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Paraguay ¿Un nuevo amanecer?

Por Arturo Martínez Bautista

En los últimos años la mayor parte de América del Sur ha estado expuesta a cambios radicales de signo político que han provocado transformaciones a nivel económico y social. Sin embargo, una nación parece no solo resistir a cualquier tipo de polarización política, sino que aspira a consolidarse como potencia regional.

Ilustración | Ana Paula Durán

Cuando uno aterriza en la capital de Paraguay, sorprenden dos cosas. La primera es la cantidad de rascacielos y grúas que parecen brotar por toda la ciudad. Asunción es la ciudad sudamericana más rentable para invertir y, desde hace una década, ha atraído numerosas inversiones extranjeras que han transformado por completo el panorama urbano. La segunda es la frecuencia con la que los paraguayos hablan del pasado turbulento de su país, marcado por dos sangrientas guerras y la dictadura más larga de Sudamérica, la cual duró más de 34 años.

Años violentos

La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) fue el conflicto bélico más sangriento en la historia de América Latina. Esta contienda enfrentó al Imperio de Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay. Se estima que en 1864 en Paraguay vivían más de medio millón de personas. Cuando la guerra terminó apenas quedaban 250.000 en todo el país. Además, la Nación había perdido perdió un 40% de su territorio, el que fue anexionado por Brasil y Argentina.

Que la población fuera diezmada y parte del país tomado por otros estados, provocó que la riqueza y desarrollo que se habían alcanzado desde su independencia se transformase en miseria y falta de oportunidades a partir de 1870. Desde ese momento, se crearon cicatrices que aún perduran en la actualidad (por ejemplo, pese a que Paraguay fue el primer país de Sudamérica con línea ferroviaria, hoy en día no circulan trenes en su territorio).

Tan solo 60 años después, la guerra volvió a llamar a la puerta, la Guerra del Chaco (1932-1935) enfrentó a Paraguay con Bolivia debido a problemas limítrofes. Esta vez, la república paraguaya salió vencedora de la contienda y la mayor parte del territorio en conflicto se reconoció como parte de Paraguay. No obstante, el conflicto tuvo un coste económico altísimo para ambos países, que ya en esa época eran los más pobres de la región.


Si bien las cifras siguen discutiéndose a día de hoy, se estima que una pequeña fracción del total de la población masculina paraguaya sobrevivió al conflicto, siendo la mayoría de los sobrevivientes menores de 15 años y mayores de 60, disminuyendo drásticamente la tasa de natalidad en las décadas posteriores y causando un gran desbalance demográfico.

En 1954, el militar Alfredo Stroessner dio un golpe de Estado de corte anticomunista, iniciándose así una dictadura “multipartidista” que duraría hasta 1989. El Stronismo -como se conoce a este movimiento- se nutrió especialmente del apoyo recibido por Estados Unidos, con quien mantuvo una relación excelente durante los 30 años de dictadura, pero también de Argentina y Brasil, que fomentaron la industrialización del país mediante considerables inversiones (la represa de Itaipú, una de las más grandes del mundo es fruto de este periodo).

No obstante, prácticamente desde sus inicios como “presidente”, Stroessner recibió críticas de los políticos locales, de la iglesia y de otros estados de la zona, que denunciaron las violaciones sistemáticas de Derechos Humanos que se producían en el país, donde las torturas y desapariciones estaban a la orden del día.

Además, Paraguay se consolidó como uno de los países más desiguales del mundo, lo que terminó provocando que miles de paraguayos tuvieran que emigrar durante la época de los ’80 dada la falta de oportunidades, una tendencia que siguió en alza hasta bien entrados los años 2000.

Una nueva esperanza: Mercosur y Taiwán

Yvy mba’e yvate ojehegui (Nuestro norte es el sur) es el lema en guaraní del Mercado Común del Sur -conocido también como Mercosur- un bloque regional comercial y político con aspiraciones de integración que nació en Paraguay mediante el Tratado de Asunción en 1992. Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay forman parte de este bloque que permite el libre comercio y la libre circulación de personas.


Collor de Melo (Brasil), Rodríguez (Paraguay), Menem (Argentina) y Lacalle (Uruguay) durante la firma del Tratado de Asunción en 1991, donde se dio comienzo al Mercado Común del Sur.

La pertenencia al Mercosur fue sin duda un salvavidas para un Paraguay recién salido de la dictadura, ya que no solo ayudó en el desarrollo económico y político del país, sino que le permitió tener más voz en el tablero internacional mediante el micrófono que supone ser parte de un gigante geopolítico que cuenta con miembros como Argentina y Brasil.

En los últimos años y con los cambios de gobierno de los diferentes países miembros, este bloque parece comenzar a presentar dificultades para hablar con una sola voz. Ejemplo de ello ha sido la reciente cumbre celebrada en julio en Asunción, donde dos hechos manifestaron el desgaste del bloque.

Por un lado, Bolsonaro no asistió al encuentro molesto por el tratado de libre comercio que Uruguay negoció de manera unilateral con China. Asimismo, en el último momento, el bloque rechazó por votación la intervención de Zelensky, siguiendo una política de neutralidad del conflicto en Ucrania que no todos los estados miembros parecían querer seguir a priori.

Otra particularidad del país es que, a diferencia de cualquier otro estado de Sudamérica, Paraguay reconoce a la República de China (Taiwán) en lugar de a la República Popular China. Paraguay es -con casi 8 millones de habitantes – el país más poblado que mantiene relaciones diplomáticas con la República de China. Las relaciones entre ambos países comenzaron en 1957 y han conseguido perdurar hasta la actualidad, a diferencia de muchos otros países que inicialmente reconocían a Taiwán pero que tras el crecimiento y el poder alcanzado por la China continental comenzaron a reconsiderar sus relaciones con el gobierno de Taipéi.

Este reconocimiento cuenta también con el respaldo y apoyo de Estados Unidos, potencia interesada en que Taipei y Asunción mantengan relaciones fuertes y alejen a Pekín del país. Para Paraguay, las relaciones con Taiwán se traducen en muchas ayudas, destacando una fuerte colaboración en infraestructuras y en materia educativa (multitud de intercambios académicos e incluso la creación de una Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay).

Resulta necesario mencionar la opacidad de las ayudas y el dinero recibido de Taiwán, que gestiona el gobierno central sin apenas transparencia. Aún así, la mayor parte de paraguayos se sienten satisfechos con las relaciones entre ambos estados.


Retos y oportunidades

Paraguay ha sido y sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo en términos de distribución renta. La desigualdad también es patente entre departamentos, las comarcas del interior han quedado relegadas a un segundo plano. De hecho, algunas regiones como el Chaco, donde el gobierno central apenas presta servicios, son zonas inhóspitas con una de las densidades de población más bajas del planeta. Las infraestructuras son altamente deficientes en la mayor parte del país (incluida la capital Asunción), apenas existen servicios públicos y los que existen son de baja calidad. Además, la administración es percibida por la mayor parte de la población como corrupta e ineficiente.

Sin embargo, son más las oportunidades que los retos a los que se enfrenta la república sudamericana. En la década anterior, Paraguay fue uno de los países con más rápido crecimiento y se convirtió rápidamente en un foco de inversiones extranjeras (especialmente Asunción y Ciudad del Este, las ciudades más importantes del país). Por otro lado, la sociedad está evolucionando y poco a poco comienzan a surgir debates en torno a los derechos indígenas, el feminismo y los derechos LGTB (temas tabúes durante la dictadura que se mantuvieron en un segundo plano en los años posteriores).

Si bien el Partido Colorado (de centroderecha) ha sido el partido dominante durante la mayor etapa de Paraguay (antes de la dictadura, durante la dictadura y tras la caída de Stroessner), la consolidación de este partido en las instituciones ha contribuido a que el país conozca cierta estabilidad política desde los 90 poco común en la región, que ha permitido realizar reformas a largo plazo y ha favorecido la inversión extranjera.

Los principales partidos de la oposición, el Partido Liberal Radical Auténtico y el Frente Guasú son también partidos moderados (centro/centroizquierda), lo que a priori facilita la gobernabilidad del país. A nivel de energía y materias primas, Paraguay es un país autosuficiente que puede abastecerse sin necesidad de importar energía gracias a sus dos presas (de hecho, la exporta a sus países vecinos: Argentina y Brasil).

A nivel sociocultural, Paraguay tiene la suerte de preservar el guaraní, una lengua precolombina aún usada por parte de la sociedad, aunque la mayoría de la gente habla el yopará, una mezcla de castellano y guaraní. La presencia de esta lengua indígena viene unida a una fuerte identidad cultural que, a diferencia de otros países de la zona, aún no se ha perdido.

Pese a su pasado complicado, Paraguay ha demostrado a lo largo de su historia ser un país resiliente y, tal y como puede comprobarse, si bien siguen existiendo enormes retos a nivel administrativo y social que requieren una fuerte (y deseable) intervención estatal, es probable que puedan subsanarse en los próximos años. Asimismo, resulta innegable que el contexto actual puede ser favorable para la república guaraní que podría consolidarse como un oasis de estabilidad en un mundo cada vez más polarizado.


Arturo Martínez Bautista (México): estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de México.

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