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Kosovo sin rumbo fijo

Por Arturo Martínez Bautista

A principios de este «movido» 2022 se cumplieron 14 años de la proclamación de independencia unilateral de la República de Kosovo. Desde entonces, el camino hacia un reconocimiento internacional y un acuerdo de paz con Serbia ha sido difícil y lleno de obstáculos.

Ilustración | Ingrid Selene Fonoy Díaz

El Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) había comenzado operaciones para expulsar a los serbios de sus instituciones y poco a poco construir unas que fuesen independientes. Yugoslavia, entonces formada por Montenegro y Serbia, no se quedó con los brazos cruzados y envió al ejército para defender a sus organismos, a los serbios y luchar contra el ELK. La diplomacia había fallado y el conflicto estaba servido.

¿Qué intenciones tenía Kosovo? Pues, reclamaba un estado propio dada la demografía y características de su población. En efecto, se trataba de otro conflicto étnico más que se daba en la historia de Europa. Aquí, la mayoría albanesa de la región (un 90% actualmente) jamás había tenido un estado propio como el que se conoce a día de hoy, más allá de ser una región con cierto grado de autonomía dentro de Yugoslavia. Aunque el territorio hubiese sido serbio durante los años previos a la invasión otomana, tras el desajuste turco en la región muchos albaneses musulmanes emigraron al territorio que hoy en día conocemos como Kosovo.

En medio de la escalada del conflicto, la OTAN decidió tomar parte por Kosovo. La justificación que se dio a dicha intervención fue, entre otros motivos, para prevenir un caso de limpieza étnica por parte de las fuerzas yugoslavas. Estas acusaciones fueron corroboradas por las Naciones Unidas en 2001, cuando concluyó que, en efecto, había intenciones por parte de Yugoslavia de cometer otra masacre sistemática. El miedo a que sucediese otro episodio trágico como el de Srebrenica era más real que nunca.

Tras la guerra se llegó a un vago acuerdo de paz y no fue hasta 2008 que Kosovo proclamó unilateralmente su independencia. La naturaleza de ésta y la gran oposición por parte de Serbia ha complicado su reconocimiento internacional. A día de hoy, 113 estados miembros de la ONU han reconocido su independencia y 15 han retirado su reconocimiento. Poco a poco Kosovo intenta hacerse un hueco en la comunidad internacional, aunque no se trata de un proceso lineal y constante.


Protestantes serbios en Jarinje, Kosovo | Al Jazeera

Tras el fin del conflicto y la independencia de Kosovo, se produjo un cambio demográfico significativo en la región. Muchos albano-kosovares que vivían en el sur de Serbia, Macedonia y Albania se instalaron en el nuevo territorio independiente, incluyendo aquellos que habían huido de la guerra. Por su parte, otros grupos étnicos como los serbios emigraron a Serbia o Montenegro. A pesar de esto, Kosovo no es una nación étnicamente homogénea, y mucho menos estable. Es debido a esta heterogeneidad que, en el norte del país sigue existiendo una mayoría serbia que ha provocado disturbios en los últimos 12 años. Durante este tiempo los serbios se han levantado contra el dominio kosovar, normalmente desobedeciendo mandatos de Pristina y actuando por su cuenta en las instituciones locales, simulando que todavía pertenecen a Serbia.

Tanto la UE como la OTAN han apoyado a Kosovo en la denuncia de esta «rebeldía serbia» y sobre las protestas violentas que han causado a lo largo de los años. De todos modos, la mayoría serbia -principalmente en el norte- es una realidad, y poco puede hacer el gobierno central de Kosovo para tratar de reconducir la situación.

Desde 2010 hasta 2015 se han producido diferentes episodios de violencia entre ambos grupos étnicos por el control de la región. Las fuerzas internacionales intervinieron y las protestas se saldaron con algunos muertos. A pesar de la situación de relativa calma a día de hoy, las diferencias entre ambas partes se erigen como insanables. Esta situación de calma relativa podría acabar pronto, puesto que Serbia ha estado enviando refuerzos militares a su frontera con Kosovo en los últimos meses. Esto ha provocado que se hable bastante de una posible anexión de la región norte a Serbia como una solución, pero ningún bando quedaría satisfecho.

Sin lugar a dudas, uno de los puntos donde encontramos esta tensión étnica al máximo es la ciudad de Kosovska Mitrovica, al norte del país. Esta localidad está partida en dos por el río Ibar. Al norte, la mayoría de los vecinos son de etnia serbia y al sur predominan los albano-kosovares. Durante las protestas de hace no más de 10 años, la ciudad se convirtió en el epicentro de algunos de los episodios más violentos que ha visto la región luego de la guerra.

El lado sur de la ciudad está lleno de estatuas conmemorativas de los “héroes de la independencia de Kosovo” y de banderas de Albania, así como una imponente mezquita financiada por Turquía le da vida al centro del barrio y numerosas tiendas venden productos con la bandera de Kosovo y Albania. Tras cruzar el puente de tan solo 70m de largo que une ambos márgenes del rio, parece que uno entra en un país completamente distinto. El paseo principal del barrio está lleno de banderas serbias y estatuas de “héroes serbios”, así como las paredes lucen propaganda electoral y grafitis con tintes ideológicos pro-rusos como “Kosovo es Serbia y Crimea Rusa” y la emblemática “Z” que utilizan las fuerzas rusas, entre otros.


Barrio Serbio en la ciudad de Kosovka Mitrovika

Aunque “de iure” la región sea parte de Kosovo, lo cierto es que la población no se siente identificada con la nueva nacionalidad -según muchos impuesta- de los 60.000 serbios que viven en la región que viven allí. 20.000 viven en el lado norte de Mitrovica y los funcionarios allí incluso reciben su sueldo directamente de Belgrado y tienen documentación serbia. El control sobre esta región es difuso y las fronteras nacionales, como suele ocurrir en estos casos, parecen borrarse ante las divisiones étnicas.

Por su parte, al otro lado de la frontera, Aleksandar Vucic fue reelegido como Primer Ministro en las elecciones de Serbia del pasado 3 de abril. El político “progresista” tiene una gran orientación pro-rusa y una visión muy clara sobre Kosovo. Desde el comienzo de 2022, Vucic ha denunciado que a los serbios les deniegan el voto en Kosovo y ha declarado a raíz de la detención de dos policías étnicamente serbios tras acusaciones de corrupción, que en el norte los albaneses están cometiendo un “genocidio” contra la minoría serbia. Lo cierto es que a pesar de que la posición del primer ministro es robusta, su popularidad entre los serbios de Kosovo no es especialmente alta dado que opinan que no está haciendo lo suficiente para protegerlos.

La situación es muy volátil y la posibilidad de que Serbia esté considerando una intervención para “proteger” a su población no es remota. Serbia ha jugado como la gran opositora a las sanciones europeas hacia Rusia tras la invasión de Ucrania y sigue siendo considerada la “oveja negra” de los Balcanes por su pasado y su negativa a la hora de admitir sus crímenes de guerra durante la desintegración de Yugoslavia.


De forma casi irónica, Serbia se ha mostrado a favor de unirse a la Unión Europea, candidatura que también ostenta Kosovo. Ambos países son los que más progreso han hecho después de Macedonia del Norte para entrar en la Unión. Este deseo de ingresar al bloque se ve «congelado» cuando se ha establecido como condición irrevocable para que ambas partes puedan entrar el mutuo reconocimiento y la certeza de una paz permanente.

Dada la situación en el norte de Kosovo y la reticencia de Serbia a la hora de abandonar sus pretensiones sobre el pequeño país, dicha paz queda todavía lejos. Los siguientes años así como la mediación de la UE serán claves para la resolución del conflicto y todo dependerá de cómo gestionan ambas naciones los choques étnicos y sus pretensiones políticas. Por ahora, Kosovo sigue sin rumbo.


Arturo Martínez Bautista (México): estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de México.

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