver con un coraje de hacerse cargo y asumir esas posibilidades para poder llevar a cabo un proyecto tanto individual como colectivo.  Aquí observamos un juego de constante tensión entre la tradición y lo novedoso. La tradición es el punto de partida necesario y conocerla nos permite cuestionarla y posicionarnos críticamente con respecto al pasado y al presente, con miras a la construcción de un futuro cimentado sobre bases sólidas.

¿Vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de Ilustración, responde Kant. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres se pueda servir de su propio entendimiento sin acudir a la conducción de otro, por ello afirma que la suya es la época de la ilustración. Pues, los hombres tienen el campo abierto para trabajar libremente por el logro de esa meta.

Importancia del texto kantiano

Siguiendo el pensamiento de Foucault, él encuentra que, en el texto de Kant, por primera vez, la filosofía se pregunta por su propio presente. Encontramos en el texto una “reflexión sobre el hoy” que busca definir el propio presente, la época en la que vive sin tratar de conectarla con momentos más amplios de la historia. En Kant, hay un modo de ser histórico que se entiende a partir de la relación del sujeto con la época en la que le toca vivir, argumenta Foucault.

Desde esta perspectiva, para Kant, el presente no se define como pertenencia a cierta época del mundo que se distingue de otras, ni signo anunciador de un acontecimiento futuro (es decir, no está el presente conectado necesariamente con un acontecimiento futuro), ni transición hacia la aurora de un mundo nuevo.


Ilustración | The Atlantic

Hasta ese momento, el presente en la reflexión filosófica había estado asociado con una totalidad (unidad de pasado, presente y futuro), una época, un acontecimiento futuro o una ruptura hacia algo nuevo. Es decir, desde Kant se busca interrogar el presente y a nosotros como parte de ese presente, porque se busca un sujeto autónomo.

Según la interpretación que hace Foucault, la Ilustración no es ni una teoría ni una época sino una actitud: la actitud de modernidad. Por este modo de ser o modo de existencia, Foucault entiende un ethos, que no es ética en el sentido de una teoría sobre lo bueno y lo malo, sino una práctica, un modo de ser desde el cual nos enfrentamos al mundo. El ethos supone un modo de relación con la actualidad, de pensar el momento presente, no lo universal y necesario; por ello, tiene que ver con una elección voluntaria efectuada por algunos donde, justamente, se produce la salida de la minoría de edad, la liberación y el dejar de estar regidos por disposiciones externas.

Se trata de una manera de obrar que se presenta como una tarea que no está desligada de la reflexión y de la relación con el presente. Pues, el sujeto es un sujeto histórico (no universal ni abstracto ni transcendental) que está atravesado por los acontecimientos presentes. Esto amplía la visión sobre el sujeto: no es solo un sujeto de conocimiento, sino más bien un sujeto histórico. Se busca forjar individuos que puedan ser autónomos, libres que se constituyan a sí mismos.

La conmemoración del aniversario de Immanuel Kant nos invita a reflexionar sobre su llamado a la autonomía del sujeto. Kant nos desafía a abandonar la minoría de edad, la dependencia del entendimiento ajeno, y a hacer de la razón un motor para el progreso de la humanidad.

Todo ello junto con la lectura foucaultiana que destaca la Ilustración como una actitud de modernidad, nos invitan a pensar críticamente sobre nuestro presente y a contribuir activamente a la construcción de una sociedad no ilustrada, pero al menos capacitada e informada. Algún día nos haremos mayores de edad y viviremos en un lugar donde cada individuo pueda forjarse a sí mismo mediante del uso de la razón y la audacia de saber.


Ilustración | Theory of Knowledge

En este sentido, la contribución activa y atenta del mundo que nos rodea es un lema para Diplomacia Activa: “el mundo nos necesita atentos”. La palabra «atención» proviene del latín «attentio«, que a su vez deriva del verbo «attendere«, compuesto por «ad«, que significa «hacia», y «tendere«, que significa «tender» o «dirigir». En su origen, «atención» implicaba dirigir la mente o los sentidos hacia algo específico, prestando cuidadosa consideración o concentración en ese objeto o situación.

En la actualidad, conserva este significado fundamental, refiriéndose a la capacidad de focalizar la mente o los sentidos en un estímulo determinado. Desde este espacio buscamos esa mirada atenta sobre la realidad, mas no como meros protagonistas sino como actores en un mundo complejo, cambiante y desafiante desde cualquier perspectiva. Podríamos decir que esa es nuestra idea regulatoria, nuestro imperativo categórico que guía y regula nuestras acciones y nuestros pensamientos. No es algo absoluto ni consumado, sino una idea asintótica que marca los derroteros del pensar y, sobre todo, de la acción. Pues, ¡atrevámonos a valernos de nuestro propio entendimiento y a estar atentos!


Agustina Miranda Giordano (Argentina): estudiante de Profesorado de grado universitario y Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional de Cuyo.

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