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Barajar y dar de vuelta

Por Jesús del Peso Tierno

A once meses de su inicio, el conflicto en Ucrania ha dado un vuelco total al sistema internacional. Desde el balance de fuerzas diplomáticas hasta el impulso definitivo de nuevas alianzas económicas y estratégicas. Particularmente, puso contra las cuerdas al mejor alumno del sistema internacional: la Unión Europea.

Sin duda alguna, la guerra comenzada por el presidente ruso, Vladimir Putin, está haciendo estragos en la economía global, y como en toda crisis, ya sea social, económica o incluso bélica, siempre hay ganadores y perdedores en todos los frentes.

La reconfiguración orgánica europea a lo largo de estos meses está siendo brutal. En su seno se están dando cambios, avances y transformaciones nunca antes pensadas. Si la crisis del coronavirus ya había desafiado el estado de la Unión, la guerra con Rusia ha terminado por dar un giro en el rumbo.

Particularmente, Alemania está migrando a un rol activo en el continente, en principio el gasto militar germano ha aumentado y ya es el mayor desde la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, si hasta el estallido de la crisis por la pandemia era el país que más condicionaba el gasto público del resto de gobiernos que componen a la organización, desde que el canciller Scholz recibiera un panorama fiscal oscuro, la locomotora económica de Europa ha visto alterada su visión sobre el gasto y su actuar como sostén de los demás miembros.

Clásico frugal y azote de los países del sur en lo que a contingencia fiscal se refiere, está viendo como en la actualidad, desde el comienzo de la crisis ha desbloqueado todo freno al gasto estatal en los gobiernos de los 27 para hacer frente a la crisis que ya pilotea.


Con una economía que tambalea (un crecimiento de tan solo el 0,1% el último trimestre de 2022) y con un invierno al acecho sobre una población que depende casi íntegramente del gas ruso para abrigarse, se ha visto en la obligación de encontrar rutas alternativas para la llegada de medios energéticos hasta el país.

Este es el caso del nuevo escenario abierto entre los gobiernos de Madrid y Berlin. Ambos estados, se encuentran ahora en la misma página negociadora frente a un opositor común: Emanuel Macron. En el Tratado de Barcelona, los presidentes Macron y Sánchez consolidaron su alianza en la UE con un tratado equiparable al franco-alemán.

La capacidad regasificadora española (casi un tercio de toda la capacidad comunitaria) y el amplio desarrollo de la industria gasista en el país, han convertido al Estado presidido por Pedro Sánchez en una joya para los intereses estratégicos europeos para los próximos años. Esto, claro está, si el resto de países no se opone a ello y deciden invertir fondos en el desarrollo de una nueva estructura continental que únicamente quedaría pendiente del tramo que discurre por el territorio francés.

Plantas regasificadoras activas y pendientes en la península.

De las pasadas cumbres llevadas a cabo por ambas administraciones sale el firme convencimiento de ambos líderes de extender la red española hacia el centro del continente a través de Francia en unos proyectos que deberían ser financiados por la Unión Europea. Todo ello según la condicionalidad española de que la inversión no contemplase únicamente el transporte de gas, sino también de hidrógeno líquido, una energía sobre la que la industria española es pionera y que pretende imponer como combustible verde una vez se sustituya definitivamente el gas.

Sin embargo, durante los pasados meses en los que se escuchaba con cada vez más fuerza la propuesta de ambos países, el gobierno francés ya desalentaba a sus dos promotores alegando que el desarrollo de la infraestructura planteada no estaría preparada antes de la caída del invierno en el continente y que, por lo tanto, no merecería la pena desarrollar. Aún así, tanto el presidente español como el presidente alemán siguen presionando en favor del futuro gasoducto que conectaría a la península ibérica con el resto de Europa a través de un proyecto que reestructuraría el balance de fuerzas en el seno de la Unión Europea.


La propuesta planteada por el gobierno alemán es una oportunidad de oro tanto para España como para Portugal en su nuevo papel de proveedores de combustible al continente ya que, en la actualidad, los Estados ibéricos están completamente desconectados del circuito energético europeo ante la falta de conexiones internacionales.

De llevarse a cabo, la Comisión Europea vería como, en materia energética, tanto España como Portugal se convertirían en el principal proveedor gasista continental mientras, por su parte, Alemania conseguiría mantener casi intacta su relevancia en el centro del continente al paliar, casi totalmente, la necesidad inmediata de reconvertir plenamente su tejido energético nacional al de nuevas energías alternativas.

Sin embargo, en ese pequeño juego de suma 0 entre aliados se vería fundamentalmente damnificada la relevancia política francesa, cuyo Estado, desde la salida de Merkel de la cancillería alemana, habría dado un paso al frente para ocupar el puesto motriz de las instituciones comunitarias aumentando su peso tanto político como económico dentro de la organización. 

Las negociaciones no serán nada sencillas, en particular, porque ya en el pasado saltaron chispas entre las administraciones francesa y alemana durante el desarrollo de las negociaciones sobre la catalogación de cuáles serían consideradas (y por lo tanto permitidas) como energías verdes o energías de transición. Un proceso durante el cual ni Francia consideraba el gas natural como energía de transición, ni Alemania estaba dispuesta a permitirá la energía nuclear (principal fuente energética empleada por París) como energía verde.

El debate, sin embargo, se saldó con una decisión salomónica en la que ambas energías recibirían la catalogación a la que aspiraban, debido, en parte, al papel catalizador que está teniendo la administración de Pedro Sánchez durante su mandato en los procesos decisorios en la Unión, donde está sirviendo como punto de encuentro entre el buen entendimiento mantenido entre las administraciones francesa y española y el alineamiento político con su homólogo alemán, ambos socialdemócratas.


Jesús del Peso Tierno (España): Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad Rey Juan Carlos de la Comunidad de Madrid.

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