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Entrevista a Carlos Tomba: hazañas de un piloto que llegó a Malvinas

Por Valentina Terranova

“Si quieren venir, que vengan” pronunció Leopoldo Fortunato Galtieri en el balcón de la Casa Rosada a ocho días del desembarco argentino en las Islas Malvinas, después de eso, todo cambió.

Ilustración | Ingrid Fonoy Díaz

El presidente argentino de facto ignoraba el hecho de que, al otro lado del hemisferio, Margaret Thatcher, Primera Ministra del Reino Unido, podía usar la guerra para fortalecer su imagen en un momento poco popular de su gobierno. Así comenzaba la historia que llevaría a más de 23.000 combatientes argentinos a las Islas.

Inspirado por la libertad de las aves, desde pequeño, Carlos Antonio Tomba supo que se dedicaría a volar. De una trayectoria difícil de encontrar, el brigadier mendocino llegó a las islas el 24 de abril de 1982 como Técnico de Prueba de Armamento. Sin embargo, sabía desde el inicio que su deseo era luchar en la Fuerza Aérea Argentina y que no volvería hasta que lo hiciese “el último soldado”. Así lo había decidido.

En la puerta de su casa se ve desde lejos la bandera argentina colgada en la puerta, latente. Hoy, 40 años después de Malvinas vive con su mujer Susana, quien en aquellos días lo aguardaba en casa junto a sus tres pequeños hijos durante la guerra. “El saber que uno tiene a su familia protegiendo su espalda te da mucha fuerza” cuenta Carlos desde su escritorio lleno de libros.  

Tomba volaba un Pucará y realizaba tareas de ataque en el área de combate. En línea con el ingenio que destaca a los argentinos, la FAA tenía una particular técnica a la hora de atacar buques enemigos. Los aviones volaban rasantes al mar evitando que los radares ingleses los detecten. Así, llegaban a su objetivo y bombardeaban las embarcaciones enemigas. Sin embargo, el verdadero problema surgía en la retirada, donde la fuerza enemiga contraatacaba y podía dar con ellos. 

Los Pucará en las Islas Malvinas

Este fue el caso de Tomba, en una retirada evadió a dos Sea Harrier cuando un tercero que volaba sobre su cabeza logró impactar en su ala izquierda. En medio de la puesta en juego de destrezas aéreas no tuvo otra opción que eyectarse del avión y salir despedido por el aire. 

“No me acuerdo más que del momento en que tire de la palanca de eyección. Cuando recupere la conciencia estaba tocando tierra con los pies”.

Carlos Antonio Tomba, Veterano de Malvinas

Se acercaba el anochecer cuando luego de caminar durante horas y horas por el frio y tras hallar una casucha abandonada, oyó el sonido de un helicóptero. Tiró bengalas y fue rescatado con principio de congelamiento, pero vivo. 

Se conoce ya el resultado final de una guerra sin el equipamiento y preparación necesaria llevada a cabo por una Junta Militar que resuena en la historia por su corrupción y violación de los derechos humanos. Sin embargo, así como la “Dama de Hierro” jamás se esperó que Argentina tome las Islas Malvinas, tampoco previó el heroísmo, valentía y resistencia con la que respondieron los argentinos.

Tras la hazaña de eyección, Carlos se mantuvo en la Base Cóndor, una base improvisada con catorce Pucará, pero sus misiones allí se vieron interrumpidas. Luego de la toma de Goose Green el 28 de mayo, el piloto mendocino cayó prisionero durante cincuenta y cinco días. Allí las condiciones fueron múltiples. Se halló en una habitación con doce argentinos, en la cual comieron paté, pasaron frío y convivieron con una bomba argentina de 250 kilos en la pared. 


Pilotos, mecánicos, técnicos y soldados del Escuadrón M5 Dagger antes de una de las misiones en Comodoro Rivadavia

Durante aquellos largos días en el Atlántico Sur, Tomba se convirtió en el representante de sus compañeros de alas frente a los ingleses y se encargó de traducirle al médico las heridas de los argentinos. Surgió una relación profesional con aquel, Ricardo Rick Jolly, quien no distinguía entre heridos argentinos e ingleses y quien además hizo llegarle a Carlos una curiosa felicitación de parte de quien lo derribó aquella vez en un Sea Harrier. “Se alegraba de que yo esté vivo y afirmaba que fue una gran pelea” cuenta el piloto.

Carlos afirma que “la patria somos todos” siendo responsables por acción u omisión del destino de nuestro país. Pero “¿Qué es la patria?” se pregunta retóricamente el piloto. Es la tierra de nuestros padres y madres hecha con esfuerzo ante nada, un valor algo perdido en la era de la inmediatez. Los combatientes de Malvinas defendieron Argentina con su vida. Sin embargo, la idea de amor a la tierra natal hoy flaquea y son cada vez más los jóvenes que encuentran el éxito y la felicidad en el extranjero.

“Me pregunté por qué estaba vivo.” Esa idea merodeó al brigadier a su regreso y los años le dieron la respuesta: tras la guerra se quiso desnaturalizar y esconder lo que Malvinas significa. El contexto político de la dictadura en la que se desarrolló opacó el honor y la valentía de los héroes de Malvinas y los valores de lealtad que representan. “La patria está por encima de todo, incluso de la política” afirma Carlos, quien asume haber sobrevivido porque alguien debe contar la verdad. 


Valentina Terranova (Argentina): estudiante de Periodismo, Universidad Juan Agustín Maza, y miembro de Diplomacia Activa.

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